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Un
juego para los políticos
por Rafael
Rubio
Cuando
en la década del ´80 el país salió de la dictadura, se había
creado una Visión mayoritaria de vivir en democracia y
libertad. Fue tanto lo que se las añoró, que había casi
unanimidad en ese rumbo.
En
el presente, han pasado algunos años de ese acontecimiento y no
dudamos que la inmensa mayoría sigue pensando igual. Sin
embargo, satisfechos esos deseos, en un ambiente de crisis económica
generalizada y como todo bien que se posee, se piensa menos en
ellos y más en las necesidades inmediatas del trabajo, el
futuro o simplemente de llegar a fin de mes.
¿Pero
que sucede hoy, que existe esta desazón
generalizada? ¿Podemos atribuirlo a que nuestra
democracia nos es eficaz ni eficiente en su funcionamiento? O
quizás, la gente está necesitando que la democracia le brinde
más cosas.
Sin
ingresar en cuestionamientos éticos y morales, y menos en
fundamentalismos filosóficos, comparemos a nuestro país con
una empresa privada, y extraigamos de éstas los que nos enseñan
para construir una Visión,
o sea para darle un rumbo al país que aliente la esperanza.
Una
Visión es la que brinda una guía sobre cuál es el núcleo
central que debe preservarse y cuál el futuro que debe
estimular el progreso.
En
un artículo de C. Collins y J. Porras
publicado en 1996 (*), éstos autores nos enseñan a
construir la Visión de una empresa. Parafraseando a dichos
autores, vamos a adaptar sus enseñanzas para aplicarlas para
construir una Visión para el país,
“Una
Visión bien concebida está integrada por dos componentes
principales: una ideología central y un futuro imaginado”.
La
ideología central define todo aquello que defendemos y la razón
de nuestra existencia. Es aquello que no cambia, pero
complementa el futuro imaginado. Este futuro representa todo
aquello que queremos ser, lo que queremos lograr y crear, algo
para lo cual se necesita un cambio y un progreso significativos.
Ideología
central
La
ideología central define la naturaleza duradera de un país,
una identidad coherente que va más allá de los avatares políticos,
los avances tecnológicos, las modas o los líderes
individuales. En verdad, es el aporte más duradero y
significativo para fijar un derrotero. Los líderes se mueren,
la política cambia, la tecnología avanza y la moda va y viene,
pero la ideología central perdura como fuente de guía e
inspiración. La ideología central es como el adhesivo que
mantiene unida a una sociedad mientras se desarrolla, se retrae,
vive, son los principios e ideales perdurables de ella.
Una
Visión eficaz debe encarnar la ideología central de un país,
la cual a su vez está conformada por dos componentes
distintivos: los valores
centrales – es decir el sistema de principios rectores –
y el propósito central
– o sea la razón fundamental que desea el país para su
gente.
Los
valores centrales son los principios esenciales y perdurables de un
país. Como pequeño conjunto de principios guía atemporales,
los valores centrales no necesitan una justificación externa;
tienen un valor y una importancia intrínsecos para quienes
forman parte de esa sociedad.
El
punto es, que un país decide por sí sólo cuáles son sus
valores centrales, independientemente del entorno actual y de
las modas. Por tanto, no existe un conjunto universalmente
compartido de valores centrales, porque la clave no está en qué
valores centrales tenga un país, sino en que los posea.
Muy pocos valores pueden ser realmente centrales – es decir,
tan fundamentales y profundamente arraigados que muy rara vez se
habrían de cambiar – si es que lo hacen. Por ello, es
deseable enunciar pocos valores centrales, generalmente entre
tres y cinco.
