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Historia de
la música uruguaya (III): un natural deslinde sobre el
"canto popular" a la manera de prólogo
por
Washington BenavidesAutor
Pienso que
debería realizarse un necesario deslinde entre "Música
popular" y Canto popular". Música popular hubo
siempre, sin que tengamos los criterios estéticos explícitos
de sus creadores. Pero "Canto popular" es una
concreción mucho más trabajada y precisa en sus propósitos.
Podríamos verlo como un círculo perfecto. El canto popular
tiene sus orígenes -naturales- en el folklore, en el saber
popular de remotas raíces; en nosotros confluyen tres raíces
de mayor o menor prevalencia: la indoamericana, la africana y la
europea.
Estas tres
raíces se fusionan o entrelazan y como dice un ensayista
argentino José Luis Vals: "se folkloriza la Fuga europea
en ritmo moreno y entre el golpe africano en el
conservatorio". En esta cita aparece el segundo instante de
la creación del Canto Popular, tal cual nosotros lo entendemos.
De la raíz folklórica indudable, el artista del Canto Popular
se proyecta al conocimiento de la música erudita y universal,
extrae de ese conocimiento el aparato técnico que supone
apropiado a una nueva dimensión musical, y lo revierte todo en
el molde del "Canto Popular" alcanzándolo a un
público nuevo y ansioso de experiencias artísticas que
reflejen sus vivencias, sus aspiraciones, luchas y sueños. De
esa manera se cumple el ciclo del Canto Popular que se parece al
Ciclo del agua: el punto de apoyo es el saber popular, busca un
acrecentamiento en la cultura universal para regresar -acrecido-
al pueblo.
La deliberada
búsqueda de estos elementos, diferencia al artista del Canto
Popular de los cultores de la Música popular en un pasado
inmediato, sencillos continuadores de fórmulas establecidas. Y
en esto no se observe un juicio de valor. Ya veremos que, de
cualquier manera es necesario un rastreo de los lejanos
orígenes y precursores del movimiento musical contemporáneo.
La intención del artista del Canto Popular es ofrecer un
producto nuevo que provoque la sensibilidad de un público que
aspira a más. Quiero decir de un público que rechaza las
adulteraciones que una sociedad de consumo permanentemente le
ofrece como sucedáneos de fenómenos estéticos que lo obliguen
a pensar o sentir con intensidad. Pero esa propuesta del Canto
Popular no necesariamente tiene que canalizarse en fórmulas
vanguardistas "al uso", que muchas veces no son nada
más que sofisticadas formulitas de la evasión, jueguitos
alienantes. La vigencia del Canto Popular uruguayo es una
realidad indiscutible. Un gran público acompaña las
manifestaciones del mismo. Un público que cada vez más se ha
vuelto exigente y participante, perdiendo aquella actitud
pasiva, a que se refería un novelista hablando del
lector-pasivo, para integrarse y ser co-productor de las
propuestas artísticas actuales. En cuanto a la formación del
creador de Canto Popular, necesariamente, por todo lo señalado,
debe tender hacia una formación completa; una formación que
implique la necesidad en el artista de acrecentar sus
conocimientos, sin temor a posibles influencias, ya cultas, ya
folklóricas, como única salida para la creación de materiales
válidos y permanentes.
El artista se
hace. El artista es el esfuerzo metódico, la búsqueda como
norma. Lo que acabamos de decir en torno al Canto Popular y su
proceso, de ninguna manera debe ser tomado como una fórmula
única, como una suerte de dogma. Afortunadamente, para la
permanencia del Canto... éste ha encontrado una pluralidad de
líneas creadoras para manifestarse, por aquello de "cada
maestrito, con su librito.."
Y esto nos lleva
a plantearnos otra característica fundamental del Canto Popular
uruguayo: la revaloración del texto, la búsqueda del texto
justo, y, además -en muchos casos- válido de por sí,
despojado del atractivo de la música. Aunque éste es otro
problema que habremos de analizar más adelante. En el Canto
Popular se busca una perfecta integración de música y texto.
Por supuesto que hablamos de los mejores ejemplos del
movimiento, por supuesto que en una corriente tan heterogénea y
multi-generacional, no es "oro todo lo que reluce".
Entre otras virtudes, esta búsqueda del texto justo, ofreció
un vehículo válido a la propia poesía, puesto que en un medio
donde toda la cultura estaba amenazada de muerte, y donde la
imagen televisiva del "enlatado" pugnaba por
sup0lantar los medios válidos del teatro, el buen cine y la
lectura, la canción ofreció una variante que no cayó en el
vacío. La canción ofrecía el medio propicio para una
"defensa de la poesía", ofrecía la posibilidad de
lanzar masivamente textos de grandes poetas del pasado o
contemporáneos a un público que, por las razones que antes
anotamos, no accedía a la lectura de los mismos.
El Canto Popular
en cierta forma reivindica a la "Cenicienta" de la
literatura. En su justo medio, porque no debemos olvidar que
poesía y música nacieron siameses. Si pensamos que el Canto
Popular es, además, un movimiento artístico universal, que,
con sus formulaciones regionales está trabajando en todo el
mundo, pensemos en la importancia que conlleva, si un público
desubicado, en Francia, por ejemplo, escucha canciones con
textos de Billón o Ronsard, de Prever o Eluard o Brassens; en
Italia, súbitamente a través de radios o la RV un público
alienado conoce los versos de Quasimodo o Ungaretti, o los
textos de Fabricio D'Andre o Francesco de Gregori a través de
rotundas canciones contemporáneas. Y qué decir en España o
Portugal, con Antonio Machado, Miguel Hernández (vía Serrat) o
León Felipe, Federico García Lorca (vía "Aguaviva");
o a través del gran José Alfonso, canciones con textos de Luis
de Camoens, o Fernando Pessoa. Entre nosotros los ejemplos
podrían multiplicarse: Líber Falco, Clara Silva, Circe Maia,
Amanda Berenguer, Walter Ortiz y Ayala, Humberto Megget, Osiris
Rodríguez Castillos, Hugo Giovanetti, Ruben Lena, etc. Esta
lista, que por supuesto no agota la fuente poética de nuestros
creadores del Canto Popular, no se cierra a una creación de
frontera-barrera, puesto que textos de la poesía universal han
sido musicalizados por uruguayos. La misma incesante actividad
de búsqueda acompaña a nuestros creadores en cuanto a la
música. Con abundancia de modelos podríamos detallar en el
terreno musical, cómo el artista de nuestro Canto Popular es un
atento escucha de acordeonistas anónimos de la de "doble
hilera" o guitarreros provincianos, sin perder el oído
atento a las manifestaciones contemporáneas de la música
popular de otros países o de sus proyecciones eruditas: la
nueva canción catalana. "la tropicalia"y sus
alcances; o el enigma de la electroacústica y la aleatoriedad,
del estudio de un Stravinsky (ya lejano) o un Webern o un
Penderecki. Ello no significa que todos tocan y bailen al mismo
son. Afortunadamente, lo repito, son muchas y muy distintas las
propuestas de nuestro Canto Popular.LA
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