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Entrevista
al escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, Premio Cervantes
por
Jesús Hernández
Sus
padres fueron fundadores del Partido Comunista en Gibara, en el
oriente de Cuba, pero este hombre de prosa irreverente
probablemente nunca imaginó que viviría exiliado de un régimen
marxista-leninista casi la mitad de su vida, hasta ahora.
Guillermo
Cabrera Infante nació el 22 de abril de 1929, y con su familia se
trasladó en 1941 a La Habana, la ciudad que ha marcado
rigurosamente el mundo anecdótico de su obra literaria.
Hoy
día, después de más de 30 años en el destierro, vive en una de
las ciudades menos tropicales del mundo: Londres. Y los círculos
intelectuales y académicos lo consideran el escritor cubano vivo
más importante.
Sus
libros Tres tristes tigres, La Habana para un infante difunto,
Vista del amanecer en el trópico y otros son ya parte de la
historia de la literatura en lengua castellana.
No
es solamente un gran escritor, es también -es obvio que no lo
puede evitar- un anticastrista empedernido.
En
1997, con notable retraso, recibió el Premio Miguel de Cervantes,
considerado el Nóbel en español. Es el tercer cubano que lo
recibe, el único vivo de los tres y el único que ha residido
fuera de Cuba. El primer cubano en ser galardonado con tan alta
distinción fue Alejo Carpentier, quien era funcionario diplomático
cubano y miembro del Partido Comunista de Cuba. El otro Cervantes
fue entregado a la poetisa Dulce María Loynaz, quien nunca
abandonó la isla pese a no simpatizar con el régimen de Fidel
Castro.
He
aquí las respuestas de Cabrera Infante a las preguntas.
-
Dentro de Cuba ha surgido un movimiento en favor de los derechos
humanos y la democracia, como es el caso de Concilio Cubano y
diversas agencias de prensa independientes, bajo el acoso de la
Seguridad del Estado. También se sabe de algunos artistas
contestatarios que critican cuando pueden. ¿Cree que esto es síntoma
de alguna apertura, un estallido de ciertos sectores que han
llegado al límite pese a la represión, o pura debilidad del
castrismo?
-
Puede haber diferentes motivos (no razones: Fidel Castro es cada
vez más irracional) para el comportamiento del régimen. Uno de
ellos es que ni la KGB ni la Stasi existen más como consejeros
del diablo. Pero las amenazas contra cualquier disidente y las
detenciones de periodistas independientes permiten creer que las
palabras apertura y Castro son incompatibles. El régimen, es
evidente, se tambalea. Pero hay que creer el viejo proverbio
chino: "Lo peor del dragón está en la cola".
-
¿Cómo evalúa la presencia de ese "nuevo exilio"
intelectual cubano en Europa? ¿Es monolíticamente anticastrista,
hay matices o hay una tendencia, con excepciones, a consagrar el
castrismo en el extranjero?
-
El régimen de Castro inventó una nueva modalidad de lo
invisible: los "quedados". Se trata de exiliados que
viven en el extranjero pero no están en el exilio. Han salido de
Cuba con permiso pero con una condición: podrán ganarse la vida
en el extranjero, y no serán hostigados ni hostilizados por los
miñones de Castro dentro o fuera de Cuba. Pero que no se les
ocurra siquiera criticar al régimen castrista. En esa categoría
hay varios cubanos conocidos (o desconocidos) que cumplen
rigurosamente el acuerdo con Castro como un pacto con el diablo.
-
Zoé Valdés ha sido finalista del Planeta en 1996. ¿Qué opina
de su labor literaria y de sus posiciones políticas respecto a
Cuba?
-
Ha habido una reacción negativa con (o contra) Zoé Valdés,
motivada en parte por la envidia y en parte porque Zoé se ha
mostrado más valiente que los "quedaditos" que ahora la
atacan. No quiero cometer la grosería de decir que ella ha
evolucionado hacia un contra-castrismo, sino que a medida que su
voz se ha hecho más fuerte su mensaje es cada vez más claro.
Como sucede con todo cubano decente ese mensaje es cada vez más
enemigo de lo que ella ha llamado el Comediante en Jefe.
Zoé
nació en 1959. Esa fecha sirve para distinguir a los que nacieron
bajo Castro de los que conocían la Cuba de antes y han mentido
por interés personal o por lo que es peor - por miedo. Todos
estos escritores (y no escritores), toda esta generación fue engañada
no sólo por Fidel Castro y sus secuaces, sino también por sus
padres, madres y maestros que conocían otra Cuba y presenciaron
su destrucción en silencio. Como cómplices. Para ellos, para la
gente de Zoé Valdés, dentro o fuera de Cuba, tengo, si están
adentro, compasión y comprensión, si están afuera y si han
sabido liberarse de la larga mano de Castro, tienen toda mi simpatía
y, si puedo, mi colaboración: presenté a Zoé Valdés en la
entrega de los premios Planeta y la hubiera presentado con gusto
si ganara el premio Cervantes. Sólo tengo que añadir que
literariamente, no se merecía el segundo premio, se merecía el
primero -y ahí está de best-seller.
