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Un modelo agotado

por Héctor Acosta

El Ministro de Economía de la dictadura, Cr. Valentín Arismendi, defendía en febrero de 1979 la tesis de su modelo para el país, exponiendo ante el Consejo de Estado: "La caída a corto plazo del salario, promueve la concentración del ingreso necesaria para aumentar la inversión y la producción y éstos a su vez, generan un mayor nivel de ocupación y de mejores salarios a mediano plazo."

Esta estrategia, basada en la transferencia de recursos del sector de asalariados y de ingresos fijos, hacia otros sectores de la economía - que éstos supuestamente volcarían a la inversión productiva - es la que el país viene aplicando aún con anterioridad a la exposición del Cr. Arismendi, arriba citada.

En efecto, desde la aparición del IVA, en 1967 y la congelación salarial de 1968, durante el gobierno de Pacheco Areco, los orientadores de la economía nacional han persistido en la aplicación de este modelo que se asienta, sustancialmente, sobre tres vías: a) políticas tributarias sobre el consumo; b) políticas tributarias dirigidas al salario; c) políticas de ajuste salarial respecto de la inflación y ausencia del Estado en el plano de las relaciones laborales.

La primera de estas vías, tiene como principal herramienta al Impuesto al Valor Agregado que, de una tasa básica única inicial de 10% que afectaba a sectores de la Industria y el Comercio, trepó a la fecha hasta el 23%, habiéndose creado además una tasa mínima del 14% . La base del impuesto se ha ensanchado de forma tal, que abarca rubros tan disímiles como las tarifas de los servicios públicos, los intereses de los préstamos bancarios al consumo y la financiación de las tarjetas de crédito. La incidencia del IVA en el total de los recursos del Estado, se ubica actualmente, en el 40%.

Con respecto al punto b), desde junio de 1992 se crea el Impuesto a las Retribuciones Personales, inicialmente con tasas de 1% y 2% conforme al número de S.M.N. que representare la prestación. Las tasas del impuesto se encuentran hoy en niveles de hasta el 9% para algunos de los sectores de asalariados y su base se ha ensanchado. Durante el gobierno del Dr.Sanguinetti, el IRP recaudó u$s 1.840,4 millones. Para el quinquenio de gobierno del Dr. Batlle, la expectativa de recaudación es de u$s 2.092,9 millones.

En cuanto a la política de ajuste salarial, se ha impuesto el criterio de ajuste por un porcentaje de la inflación pasada - que en los hechos constituye una pérdida del poder adquisitivo de los salarios - a la vez que se insiste con la desregulación en materia de relaciones laborales, la no implementación de Consejos de Salarios y la rebaja de aportes patronales a la Seguridad Social que se financia con la creación de nuevos impuestos, como el recientemente aprobado COFIS.

Estas políticas, complementadas con subsidios a algunos sectores privilegiados como la forestación y el aparato financiero, así como la utilización de las tarifas públicas y la variable del Salario Mínimo Nacional como herramientas de ajuste fiscal, han determinado que, conforme a cifras oficiales de la Dirección Nacional de Estadísticas, desde 1968 hasta la fecha, el salario real de los trabajadores del país haya sufrido una caída de más del 40%

No obstante, tan brutal esfuerzo del sector que abarca a los más débiles en la cadena socio-económica nacional, no devino en el aumento de las inversiones prometido por el modelo - al volcarse esos ahorros en el aparato financiero especulativo - y no trajo los resultados de bonanza imprescindibles para el logro de una efectiva justicia social. Lejos de conseguirlo, el país está sumido hoy en una profunda crisis, en una situación de emergencia, que amerita una rápida respuesta del sistema político.

En ese sentido, la página editorial del pasado 31 de mayo del Semanario Búsqueda - vocero oficial del equipo económico - bajo el título de "Un tiempo que requiere soluciones de fondo", señala su preocupación porque los indicadores económicos conocidos en las últimas semanas, muestran la continuación de la situación depresiva en la que viene operando la economía uruguaya: "Un déficit fiscal que sigue en el orden del 4% del Producto Bruto Interno (PBI), un nivel de actividad económica que sigue contrayéndose y sobre todo un nivel de desempleo que, con una tasa de 14,9% para el primer trimestre del 2001, se constituye en el más alto desde que se llevan registros de esta variable hace 33 años, son algunas de las variables que muestran el significativo deterioro de la situación en los últimos meses."

