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Hugo Chávez: si su revolución fracasa "habrá rebelión armada"

El presidente Chávez no oculta su autoritarismo militar combinados con marxismo y populismo

por José Luis Martínez

Casi dos años y medio después de asumir el poder, el presidente venezolano Hugo Chávez, admite que fue  incapaz de realizar la “revolución” que prometió a sus electores para “librar a Venezuela de los males del pasado” . La culpa de este fracaso se la cargó a los opositores y amenazó con obtener aún más poderes especiales para poder arreglar los temas que la sociedad venezolana aún tiene pendientes de solución. Algo que muchos mesiánicos prometieron a lo largo de la historia reciente y no tan reciente.

En los últimos días la prensa venezolana especuló acerca de la naturaleza de estos poderes. Además de acusar al diario El Nacional de “abusar del derecho a la libre expresión”, Chávez hizo poco para aclarar sus intenciones.

Chávez convocó al constitucionalista Hermann Escarrá para preparar un informe sobre el “estado de excepción” contemplado en la Constitución, el cual permite al presidente gobernar por decreto.

También emitió un ultimátum público a los banqueros, dándoles un mes para bajar las tasas de interés, o enfrentar una “acción drástica” si no lo hacían.

Chávez ya gozaba de poderes especiales con la llamada “Ley habilitante” aprobada por la Asamblea Nacional. Por eso para muchos no está claro por qué no pide simplemente una extensión de la “Ley habilitante” para tratar los temas que él considera urgentes. Los poderes especiales actuales vencen en octubre, y con ellos Chávez podría promulgar por decreto unas 40 leyes, según estiman especialistas venezolanos.

Analistas locales sugieren que Chávez no está seguro de poder obtener una mayoría en el Parlamento. Recientemente criticó a su bloque Polo Patriótico cuando algunos de sus aliados votaron varias veces con la oposición.

En sus recientes radiodifusiones, Chávez enumeró los ítems pendientes en su “agenda revolucionaria” que conformarían una situación “excepcional” o de “emergencia”. Mencionó la pobreza, la mal nutrición, el desempleo, cobertura sanitaria insuficiente y la escasa educación. Estos son problemas “anormales y extraordinariamente complejos”, dijo.

También advirtió acerca de un serio riesgo de insurrección armada si su revolución fracasa: “Estoy convencido que si, por cualquier razón, este intento de revolución pacífica fracasa, luego vendrá una revolución armada, porque es el único camino para el pueblo venezolano. La revolución significa transformar a la sociedad desde sus raíces, es decir, poner fin a las odiosas diferencias entre un pequeño grupo que lo tiene todo —los ricos— y un pueblo glorioso, sumido en un mundo de miseria, hambre y pobreza”.

Según los partidos opositores, la situación actual no amerita la declaración de un “estado de emergencia”. Esto solamente se justifica en casos de “rebelión interna, emergencia económica o desastre natural”.

“El quiere ser un dictador”

Además, dicen, los problemas pendientes enumerados por Chávez son de naturaleza estructural y no pueden ser corregidos en el corto tiempo por un “estado de excepción”. Este último punto fue confirmado por el fiscal general, quien sugirió al presidente a buscar en el Parlamnto los poderes adicionales que necesite.

Chávez cambiará hacia la “reforma económica” ortodoxa  cuando las recaudaciones petroleras empiezan a caer. Esto predijo hace varias semanas pasada Roberto Bottome, editor de la revista especializada Ven Economy, en un foro organizado por el Wilson Center.

“El quiere ser un dictador”, dijo Bottome, “pero no es un tonto, y si las recaudaciones petroleras caen, él escuchará e introducirá cambios”. El editor describió a Chávez como “ingenuo, con serias lagunas en su percepción de la economía y totalmente incompetente en la gerencia económica”.

De inmediato la oposición venezolana, atomizada y debilitada en los dos últimos años, inició su lento despertar con la fundación del nuevo partido “Unión” y el regreso de líderes a los tradicionales partidos  socialdemócratas y democristianos.

El teniente coronel ® Francisco Arias Cárdenas, principal rival de Chávez en las elecciones generales de julio del 2000, fue el primero en salir al ruedo en un acto público anunció la fundación de su partido “Unión Para el Progreso”.

Arias, ex compañero de Chávez en el fallido golpe de Estado en febrero de 1992 y quien se alejó del mandatario acusándolo de desviar los objetivos de la revolución bolivariana el año pasado, llamó a “vencer el miedo y el temor” y proclamó que su nuevo partido nació luchando contra las circunstancias “autoritarias” que rodean el país.

“Arias Cárdenas se lanza al ruedo y provoca el surgimiento de todos los demás para no quedarse atrás. Si lo dejan solo, se convierte en el único factor referente de la oposición, convirtiéndolo en líder natural”, afirmó Luis Vicente León, directivo de la firma Datanálisis.

