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¿Están en crisis las relaciones humanas?

por Psic. Daniela Izzo de Márquez.
tau@adinet.com.uy

Tal vez el lector, luego de leer la frase anterior, se acerque a este espacio con cierta suposición en cuanto a lo que hoy encontrará en él, pues ningún ser de este mundo puede cerrar sus ojos a una realidad que nos golpeó fuertemente la puerta.

Nos referimos a los atentados de que fuera blanco Estados Unidos.

Claro, usted podrá decir que a su puerta no golpeó, porque usted no es víctima, ni está vinculado con ninguno de ellos, ni se ve afectado directamente, etc.

Pero llevémoslo a un terreno más personal: el aniquilamiento injusto de la vida de muchos seres humanos, (hoy de habitantes de esa zona del continente americano): ¿no nos derriba casi la puerta del corazón?.

Y esto sin ánimo de generar debates que justifiquen o no lo sucedido.

Aunque entendemos, por otra parte, que a un desastre de este tipo no se le encuentra ni se le encontrará justificativo alguno.

Imágenes del atentado hemos visto muchas, comentarios también hemos oído; siento que muchos de nosotros, con sentido común, nos hemos detenido a pensar en esto que sacude a la humanidad. Y creo que el dolor debe haber aflorado en más de uno.

Es que nuestra condición humana nos dota de sensibilidad, ¡salvo excepciones!

Las imágenes de las llamas destruyendo vidas, de una ciudad "cayendo" son dolorosas, pues sabemos que detrás de ellas viene algo más... el terrible sufrimiento de las víctimas: de quienes desesperaban al verse sin salvación, de quienes murieron atrozmente, de quienes agonizan bajo escombros, de quienes están peleando por sobrevivir.

¿Y los demás? ¿Los que quedan en esos hogares destruidos por la muerte? ¿Los que acarrean la terrible incertidumbre de no saber qué sucedió con su hermano, o hijo, o padre, o simple vecino?

Porque si bien la muerte nos deja muchas veces sin palabras, el no saber dónde está quien ha muerto, ese vacío, cargado de conjeturas y fantasías definitivamente es peor.

Ahora bien: esta crisis que vive la humanidad en pleno curso del 2001, era inesperada para muchos.

Y como toda situación de crisis, puede tener efectos nefastos en la vida afectiva de las personas, puede afectar seriamente su salud mental; no nos introduciremos en otro tipo de repercusiones.

Este tipo de catástrofe es una crisis que no se espera en la vida, y por ende, es muy difícil que alguien esté preparado.

Es un "agolpamiento" de sucesos en la vida que desestabiliza toda estructura de personalidad.

¡Cuántas vivencias saturarán esos corazones, cuántas lágrimas opacarán miradas! Y todo eso ennegrece el mirar más allá de ese día, es imposible pensar y mirar el futuro, porque el presente es catastrófico y no queda disponibilidad anímica alguna para ello.

Toda la fuerza de esos sobrevivientes estará volcada sobre sí mismos apostando en el mejor de los casos, a superar esa crisis. En otros, de no tan buen pronóstico, será más difícil restablecer el equilibrio psíquico perdido total o parcialmente.

Es evidente que el recuerdo de esos momentos para quienes estuvieron allí y salvaron sus vidas, tanto como para quienes escucharon comunicaciones mientras esos episodios estaban ocurriendo directamente de voz de alguna persona que estaba siendo víctima, el transitar este momento no es nada fácil.

Entendemos que dentro del florecimiento de afectos, debe estar seguramente el sentimiento de ser objeto de injusticias, el sentir que no se es responsable de situaciones conflictivas entre naciones como para tener que sufrir sus consecuencias tan a fuego. Y esto podrá desencadenar entonces el ánimo de "venganza".

Ahora bien, con esto nos referimos a esa fuerte necesidad de "agredir y destruir" a quien o quienes nos causaron mal. Y esto podrá o no dar lugar a acciones negativas. Depende del sentido de realidad y de los valores de cada uno, entre otras razones.

Esto induce a un importante deterioro de las relaciones humanas.

Pero: ¿no tenemos elementos suficientes como para afirmar que el mismo atentado, ya está dando cuenta de esa afectación de la vida de relación entre las personas?