Agregamos nosotros: el cierre de las empresas es hoy una constante; al crecimiento del desempleo a niveles desconocidos históricamente en el país, debemos agregar la situación de precariedad y carencia de cobertura social en buena parte de los ocupados; son 30 mil los trabajadores en seguro de paro; aumenta la segregación social, la marginación y el hacinamiento en asentamientos precarios; la emigración desgarra sin piedad a la familia uruguaya.

Es por ello que, continúa el Editorial, el Uruguay debe "tomar medidas de fondo" que sienten las bases para una recuperación duradera y en tal sentido apunta: "Así, los aportes patronales deben eliminarse totalmente y para todos los sectores, no como se ha hecho hasta ahora sólo para algunos. El sobrecosto de las tarifas públicas para los sectores productivos, también debe eliminarse ya, sin más vueltas, al igual que los impuestos que afectan el costo del crédito y aumentan el costo de la inversión. El aumento del Impuesto a los Sueldos públicos debería aumentar para compensar el costo de la eliminación de los otros impuestos y bajar el déficit fiscal. Acelerar el ritmo de las desregulaciones, las concesiones de obra pública y las privatizaciones es impostergable."

Como puede fácilmente apreciarse, soluciones que en su gran mayoría están vigentes y a las que el vocero económico oficialista insiste no obstante en acentuar; todas en el mismo sentido del modelo aplicado desde hace más de 30 años en el país y que persiste en adjudicar causas estrictamente fiscales a la crisis, planteando medidas casi exclusivamente tributarias para solucionar una amplia problemática que abarca temas como la inserción internacional y regional del país, el déficit de la balanza comercial, el déficit fiscal, y por supuesto la desocupación, el desarrollo productivo sostenido y la competitividad del sector industrial.

Soluciones, asimismo que recaen sobre el mismo sector social de asalariados y de recursos fijos a que recurría el Cr. Arismendi como generadores de los ahorros necesarios para la inversión y la producción.

El economista agregaba en junio de 1982, defendiendo su tesis económica que incluía la creación y puesta en vigencia del I.R.P: "Ningún gobierno puede tomar medidas que aseguren la reactivación. Si las medidas de reactivación pudieran tomarse sin aumentar la inflación y sin poner en riesgo las reservas del país, cualquier gobierno las tomaría para evitar la desocupación. Entonces, si hoy la República Federal de Alemania, el Reino Unido y los Estados Unidos de Norte América tienen desocupación, ¿por qué no toman medidas de reactivación?"

Y agregaba: "En Economía no existen fórmulas milagrosas. Dado determinado sistema, siempre tiene que haber una variable de ajuste. ¿Y cuál es la variable de ajuste cuando existe una unificación cambiaria o monetaria? La ocupación." Esta descarnada confesión del entonces conductor del Modelo Económico, nos exime de abundar en mayores comentarios sobre el mismo.

Como el propio Presidente de la República ha afirmado, estamos en tiempos de cambio, en tiempos de discutirlo todo. Coincidentes con esta visión del Dr. Batlle, - y por que no, también con este tiempo de tomar medidas de fondo planteado a través del Editorial de Búsqueda - nosotros creemos igualmente que ha llegado el tiempo de las revisiones de fondo. Que ha llegado el tiempo de discutir en profundidad cuál es el modelo que habrá de generar para el país el desarrollo económico, la justicia social, la prosperidad, la felicidad y la adecuada distribución de la riqueza y de las cargas entre los compatriotas. Porque como lo hemos manifestado en múltiples oportunidades, sentimos y creemos que tenemos mucho para aportar en el asunto.

Es en ese sentido que reclamamos la instrumentación de un ámbito de debate, reflexión y definición, que refleje las distintas soluciones y consensos a que puede arribar la sociedad uruguaya en el tema económico y de la política tributaria. Ambito que, por otra parte, se encuentra previsto dentro de la propia Constitución de la República, en sus artículos 206 y 207 de creación del Consejo de Economía Nacional. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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