Portada del último número de La ONDA




Contáctenos

Furia en el Liceo 12: ¿qué está pasando?

por Raúl Legnani

Cuando nadie lo esperaba un grupo de muchachos y muchachas arremetió contra el edificio del Liceo 12, frente al parque Batlle, y en pocos minutos lo destrozó. No quedó un solo vidrio sano. Previamente se había realizado una movilización de los alumnos de ese centro educativo, protestando por la falta de limpieza en el local liceal.

Una semana antes, se había solucionado otra situación conflictiva en el Liceo 11 del Cerro, donde los muchachos lo habían ocupado, con reivindicaciones similares a los del parque Batlle. Pero en esa oportunidad no ocurrió un solo incidente y por el contrario la protesta se canalizó de otra manera: los alumnos limpiaron y pintaron su liceo.

¿Por qué fueron tan diferentes las reacciones estudiantiles? La respuesta no es sencilla y quizás nunca se pueda saber a ciencia cierta lo que pasó. Pero el tema da para otro tipo de reflexiones.

No somos de los que creemos que en esa diferencia de actitudes se hayan manifestados distintos comportamientos de corrientes gremiales, que simplificadamente muchos distinguen entre moderados y radicales. Es que no hay datos de la existencia de esas dos tipos de corrientes pero, además, se hace incomprensible que la violencia se haya manifestado entre muchachitos del Liceo 12, donde esos alumnos no superan los 14 años de edad. El liceo del parque Batlle es de adolescentes pequeños, provenientes de capas medias con un pasar de vida más o menos aceptable, panorama social absolutamente distinto al otro liceo, donde los alumnos eran mayores y de cuna más humilde.

Ver la cara de tristeza dee la directora, una persona de larga trayectoria en enseñanza secundaria y con estrechos vínculos con los movimientos en defensa de la educación pública, alcanza para definir la situación como extremadamente grave.

Seguramente ahora vendrán las sanciones, investigaciones de todo tipo, que son necesarias pero que no alcanzarán para comprender todo el fenómeno y actuar con inteligencia sobre él. Si el único camino que se recorre es la aplicación de los códigos disciplinarios, no se hará otra cosa que eludir aspectos centrales, que por lo menos las autoridades de la enseñanza y la sociedad toda deberán comenzar a plantearse.

A esta altura del desarrollo de nuestra democracia, parece insólito que se le siga negando a los muchachos la posibilidad de agremiarse, al esgrimir un estatuto que viene de la época de la dictadura.

Si a las inquietudes estudiantiles no se las continenta y se les permiten desarrollarse dentro de reglas de juego claras y abiertas, es de esperar reacciones por fuera del sistema y de los mejores códigos de conducta. No es impidiendo la libertad de expresión que se educa a las nuevas generaciones, sino creando - por parte de los adultos- los mejores escenarios.

Por otra parte las autoridades de la enseñanza, que han actuado con una importante cautela en los últimos tiempos, deberán profundizar en los perfiles de las nuevas generaciones.

Hace poco tiempo leímos en el suplemento Bitácora de LA REPUBLICA, una reflexión de Jeremy Rifkin, quien señala en esa nota que las nuevas generaciones, influidas por el tremendo dinamismo de los cambios tecnológicos, está conformada por muchachas y muchachos que requiere respuestas inmediatas y que cuando no lo logran puede reaccionar con violencia.

Este es un punto de vista interesante, sobre el que hay que bucear. Los alumnos del liceo 12 querían sus locales limpios: esperaron una semana, dos, Secunadaria no hizo nada por falta de presupuesto, manifestaron y un grupo de ellos reaccionó de forma casi salvaje, cosa que nunca ocurrió ni en los años más duros de la década del 60, cuando se produjo la insurgencia estudiantil.

A la vez habrá que analizar con detenimiento la situación concreta de la pequeña sociedad del liceo 12, donde existe - según actores de primer nivel de ese liceo- una violencia en potencia, debido a la desestructuración familiar y al hecho de que alumnos "inquietos" que son expulsados de liceos privados por sus inconductas, terminan en ese liceo.

Antes de caer en la tentación de aplicar la mano dura, también la sociedad toda y en particular las autoridades de la enseñanza, deberá autoanalizarse para ubicarse con humildad ante el problema, sin olvidar que hoy el ejemplo adulto no es el mejor. Y no es el mejor porque desaparecieron decenas de computadoras en la ANEP y no se saben donde están, porque parte del sistema político está acusado de utilizar los pases en comisión para hacer gauchadas a sus amigos con el fin de que no trabajen (incluso uno de ellos es el jefe de la mafia contrabandista que está prófugo) y porque municiones de la Armada se esfumaron, sin pedir permiso.

Es hora de actuar, pero de actuar con la inteligencia necesaria, donde no puede pasar que ser joven se transforme en una mácula que se lleva en la frente, en medio de una sociedad de viejos hipócritas que toman wisky desde la ventana de un bar, mientras les miran las piernas a las muchachitas, y critican a las nuevas generaciones porque los varones usan aritos o dos por tres se fuman un porro.

Ni salvajes atentados a los liceos, pero tampoco la soberbia adulta que puede terminar provocando una brecha generacional injusta y estúpida. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

Inicio

URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista LA ONDA digital