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IV
Congreso del Frente Amplio: entre confirmaciones y algunas
novedades
por Raúl
Legnani
Si Tabaré
Vázquez se propuso caminar diez metros cuando propuso debatir
la actualización ideológica de la izquierda, hay que decir que
solo logró cinco.
Esta es la
conclusión que se puede llegar al culminar el IV Congreso del
Frente Amplio, aunque aún falte conocer con mayor profundidad
la redacción ultima de los documentos.
Si el líder de
la izquierda se propuso salir del evento con una fuerza unida y
con una nueva cultura interna de debate, se puede afirmar que en
diez puntos obtuvo los diez. Esta sería la segunda conclusión.
Si Tabaré
Vázquez y la dirección de la mayoría de los sectores
moderados de la coalición de izquierda (Vertiente Artiguista,
Asamblea Uruguay y la actual dirección socialista) intentaron
aproximarse a las posturas de los socialistas chilenos y de la
socialdemocracia europea, no pudieron hacerlo. Estaríamos, con
esto, ante la tercera conclusión.
Lo cierto es que
el Frente Amplio que surgió del Cilindro Municipal, sede del IV
Congreso, es una fuerza aggiornada, pero con un fuerte anclaje
en las tradiciones de la izquierda latinoamericana, basada en un
análisis de la estructura económica con un talante marxista,
que genera reconocimientos de alineamientos de clase tanto a
nivel nacional e internacional.
El Frente Amplio
sigue siendo, desde el pasado domingo, una fuerza
antioligárquica y antiimperialista, pero que a la vez incorpora
una serie de planteamientos y análisis que no tienen matriz
marxista, con una fuerte impronta de carácter democrático en
el sentido de lo que expresó el ala izquierda de la revolución
francesa.
La fuerza social
de los cambios que el Frente Amplio intenta interpretar y
conducir, se amplía en la actual coyuntura nacional e
internacional. Supera los límites de la alianza de los
asalariados con pequeños y medianos productores, proyectando un
nuevo acuerdo social que incluye en esa confluencia de sectores
a los empresarios y a los productores del campo. Por eso se
plantea acuerdos con las Cámara de Industria y la Federación
Rural, apostando a un país productivo dentro de un capitalismo
no regido por las políticas neoliberales.
A pesar de tener
grupos que en la década del 60 protagonizaron acciones armadas
y que cometieron en ciertos momentos actos de carácter
terrorista, como son los tupamaros, el IV Congreso fue
categórico en rechazarlos. Incluso cuando el arquitecto Mariano
Arana repudió con firmeza a ETA, no hubo un solo gesto de
desaprobación.
Pero quizás el
momento más trascendente haya sido cuando el senador José
Mujica argumentó a favor de la candidatura del ex rector de la
Universidad de la República, ingeniero químico Jorge Brovetto,
señalando que esa nominación implicaba un reencuentro con la
intelectualidad y los técnicos.
Este hecho se
transformó en la mayor autocrítrica que se realizó desde la
dirigencia frenteamplista, debido a que el sector universitario
y técnico, así como la dirigencia sindical de izquierda, no
estuvo representada entre los delegados al congreso. Hecho que
por cierto no es nuevo y que se manifiesta desde la caída del
Muro de Berlín y de la implosión de la URSS, que provocó una
profunda crisis ideológica en la izquierda mundial y nacional,
provocando la fractura del Partido Comunista de Uruguay.
Es de destacar,
también, que por primer vez en la historia del Frente Amplio se
manifiesta desde un congreso el apoyo a un aspecto de la
política de un gobierno de un partido tradicional, como fue la
adhesión a la postura del presidente Jorge Batlle en relación
a la crisis político militar mundial.
Como conclusión
última se puede afirmar que a Tabaré Vázquez le quedó el
camino libre, que nunca será sin dificultades, para seguir
avanzando en el proceso de actualización que necesita la
izquierda para construir un bloque de mayorías nacionales que
le permita acceder al gobierno nacional en 2004, lo que
pasaría- en principio- por concretar una concertación con el
Nuevo Espacio y algún sector del Partido Nacional. LA
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