Tras el lanzamiento de Unión, el ex candidato presidencial Claudio Fermín anunció su regreso a las filas del socialdemócrata Acción Democrática . Este sector político cuyo último presidente fue Carlos Andrés Pérez, obtuvo cinco presidencias desde 1958.

Fermín detonó la mayor crisis de AD en los últimos tiempos cuando renunció a su partido en 1998, acusando a la dirigencia de rechazar su candidatura presidencial natural para lanzar al caudillo de ese partido, Luis Alfaro Ucero.

Pero poco tiempo después de que Ucero fuera nombrado candidato de AD, tuvo que renunciar a favor de una candidatura única contra el indetenible avance de Chávez, quien venció en los comicios de diciembre de ese año.

Antes que Fermín, también anunció su inscripción en AD Alberto Franchesqui, dirigente del extinto Proyecto Venezuela fundado por Henrique Salas Romer, principal rival de Chávez y casi candidato único contra el actual mandatario en las elecciones de diciembre de 1998, con el apoyo de socialdemócratas y democristianos.

Al reincorporarse a la directiva de AD, Fermín pidió a las fuerzas opositoras unificarse para organizar una “nueva topografía política” y proclamó que a Chávez se le combate con “una nueva acción cívica”.

“La democracia está gravemente amenazada y es urgente la construcción de una alternativa civil”, afirmó por su parte el dirigente Eduardo Fernández, varias veces secretario general del democristiano Copei.

“Todos han venido observando como hay indicios de deterioro del apoyo a Chávez”, dijo por su parte el analista Eleazar Díaz Rangel, quien precisó que aunque tal vez no ha mermado la popularidad del mandatario, si ha disminuido el entusiasmo inicial que despertaba. 

Las contradicciones de la coalición de gobierno

El mentor político del presidente Hugo Chávez, el ministro Luis Miquilena, reveló estar alejado del nuevo proyecto político del mandatario, Movimiento Bolivariano Revolucionario (MBR-200), creado para aglutinar fuerzas sociales en pro de la “revolución social”.

“Todavía no lo tengo pensado. Nadie me ha invitado”, reveló el octogenario dirigente al ser consultado sobre su participación a la nueva fuerza política, de corte cívico-militar.

Miquilena, quien es ministro del Interior, no confirmó ni negó la versión sobre si el propio mandatario vaya a excluir al Movimiento Quinta República (MVR), creado por Chávez en 1997. “Eso es una pregunta que deben hacérsela a él”, insistió Miquilena, de 81 años, al referirse a las intenciones de Chávez sobre el futuro del MVR.

En mayo, Chávez lanzó la reedición del MBR-200 como forma para aglutinar y reunir fuerzas sociales que consoliden su proyecto de “revolución pacífica y democrática” en todo el país.

Para ello, el presidente lanzó un llamado a los dirigentes de los partidos Patria Para Todos y Socialista Venezolano para ayudarlo en su nuevo proyecto, pero omitió cualquier llamado a sus colegas del MVR.

Según analistas, la omisión del MVR obedece a la supuesta falta de apoyo y compromiso que siente el presidente hacia ciertos sectores del MVR para impulsar su proyecto “revolucionario”.

No obstante, el propio presidente ha desmentido que vaya a desechar al MVR en su futuro político, asegurando que el nuevo proyecto se encargará “en organizar las clases populares a favor de su gobierno”, iniciado en 1999.

El MBR-200, gestado por militares en la década de los ochenta, fue el movimiento que organizó las dos fallidas intentonas golpistas en 1992, una encabezada por el propio Chávez.

Por su parte el ex chavista Felipe Mujica, presidente del Movimiento Al Socialismo (MAS) excluido de la alianza oficialista por disidente, consideró que decretar un estado de excepción sería "un error por donde se le mire".

El estado de emergencia "no resolverá los problemas" y colocará una "chaqueta de fuerza" al mandatario al imponer un lapso de 60 días para combatir los males que agobian a los venezolanos. 

El argentino Roldolfo Terragno, quien dejó el gobierno del presidente Fernando De la Rúa en octubre por diferencias, opinó que en Venezuela existe “un autoritarismo democrático y predomina la idea de que si uno tiene la mayoría puede hacer lo que quiere". 

En los últimos días los rumores de golpe que han circulado en Venezuela no tienen fundamento y provienen de militares retirados sin vínculos con los cuarteles, dijo el s el presidente de la Comisión de Política Exterior de la Asamblea Nacional de Venezuela, Tarek William Saab. 

"Somos distintos a la Guatemala de Arbenz, a la República Dominicana de Juan Bosch, al Chile de Allende", dijo, señalando a tres países donde golpes o intervenciones militares derrocaron a gobiernos de izquierda. 

Pero, como me decía un amigo en Cuba -un ex profesor universitario de de marxismo que hoy está preso-, la combinación entre el marxismo y el populismo es detonante explosivo y es la peor combinación, y a la larga fracasa. El lo decía por experiencia propia. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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