El
propósito central, la segunda parte de la ideología central, es la
razón de ser de una sociedad con sus integrantes. Un propósito eficaz refleja las motivaciones idealistas que
llevan a la gente a cumplir con las tareas que la sociedad le ha
asignado. No describe la producción de un país, sino que lo
que hace es captar su alma. Dicho propósito, es como una
estrella rectora que habita en el horizonte, siempre buscada,
pero nunca alcanzada. Sin embargo, y a pesar que el propósito
mismo no cambia, sí sirve
de inspiración al cambio. El hecho mismo que el propósito
no pueda alcanzarse plenamente, significa que un país nunca
puede dejar de estimular el cambio y el progreso. El rol
fundamental de un propósito central es servir de guía e
inspiración, la gente necesita más que nunca comprender
con claridad cuál es su propósito en la sociedad, para
que su trabajo tenga sentido y se motive.
La
ideología central no se crea ni se determina, se descubre. Es imposible deducirla observando el mundo exterior. Sólo
se la comprende mirando hacia adentro, al corazón de la
sociedad. La ideología debe ser auténtica, es imposible
falsificarla. Descubrir la ideología central, no es un trabajo
intelectual. No pregunte qué valores centrales deberíamos
defender, sino que valores centrales defendemos con pasión y
autenticidad. No se
deben confundir los valores que se deben tener – y no se
tienen – con los auténticos valores centrales. Esto no haría
otra cosa que crear cinismo y frustración (¿a quién estamos
tratando de engañar?, todos sabemos que aquí no existe ese
valor central).
Las
aspiraciones son un componente apropiado del futuro, pero no son
parte de la ideología central. En cambio, los auténticos
valores centrales que se fueron debilitando con el transcurso
del tiempo pueden considerarse un componente legítimo de la
ideología central y por lo tanto, se debe trabajar para
revivirlos. La autenticidad, la disciplina y la coherencia con
la que se vive la ideología – y no el contenido de esa
ideología – explican el camino del éxito.
Una
vez que se haya clarificado el tema de la ideología central,
nos podemos sentir absolutamente libres para cambiar
todo lo que no sea parte de él. En adelante, cada vez que
alguien dice que algo no debería cambiar porque es “parte de
nuestra cultura” o porque “siempre lo hicimos de ese
modo”, o cualquier excusa similar, recordar esta regla simple:
si no pertenece al núcleo central , está abierto al cambio. La
versión afirmativa de esta regla es: si no pertenece al núcleo
central, ¡cámbielo!. Sin embargo, articular la ideología central es sólo
el punto de partida. Todavía quedará decidir qué tipo de
progreso se desea estimular.
Vislumbrar
el futuro
El
segundo componente esencial del marco de la Visión es el futuro
imaginado. Está integrado por dos partes: una
meta audaz de 10 a 30 años, más descripciones
vívidas de cómo será
llegar a ese objetivo. Se reconoce que la expresión futuro
imaginado es un tanto paradójica. Por un lado, trasmite el
sentido de algo concreto – algo visible, vívido y real. Por
el otro, habla de un tiempo que aún no se ha materializado –
con sus sueños, esperanzas y aspiraciones.
Para
estimular el progreso se requieren misiones grandes y audaces.
Además, deben ser claras y exigentes, para que sirvan como
punto focal unificador del esfuerzo y catalizadoras de un espíritu
de equipo. Y sobre todo, una línea de llegada clara, de modo
tal que se pueda saber cuándo se ha llegado a la meta. Un
ejemplo claro de lo que se afirma, es la misión a la Luna de la
N.A.S.A. durante la década de los ´60. No se necesitó un
comité de comunicadores para expresar lo deseado. La meta en sí
era tan fácil de comprender, que se la podía haber expresado
de múltiples formas y aún así, fácil de entender por todos.
Pero
para enunciar una Visión, se requiere una clase especial de
misiones, que sean aplicables a un país y cuya concreción
requiera un esfuerzo de entre 10 y 30 años. También, para
poder encuadrar esa misión en un punto tan remoto del futuro,
hace falta pensar más allá de las capacidades y el entorno
actual del país. Inventar esa meta, obliga a los conductores de
un país a ser visionarios.
