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Jorge
Amado o el escritor y la política
por
Enrique Semo
Enrique
Semo es uno de los intelectuales más destacados del México
contemporáneo. Este trabajo publicado en la revista proceso, que
dirige Julio Scherer García, está circulando en medios
académicos uruguayos. Por considerarlo de interés La ONDA lo
comparte con sus lectores.
Fue
autor de más de 40 novelas que se publicaron en medio centenar de
lenguas y dialectos, incluyendo el braille. Cacao, su
primer libro, escrito a los 19 años de edad, vendió en sus
ediciones iniciales 120 mil ejemplares. Sólo en la Unión Soviética,
hasta 1988, las ediciones de sus obras alcanzaban la increíble
cifra de 10 millones de ejemplares. Pero también en habla inglesa
circulan decenas de ediciones en libro de bolsillo que alcanzan
tirajes inverosímiles. Y sin embargo, nada tan lejos del
prototipo del best seller que se ajusta a patrones
comerciales, que su obra. El escritor que probó uno tras otro el
realismo socialista, el realismo crítico y en 1961 anticipó los
fundamentos de lo que más tarde sería el realismo mágico,
desarrolló un estilo individual inconfundible, que sus asiduos
lectores, entre los cuales me cuento, reconocemos a las primeras páginas
de cada uno y todos sus libros. A lo largo de sus 88 años de
vida, el novelista colaboró activamente en decenas de periódicos
y revistas y la edición de sus obras completas, que se está
preparando, tendrá más de 30 volúmenes de 700 páginas. Además,
tiene libros adaptados para cine, radio, televisión, comics,
no sólo en Brasil, sino también en Portugal, Francia, Argentina,
Suecia, Alemania, Polonia, Italia y Estados Unidos.
Medido
por el número de sus lectores y la universalidad de su aceptación,
Jorge Amado es una historia de éxito que cualquier escritor
envidiaría. Y sin embargo, toda su vida fue objeto de una tenaz
discriminación. Las élites brasileñas jamás le perdonaron su
pasado comunista y muchos de sus colegas no podían sufrir la
increíble popularidad de su obra y el entrañable lazo que une a
los habitantes de Bahía con su autor predilecto. En la academia
brasileña se ha estudiado poco la obra del más popular de los
novelistas en lengua portuguesa, y la crítica literaria de su país
lo cubrió siempre con un manto de silencio, como si hubiera sido
un autor superficial de impacto pasajero. Candidato al Premio
Nobel año tras año desde hace mucho, nunca lo recibió, quizá
porque en 1951 fue laureado con el Premio Stalin de Literatura.
Jorge
Amado pertenece a la generación de Pablo Neruda, Miguel Ángel
Asturias, Bertold Brecht, Ana Seghers y Louis Aragón, escritores
animados por un ideal cívico socialista o revolucionario,
inseparable de sus ideas estéticas. Autores de la era de la
Guerra Fría que no quisieron evadir la toma de posición frente
al fascismo y el imperialismo estadounidense. A veces, el elemento
ideológico dañaba la calidad estética de la obra y muchos
autores cayeron en el panfletismo. Pero como Neruda, Asturias o
Brecht, Amado se salvó gracias a su talento. En su caso, por la
fuerza de su intuición y la fusión absoluta con su mundo
particular, mestizo, mágico y ardiente.
Igual
que el otro gran escritor de habla portuguesa, José Saramago,
Jorge Amado fue fiel, toda su vida, a su ideal socialista. En los
términos de Saramago, su posición es la de un comunista
humanista. Miembro del Partido Comunista Brasileño desde la década
de los treinta, hasta el año de 1954, el escritor de Bahía lo
abandonó a finales de ese año. Durante los cerca de 20 años que
permaneció en sus filas, publicó Cacao, En el país del
carnaval y Los subterráneos de la libertad, así como
una biografía del legendario Prestes, dirigente de ese partido, El
caballero de la esperanza. En esos años, los temas de la
lucha social dominaron su obra.
Abandonó
su militancia para, como él dice, "pensar por mí
mismo". Pero su compromiso social lo acompañó hasta el
final de sus días. La novela que estaba escribiendo cuando lo
alcanzó la muerte se llamaría Boris el rojo. No hubo
golpes de pecho ni mea culpa públicos, sino fidelidad a la
utopía y rechazo de los excesos de la realidad, como José
Revueltas, quien por salud mental combinaba las cárceles de los
gobiernos priistas con las expulsiones de las filas de su partido.
En
su obra de esos años aparece tanto la ilusión de la revolución
socialista como la decepción con su partido. Pero lo que siguió
siendo toda su vida, es un escritor visionario atento a la voz de
la política. Prevé la caída del "socialismo realmente
existente" y en 1988 la inevitable derrota de la perestroika
de Gorbachov, demasiado bella para triunfar en un mundo arrasado
por el ascenso del neoliberalismo.
A
partir de entonces, su obra cambia. Se vuelve más exuberante, más
localista, más personal, y el héroe cede el lugar al diálogo
grotesco, tierno y a veces desesperado entre los personajes. Sus
figuras femeninas, Teresa Batista, Doña Flor, Tieta, son tratadas
con la ternura de un hombre cuya vida estuvo marcada por un gran
amor hacia su compañera, Zelia Gattai. Pero nos hablan también
del poder de la mujer y su picardía innata. Otros personajes se
mueven en el mundo de los marginales que lo atrae
irresistiblemente. El "autor de las prostitutas" lo llamó
uno de sus críticos, cosa que el bahiano tomó como un elogio.
Eduardo
Assis Duarte, en un estimulante estudio de su obra sostiene que la
fusión entre política y estética se mantuvo siempre. El
proyecto de Amado nos dice, "está fundado ante todo en la búsqueda
de la aceptación popular. Su objetivo es desde temprano escribir
para un gran número de lectores y liberar así la literatura del
dominio de las élites. Para eso se impone un programa estético
preciso anclado en la tradición popular nordestina —la
literatura de cordel, los cantadores— y, después, en el
realismo crítico y la denuncia. Él va a combinar ese realismo
social con todo el arsenal heroico creado por la tradición
novelesca del siglo XIX, esto es, el folletín y también con la
estética teatral del melodrama que representaba en el escenario
el mismo papel que el folletín desempeñaba en los periódicos.
Esta estrategia, en la televisión, desembocó en las
telenovelas". Amado murió fiel a ese proyecto político-estético
sin otorgar concesiones a los gustos dominantes de su tiempo. Pero
a final de cuentas, lo más probable es que esos gustos dominantes
sean menos duraderos que el impacto de la obra de Jorge Amado. LA
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