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Tambores
y vientos de guerra:
John Wayne cabalga de nuevo
por Félix
Duarte
La palabra guerra
ha pasado a ser la más usada, en estos días, por el hombre que
tiene en sus manos las riendas de la mayor potencia
imperialista, económica y militar de nuestros días. En la
capital financiera del mundo se reúnen los señores de la
guerra y planifican represalias en que se juega la suerte de
pueblos enteros. ¿Son culpables? ¿Quién es capaz de arrojar
la primera piedra? ¿Qué razones existen para los hechos? ¿Es
sensato primero que nada hablar de guerra, de muerte, devastación
y represalias?
Lo sucedido el
martes 11 fue horrendo y criminal. Se miraban las pantallas sin
entender que lo que se veía estaba ocurriendo en la vida real.
Cuando el suceso conmueve por su grandiosidad, no se ven las
individualidades que forman el conjunto. Porque cada muerte
inocente toca a alguien que dejó una familia y partió al
trabajo y en esa mañana con cielo despejado, se acerca a los
cristales y ve que un avión enfila raudo hacia él. Un breve
instante de estupor y el choque, un estallido, infierno de fuego
y nada más. Tal vez pensar en el turista que hacía poco rato
dejara su hotel, y estaba observando a la city desde el mirador
en lo alto de la torre, cuando llegó el avión. O los pasajeros
de esos tres aviones. O las miles de personas que en el centro
financiero hacían gestiones, o tal vez circulaban por sus
alrededores. Los bomberos que combatían el fuego, antes del
derrumbe que los sepultó, o los cientos de policías que
ordenaban el tránsito allí cerca. En cada uno, existe la
vivencia personal y eso no es noticia para las cadenas, que
tienen su lógica impersonal, fría y premeditada. Manipular
mentes y reacciones humanas. Así es la cosa.
Existe enorme
desconcierto que rodea lo ocurrido esa trágica mañana. Es como
la nube color gris oscuro que surgió del desastre y cubrió de
polvo buena parte de la city y que de alguna manera, afectó
también el sentido común de muchos que deberían conservarlo.
Como resulta necesario mantenerlo en horas difíciles. Nunca
como en estos tiempos globalizados, tanto poder estuvo
concentrado en tan pocas manos. Después de todo, a veces basta
con apretar un pequeño botón. Un solo ser humano teniendo un
gran mando, lo puede ejercer con la presión de su dedo índice.
Vientos de guerra y de represalias indiscriminadas y John Wayne
que apresta su cabalgadura. Y todo eso antes de saberse a
ciencia cierta que fue lo que en realidad ocurrió.
"El periódico"
de Cataluña, España, editorializó así los peligros de una
acción masiva y a ciegas: "El primer riesgo es satanizar
al conjunto del mundo islámico. El segundo, encresparlo aún más
por la vía de tolerar que Israel, cuyas autoridades hacen
inaceptables síntesis oportunistas, aproveche el momento para
aumentar el nivel de injusticia en la región. El tercer riesgo
es desbordar el combate antiterrorista y buscar, en la confusión
que viene, otros objetivos geopolíticos, porque se podría
crear un problema mayor que el que se pretende resolver"
Otra voz valiosa
es la Noam Chomsky, un gran pensador de este tiempo y a su vez
el más duro crítico del sistema que impera en su patria, los
Estados Unidos. Dijo esto en "Pagina 12" de Buenos
Aires: "el crimen es un regalo para la derecha dura y
patriotera, para aquellos que esperan utilizar la fuerza para
controlar su soberanía. Dejando de lado las probables acciones
de Estados Unidos que gatillarán, posiblemente más ataques
como éste o peores. El futuro parece aún más siniestro de lo
que parecía ser antes de estas atrocidades. En cuanto a cómo
reaccionar, tenemos una elección. Podemos expresar un
justificado horror. O podemos tratar de entender lo que llevó a
estos crímenes, lo que significa hacer un esfuerzo por meternos
en la mente de los probables perpetradores."
Al escribir estos
apuntes –domingo 16 a la tarde–, es incierto lo que ocurrirá
en los próximos días. Pero nada bueno habrá de ser. Todo
parece indicar que soplarán con fuerza los vientos de la
guerra. Mañana lunes 17 se sabrá que pasa con las bolsas. Hay
un mundo cautivo del poder que se ejerce por el poder mismo,
irracional y ciego. John Wayne cabalga de nuevo. LA
ONDA®
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