Esa
misión, no debería ser una apuesta segura – tendrá entre un
50 % y el 70 % de posibilidades de éxito – pero el país debe
creer de todos modos, que puede llegar a la meta. Además,
requerirá de un esfuerzo extraordinario. Serán componentes de
esa misión, objetivos claros, un enemigo común, y modelos de
liderazgo y de transformación interna necesarios.
El
futuro imaginado necesita además, lo que se le llama una descripción
vívida, es decir una descripción vibrante, atrapante y
específica de como llegar a la misión.
Piense en ella como aquello que traduce la visión de
palabras a imágenes, piense en crear una imágen que la gente
pueda llevar a incorporarla a su mente. Se trata de pintar un
cuadro con sus palabras. Pintar este cuadro es esencial para que
la misión prevista para 10 a 30 años cobre cuerpo en la mente
de las personas.
La
pasión , la emoción y la convicción son componentes
esenciales de la descripción vívida.
Churchil comprendió esto cuando cuando describió la misión de
Gran Bretaña en 1940, porque no dijo solamente: “derroten a
Hitler”. Él señaló: “Hitler sabe que tendrá que
derrotarnos en esta isla o perder la guerra. Si podemos hacerle
frente, Europa toda será libre y la vida del mundo podrá
avanzar hacia tierras altas iluminadas por el sol. Pero si
fracasamos, el mundo todo, incluido Estados Unidos y todo
aquello que conocemos y cuidamos se hundirá en el abismo de una
nueva era de oscuridad, más siniestra y más prolongada, quizás
por el aporte de la ciencia perversa. Dispongámonos entonces a
cumplir con nuestro deber y seamos los responsables de que si el
Imperio Británico y el Commonwealth duran mil años más, los
hombres sigan diciendo: Esta fue su hora más gloriosa”.
Algunos
puntos claves
No
se debe confundir la ideología central con el futuro imaginado,
y muy especialmente no confundir el propósito central con la
misión a alcanzar.
El
propósito central es la razón que se da una sociedad por la
cual existe. Nunca se llega a cumplir con ésta, mientras sí es
posible alcanzar una misión en un período de 10 a 30 años.
Identificar
una ideología central es un proceso de descubrimiento, en
cambio, determinar el futuro imaginado es un proceso creativo.
Para esto, imaginémonos que ya pasaron 20 años y: ¿qué nos
gustaría ver?, ¿cómo se encontraría el país?, ¿cómo viviría
su gente?, ¿qué deberíamos haber alcanzado?. Si alguien
hablara del Uruguay dentro de 20 años, ¿qué diría?
No
tiene sentido analizar si el futuro imaginado es el correcto.
Con la creación – y de lo que se trata es de crear un futuro,
no de predecirlo – no existe una respuesta correcta. ¿Creó
Beethoven la Novena Sinfonía correcta?, ¿creó Shakespeare el
Hamlet correcto?. No podemos contestar esas preguntas, porque no
tendría sentido. El futuro imaginado incluye preguntas tales
como: ¿lo sentimos agitar en nuestro interior?, ¿es para
nosotros un estímulo?, ¿alienta un mayor impulso’?, ¿logra
que la gente se ponga en movimiento?.
El
futuro imaginado puede ser tan vivificante por derecho propio
que seguiría motivando al país aún después de haber
desaparecido los líderes que establecieron esa meta. El futuro
imaginado debería producir un efecto similar al que tenemos
cuando perdemos el aliento frente a algo que por su magnitud nos
asombra. Para crear un futuro imaginado eficaz, hace falta un
cierto nivel de confianza y compromiso irracionales.
Pero,
¿qué sucede cuando fracasamos al materializar el futuro
imaginado? Proponer metas más sencillas, no es la solución.
Se deben implementar procesos orgánicos, en los cuales
se prueban muchas cosas y se preserva las que funcionan, porque
en realidad la razón de
los éxitos se da por la fortaleza de construir un país que se
prepare para crear el futuro.
