|
¿Debemos
preocuparnos en
entender el futuro?
por Gustavo
Sasco
Como en pocos
hechos históricos, en los años venideros recordaremos que
estábamos haciendo y que sentimos la mañana del 11 de
setiembre del 2001. Todavía están frescas, y seguirán
estándolo, las imágenes de un avión chocando contra la
segunda torre del World Trade Center, el desplome de las torres
y la gente corriendo, en pánico, delante de la avalancha de
humo y escombros, que el derrumbe provocó.
Recuerdo que al
ver las primeras imágenes, entre sentimientos de indignación,
de rechazo a lo que estaba viendo, de solidaridad con los que
allí estaban atrapados, surgió la idea de que este hecho era
un mojón, una marca que establecía un antes y un después, que
una era terminaba y que otra comenzaba.
Conversando con
un amigo sobre este tema, el me planteaba el concepto de que
esto era un enfrentamiento entre dos civilizaciones distintas,
con valores diferentes y conceptos aparta-dos sobre el valor del
individuo y de la vida.
Coincido con él,
y también coincido en que el antes y el después es la
coexistencia de estas dos civilizaciones y el fin de dicha
coexistencia, en un enfrentamiento que puede no tener
precedentes, en la historia de la humanidad, por su forma y
duración.
Se han escrito y
se han expresado argumentos que explican lo sucedido en función
de la política hegemónica o imperialista de Estados Unidos.
Podemos estar de acuerdo o no, con dichos argumentos, pero se
pierde perspectiva al focalizarse en las causas, y más aun al
reducir el problema a contraposiciones que quizás pudieron ser
válidas hace 30 años.
Lo expresado por
el Presidente Bush, en distintas oportunidades, a raíz de los
hechos de las torres gemelas y del pentágono ha sido objeto de
criticas y en algunos casos de condena. Se dice que su postura
es de venganza, una actitud del tipo "ojo por ojo".
Pero aquí también se ve el árbol y no el bosque.
Se pierde
perspectiva al no ver que la nueva etapa es un enfrentamiento
entre occidente y el fundamentalismo islámico, dos culturas
opuestas en muchos aspectos, particularmente en su forma de ver
la vida, el individuo, y sus derechos.
Ya no es más el
capitalismo vs. el comunismo o el norte vs. el sur. Este es un
enfrentamiento, o guerra como se está denominando, en la cual
las naciones de occidente, de una u otra forma se han alineado
frente al fundamentalismo islámico quien utiliza armas y
tácticas diferentes de aquellos a quienes han definido, como
la personificación del mal.
Nos vemos ante la
posibilidad de una guerra en donde el concepto de guerra
"sucia" va a ser redefinido. (¿Existe una guerra
"limpia"?) Si el inicio de ella fue un avión de
pasajeros chocando, deliberadamente, contra un edificio de
escritorios, que es lo que sigue? Si existen grupos de
terroristas entrenados para realizar ataques suicidas, que
formas existen para defenderse de ellos?
Debemos pensar en
guerras de exterminio? O en guerras con armas masivas de muerte
donde hombres, mujeres o niños en cualquier parte del planeta,
de cualquier cultura o religión sean blancos válidos, si la
conducción de la guerra por parte de cualquiera de los bandos,
así lo define?
Se habla de una
guerra que puede no tener límites y extensa en el tiempo. Si es
así, en ella no va a haber triunfadores, sólo perdedores.
Válido para
occidente y el fundamentalismo islámico: "ojo por ojo nos
deja a todos ciegos".
Podemos analizar,
discutir y argumentar las causas, que nos han llevado a esta
situación, pero no es el momento, no es en lo que tenemos que
ocuparnos ahora, quizás lo historiadores por venir lo hagan.
No debemos tratar de entender el futuro, todos debemos hacer
todos los esfuerzos para que exista un futuro.
LA
ONDA®
DIGITAL
|