Entendemos que sí; cuando se produce una crisis, y más aún con estas características, se está denunciando un malestar de semejante magnitud entre los hombres.

Merecen destacarse aquí palabras de alguien que expresó: "la pos modernidad es la crisis de la modernidad".

Todos, en mayor o menor grado, hemos opinado respecto a que "la gente está mal, hay problemas serios, ¿no sé cómo terminará esto?, etc."

No obstante, quienes nos aproximamos al conocimiento de las Sagradas Escrituras sabemos que: "Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares" - S.Mateo 24:7.

Y nos permitimos citar este pasaje sin pretender entrar en concepciones futuristas ni adivinatorias, pues admitimos que ningún hombre por sí mismo tiene la capacidad de predecir lo que sucederá.

En momentos como estos, no faltan las racionalizaciones y discusiones que pretenden encontrar explicaciones a lo ocurrido, y a un nivel "levemente" satisfacen esa necesidad de aliviar la angustia.

Pero seamos cuidadosos y selectivos, pues se oirán muchas versiones que darán cuenta de la realidad y otras que la enmascararán.

Cada persona que esté siendo "protagonista" de esta catástrofe, la enfrentará con las herramientas y recursos que tenga, y seguramente habrán quienes necesiten de intervenciones profesionales en lo que hace a su salud tanto física como emocional y social.

Sabemos que las redes de sostén social son fundamentales en situaciones de crisis. Nos referimos a todo el apoyo que se pueda brindar a estas personas: claro, hoy día podrá pensarse que poco es lo que puede hacerse por ellos.

Sin embargo, aunque las limitaciones que nos coartan se pueden palpar, cada uno de nosotros siempre puede hallar algo por hacer.

Consideramos que aunque físicamente uno no pueda estar junto a quien sufre, aunque uno no vea posibilidad de "hacer algo", sea este sufrimiento por un atentado o por cualquier otra razón, el simple hecho de pensar, sentir afecto, hacer llegar una palabra de esperanza y elevar un ruego al Eterno Salvador, es una acción de amor por el prójimo.

De esta manera, no estamos dejándonos llevar por la abrumadora angustia y dolor de la situación, no estamos cerrando los ojos a la realidad que nos rodea haciendo de cuenta que "yo no tengo nada que ver", ni nos estamos "cruzando de brazos" porque no podemos hacer nada. Muy por el contrario, nuestra sensibilidad de hombres y mujeres está poniendo en marcha sanos y adecuados recursos que permitan sobrellevar la crisis a aquellas personas que están en desdicha.

Es importante pensar que situaciones críticas hay muchas; que a cuántos de nosotros nos ha tocado vivirlas de cerca, aunque quizás no formen parte de un atentado de la magnitud del que se vive en Estados Unidos.

¿Qué queremos decir con esto?

Simplemente que el dolor de cada persona es fundamental para sí misma, aunque para los demás, sea insignificante.

Claro, muchas veces se dice: "eso que te ocurre no es nada si lo comparas con lo que ocurre a X, o con X".

Pero bien sabemos que la vulnerabilidad que nos caracteriza a las personas, nos sumerge en nosotros mismos cuando sufrimos y se nos hace difícil ver más allá de nuestra propia herida.

Y la restauración del bienestar de la vida no siempre se logra ni aislados ni apartándonos del mundo exterior.

El sostén, el apoyo, el afecto de quienes tengamos cerca o de quienes se nos acerquen, es fundamental. Las palabras, los gestos, las actitudes comprensivas nunca caerán en el vacío; su efecto podrá ser beneficioso, a pesar de que en ese instante no se verifique.

Y en momentos así, uno puede busca la compañía de personas o grupos que le acompañen y ayuden: profesionales, amigos, compañeros de actividades laborales, sociales, religiosas, etc.

Pretendemos que este espacio haya sido un elemento más, que contribuya a la reflexión en cada lector.

¿Podremos hacer algo más por evitar el dolor humano?; ¿Podremos ser generosos y hacer algo por ese ser que está a la vuelta de la esquina?

En definitiva, este golpe que hoy sacude a determinado sector de la humanidad, en mayor o menor medida, ha sucedido antes, en la antigua Babilonia y ha sido anunciada su repetición (¿en la moderna New York?) - Apocalipsis 18. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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