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Fue en
Génova, en pleno julio:
Carlo Giuliani recibió dos balazos
La
versión de Clarín y La Vanguardia

La
reunión del G8- principales potencias económicas del
mundo- en la ciudad Italiana de Genova , dio lugar una vez
mas a manifestaciones del movimiento antiglobalización, de
miles de manifestantes durante los días 19, 20 y 21 de
julio. En una de estas manifestaciones, un carabinero
italiano le disparó a la cabeza a uno de los manifestantes,
que cayó muerto.
A continuación los lectores de La ONDA,
pueden leer partes salientes de las crónicas sobre el hecho
del Diario argentino Clarín y el español La Vanguardia.
"Hace
poco había cumplido 23 años, vivía en el barrio de Righi y su
familia era de Sestri Ponente. Vivía con su padre, un conocido
sindicalista de la centrista Confederación General Italiana de
Trabajadores.
Carlo Giuliani
había recibido dos balazos en la cara, disparados por un
carabinero que estaba dentro del jeep que había atacado con el
extintor.
Los hechos trágicos fueron imposibles de negar porque el lugar
estaba también lleno de periodistas, fotógrafos y camarógrafos
que registraron los disturbios en via Caffia que termina en la
plaza Almondia. Uno de ellos, de una agencia noticiosa, tomó 14
fotografías que pasaron a la historia y que registran casi
minuciosamente los disparos y un gesto aún más cruel.
En una foto que dio la vuelta al mundo se ve a Carlo Giuliani
con el extintor y una mano con una pistola que emerge de la
ventanilla roja de atrás del jeep de carabineros. La foto
siguiente retrató al joven ya liquidado a balazos extendido en
el suelo y con los brazos abiertos, con el matafuego al lado,
mientras el jeep le está pasando por encima.
La siguiente secuencia muestra a un centenar de policías y
carabineros rodearon el cadáver mientras bandas de jóvenes les
gritaban "asesinos". Un policía se enfureció y
respondió a un muchacho vestido con un chaleco anaranjado y con
un casco en la cabeza: "Asesino sos vos con las piedras que
tiraste". A continuación varios policías con escudos de
plástico lo corrieron pero el manifestante fue más rápido y
escapó por vía Caffia.
Diario Clarín Por JULIO ALGAÑARAZ. Enviado especial. Sábado
21 de julio de 2001 LA
ONDA®
DIGITAL
"Tenía
miedo, empuñé el arma", dijo el carabinero que efectuó
los dos disparos
"¿Dónde
está mi pistola? Mariscal, la pistola, la pistola", dice
la voz que se rompe en un lamento de dolor. Alarga la mano hacia
la funda, pero está vacía. Intenta todavía encontrarla.
"La pistola, mi pistola", insiste. "Tranquilo;
está aquí. La tenemos nosotros."
El joven grita, una vez, dos, llevándose las manos a la cara, a
la cabeza. Llora sin lágrimas, por las heridas y por el shock.
"Tranquilo. Ahora estás en el hospital. No pienses en
nada", le dice un compañero que trata de tranquilizarlo.
"Dejadlo, no lo toquéis", es la voz imperiosa de una
enfermera del servicio de urgencias a los militares que le
ayudan a descender de la furgoneta porque solo no lo logra; está
a punto de desmayarse. Lo colocan sobre la camilla. El muchacho
toca de nuevo la funda de su pistola. Después se cubre de nuevo
el rostro con las manos, para proteger sus ojos enrojecidos o
quizá para disimular su desesperación. En el cuello y el tórax
se ven todavía los fragmentos de los cristales rotos del vehículo.
El herido es un carabinero de 20 años, alto, con un físico atlético,
con un uniforme azul. Sus cabellos son cortos, algo oscuros,
pero la cabeza y el rostro están desfigurados por la sangre. Es
un militar de reemplazo, carabinero auxiliar del batallón
Lombardía. Es él quien apuntó la pistola contra Carlo
Giuliani, 23 años, muerto y después atropellado por la
furgoneta policial en fuga.
"Sí, he sacado la pistola", recuerda. "¿He
disparado? No lo sé. Juro que no lo sé." No está en
condiciones de decirlo ni a los jueces que le interrogan.
"Intentaban arrastrarme hacia ellos; querían sacarme
fuera. Nos agredieron." Hay sangre sobre su ropa y en el
suelo del todoterreno de planchas abolladas en que ha sido
trasladado al hospital.
En el interior pueden verse diversos objetos, convertidos en
proyectiles por los manifestantes de la plaza Alimonda, la plaza
donde se desencadenó el infierno de la violencia. Otro
carabinero está en estado de shock; un tercero está herido. El
carabinero bajo shock era el conductor del vehículo; para poder
huir atropelló el cuerpo del joven muerto. Estaba dominado por
el pánico. No lo vio. Pasó encima de él dos veces, intentando
alejarse del lugar. No lo logró, hasta que un oficial abrió la
puerta del vehículo, con un empujón lo apartó del puesto de
conducción y tomó el volante en sus manos.
También el joven conductor es objeto de investigación
judicial. El muchacho alcanzado por el proyectil podía estar
vivo todavía cuando fue aplastado por las ruedas del vehículo.
"Nos lanzaban de todo", es la narración fragmentaria
de los momentos previos a la tragedia. El joven carabinero
acusado de homicidio voluntario estaba en aquel todoterreno
porque se encontraba mal. Otro carabinero fue acogido a bordo
porque ya no podía más; estaba agotado por las muchas horas de
enfrentarse a los manifestantes.
Los dos estaban en la calle desde las seis de la mañana, con un
pelotón de cien hombres para intervenir en los puntos más
calientes. "Había respirado mucho humo; no me tenía en
pie; no podía estar más tiempo en la calle", es el
recuerdo de los momentos precedentes al disparo. El humo provenía
de un vehículo blindado, incendiado por los más violentos. El
joven carabinero llegaba desde allí, donde había ayudado a los
colegas en dificultad, en un "crescendo" de violencia
y terror.
En la pistola faltan dos balas y dos son los casquillos
encontrados, uno en la calle y el otro en la furgoneta. Uno de
los proyectiles alcanzó al muchacho, causándole la muerte de
golpe. Pero el carabinero no está en condiciones de reconstruir
lo que hizo cuando fue dominado por el pánico. "Tenía
miedo. He empuñado la pistola. No me acuerdo de haber
disparado, no me acuerdo." La voz se pierde en un sollozo.
"Es un pobre muchacho aterrorizado que tuvo la mala suerte
de ser enviado a una de las zonas más peligrosas de la
ciudad", comenta uno de los jueces que se ocupan de las
investigaciones.
ALESSANDRA PIERACCI
- La Vanguardia -
04.00 horas - 22/07/2001 LA
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