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El regreso de la fiebre amarilla

Informe especial de La ONDA

Fiebre amarilla y dengue: iniciarán una campaña de eliminación del mosquito- vector que la trasmite, así lo ha hecho conocer el Ministerio de Salud Pública (MSP) de Uruguay anunciando la formación de una comisión interministerial en la que estará representado el Congreso Nacional de Intendentes con el objetivo de trazar los planes para erradicar al mosquito que transmite el dengue, cuya presencia ya ha sido detectada en nueve departamentos del país. Ante el regreso de esta grave enfermedad La ONDA elaboró el siguiente informe.

La fiebre amarilla es una enfermedad infecciosa aguda que representa una gran amenaza pública a la salud en zonas endémicas de África, donde el virus continúa reapareciendo aún después de largos periodos de reposo.

El virus de la fiebre amarilla ha causado epidemias importantes en el continente americano, africano y europeo.

Según la revista Biomédica de la Universidad de Yucatán, el Popol-Vuh, libro sagrado de los mayas quichés,  relata que la fiebre amarilla entre los mayas se debía a la constante convivencia con los monos, allí se describe  una enfermedad llamada "xekik" (vómito de sangre) ocurrida entre los años de 1480 a 1485.

El impacto de estas epidemias, sumado a enfermedades importadas por los europeos (viruela, sarampión y "tabardillo" (tifus exantemático)), fue tal, que en 1572 se estimaba que un tercio de la población indígena había muerto. La epidemia de fiebre amarilla predominó en la región por decenas de años y su efecto fue tan desbastador que en 1650 las comunidades indígenas se despoblaron al huir desesperadas e impotentes  a las zonas selváticas o a la costa oceánica.

En 1881, el médico cubano Carlos J. Finlay presentó por primera vez la hipótesis de que un mosquito podía transmitir la fiebre amarilla. Posteriormente Walter Reed y su grupo trabajaron sobre esta teoría realizando experimentos con voluntarios, y comprobaron que la fiebre amarilla era transmitida por el mosquito Aedes aegypti 

En Uruguay la fiebre amarilla tiene mala historia
En el correr de los meses de marzo, abril y mayo de 1857, Montevideo se vería asolada por uno de los más terribles flagelos que soportara la población desde su fundación: la que se denominó "fiebre amarilla".

Por consiguiente, más que nunca, se hizo necesario velar por la salubridad pública y con tal fin, la Policía resultó, un pilar fundamental para combatir aquel mal epidémico.

Ante los primeros casos de la mortal epidemia, el personal policial comenzó de inmediato por desecar todos los bañados y esteros que circundaban la zona urbana con innumerables cargas de tierra y arena transportadas en carros desde las canteras del Cerro, continuándose luego con la más estricta limpieza de la ciudad.

Muchas fueron las víctimas de esta alarmante epidemia, pero los comisarios y celadores -como lo hacía constar el propio Jefe de Policía don Luis de Herrera en nota al Ministro de Gobierno- estaban en todas partes; ya sacando los cadáveres de sus camas o conduciendo los enfermos al Hospital de Caridad, o procediendo a la quema de ropa y objetos infectados, hasta caer muchos de ellos allí mismo, abatidos por el mal que combatían con abnegación.
Don Heráclito C. Fajardo, cronista de la época, nos ha legado la descripción del tétrico cuadro que ofrecía nuestra Capital, en estos patéticos términos:

"Los primeros síntomas de una mortal epidemia, de un azote terrible y misterioso habíase ya pronunciado haciendo víctimas en cada hora, en cada minuto, en cada instante. Montevideo ofreció repentinamente un aspecto de desolación indescriptible(...) la Policía y los médicos no descansaban en su fúnebre tarea de recoger a los muertos. Los carros fúnebres transitaban en todas direcciones, a todas horas del día y de la noche, cargados de cadáveres y los Celadores marchaban en busca de éstos atronando el aire, perturbando el sueño agitado de la población (cuya) mayor parte había huido(...) (Heraclito C. Fajardo - "Escritos Selectos", Montevideo, 1950 Fuente: "Evolución Histórica de la Policía Uruguaya 

COMO SE TRANSMITE
El agente causante de la fiebre amarilla es un virus transportado por un mosquito de la familia Flaviviridae- en especial Aedes Aegypti. Se mantiene en un ciclo de transmisión por medio de mosquitos moradores de bosques y de primates no humanos, a menudo se conoce como el ciclo "jungla". Ocasionalmente, el humano adquiere fiebre amarilla en la jungla y después se muda a la aldea o zona urbana en donde pueden ser picados por mosquitos domésticos, en especial al Aedes Aegypti, el cual también es un transportador del virus. Esto puede disparar la fiebre amarilla "urbana", con efectos potencialmente devastadores.

SÍNTOMAS
Periodo de invasión
es de 2-5 días, con inicio súbito de fiebre 39-40ºC, pulso rápido, al 2do DIA esta lento, el rostro y los ojos adquieren color rojo, la lengua es saburral, con bordes rojos, cefalea, dolor epigástrico, dolores musculares.

Periodo de remisión donde la crisis febril cede por 2-5 días

Periodo de intoxicación es de 3-9 días con fiebre recurrente y pulso rápido. 

La fiebre amarilla se caracteriza por ataques repentinos de fiebre, escalofríos, dolor de cabeza, dolor de espalda, con dolor muscular generalizado, postración, nauseas y vómitos. Se presenta de inmediato la leucopenia junto con posibles síntomas de hemorragia sobre todo hematemesis. De principio, la ictericia es moderada pero se intensifica más tarde. A medida que la enfermedad avanza el pulso se vuelve más lento y débil,  en ocasiones con presencia de anuria

INCIDENCIA Y DISTRIBUCIÓN
La incidencia de fiebre amarilla es muy alta identificándose en regiones endémicas/enzoonoticas de África del Este, especialmente en Liberia, Ghana, Nigeria y países vecinos. Anualmente se reportan desde cientos hasta miles de casos. Las poblaciones rurales son las de mayor riesgo, donde la mayoría de los casos se dan en adultos sobre todo en hombres jóvenes que trabajan en los bosques. Los casos en hombres sobrepasan en número a las mujeres en aproximadamente 2:1.

PREVENCION
La vacunación en muchos países se lleva a cabo tanto rutinariamente mediante la vacunación EPI, como en campañas masivas en el caso que se presenten brotes de fiebre amarilla
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