-¿Ciertos
sectores académicos, intelectuales y artísticos de Occidente
siguen haciendo oídos sordos a los reclamos de democracia y
libertad de expresión para Cuba, o no tanto últimamente? En
cualquiera de los dos casos, ¿por qué ocurre esto?
-
Son los que miran al régimen de Castro como el último arcoiris y
creen ver la utopía cuando no es más que una de las más crueles
distopías del siglo --y sólo Dios sabe las distopías que hemos
sufrido en nombre de la utopía. ¿Les dicen algo los nombres de
Hitler, Stalin, Mussolini, Franco? Hay más. Recuerdo a los
intelectuales franceses yendo en peregrinación a la China de Mao
y a los que celebraron a Pol Pot como un enviado de Dios cuando
sabían que era un emisario del diablo. Los videntes a distancia
creen menos en el amanecer de Castro cuando más se convierte en
el crepúsculo de un solo dios. Castro tiene todavía sus
defensores distantes, gente que sabe la verdad de su régimen,
aunque, como dice Aldous Huxley en Brave New World: "Grande
es la verdad, pero todavía más grande, desde el punto de vista
práctico, es el silencio de la verdad".
-
¿Existe una cultura cubana del castrismo, y si existe qué
legitimidad tendrá cuando se escriba la historia del arte y la
literatura de Cuba, hechos en los últimos 40 años?
-
Como enseña esa gran novela cubana del presidio, Hombres sin
mujer, de Carlos Montenegro, existe una cultura de la cárcel.
Toda Cuba es una enorme cárcel. Es legítimo que exista una
cultura en la Cuba de Castro. Pero es, inevitablemente, una
cultura cautiva.
-
¿Le molestaría que su nombre estuviera junto al de Carpentier y
Nicolás Guillen en los libros de historia de la literatura
cubana?
-
En absoluto. Los dos son escritores cubanos. Nativo uno, adoptivo
el otro. Algún día se verá que a Nicolás Guillén le hizo un
daño irreparable hacerse comunista. Hasta entonces había sido un
poeta de "vuelo popular". A partir de entonces fue un
escritor al servicio del Partido Socialista Popular. Carpentier en
sus últimos años, no sólo era un funcionario acomodaticio
(vicepresidente de la Unión de Escritores, director de la
Imprenta Nacional, consejero cultural en París) del gobierno
castrista, sino que en sus últimas novelas se hizo un oportunista
literario. Pero sus primeras novelas hasta El siglo de las luces,
a pesar del lenguaje elitista y rancio, son obras maestras, sobre
todo Los pasos perdidos.
-
¿Qué ha significado la literatura para Guillermo Cabrera
Infante? ¿Cuál es su mejor libro?
-
Un vasto campo de juego. Tal vez Exorcismo de esti(l)o porque ahí
llevé el lenguaje cubano y el juego a extremos que nadie había
hecho antes en español. (O tal vez debiera hacer una excepción
con Gómez de la Serna. Aunque había antecedentes en francés,
como Jarry, Satie y Queneau y en inglés con Lewis Carroll y Joyce).
Por otra parte, Un oficio del siglo XX es no sólo mi último
libro (y mi primer libro libre) publicado en Cuba. Ahí están los
segmentos como elementos de Tres tristes tigres y por supuesto de
Exorcismos.
-
¿Qué significa ser un escritor exiliado?
-
Para mí es esencialmente un escritor que ha perdido su lector
natural, que es el lector de Cuba. Tengo, es verdad, mis lectores
repartidos por el mundo. Incluso lectores cubanos en Estados
Unidos y otras tierras. Pero el lector cubano es el que está
sometido a otras presiones, no sólo políticas sino vitales y
lingüísticas, para quienes mis libros son una conexión con el
pasado que es presente y no sujetos de la nostalgia, que es la
prisión de la memoria. Espero, como ocurrió con Martí y Cirilo
Villaverde, que mis libros se puedan leer en Cuba libre un día
sin zozobras, como son comprarlos en bolsa negra o leerlos con los
agentes de Seguridad del Estado ahí, mirando por encima del
hombro- leyendo sin mover los labios.
-Si
Fidel Castro y el castrismo desaparecieran mañana, ¿podría
Cabrera Infante insertarse en La Habana de hoy, otra vez?
-
Me preguntan a menudo si volveré "con la frente
marchita" y siempre contesto: No en el primer avión. Lo único
cierto es que llevo viviendo 31 años en esta casa de Londres. Es
probable que pueda cambiar de dirección pero no de sentido. Esa
es una ley de física. He aprendido que la física es más
importante que la metafísica.
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