Contáctenos

Hacia un ministerio de servicios

por el diputado Rúben H. Díaz

Sobre la base de la nueva ley de urgencia, o sobre lo que de ella se publicitó, en nuestras dos notas anteriores hemos querido reflexionar sobre la importancia que el sector servicios, en el conjunto de la economía, tiene hoy para el país. 

Reiteramos que este es un proceso que se vive en el mundo entero, y particularmente aquellas sociedades mas desarrolladas. Aún en Uruguay, el sector servicios es mas del cincuenta por ciento del producto bruto y da trabajo a mas de la mitad de los ocupados. 

A pesar de estos hechos, tan claros y conocidos para quienes tienen algunos conocimientos de economía, uno se asombra de la falta de reconocimiento público que existe en este sentido y también de que la propia estructura burocrática del Estado no haya tenido en cuenta esta situación. 

Con relación al primer aspecto -reconocimiento público- existe un elemento a considerar como fundamental. Esto es, la dificultad existente para cohesionar a los distintos sectores económicos y laborales que integran el sector servicios.  El empresario industrial y el trabajador, tienen muy claro lo que representan, que tipo de sociedad quieren y de que dependen.  Algo similar ocurre con el productor agropecuario y el hombre de campo. Hay una cohesión geográfica (los centros industriales están generalmente situados en una misma zona, los agropecuarios fuera de las ciudades) y también histórica, que no existe en el sector de servicios. 

El agro tuvo la primacía con anterioridad, hasta entrado el siglo XIX y el sector industrial en la primera mitad del veinte. 

El sector servicios es, en definitiva, el gran factor de cohesión económico, social y cultural de las sociedades desarrolladas o con índices aceptables de nivel de vida, de estos últimos años. Los países urbanos, democráticos tienen clases medias que producen y viven merced a los servicios, que ejercen como actividad económica, cada vez mas en medios sociales urbanos e independientes de la actividad burocrática o estatal. 

Antes, en países como el nuestro, el paradigma de una persona era ser estanciero, industrial y, si no podía o no tenia capacidad u oportunidad, convertirse como recurso rutinario en empleado público. Hoy esa realidad ha variado. La gente prefiere ejercer el comercio, fundar una microempresa, vincularse al área de las comunicaciones, el transporte,  prepararse académicamente para ejercer actividades vinculadas con el turismo, estar en el sector financiero, en fin, relacionarse -aunque no se sepa o reconozca como tal- al sector servicios. Todo el mundo siente que allí esta el futuro. 

Esta situación no debería llevarnos, como en el pasado, cuando irrumpió el sector industrial con fuerza en la economía y se le enfrentó con el agro, a provocar una división entre el país de los servicios y el de la producción. La producción es necesaria, y no debemos descuidarla ni dejarla de lado, pero tenemos que comprender que sin todo lo demás, sólo con agro e industria, ni el Uruguay ni ningún país tienen hoy futuro. 

Claro esta, es muy difícil cohesionar, y hacer que se expresen como sector, o como centro de poder e influencia, al comerciante, banquero, imprentero, titular de una micro empresa, en fin, el conjunto de actores del sector servicios. Esto hace que carezcan de voceros que los representen globalmente. Así como existe una Cámara de Industrias, o la Federación Rural, es difícil concebir una organización que represente ese conjunto de intereses económicos tan importantes para el país, aunque no es del caso desdeñar los esfuerzos -que esperamos perduren y se profundicen- de la Cámara Nacional de Comercio, para cumplir con ese rol. 

Estructura burocrática

Cuando uno en el exterior dice que el Uruguay, un país con tres  millones y poco mas de habitantes, tiene un gabinete de trece miembros, la gente se asombra o se ríe. Aquí, cuando tenemos un problema, en vez de solucionarlo, se nos ocurre hacerle un Ministerio o crearle una empresa pública.  El paradigma es el deporte, ahora no salimos campeones de nada, eso sí, creamos el Ministerio de Deportes. Cuando éramos campeones del mundo no existía ese Ministerio.  Con el, parece difícil que vayamos a ganar algo importante. 

Con  todo esto enfatizamos que no procuramos crear un nuevo Ministerio, sino reestructurar la actual forma del gabinete para darle al sector servicios un vocero burocrático que viene siendo necesario y, paralelamente, bajar el número de Ministros. 

Digamos con precisión, de paso, que el gran centro del gasto público, no son los Ministerios de Interior y Defensa, como se pretende hacer sentir por razones políticas en muchos casos. Los dos grandes centros del gasto, y a ellos habrá que atacar el día que se quieran bajar los recursos que la sociedad dilapida en el Estado, son el Ministerio de Obras Públicas y el Banco República. 

Lo cierto es que los sectores que tuvieron preeminencia en lo económico en tiempos pretéritos, el agro y la industria, fueron contemplados con dos Ministerios. Se podrá decir, y es verdad, que cada vez tienen menos atribuciones o poder concreto los Ministros de Agricultura e Industria -particularmente este último- pero ello no impide señalar que permite, al interior del gobierno, tener dos integrantes del gabinete que son,  de hecho, voceros de estos sectores.  Está bien que esto sea así. 

El turismo, en países subdesarrollados como el nuestro, es parte esencial del sector servicios, pero no comprende, ni por cerca su totalidad. La experiencia del Ministerio de Turismo no ha sido del todo alentadora, en la medida que el titular de esa Cartera carece de significación burocrática y política para llevar adelante medidas de trascendencia. 

Sin embargo, si al titular de esa cartera, le agregáramos las dispersas funciones en distintos ministerios y organismos, de Comercio, Transporte, Comunicaciones, sectores de la nueva economía, tendríamos en ese Ministerio un centro desde el cual manejar los sectores mas dinámicos de cara al futuro. 

Creemos que es preciso, modificar las funciones del Ministerio de Turismo, transformándolo en un Ministerio de Servicios. 

Pensamos que esta idea, estrictamente personal, no tiene porque ser aceptada desde ya, pero al menos merece la oportunidad de ser analizada.

Es con ese propósito que la planteamos hoy aquí, a través de esta revista digital de análisis y reflexión. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

Inicio

URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista LA ONDA digital