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La
fiesta terminó...
pero sigue en el Estado
por César
Barrios
Los datos económicos
nos muestran que a fin de año el déficit fsical se situará
por encima de los U$S 660 millones.
Bastante menos
que el año anterior, pero bastante más de lo previsto. Uruguay
con este déficit (3,3% del PBI) esta quedando fuera de los
nuevos parametros de la economía mundial, que no permiten los
deficits constantes. O sea aquellos que acumulan deuda año tras
año, porque es sabido que llega un momento en que esas deudas
no se podrán pagar.
El déficit
acumulado entre 1999 y el 2001 se situará entonces en unos 2100
millones de dólares (10% del PBI). Es muy difícil poderlo
controlarlo si sigue subiendo anualmente en estos parámetros.
Un día no habrá plata para pagar los intereses de la deuda. La
vida de un gobierno es como la vida de su casa. Usted sabe que
puede tener un pequeño faltante de dinero todos los meses, ir
al banco o a la tarjeta de crédito, pedir un préstamo y
"tapar el agujero". Pero también sabe que eso no
puede ser eterno. O sea no se puede vivir con un déficit
constante. La pregunta lógica es como se logra terminar con
esto.
Hay una sola
manera (o mejor dicho dos) : bajar los egresos y a la vez
aumentar los ingresos. Si examinamos la primera posibilidad al
gobierno sólo y únicamente le queda un camino: cortar egresos
por el lado de los salarios públicos y jubilaciones. Entre
ambos y por año el gobierno central pone más de 2500 millones
de dólares. Unos U$S 1100 millones para salarios de la
administración central y U$S 1400 para el BPS y las cajas
policial y militar. Pero parece que por este camino no se llega.
Y hay que admitirlo, políticamente sería un desastre y económicamente
no serviría para mucho, ya que con un recorte del 10% se
obtendrían sólo U$S 250 millones, cuando el déficit es casi
tres veces más.
Queda la otra:
aumentar ingresos. En este caso la única vía posible es
obtener recursos mediante concesiones o enajenaciones de bienes
del Estado, porque el aumentar impuestos en vez de recaudar más
recaudaría menos, esto es una regla básica en las economías
recesivas. Lo interesante es saber como se llegó a esto. Hay
que pensar que en 1998 el déficit casi no existía. Entre 1997
y 1998 se dio un consumo explosivo alentado por una mayor
circulación de dinero proveniente principalmente de los
bancos que debían colocar centenares de millones de dólares
que llegaban del exterior.
Para que se tenga
una idea, en 1998 se vendieron 36 mil automóviles. El mercado
uruguayo por su capacidad económica y su PBI puede únicamente
"aceptar" la compra de 15 mil unidades cero kilómetro
por año.
O sea se vendió
y se sabía que no se iba a cobrar. Mientras que en el
mercado privado había una especie de "fiesta" de
derroche, impulsada por el crédito el gobierno recaudaba más
impuestos y también tuvo su fiesta. Aumentó la obra pública,
dándole ingresos millonarios a varios centenares, que sin ser
empleados del Estado hicieron su "América" a costa de
este. El ex-presidente Sanguinetti, hombre inteligente si los
hay, advirtió por esa época: "Corten con el tarjetazo"
o sea con el endeudamiento, porque sabía lo que se venía.
En 1999 devalúa
Brasil, caen las exportaciones, en las empresas privadas se
terminan las horas extra, comienza la rebaja salarial por común
acuerdo entre patrones y obreros, cierran varias fábricas. ¿Y
en el Estado que?. Sigue la fiesta, estaban acostumbrados a ella
.Y hoy día, sigue la fiesta. Es por eso que el déficit es tan
alto. La fiesta dentro del Estado ineficiente le va a costar al
Uruguay este año 660 millones de dólares. O sea 220 dólares a
cada uno de nosotros, además de lo que ya nos sacan, con el
IVA, el IMESI, el IRP y otros más.
La fiesta que se
terminó para los empleados privados, también se debe terminar
para los empleados públicos (todos, incluidos los de las
intendencias, la de Montevideo también). Ninguno de los 220 mil
empleados públicos fue al seguro de paro, ninguno de ellos fue
despedido, a ninguno se les rebajó el salario. Quizás
llegó la hora de que nos pongamos a pensar si es este Estado
fiestero e incompetente el que queremos u otro que también
cargue con las penas en las épocas de crisis. LA
ONDA®
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