Contáctenos

Susana Soca: poetisa, crítica literaria y difusora generosa de la literatura

(2a. Parte)

por Julia Galemire

En ese mismo número, el recordado José Bergamín, abordó la ejecutoria de Paul Eluard, a quien consideraba "uno de los significativos y singulares poetas de nuestro tiempo" y cuya gran virtud fue la de no haber traicionado el secreto místico, misterioso y santo de la poesía.

La misma Susana, definió la poesía de su amigo Eluard, el que había muerto un tiempo antes, afirmando que el poeta francés "usaba un lenguaje propio, en el que las palabras de todos los días adquirían propiedades específicas y en el vertía la totalidad de su experiencia". En ese texto, puede apreciarse el criterio con que Susana enfocaba la obra ajena.

En el tercer número y en unas diez páginas, hizo un estudio crítico de la obra de María Eugenia Vaz Ferreira, en el que se ponen de manifiesto algunas peculiaridades de la autora de "La isla de los cánticos", como ser esa armadura retórica muy difícil de comprender con la que revestía sus poemarios y que en cierta manera, revelaba el pudor universal que María Eugenia sentía frente al mundo y a las cosas.

Otro punto destacable que Susana encontró en la poesía de quien era objeto de un análisis, es que en la misma no se menciona a los seres que continuamente o en algún momento, la rodearon. María Eugenia, recordaba, a propósito -caso extraño, en verdad- que nunca había podido escribir una sola línea dedicada a su padre, a pesar de que continuamente pensaba en él, a partir de su muerte. Católica que, domingo a domingo concurría a misa, sólo una vez en su producción poética mencionó a Cristo.

Estas breves anotaciones, nos revelan a una Susana Soca en función de ejercer la crítica literaria, una tarea que en ella coexistía con la empresaria cultural -llamémosla así-, fundadora y directora de "La Licorne" y con la creadora. En esta última faceta de su personalidad, Susana puede ser considerada una genuina representante de la escritura poética uruguaya. Aunque, como sucede con muchos otros, pienso en poetas de nuestro país como Pedro Picatto, Saúl Pérez Gadea, Alberto Mediza ¿y en cuantos más?, que se encuentran hoy en un olvido inexplicable..

En esa tarea, expresaba un estilo definido de creación. Un cierto esteticismo de cuño afrancesado -no podía ser de otro modo- impregnaba su discurso poético. A esa cualidad, se unía un lirismo que en ningún momento decaía. Por el contrario, se afirmaba en cada estrofa con matices delicados, mostrando una elocuencia poco frecuente.

Podemos en tal sentido, recordar un fragmento de su poema "Amanecer", en el que utilizó un lenguaje pleno de nostalgia y en el que dice, en sus primeras estrofas: "Ninguna voz, ninguna mano / me han de llevar al recorrido / país de la memoria. / Se cierra ahora como una nube / el camino del día primero al nuevo día / que brilla y se prolonga / en los canteros de la mañana". En ese lirismo profesado cuidadosamente, jugaban sus roles la memoria, la vida y la muerte, el tiempo que en ella era transparencia, las imágenes de los seres y las cosas, las fronteras entre el cielo y la tierra tan inaccesibles. Pero, ¿ que pensaba Susana de la poesía ?. En tal sentido, sus ideas eran ambiciosas, en tanto aspiraba a la grandeza poética en su más alta acepción. Ello, se puede percibir en el poema "A las 7, la luna", en la que Susana evoca algunos fantasmas de su sensibilidad, la noche, los espejos y con mayor precisión, la luna: así, nos dice en un fragmento: "Vuelva a su infancia en medio de la escarcha / aquella que tomaba para sí / el esplendor de la reciente noche / y en transitoria casa de espejos recogía / el largo centelleo. / Avecindado a nuestros ojos cabe / alto y sin soledad el esplendor más solo./ " Para concretar esa aventura espiritual, pensaba, "que pertenecen al dominio de la grandeza poética, la posibilidad de encarnar la multitud, el mundo real, las aspiraciones comunes, superadas y confundidas en una exaltación particular, y el poder de hacerlas perceptibles para todos". Ese concepto que ella escribiera, y que se insertó a manera de prólogo en la edición póstuma de 1962 de "Noche cerrada", precede a una muy valiosa definición de las tareas que cumple el poeta, y así nos dice Susana lo siguiente, que se nos aparece a manera de consejo para quienes se inician en este dificil arte.

"El poeta -afirma- es un ser que intenta describir sin tregua lo que sin tregua percibe en la vigilia y en los multiplicados planos del sueño". Y prosigue; "Se acerca con peculiar sigilo al silencio de las cosas, observa, describe, adapta el lenguaje a esas zonas próximas al silencio". Susana en su concepción de lo poético, considera además que el poeta hace música, pero que por razones que no aclara en su artículo, "no puede escucharla nunca", aunque otros si la escuchan, concluyendo entonces que alguna vez esa música se hace concreción en sus oyentes, y "como siempre, está en la realidad de la poesía".

Era en definitiva, una poeta de largo aliento -se puede apreciar esa condición en sus poemas de considerable extensión-, cuidadosa al extremo en el lenguaje y, da la impresión al leerla que debía escribir y corregir mucho, diría en forma implacable. Es cierto, que hay que leerla con detenimiento, valorando cada palabra, cada frase, tratando de penetrar con fina paciencia, en lo que ella quería expresar; sus emociones, sus nostalgias, sus experiencias sentimentales.

Todo en su poética se mueve por el terreno del símbolo, de la interpretación. No es por lo tanto, una creadora de fácil lectura. Sin embargo, eso es lo importante, Susana Soca nos dejó en sus textos, una riqueza expresiva que lleva al lector a un goce estético de significación.

Ella dijo alguna vez que el poeta debe subsistir en cada poema, debe comunicar algo a alguien en cada poema: ella, indudablemente lo logró.

No podría en tanto, concluir estas nota, sin recordar que en 1960, Jorge Luis Borges escribió un soneto para su amiga Susana Soca, fallecida el año anterior y cuyo texto dice:

"Con lento amor miraba los dispersos colores de la tarde. Le placía perderse en la compleja melodía, en la curiosa vida de los versos.

No el rojo elemental sino los grises hilaron su destino delicado, hecho a discriminar y ejercitado en la vacilación y en los matices.

Sin atreverse a hollar este perplejo laberinto, atisbaba desde afuera las formas, el tumulto y la carrera, como aquella otra dama del espejo. Dioses que moran más allá del ruego la abandonaron a ese tigre, el Fuego. LA ONDA® DIGITAL

 

 

Inicio

URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista LA ONDA digital