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Una nueva parálisis en el proceso de paz en Chiapas

por Luis H. Alvarez (*)

Como es de conocimiento público, después de la aprobación por el Congreso de la Unión de la reforma constitucional en materia de derechos y cultura indígena, el pasado 30 de abril el EZLN rompió sus incipientes contactos con el gobierno federal, lo que ha derivado en una nueva parálisis del proceso de paz. 

En diciembre del año pasado, el EZLN solicitó a un nuevo gobierno, un gobierno electo democráticamente, el cumplimiento de tres señales para reanudar el diálogo que fue interrumpido con los Poderes Federales desde 1996. El Presidente Fox consideró que esto era atendible porque a través de su instrumentación quedaría demostrado plenamente su compromiso para trabajar con hechos en la creación de condiciones para una paz justa, digna y verdadera para el estado de Chiapas. 

En primer lugar, fueron replegadas las siete posiciones militares solicitadas, tal como lo reconoció el EZLN y certificó su representante, Arq. Fernando Yáñez. Igualmente, se retiraron más de cincuenta retenes y se suspendieron patrullajes y sobrevuelos en la zona del conflicto. 

En segundo lugar, de los más de cien presos cuya liberación solicitó el EZL no solamente nueve permanecen en prisión. De estos, cuatro están recluidos por delitos federales, tres son orden  y común y dos de carácter mixta. En su momento se hizo saber al arquitecto Yáñez de la situación jurídica de estos reos y de común acuerdo se formó un grupo de trabajo, integrado por funcionarios del gobierno federal y asesores zapatistas, para analizar exhaustivamente caso por caso y, donde hubiera razones objetivas para ello y el Ejecutivo tuviera facultades, proceder a su liberación. El gobierno federal continúa analizando cada caso y trabaja en el proceso jurídico para determinar con certeza si quienes continúan encarcelados lo están sólo por sus simpatías con el EZLN o por razones distintas a los delitos imputados. 

Por otra parte, el gobierno federal cumplió su compromiso de enviar a las instancias de deliberación nacional el documento de la Cocopa, convertido en iniciativa por el propio presidente Fox, e impulsó activamente su aprobación en el Congreso. Evidentemente el gobierno federal no asumió la responsabilidad de garantizar que el resultado fuera el que propuso el propio Presidente y que esperaba el EZLN, por no depender ello exclusivamente de las facultades del Ejecutivo. Con la aprobación de la reforma, el Poder Legislativo Federal ha definido su posición sobre la materia; en estos momentos los congresos locales hacen lo propio. Esto refleja la real división de poderes que opera hoy en el país y demuestra que las decisiones democráticas son consecuencia del debate plural y no de la imposición, lo cual confirma que las prácticas antidemocráticas y verticales del pasado han quedado superadas. El EZLN no puede ignorar las transformaciones que en lo político ha vivido nuestro país y por ello no debe seguir manteniendo la misma actitud que sostuvo con gobiernos anteriores. 

Es por supuesto legítimo que tanto el EZLN como diferentes organizaciones manifiesten públicamente sus diferencias con el texto aprobado por el Congreso de la Unión y sujeto ahora a discusión por los congresos estatales. La libertad de expresión implica convergencias y divergencias. Una vez que sea de conocimiento público lo que decidan las entidades federativas y en caso de que el resultado sea la aprobación de la reforma, será necesario abrir un espacio para reflexionar cuál será su impacto, para analizar las razones de aquellos que hayan decidido rechazarla, así como para discutir a fondo la conveniencia de profundizar en lo alcanzado y definir qué es lo que debe ser revisado. 

Lo que no es válido es descalificar el trabajo de instituciones públicas sustentadas en el voto de millones de ciudadanos, cuando sus resoluciones no coinciden con las de algún sector específico de la población. El gobierno federal, el Congreso de la Unión, los poderes ejecutivos locales y los congresos estatales, a pesar de tener en diversos casos posiciones diferentes, han asumido la responsabilidad de impulsar el debate a través de los cauces democráticos. 

 El EZLN renunció voluntariamente a participar en esta discusión, cuando pudo y debió hacerlo, y desapareció en la escena política en un momento fundamental del debate aún cuando se le abrió la tribuna del Congreso.

Por cierto, esto sucedió después de que el EZLN recorrió más de 3 mil kilómetros en una marcha inédito para nuestro país e incluso para cualquier proceso de pacificación en el mundo. La marcha, además de que se realizó dentro del marco de libertades del que goza cualquier organización y movimiento social en nuestro país, contó con un dispositivo de seguridad, desde su salida hacia la ciudad de México como en el retorno hacia sus comunidades de origen, brindado por el Ejecutivo Federal para garantizar la seguridad de los miembros de la caravana. 

