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"Mis padres están separados..."

por Psic. Daniela Izzo de Márquez
(tau@adinet.com.uy) T: 211 34 39

Es muy común, lamentablemente, en nuestros días, escuchar de muchos de nuestros niños estas palabras que titulan esta entrega.

Y nos enfrentamos a la disolución de una pareja, pilares sobre quienes se apoya la estructura familiar.

Es a partir del acuerdo de tales personas que se pondrán en marcha una serie de movimientos en sus respectivas vidas tendientes a llevar a cabo algunos proyectos en común.

Y estos proyectos nacerán en función del modelo de familia y de los valores que cada una de ambas personas haya incorporado a su personalidad.

Si pensamos en nuestra cultura, somos conscientes que clásicamente al hablar de "pareja" hacemos referencia a la díada hombre – mujer, en tanto el concepto de "familia" integra a sus descendientes en común, o sea, los hijos.

Es desde esta concepción que realizamos nuestros planteos, sin desconocer por cierto, que en la actualidad, existen otros modelos.

Y ya que hablamos de "actualidad" sabemos que la afectación del vínculo de pareja tiene como frecuente consecuencia el distanciamiento tanto afectivo como físico de ambas personas: se separan, se divorcian, etc.

No entraremos en lo que pueden ser las razones que determinan la separación de una pareja.

Pero: ¿qué pasa con los hijos?

Habitualmente se dice que "sufren" por la separación de sus padres, y de hecho esto generalmente es así.

Es que el deseo de que papá y mamá estén juntos, unidos por el afecto está presente en todo niño, más allá de los avatares de la situación edípica.

Es tranquilizador para él saber que en casa están mami y papi, que lo aman, que lo ayudan, que lo cuidan, que comparten un juego con él, que lo defienden, que le explican algo que no entiende, que lo consuelan, ... es decir, que le ofrecen lo fundamental que necesita para crecer.

Y no puede sino angustiarse ante la nueva realidad: sus padres ya no están con él, ya no viven en la misma casa, y solamente los ve algunas horas y/o algunos días. (Esto ocurre en aquellos casos en que el hijo o hija queda con uno de los progenitores, pero los hay en que pasan a alguna institución o quedan a cargo de alguna otra persona, que puede o no ser familiar).

Son múltiples las vivencias y sentimientos de cada pequeño que transita por este camino, que básicamente es "amargo". Se destacan la inseguridad y el abandono, razones que fundamentan que al margen de las causantes de la separación parental, el hijo mantenga una relación lo más fluida posible tanto con su padre como con su madre.

¿Y esto cómo se puede lograr?

Entendemos que viéndolo diariamente, o cuantas más veces se pueda, pero que esos encuentros se destaquen por ser de buena calidad, es decir, que se disfruten, que el chico esté bien, tranquilo, y que se sienta acompañado.

Que sean instancias en las que exista el diálogo entre padre (o madre) e hijo (o hija), que el pequeño pueda hablar acerca de sus cosas, por ejemplo de su escuela, de sus notas, de algún paseo, de sus amigos, de su casa, etc., que pueda mostrar algo que quiera, sean sus cuadernos, sus dibujos, algún juguete u otra pertenencia, etc.

La escuela o colegio es un ámbito de suma importancia en la vida del niño, por ello es aconsejable que se comparta todo lo vinculado a él: que se lo lleve o traiga alguna vez, que exista diálogo con su maestra o profesoras, que se participe de las reuniones de padres, fiestas y actividades especiales; que se le miren los cuadernos, se le facilite material para sus tareas domiciliarias, etc.

Las llamadas telefónicas, las cartas, los emails, los sistemas de mensajería instantánea, pueden ser herramientas facilitadoras de la comunicación entre padres e hijos.

Es saludable que el niño/a conozca acerca de cómo es la vida diaria de su papi o mami (es decir, de aquél que no vive con él), por ejemplo, que sepa sobre su trabajo, que conozca el lugar donde vive, con quién vive, etc.

Hay que considerar que todo conocimiento que el chico tenga sobre la "nueva vida" del progenitor que no está en su casa le disminuirá el nivel de ansiedad, ya que el no saber acerca de él, indudablemente lo inquietará y preocupará.

Es necesario y tiene que ser "permitido" hablar sobre la situación de separación de la pareja.

Muchas veces al chico no se le dice nada porque se piensa que no comprende, pero no es así.

El niño al que no se le dicen las cosas, las imagina de acuerdo a su fantasía, a los comentarios que oye, a las circunstancias que vive, a sus deseos, y construye sus propias explicaciones respecto al tema. El riesgo de esto es que su producción de cuenta de una realidad distorsionada y, a corto o largo plazo lo afecte, tanto a sí mismo como a su vida de relación.

