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La izquierda propone y
el gobierno dispone

por Raúl Legnani

En el número anterior de La ONDA analizamos como el doctor Tabaré Vázquez y el gobierno pulsearon ante la opinión pública el pasado 18 de julio y horas posteriores, a partir de la presentación del plan de emergencia del Encuentro Progresista.

En esas horas el Encuentro Progresista se fortaleció ante la ciudadanía, debido a que logró reunir en su entorno a los principales actores sociales y religiosos, en muchos casos tan contradictorios como lo son la Cámara de Industrias y la central de trabajadores, el PIT-CNT.

Pero veinte horas después, con movimientos ágiles, el gobierno de coalición neutralizó el efecto Vázquez, mediante una seguidilla de acciones. Primero apareció el ministro Sergio Abreu proponiendo medidas proteccionistas, después senadores del Partido Nacional reuniéndose con el Ministro Bensión, hasta que martillo de rematador destrabó siete años de intentos frustrados de vender el 80% de la playa de contenedores del puerto de Montevideo.

Aquel golpe del martillo, más la ovación de los presentes en la Bolsa de Valores, le permitió al gobierno pasar al frente, por lo menos en materia de iniciativa política. Y fue el senador oficialista Alejandro Atchugarry, quien puso varias frutillas en el postre al anunciar que el martillo y el mecanismo de la subasta también servirían para la privatización de la gestión del Aeropuerto y la adjudicación de nuevas bandas para la telefonía celular.

En menos de quince días el Encuentro Progresista pasó de la euforia a quedarse sin tono muscular para enfrentar la ofensiva oficialista. La pregunta es: ¿por qué con tanta facilidad el gobierno pudo neutralizar una buena jugada de la izquierda? Y la respuesta no es sencilla, porque tiene varias aristas.

a) Un gobierno fuerte como el del Presidente Jorge Batlle no es fácil de acorralar, a pesar de la profunda crisis que vive el país. Batlle cuenta con el respaldo de los votos del balotaje, con un gobierno de coalición que le da respaldo parlamentario por encima de la profundización de algunos gestos de mal humor de los nacionalistas, y con una imagen presidencial que está a la baja, pero que se ubica muy por arriba del reconocimiento de la ciudadanía a su gobierno. Cuenta, además, con una realidad muy determinante: la gente no opta por la protesta -por lo menos por ahora y a pesar del dato importante que fue el paro general-, sino por la emigración.

b) La izquierda ha crecido en el diálogo con los sectores propietarios de los medios de producción, tanto del campo como de la ciudad, pero ese nuevo relacionamiento tiene que enfrentar múltiples escollos. Los industriales y productores, que tradicionalmente solo hacían lobby con los partidos tradicionales, ahora también lo hacen con la izquierda, desde que se transformó en la primera fuerza política del país.

Muchos de ellos hablan con la izquierda con sinceridad, mientras que otros lo hacen para presionar a las viejas colectividades políticas. Algo así como el muchachito que saca a bailar a una chica, pero su intención es generarle celos a aquella novia que lo dejó hace un tiempo.

Si bien el solo hecho de que se reúnan los sectores empresariales con el Encuentro Progresista está mostrando que los actores sociales quieren acciones del Estado para resolver sus problemas (es lo contrario al libre mercado), no está indicando que ambas partes coincidan sobre el costo país, sobre el costo Estado. Y esto, no es un tema menor.

Las organizaciones empresariales del campo y de la ciudad, que quieren el apoyo estatal para reactivar sus economías y la economía nacional, ideológicamente priorizan el achicamiento del Estado, aunque no publiciten bien por dónde van a realizar el recorte. Pero la política de la izquierda pasa, por lo menos en su discurso, por dos andariveles que en ningún caso es el de la privatización a ultranza: reducción de los malos gastos, eliminación del despilfarro del Estado (contratos de obra) y la asociación de las empresas públicas con el mundo trasnacional, sin ceder parte del patrimonio estatal. Pero el problema fundamental que tiene la izquierda es también por partida doble, debido a que en su discurso acentúa más la lucha contra el despilfarro que la propuesta asociativa, lo que genera confusión entre sus partidarios, que aparecen en medio del tejido social como estatistas a ultranza.

Mientras que ese discurso es débil en una de sus patas, los empresarios de Uruguay apuntan a un país proteccionista (en esto coinciden con la izquierda), con subsidios a la producción (también coinciden) pero con un Estado radicalmente más pequeño (en esto discrepan). Y a la vez en el plano ideológico el empresariado uruguayo identifica defensa del Estado con socialismo real, que es un claro sinónimo de fracaso.

c) El encuentrismo ha mostrado a la vez tremendas dificultades para acompañar la protesta y la propuesta, con militancia y con un proyecto comunicacional.

La izquierda se tradicionalizó en materia de participación política, a la vez que carece de recursos, de ideas y de imaginación para sostener sus propuestas en el campo de lo mediático, donde hoy se juegan las grandes batallas políticas. En el último año y medio el Encuentro Progresista debe haber planteado cuatro o cinco iniciativas políticas, manifestadas en materiales escritos (la izquierda es de la cultura de que lo escrito es lo único creíble y serio), que no superaron el área de influencia más inmediato del sistema político, por más que Tabaré Vázquez se deslome recorriendo el interior del país pueblo a pueblo.

A causa de esto, falta de militancia y de proyecto comunicacional, al gobierno muchas veces solo le alcanza con no entrar en polémicas y poner en la congeladora las iniciativas encuentristas, para que las mismas tengan una vida corta, aunque el 18 de julio tuvo que salir en estampida para abortar la difusión y la penetración en la sociedad del plan de emergencia. Así están las cosas: por eso la izquierda propone y el gobierno dispone. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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