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Todo
es posible en el mundo de la Fifa
por Policarpio
Así es el
fútbol de hoy: yo hago gestos obscenos, tu haces gestos
obscenos, nosotros nos enojamos, ellos agreden, pero no se
sanciona a nadie.
¡ANIMALS!,
títulos catástrofe como éste, se vieron en las diarios
londinenses de aquel caluroso julio de 1966, luego del partido
de fútbol entre Argentina e Inglaterra en Wembley.
Habíamos escrito
algunos números atrás, que el árbitro de ese encuentro era un
alemán, de apellido Kreitlen. Este ante una protesta del
capitán argentino Rattín, que al no hablar alemán pidió un
intérprete para conversar, aprovechó la oportunidad para
expulsarlo de la cancha. Luego del revuelo, idas y vueltas de
cualquier expulsión, y más si ella es injusta, Rattín, en
parte por su voluntad y en parte dirigidos sus pasos por los
policías londinenses, se marchó camino a los vestuarios. Pero
en su camino se encontraba el Palco Real y en él estaba Su
Majestad la Reina Isabel II. El jugador boquense no encontró
mejor saludo a Su Alteza, que tomarse sus genitales y
mostrárselos.
Eliomar, el
brasileño jugador de Defensor, el domingo 13 de mayo en
Tacuarembó, al fin del partido saludó de la misma manera a la
hinchada local. Lo cuál causó el enojo de toda la tribuna
local.
Pablo Islas, el
delantero argentino suplente en Nacional, también realizó
"actos reñidos con la moral" como diría una vieja
crónica policial, luego de uno de sus escasos goles
convertidos.
Lamentablemente,
ninguno de los jugadores fue o será sancionado por sus
inconductas, porque el Tribunal de Penas en estos casos no
actuó de oficio, a pesar de las reiteradas veces que se
observaron los hechos en la televisión.
Y la consecuencia
más dura de todas estas historias se la llevó el móvil de
Canal 12, apedreado por ser de "Montevideo". Peñarol
que juega el sábado 19 en Tacuarembó, pidió y obtuvo mayores
garantías y hasta la presencia de importantes dirigentes de AUF
para que no haya desmanes, teniendo en cuenta éste antecedente.
No se sabe si a los muchachos que normalmente van a la Amsterdam
con los colores amarillo y negro, Peñarol los va a invitar a
que no concurran al partido, para asegurar que no haya desmanes.
Mas todo este
mundo al revés se completa con el juego que el 23 de mayo en
Turín enfrentará al Valencia de España, con el Bayern Munich
de Alemania por la Copa de Campeones de Europa. Las autoridades
turinesas ya establecieron una veda alcohólica para ese día en
toda la ciudad, y seguramente la extiendan al 22, para empezar a
evitar males mayores. Y tengamos en cuenta, sin xenofobias, que
los que llegaron a la final no son los hooligans ingleses ni los
turcos, protagonistas de para nada épicas batallas en las
calles, en los últimos torneos, cualquiera sea el país donde
se juegue.
Hace varios años
- puede ser más de veinte - entre una empresa crediticia que
vendía abonos en cuotas, y nuestros dos grandes se organizaron
ocho partidos en el Centenario. Se jugaron siete en realidad, la
ley de defensa del Consumidor no existía y si alguien se quedó
con una entrada sin usar a muy pocos importó. Pero lo que
quería escribir aquí era otra cosa. En esos partidos, y desde
toda la vida anterior de los encuentros clásicos, las mal
llamadas barras bravas no iban a tribunas separadas, sino que
Peñarol nucleaba su grupo en la Amsterdam junto a la América,
y Nacional iba a la misma tribuna junto a la Olímpica. En todos
y cada uno de esos juegos, las dos barras terminaron cara a cara
en el centro de la tribuna y peleándose. La policía, en todos
y cada uno de los juegos, se limitó a actuar con mayor o menor
violencia, siempre, indefectiblemente, luego que la pelea había
comenzado. Nunca detuvo el avance hacia el centro de la tribuna
de quienes evidentemente iban a terminar forcejeando o algo
más.
Es de desear que
de los errores se haya aprendido algo. Lamentablemente ahora es
necesaria la separación de hinchadas. Algún día se venderán
entradas contra cédula y se irá prohibiendo la entrada a
quienes manifiesten conductas que no los hagan aptos para
permanecer junto a seres humanos con conductas normales. Porque
los coros agraviantes, también deben ser desterrados de los
estadios y no únicamente quienes se apedrean, tiran botellas o
se pegan. Esperemos que no falte mucho para que esto empiece a
ocurrir. Los muertos son de los cementerios, no de las canchas
futboleras.
El fútbol debe
ser solo un juego.
Esta nota
finalizaba en el párrafo anterior. Pero FIFA atendió la
apelación peruana y le deja jugar con Ecuador en Lima. Ojalá
el fútbol alguna vez vuelva a ser un juego. LA
ONDA®
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