Sin perder de vista, además, que tarde o temprano surgirán las preguntas incisivas, o los comentarios de sus amigos: ¿dónde está tu papá?; ¿por qué vivís con tus hermanos y tu padre?, etc.

Esto sumergirá al niño en un incómodo trance del que no siempre podrá salir solo y airoso.

Entonces, es preferible que, adecuándose a las posibilidades de comprensión del niño, utilizando palabras sencillas, con explicaciones cortas, sin culpabilizar a nadie, tratando de preservar el bienestar emocional del pequeño, se le ponga al tanto de lo que sucede; diríamos, se le "ponga en palabras" lo que está pasando. En ocasiones será necesaria la orientación profesional para abordar esta situación.

Resulta "imprescindible" aclararle al hijo que él no es responsable de que papá y mamá se separen, que no estarán juntos y que no dormirán en la misma casa.

¿Para qué? Para que en primer término no piense que sus fantasías agresivas de "disolver" a la familia se hace realidad, para desculpabilizarlo, aliviarlo, y en segundo lugar, para que no espere en vano cada noche a que llegue papá o mamá a dormir.

Consideremos además que las "mentiritas piadosas" que tan frecuentemente se dicen, como por ejemplo: papá está de viaje, o, llegó cuando te habías dormido y se fue antes que tú te levantaras, (entre otras tantas) pueden "engañar" y "proteger" por poco tiempo.

Tal vez luego, en el momento de decir la verdad, ese argumento pueda ser tanto o más nocivo que la realidad misma.

Es frecuente que no se encuentren las palabras adecuadas, o uno no se anime a abordar el tema, o no esté en condiciones de hacerlo, pero ello no justificará que con el correr del tiempo el niño siga ignorando la realidad de sus padres.

Es absolutamente comprensible que todo padre quiera evitar que su hijo sufra; no nos es grato verlo sufrir por la razón que sea; y menos aún ser nosotros mismos, sus propios padres, quienes lo sometemos a situaciones que le causan malestares. El sentirse responsable está latente.

Es común que los papis que viven esta separación de pareja, también la sufran en algún sentido.

Muchas veces hay padres que se cuestionan si el no haber dado ese paso en la vida (separarse) no habría sido mejor, en tanto podrían habérsele evitado angustias a los hijos.

En verdad eso es algo que no podemos saber, ya que depende de la particularidad de cada familia.

Sin embargo, somos conscientes que hay parejas que funcionan de manera que sí afecta negativamente a los hijos. Y en esos casos, no es infrecuente que una vez que se separa, las características de la relación entre ellos varíe, se distiende, y esto alivia tensiones y malestares. Como consecuencia, si bien el hijo extrañará y añorará que su marco de referencia primario (su familia) esté unido, tal vez tenga más posibilidades de disfrutar de cada uno de sus progenitores.

Ahora bien, hasta ahora hemos abordado este tema partiendo del supuesto de que al separarse los padres, no se "separan también de los hijos".

No obstante, esto ocurre.

¿Y qué hacer cuando el chico pregunta por aquél que se fue y no lo viene a ver, ni lo llama, etc?

Es una situación generalmente desagradable para el chico.

Entendemos que habrá que ver cuales son las determinantes de ese distanciamiento. Pero independientemente de ellas, creemos que no sería bueno que existan forzamientos al respecto.

Es decir, si lo que se pretende es que el hijo disfrute del vínculo con sus padres, sería bueno que ambos estén con él por su propia voluntad y traten de hacerlo en las mejores condiciones.

De nada serviría estar con él de un modo forzado, porque alguien se lo exija y sin sentir ese deseo que nace dentro de cada uno de estar al lado de su hijo, de compartir su vida con él, a pesar del devenir de la vida.

Todo hijo necesita de sus padres esa actitud interesada, firme y cálida que lo sostiene, lo continenta y lo impulsa a crecer.

Si bien cuando los padres se separan el común denominador de la relación entre ellos son las discrepancias, lo más sano para los hijos es que existan "acuerdos". Acuerdos respecto a los hijos.

Es fundamental que se dialogue y defina en común lo inherente a cada uno de los chicos, o por lo menos que se lo intente.

Y por sobre todas las cosas, que no se vea afectado el concepto que el hijo tiene del amor de sus padres hacia él; es decir, que tenga claro que "a pesar de todo" tanto mamá como papá lo siguen y seguirán amando. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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