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El
"tránsito" después del divorcio
por
la psic. Daniela Izzo de Márquez.
tau@adinet.com.uy
Tel. 2113439
En
nuestra entrega anterior abordamos una situación familiar
bastante común en el correr de nuestros días: la separación
de la pareja y algunas de sus repercusiones en los hijos.
En
esta oportunidad, iremos un paso más allá.
Nos
acercaremos a lo que es la formación de nuevos vínculos
amorosos.
Y
lo planteamos en estos términos pues sabemos que, tanto el
hombre como la mujer pueden y tienen derecho a consolidar una
relación amorosa que les permita sentirse bien, en tanto vaya
satisfaciendo necesidades y expectativas que todo ser humano,
por su propia condición lleva consigo.
Claro
que no siempre es así, es decir, no toda persona que ha vivido
una separación de pareja se involucra afectivamente con otra
persona, al punto de llegar a consolidar una relación.
O
tal vez no lo hace inmediatamente a la experiencia de separación,
sino que transcurre un tiempo. Pero en muchas ocasiones ocurre
de esta manera.
Aproximarnos
a esta temática sería como transitar por un camino que tiene
muchas ramificaciones, en lo que refiere a aspectos a abordar.
Tal
como quedó señalado, partimos de la base que el
"hombre" es un ser social (apreciación muy conocida)
y por lo tanto no puede satisfacer sus necesidades como persona
íntegra aisladamente: no puede vivir solo.
No
en vano el Génesis en el Antiguo Testamento Bíblico habla de
la creación del hombre, y luego, de la mujer.
Obviamente
entre hombre y mujer se produce un intercambio de afectos,
conductas, palabras, gestos, etc. que recíprocamente va
satisfaciendo necesidades de uno y otro.
Y
el buen funcionamiento de este inter- juego, podríamos decir,
es lo que va permitiendo que el vínculo de pareja se vaya
afianzando.
Ello
no ocurre con dos personas cualesquiera; es decir, no toda
persona podrá irse adaptando a las demandas de toda otra. Es
necesario y fundamental el conocimiento paulatino de ambos partícipes
para ir armando la estructura de la pareja, como quien arma un
rompecabezas.
Ahora
bien, es harto frecuente que ante el rompimiento amoroso, uno de
los integrantes sufre; cuando no, los dos.
Diríamos
que se sale del vínculo con una vulnerabilidad afectiva a flor
de piel, que cada quien sobrellevará con los recursos que pueda
y tenga interiormente.
En
la clínica, ésta es una realidad que se vive día a día; no
son pocas las consultas que llegan desencadenadas por las
consecuencias inmediatas a la disolución de la pareja.
Y
podríamos decir que la mujer, tiende a ser quien consulta con más
frecuencia. Esto no quiere decir que el hombre no sufre, sino
que indudablemente resuelve el trance con otras herramientas.
Esta
situación en la vida, produce una movilización afectiva muy
importante que se expresará de diversas maneras.
En
un alto porcentaje aparecen manifestaciones de tristeza,
angustia, abatimiento, sentimientos de culpa, deseos de agredir
y/o agredirse, deseos de llorar, tendencia al aislamiento,
alteraciones en la alimentación (inapetencia, apetito voraz,
etc.), en el sueño (insomnio de conciliación, deseos de dormir
mucho, aumento del número de despertares, sueños de angustia,
etc.), trastornos digestivos (náuseas, vómitos, diarreas,
etc.), afectación de las actividades laborales o curriculares
(ausentismo, falta de disposición, baja en el rendimiento,
etc.), variaciones del humor, aumento de deseos de ingerir
sustancias nocivas (cigarrillo, alcohol, etc.).
No
son éstas las únicas manifestaciones que aparecen ni tampoco
en todas las personas; esto dependerá de la personalidad de
cada uno.
En
otros casos la situación se transita sin mayores alteraciones
en la vida cotidiana.
Pues
bien; pensemos que quien queda en esta situación emocional dañada
es un ser humano, y no podemos perder de vista la inherente
necesidad de afecto que lo acompaña desde que nace. No sería
irreal pensar que esa persona, que salió sufriendo de una
separación, sienta muy interiormente la necesidad de ser amada.
Esto
inducirá en algunos casos a una búsqueda inmediata de otra
pareja, en otros, a una negativa terminante ante esta
posibilidad, y en "el más sano" de los casos, a un
impasse.
Decimos
"el más sano" porque sabemos que no es de un día
para otro que uno deja de amar a otro, que uno deja de necesitar
a ese otro, que una persona se desliga totalmente de otra, más
allá de las razones que hayan determinado el rompimiento de la
relación.
Es
que los afectos no se pueden manejar como objetos, sacarlos y
ponerlos donde uno quiera y en el momento que sea. Buena parte
del control de los sentimientos es involuntario.
De
manera que podrá uno zambullirse en otra pareja de inmediato,
pero de ahí a que pueda haber desligado cuanto afecto había
depositado en la anterior, y luego transferir similares a la
presente, "correrá mucho agua bajo el puente".
Muchas
veces es esa imperiosa necesidad de sentirse protegida, segura,
querida y el intolerable sentimiento de soledad y desamparo,
quien opera fuertemente en la mujer y la induce a relacionarse
en un breve tiempo.
A
veces hay hijos a su cargo y las exigencias de ellos acentúan
esas vivencias, por sentir que es demasiado, que una sola no
puede.
Indudablemente
es un trance doloroso. Habrá quienes se fortalezcan en otras
alternativas para sobrellevarlo.
Creemos
que es "necesario" ese tiempo de soledad, aunque sea
amargo, para poder desligarse amorosamente e interiormente de
aquél ser a quien se estuvo unido, para pensar, para recordar,
para evaluar, para ir aceptando muy de a poco la nueva situación,
como quien va bajando el telón al término de una escena, antes
de que comiencen a aparecer los nuevos rostros en la siguiente
escena de la vida.
Pues
de lo contrario, inconscientemente seguirá estando aquella
persona como un "fantasma" que seguramente hará
sombra sobre las que aparezcan luego y no permitirá que se
pueda establecer un nuevo vínculo gratificante que permita
vivir momentos de bienestar.
Y
esto, lejos de ayudar, puede ser perjudicial, tanto para el
futuro vínculo, como para el crecimiento individual.
De
manera que ese tiempo de que hablamos, apunta a facilitar la
elaboración de la separación anterior y proteger el estado íntegro
de la persona. LA
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