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El cine de Hollywood, se convirtió en ficción anticipadora, con escenas y relatos de terrorismo en múltiples películas

por Oribe Irigoyen

La impresión es casi unánime. Periodistas, analistas sesudos, millones de telespectadores, el corrillo callejero coinciden: las imágenes de video del impacto de un avión en la segunda Torre Gemela del World Trade Center de Nueva York, el explosivo incendio y ulterior desplome de los dos edificios, mostradas hasta el infinito mundial por las cadenas televisivas estadounidenses, parecían pertenecer a una secuencia de efectos especiales de Hollywood. Y el cine, en múltiples películas y escenas se convirtió de pronto en ficción anticipadora, en relato que se adelantaba a la realidad. Y Hollywood era su demiurgo.

Es entonces, que el famoso concepto del escritor irlandés Oscar Wilde de que la vida imita al arte - aunque para Hollywood arte es un molesto espetón ajeno -, adquiere singulares resonancias y complejidades de un pensador profundo, acerca de la ficción y la realidad, sus ambiguas interrelaciones, las veladuras, ilusiones y vallas enajenantes entre un hecho concreto y su representación, entre el continuo de la vida y su aprehensión fragmentaria - aproximativa - por la conciencia, etc.

Numerosas posibilidades cognitivas de un concepto wildeano considerado, por lo general, una simple boutade mundana del maestro del ingenio, perdiéndose así el jugoso rábano. Posibilidades que superan el espacio y el conocimiento de esta nota, pero quedan boyando para masticarlas, como corresponde.

Lo cierto es que la realidad virtual televisiva del criminal atentado terrorista real ha convulsionado al propio Hollywood. No sólo, por mínimo pudor, sus ejecutivos han suspendido o postergado estrenos inminentes de filmes como Collateral Damage, con el bombero Arnold Schwarzenegger luchando contra terroristas colombianos que hacen estallar un edificio, Big Trouble de Barry Sonnenfeld sobre maleta con bomba a bordo de un avión, Spider Man mostrando un helicóptero atrapado en una red frente a las Torres Gemelas. También se plantean cambiar su política de producción, atemperando o evitando los temas acerca del terrorismo, las explosiones, secuestros de aviones y grandes despliegues de violencia, para remplazarlos por temas patrióticos, filmes familiares y comedias escapistas ( sic ). Aunque no va a faltar el oportunista que aproveche en el celuloide todo ese horror de Nueva York y la propia compleja trama de los atentados perpetrados: kamizakis infiltrados en aeropuertos con armas blancas; terroristas aprendiendo pilotaje de grandes aviones en escuelas norteamericanas; secuestro simultaneo de cuatro aviones comerciales y su uso como misiles; Rebeldía de los pasajeros rehenes en el avión caído en la ciudad de Pittsburg; el presidente Bush, volando para un lado u otro, posible blanco móvil de un colapso aéreo, etc. Una increíble trama de ficción hollywoodense que provocaría la general incredulidad.

Ella, sin embargo, en su cruda realidad de caos, dolor y muerte evoca numerosos ejemplos de películas en las cuales Hollywood adopta el papel de anticipador, porque las imágenes surgen en un horizonte de posible realidad o porque la ficción reta a ésta en la imitación y sus efectos especiales.

Desde Infierno en la torre ( The Towering Inferno, 1974 ) de John Guillermin, con el bombero Steve McQueen y el arquitecto Paúl Newman, luchando contra un espectacular incendio en un rascacielos, pueden mencionarse numerosos ejemplos de ese fenómeno anticipativo hollywoodense. Sin registrar las innumeras explosiones de edificios, todo un género cinematográfico de moda, aparecen Skyscraper ( 1995 ) de Raymond Martino con Anne Nicole Smith piloteando un helipcótero contra mercenarios con rehenes en rascacielos de Los Ángeles, Domingo negro ( Black Sunday, 1977 ) de John Frankenheimer con Robert Shaw y atentado terrorista masivo contra estadio de Miami lleno de gente. Por su parte, el agente especial Bruce Willis lucha contra los terroristas y sus explosiones en un rascacielos de Duro de matar (Hard Die, 1988, de John McTiernan) y enfrenta al caos de Nueva York, también con explosiones edilicias, provocado por Jeremy Irons y su comando nazi en Duro de matar 3 ( Die Hard : With a Vengeance, 1995, del mismo McTiernan ); Pierce Brosnan impide que vuelen la ciudad de Washington en Live Wire ( 1992, de Christian Duguay ); el coronel resentido héroe de Vietnam Ed Harris es derrotado por Nicolás Cage y Sean Connery en su amenaza contra la ciudad de San Francisco en La roca ( The Rock, 1996, de Michael Bay y el heroico presidente de EEUU, Harrison Ford, vence al ruso loco de Gary Oldman que ha secuestrado su Avión presidencial ( Air Force One, 1997, de Wolfgang Petersen ). Se podría mencionar muchos antecedentes más, aparte de Arnold Schwarzenegger cabalgando un helicóptero junto a rascacielos copado por terroristas árabes en Mentiras verdaderas ( True Lies, 1994, de James Cameron ), del pintoresco militar George Clooney impidiendo que un serbio enloquecido explote una bomba nuclear en Nueva York - El pacificador ( The Peacemaker, 1997, de Mimi Leder - y del dinamitero Tommy Lee Jones desafiando con explosiones diversos y atentado magnicida al héroe Jeff Bridges en Lluvia de fuego ( Blown Away, 1994, de Stephen Hopkins ).

Todo un collar de muestras en las que la profundidad filosófica de Oscar Wilde, el terrorismo y la ficción de Hollywood configuran una extraña mezcla para la reflexión. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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