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Los límites de la sobre protección

por Psic. Daniela Izzo de Márquez

Sabido es que la sobre protección al niño es un fenómeno que tiene lugar con cierta frecuencia, y suele ser "justificada" muchas veces por una diversidad de razones.

Entre ellas cobran relevancia las inherentes a una enfermedad del chico, la separación de la pareja de los padres, el duelo por la pérdida de un allegado, el tránsito por el período de adaptación escolar, una situación de riesgo social, entre otras.

Ahora bien, pensemos qué se intenta con este trato dirigido al chico. Indudablemente se pretende disminuir y/o evitarle un sufrimiento.

De esta manera generalmente se establece una "barrera" entre el chico y el mundo exterior, permeable solamente a algunos estímulos, es decir, no permitiendo que lleguen a él más elementos que lo puedan dañar, o que por lo menos así les parezca a quienes lo sobre protegen.

Y no son pocas las veces que se trata de compensar algún malestar del niño a través de actitudes que denotan un nivel de tolerancia que roza ya con una falta de límites.

Claro está que ver sufrir a una persona no es grato y menos aún siendo un niño.

Y los lazos de afecto inciden de manera determinante en esto; cuántas veces es a un hijo a quien se sobre protege, o a un nieto.

Ante esto, cada uno acude a los recursos que tiene y puede para que se transite la situación de la mejor manera posible, para que se sufra menos.

Y en muchas ocasiones es imprescindible que se extremen ciertos cuidados en relación a alguien, dependiendo de la severidad de su situación y/o de la del grupo al cual pertenece, o del momento social que se esté viviendo.

Pensemos, por ejemplo, en un niño que sufre de trastornos respiratorios, y hace crisis de tipo asmatiformes con alta frecuencia, lo cuidadosos que solemos ser ante los cambios climáticos, o en aquellos que son alérgicos cuántas veces hay que limitarles el consumo de chocolates. ¿Por qué? Sencillamente porque uno pretende que su organismo esté protegido a los efectos de que no se vea inmerso en otro malestar, y viva la consiguiente movilización afectiva que produce comúnmente el estar "enfermo".

Trasladándonos a otra situación: pensemos en la inseguridad que actualmente se vive en nuestras calles. ¡Cuántos papis prefieren no dejar ir solos a sus hijos a diferentes lugares, sea a la escuela, a la casa de un amigo, al supermercado, etc.!

Y no porque no estén en condiciones de hacerlo de manera autónoma dada su madurez, o porque no se les tenga confianza . Tal vez en función de la edad podría decirse que ya es tiempo de que el niño salga solo.

Sin embargo entendemos que no es conveniente generalizar, sino que lo más sano es atender cuidadosamente a la situación social, física y emocional del niño, para que luego de medianamente evaluar los factores de riesgo y los que no lo son, se tomen decisiones.

Queda claro pues que el extremar cuidados e impedir ciertas cosas al chico, equivale en muchos de los casos a que se le postergue adquirir experiencias que puede estar en condiciones de vivir o disfrutar.

Indudablemente el niño va integrando a sí mismo ese mensaje que se le está transmitiendo de manera que pasará a ser un nuevo elemento que se articulará en su personalidad y como tal lo determinará.

En función de esto, tengamos en cuenta cuán necesario es que estemos convencidos de las acciones que haremos en relación al niño, siendo lo más cautos que podamos y transmitiéndoles las cosas con claridad y fundamento.

Todo esto hace al proceso educativo, que no se agota únicamente en lo que se le ofrece en una institución educativa.

De lo contrario corremos el riesgo de transmitirle un panorama que da cuenta de una realidad "cambiada" en algunos sentidos, estableciendo una brecha entre lo que "es" y la imagen que se le brinda. Y esto lejos de facilitar su desarrollo integral, lo que hace, es obstaculizarlo.

Pensamos que si lo que buscamos es como quedó expreso al inicio, evitar sufrimientos y favorecer una buena calidad de vida en los más pequeños, esto puede lograrse no solamente con barreras que no le permitan conectarse con determinadas vivencias o situaciones que lo puedan perjudicar, sino transmitiéndoles parámetros precisos, firmes y acordes con la realidad.

Es evidente que "proteger" al niño es imprescindible. Es un ser vulnerable que necesita que se lo ayude, instrumente y fortalezca para vivir.

No obstante también lo es el irle mostrando paulatinamente que no todo es como cada uno de nosotros quisiera, que existen limitaciones en nosotros mismos y a nuestros anhelos, que habrán "no" que nos frustrarán en mayor o menor grado, que en el mundo existen situaciones y/o personas que con intención o no pueden ser perjudiciales para cada uno de nosotros y ocasionarnos sufrimientos físicos, anímicos, espirituales, etc.

Y lo que no es menor, que el amor a uno mismo va de la mano del amor al otro.

Por lo tanto, el cuidado y respeto es fundamental que se dirija a uno mismo tanto como a todo otro.

Queda a criterio de cada "educador" determinar los límites de la sobre protección de cada chico, hasta dónde es sano y cuándo se pasa esa barrera que distorsiona la educación, atendiendo por cierto a la particularidad de cada "personita".

En este terreno entendemos no hay quien tenga la última palabra, o la "sabia" palabra para juzgar y decir está bien o está mal que se sobre proteja, o que se proteja demasiado a un individuo.

Cada uno podrá tener sus propios puntos de vista, así como también razones que los fundamenten, y creemos deberían ser siempre escuchadas y respetadas.

Eso sí, tengamos en cuenta que cuando decimos "educador" no aludimos solamente a maestros, profesores, técnicos, sino a cada persona que día a día se vincula con los más chicos, y en toda instancia que lo haga, aún por insignificante que parezca. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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