Los compromisos del gobierno federal son reales y verificables. La aplicación del principio de buena fe supone reconocer el valor y las consecuencias favorables que para el proceso de paz y para múltiples comunidades han tenido estas acciones; sin embargo, el EZLN ha roto los contactos con el gobierno federal. 

 Siguiendo el principio de reciprocidad que establece la Declaración Conjunta de San Miguel, el EZLN no ha hecho compromiso alguno equivalente a los que ha realizado el gobierno federal desde diciembre; por el contrario, mantiene cerradas las puertas del diálogo, lo cual —no puede negarse— ha dificultado la posibilidad de construir acuerdos. Un proceso de paz sólo puede llegar a buen término si las partes en conflicto asumen compromisos recíprocos y están dispuestas a cumplirlos responsablemente. 

El Ejecutivo nunca se ha planteado como posibilidad la resolución del conflicto a través de las armas. Una paz verdadera sólo puede derivar de acuerdos alcanzados en las mesas de negociación. Abrir un nuevo el diálogo y resolver nuestras posibles diferencias depende ahora exclusivamente del EZLN. 

En diciembre del año pasado el gobierno federal también se comprometió a construir una nueva relación entre los pueblos indios, la sociedad y el Estado. Hemos reiterado en diferentes ocasiones que continuará el impulso al desarrollo integral de los pueblos y comundades indígenas a través de programas diseñados en consulta con las propias comunidades, en coordinación con las autoridades estatales y depurados de los vicios políticos y clientelares que en el pasado caracterizaron a algunos de ellos. Cabe destacar que en las últimas semanas algunas comunidades han manifestado su deseo de no recibir estos programas. Respetaremos la decisión de aquellas que por voluntad propia rechacen los apoyos de programas gubernamentales, aunque no dejamos de advertir de la gravedad que supone arrastrar a nuevas formas de marginación a comunidades que por décadas han padecido todo tipo de injusticias y formas de discriminación. 

Reiteramos, como cualquier organización o movimiento ciudadano, el EZLN y las comunidades simpatizantes, tienen todo el derecho a manifestar su opinión sobre lo aprobado por el Congreso de la Unión, así como rechazar los programas gubernamentales. Mas no tienen derecho a violentar la decisión de otras que sí quieren participar en el diseño e instrumentación de programas y coinciden con la necesidad de impulsar medidas de reconciliación. 

Este Comisionado hace un atento llamado al EZLN para que respete las decisiones de las comunidades, simpaticen o no con su movimiento, y no obstaculice la instrumentación de programas sociales que buscan mejorar sus condiciones de vida. Este tipo de actitudes deteriora aún más la vida de éstas y es incongruente con las demandas por las cuales el EZLN se manifestó desde la primera Declaración de la Selva Lacandona y que entre otras peticiones incluían desarrollo, trabajo, educación, salud, justicia y democracia. 

Asimismo, la Coordinación a mi cargo reitera una vez más, su total disposición para que juntos encontremos los caminos necesarios para abrir el diálogo de acuerdo con las nuevas condiciones que vive México. 

Por otra parte, hacemos un respetuoso llamado a la Cocopa para que, dentro de sus funciones de coadyuvancia, siga intentando el restablecimiento de puentes que nos conduzcan al diálogo y considere abrir un proceso de reflexión para analizar el status en que se encuentra el conflicto y revisar a profundidad el marco que lo regula, en tanto el actual ha demostrado ser insuficiente para resolverlo. 

La sociedad mexicana demanda una actitud congruente y responsable de todos para alcanzar la paz. La situación que enfrentan los pueblos indígenas y la urgencia de construir soluciones reales exige que los actores involucrados en el conflicto seamos razonables, flexibles y responsables. No perdamos más oportunidades por no saber superar nuestras naturales diferencias o por asumir posiciones intransigentes. 

Lo que está fuera de toda duda es que la infame marginación a la que han sido arrojados los pueblos indígenas debe llegar a su fin. Es un asunto de elemental justicia. Así lo exige la paz que queremos construir. Identifiquémonos todos con estos altos propósitos. El sufrimiento que por tanto tiempo han padecido millones de personas nos obliga a ser capaces de superar cualquier diferencia y así poner sin dilación manos a la obra. LA ONDA® DIGITAL

(*) Comisionado para la Paz del Gobierno de México

 

 

 

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