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Siete días
lo que pasó y lo que puede pasar

Terminó una semana con mucho frío y con noticias de que entramos, por unos días, en una especie de veranillo. En lo que no hubo veranillo fue en el fútbol: quedamos cuartos en la Copa América, por más que los especialistas digan que tenemos un futuro bárbaro con estos muchachos. Pero lo cierto es que perdimos dos veces con Honduras, un cuadrito de barrio que lo juntaron 24 horas antes de la copa, los metieron en un avión militar un poco a prepo para llevarlo hasta Colombia.

La atención estuvo en el paro general convocado por el PIT-CNT que no fue tan grande como dicen los dirigentes sindicales, ni tan chico, como manifestó el gobierno. Fue el mejor paro en los últimos dos años - el 40% de los comercios cerraron en la capital - , con un acto que congregó a unas 4 mil personas en Montevideo, todo un récord para estos tiempos de desmovilizaciones. Pero nada más que eso.

Mientras esto ocurría, la revista Propiedades denunció que hay todo un grupo de "empresarios" que organizan las ocupaciones de terrenos y se encargan de levantar asentamientos.

Pero el hecho más contundente de la semana fue que se remató por 17 millones de dólares el 80% de la playa de contenedores del puerto de Montevideo. Cuando el martillo se hizo sentir, los que estaban en la Bolsa de Valores explotaron de alegría porque el gobierno ganaba la primer gran pulseada a favor de las privatizaciones y de la modernización del país. Fuera del recinto, los que explotaban de bronca eran los trabajadores convocados por el PIT-CNT, que entendían que el país daba muchos pasos atrás, colocándose en el período anterior a José Batlle y Ordóñez.

Pocas horas después de que el martillo bajara, el PIT-CNT iniciaba su VII Congreso en el Platense Patín Club, con dos objetivos: afinar la estrategia del movimiento sindical para enfrentar la política económica del gobierno y elegir nuevas autoridades.

El que anduvo compartiendo piscos, fue el presidente Jorge Batlle, cuando se encontró en Perú con Julio María Sanguinetti y Luis Alberto Lacalle. Hablaron poco, pero de un solo tema: la Argentina.

Donde sigue el malestar es en Montevideo, porque los trabajadores municipales no se ponen de acuerdo con la Junta Departamental por el barrido y recolección de residuos. Los ediles, incluso muchos de la izquierda, quieren extender la privatización del servicio. Mientras que Mariano Arana quedó en el medio, sin saber qué hacer.

Los otros que no saben que hacer, además del ministro de Economía Alberto Bensión, son las autoridades de Ose que dejaron sin agua a dos millones de uruguayos, durante dos días, porque dicen que unos extraños moluscos se metieron en los caños y taparon la circulación del líquido vital.

Lo que nadie entiende es por qué quieren sacar a los moluscos, cuando el gran negocio sería vender sopa de mejillones directo a su casa. No hay que descartar que en cualquier momento privaticen Ose, con tal fin.

Hasta la próxima y que Dios nos ayude. Nos vemos dentro de una semana, si es que no pasamos a integrar la larga lista de uruguayos emigrados que la socióloga Pellegrini dice que ya son 400 mil. ¿No lo vieron a Vitriolo?

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