Finalmente,
al imaginarse el futuro, habrá que tener cuidado con el “síndrome
del hemos llegado” – letargo complaciente que surge cuando
se ha alcanzado una misión y no puede ser reemplazada por otra
- ¿”La Suiza de
América”?; ¿“Maracaná”?.
Un
futuro imaginado ayuda a un país sólo en tanto no se haya
alcanzado. Para mantener el entusiasmo y la motivación, antes
de llegar a la cima de la montaña, se debe elegir otra para
escalar después.
Para
crear un País Visionario, hace falta un 1 % de visión y un 99
% de alineación. La Visión sólo brinda el contexto que
permite dar vida a la dinámica. Cuando se logra una magnífica
alineación, podrá caer un visitante del extranjero, e inferir
la Visión del país a partir de los comportamientos y
actividades de la gente, sin tener que leerla en un papel o
reunirse con un sólo político.
Crear
esa alineación será la tarea más importante, pero el primer
paso será siempre fundir esa Visión en un contexto que sea
eficaz para la construcción de un “País Visionario”, que
si se hace bien, no se debería tener que volver a hacerlo por
lo menos por una década.
A
continuación, con el propósito de aplicar el marco teórico
precedente, pero sobre todo para invitar a que otros lo hagan,
me permito proponer los contenidos que debería tener una
Visión para el Uruguay.
Ideología
central
Valores
centrales: sólo
tres, libertad,
democracia y equidad. Si bien, ninguno de los tres requiere
de explicación, deseo destacar el valor de la equidad en su
propósito de justicia. A
cada cual, de acuerdo a sus esfuerzos y capacidades. Que se terminen
los trabajos vitalicios y los “hijos de papá”.
Propósito
Central:
“velar por la igualdad de oportunidades de todos los
integrantes de nuestra sociedad”.
El
futuro imaginado
Una
meta audaz de 10 a 30 años: “ser
como Irlanda”. País integrado
agroindustrialmente y de servicios.
Se requiere entre otras cosas, que ese 55 % de empresarios
rurales que hoy poseen solamente primaria, se capaciten mucho más;
y que las cadenas agroindustriales funcionen en forma aceitada
para que la calidad y la
diferenciación sea su propósito (el vino es un buen
ejemplo). Con los servicios se debe perseguir el mismo norte (calidad).
En el turismo, esta administración está haciendo cosas
interesantes, y con los servicios financieros, se requiere que
AEBU y todos sus integrantes dejen de pensar con mentalidad de
empleado público.
La
industria del software es uno de los paradigmas a seguir, porque
pone de relieve nuestro capital más valioso, la capacidad de
los uruguayos.
Todo
este escenario, enlazado formando un ambiente, como es posible
con las herramientas de comunicación existentes, que permiten
el ingreso a lo que se conoce como la “Nueva Economía”.
Descripción
vívida:
-
“Persistiremos
en la educación a distancia, capacitando a nuestros
empresarios en cursos técnicos y terciarios,
hasta llegar al cien por ciento de esa población”.
-
“El
día......, se ofrecerán en remate por pantalla en internet
los tops uruguayos a los compradores del mundo.
-
Ya
un diez por ciento de la población estudiantil uruguaya
accede a cursos de las mejores Universidades del mundo a
través de internet.
-
La
empresa mixta XX, utilizando las herramientas de internet,
es la encargada de realizar las compras del Estado.
La
descripción vívida,
es decir la descripción vibrante, atrapante y específica de
como llegar a la misión, es un cuadro que poder pintarlo en
forma completa, excede las capacidades del autor. Ello refuerza
la invitación, para que otros se sumen a este “juego”.
Collins,
James C. and Porras, Jerry I. 1996. “Building your company ´s vision”. Harvard Business Review.
rtículo. LA
ONDA®
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