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Segunda
parte
Diálogo
con Guillermo Lopetegui:
pasión y oficio del escritor
por
Julia Galemire
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¿A partir de qué escribís? ¿De la realidad tal cual es o
vinculando la realidad posiblemente a experiencias como las del
sueño? ¿Agregás elementos autobiográficos en tus
narraciones?
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Son varias preguntas, si bien apuntan a un mismo tema: cómo
nace y se desarrolla la obra. Sin embargo se trata de una
respuesta que en mi caso ha ido variando a lo largo del tiempo.
No digo con esto que “los primeros tiempos” de esa respuesta
hoy no sean válidos, sino que a través de los años se han ido
agregando elementos que tal vez vayan ampliando un poco más los
alcances del concepto que encierre dicha respuesta.
En
principio diría que escribo a partir de un “estadio”
interior que en parte da cuenta de ese “caos” de elementos
entre espirituales, creativos, simbólicos, afectivos, etc., que
están allí, en lo profundo del ser, girando ya no como una
galaxia en el cosmos sino como esa masa caótica misma de la que
dan cuenta las mitologías y las escrituras de contenido sagrado
como la Biblia, el Corán, Los Vedas, etc. Y es que el
escritor es un poco su propia deidad, destinada a crear y
ordenar un mundo que está en su interior, caótico, pero que va
hacia determinado orden una vez que aquellos elementos
destinados a edificar la obra se van exteriorizando y mediante
ese ordenamiento desparece el caos y entonces los sentimientos y
las facultades creadoras adquieren un real, profundo y
trascendente sentido, que no es otro que una variante de ese
sentido que c ada cual se encarga de buscarle a su propia vida.
Ocurre que en el caso del escritor, que también es un ser
humano, un individuo común a algunas horas del día o de la
noche, la existencia se desarrolla en un doble plano, o bien en
esa constante de estar mirando hacia el cotidiano vivir y el
trascendente escribir. Pero aclaro que cuando nombro la palabra
“trascendente” no quiero definir con esto que el escribir
trascienda las demás actividades del hombre –sea este común
o se trate de un genio (quien generalmente realiza obras real y
trascendentemente fuera de lo común)-, o que dicha actividad se
coloque por encima de otras; lo que quiero decir es que en el
momento de escribir el escritor -ese hombre que entonces
si deja de ser común, porque se convierte en creador- busca, a
través de la escritura, trascender los límites de la
existencia cotidiana y relativa, para meterse por entre los
vericuetos de un arte a través del cual pretende encontrar la
verdadera trascendencia de determinados acontecimientos defínanse
estos como “hechos reales” o “experiencias oníricas”,
“soñadas” –que sin el impulso y ;el afán de búsqueda
profunda de la expresión artística se perderían en el tiempo
sin posibilidad de desentrañar su significado profundo y que
trasciende al hecho meramente “real” y por ende, pasajero.
Finalmente, haciendo un repaso mental a los diversos contenidos
de mis –por el momento- cinco libros de cuentos, observo que
el elemento autobiográfico en mayor o menor medida está
presente en todos ellos. Sin embargo, a juzgar por aquello en
que vengo trabajando en la actualidad puede decirse que ahora
“domino” de otra forma el elemento autobiográfico y en mis
cuentos más recientes dicho elemento casi parece “perderse”
o “integrarse” –hasta no ser reconocible- en otras
“realidades” que sí son absolutamente literarias.
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De todos tus libros ¿cuál es el que considera mejor logrado;
en el que expone con mayor precisión lo que querías expresar?
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Sin pretender querer abundar en lugares comunes, no puedo dejar
de mencionar que mi libro mejor logrado es aquel que estoy
proyectando o en el que me encuentro trabajando; aquel que
empieza a surgir en mi intuición, en mi intelecto, en mi
entusiasmo, una vez que pasado cierto tiempo me encuentro con
una serie de cuentos que pueden dar lugar a la confección de un
nuevo volumen. Cada uno de los cinco libros publicados hasta la
fecha me reportó hondas satisfacciones y en su momento consideré
que cualquiera de ellos era el mejor, el más logrado. En todo
caso, sí: desearía mencionar “El rostro de Margarita Shaw”,
ya que se trata de mi segundo libro pero del primero en donde me
planteo cierta “unidad” temática, y el que le sigue: “El
parque de los últimos regresos”, ya que fue con ejemplares de
este libro a escasos dos meses de publicado, que en 1987 marché
a Europa por primera vez para ofrecer una charla en Viena y acto
seguido para participar en un coloquio de literatura uruguaya en
París.
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¿Cuál es el elemento más significativo de tu obra?
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La dualidad. Campea en gran parte de mi narrativa. Trátese de
la dualidad que se advierte en un solo personaje, como de esa
dualidad que surge del (posible o supuesto) encuentro de dos
personajes. Pero también la dualidad en el obrar y sobre todo,
en estos últimos tiempos, la dualidad que surge del choque de
dos ambientes, de dos atmósferas diferentes dentro de un mismo
texto de ficción –y que por ende origina situaciones
paralelas, a veces, pero diferentes-, como lo es el caso de los
cuentos “El objeto de Violetta”, recogido en 1994 en la
antología del cuento erótico masculino “Hombres de mucha
monta” (Arca) y que integré a un volumen de próxima aparición,
o “Brujas de aquí nomás” que otorga el título general a
mi cuarto libro publicado en 1993. Por mencionar dos de los
varios cuentos en donde se plantea de forma más profunda el
tema de la dualidad. Por supuesto que existen otros elementos de
honda significación al menos para mí, pero la dualidad, como
tema y constante, puede ser una primera síntesis a la comprensión
de mi obra y la misma llevó, en 1986, a que la poeta y
escritora Marta de Arévalo ofreciera una charla dentro
del marco de la Asociación Uruguaya de Escritores. LA
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