|
"Celos:
expresión de un sentimiento
de amor"
por
la Psic. Daniela Izzo de Márquez tau@adinet.com.uyAutor
Realizaremos hoy
algunas puntualizaciones referentes al tema "celos".
Lo haremos apoyando
nuestro abordaje en el siguiente fundamento: "los celos son
la expresión de un sentimiento de amor". Y puesto que los
seres humanos estamos dotados de la capacidad de amar, es falible
entonces constatar en cada uno de nosotros la presencia de este
afecto.
Es muy común
encontrar reacciones celosas en el curso de las diferentes etapas
de la vida de una persona, tanto desde su primera infancia como
hasta llegada la vejez.
Pensemos: ¿quién
no recuerda una pelea siendo niño por no querer compartir un
juguete de su propiedad con un compañero de juego?; o ¿quién no
se ha sentido molesto cuando esperando a su pareja, ésta llegó más
tarde de lo previsto?.
En ambas
situaciones esquematizadas, que por cierto son apenas un esbozo de
las que pueden llegar a tener lugar en la vida cotidiana,
verificamos que hay un elemento de la realidad (pedido del
juguete, llegada fuera de hora), que al relacionarse con
diferentes aspectos de la persona (fantasías, experiencias,
características de personalidad, estado anímico, etc.)
desencadenan el sentimiento celoso.
Sin embargo, es más
frecuente y tal vez tiende a ser más aceptada la expresión de
celos en los niños.
¡Cuántas veces
escuchamos comentarios despectivos acerca de un adulto que
demuestra celos por tal o cual motivo!: "parece un niño
peleando por esto"; "tiene una actitud tan
inmadura"; "no sos un chiquilín para actuar así".
Y ni pensar que la
situación en que esa persona se siente celosa pueda
justificarlos, en algún sentido.
Para aproximarnos a
las primitivas experiencias celosas, creemos conveniente tener en
cuenta que el primer vínculo de afecto que el bebé establece es
con su madre, y en segundo término, con su padre (o sustitutos de
uno, otro, o ambos).
Entiéndase que
durante los meses de gestación ya comienza a establecerse este vínculo
afectivo en la díada madre-hijo.
Vínculo simbiótico,
de extrema unión y dependencia (recíproca, por cierto), que
ubica al hijo en un lugar de "privilegio". Desde allí
recibe toda la atención, el afecto, y los cuidados que necesita
para su sobrevivencia (alimentación, higiene, amor, calor,
protección, etc).
¿Y papi dónde
queda?
Es fundamental que
acompañe y apuntale el curso de las distintas etapas de la vida
del chico, con la finalidad de que el relacionamiento entre padres
e hijos se vea favorecido y pueda consolidarse sobre el amor.
A medida que el bebé
va creciendo, aquél vínculo inicial que estableció con su mami
se va modificando, en tanto, no sólo van siendo otras las
posibilidades de vida que él desarrolla, sino que ella, por su
parte, comienza a reinsertarse en sus demás actividades, sean
laborales, de recreación, de desarrollo profesional, espiritual,
etc.
Como consecuencia
de esto, el pequeño se ve "obligado" a ir tolerando
estas "ausencias" de su madre, tarea que podrá no
resultarle fácil, ya que está implícita la pérdida de ese
lugar privilegiado.
Ella ya no dispone
de todo su tiempo para el hijito, y por consiguiente, no puede
responder a todos los reclamos que él le realice.
¿Y qué reacciones
o comportamientos "celosos" puede tener el pequeño
entonces?
Podrán ser
frecuentes las crisis de llanto, los berrinches, los insistentes
reclamos de atención dirigidos a sus padres, por ejemplo cuando
ellos están en otra tarea que excluya al hijo: conversación
telefónica, lectura, labores, cuidados del hermanito menor, etc.
Merecen destacarse
aquí los intentos del hijo de "interrumpir" toda charla
o intercambio entre la pareja de los padres. Son harto frecuentes
y en ocasiones de consecuencias importantes.
Es real que operan
como interferencias en la comunicación entre los padres,
les generan
molestias de diferentes magnitudes, y por ende, no siempre
reaccionan con tolerancia. Las subidas de tono de voz, los
rezongos, y hasta a veces, una palmadita o manipuleo brusco del
casi indefenso cuerpito del pequeño
se hacen presentes.
Pensemos ahora: ¿qué
sentimientos podrán aflorar en ese chico cuando quien le
"arrebata" ese privilegio es un hermano?
Generalmente el
sentirse desplazado cobra mayor destaque, debido a que la atención
que él recibía "antes", ahora está dirigida a un ser
que, a pesar de ser su hermano y haber deseado su llegada a la
casa, apenas reconoce, es como un extraño y no le será sencillo
integrarlo a la imagen que tiene de su grupo familiar.
Esto tiene cierta lógica,
si somos conscientes que más allá del amor que se pueda sentir
por este hijo, la realidad marca que el bebé – hijo demanda y
necesita mayor dedicación y atención.
Paralelamente, el
"hijo mayor" podrá ir fantaseando con la pérdida del
amor de sus padres (si no me atienden es porque no me quieren;
ahora lo quieren más a él, etc.). Inevitablemente esto lo
angustia y le da rabia.
¿A quién no le
incomoda sentirse desplazado injustamente del lugar donde se
siente bien y disfruta? Pensemos sino en las consecuencias de los
inesperados despidos laborales, o de los rompimientos de vínculos
amorosos por "abandono", entre otros.
Como consecuencia
del desequilibrio emocional que sufre el chico en situaciones como
ésta, sus reacciones pueden ser muy diversas, desde las ya
mencionadas crisis de llanto, pasando por comentarios despectivos
sobre su hermano o hermana, hasta casos en que hacen eclosión
actitudes que exigen extremar cuidados y ameritan intervención
profesional.
Dentro de la vasta
sintomatología que puede aparecer podríamos resaltar:
- alteraciones en
el proceso de aprendizaje: comúnmente en el rendimiento
escolar.
- Trastornos del
lenguaje: tartamudez, retraso en la modalidad de expresión,
etc. (hablar con características de pequeño, llevándose el
dedo a la boca, omitiendo sonidos, con una dicción afectada).
- Reacciones
agresivas: auto agresivas o hetero agresivas, es decir,
dirigidas hacia sí mismo o hacia otros, sea el propio
hermano, los padres, los compañeros de clase, etc. Y la
agresividad podrá manifestarse vía palabras o con acciones:
insultando, diciendo palabras que dañen, pegando, tirando
juguetes u otros objetos, etc.
- Trastornos
alimenticios: rechazo o abuso de los alimentos, actitud
selectiva exagerada, etc.
- Trastornos
digestivos: vómitos, diarreas, dolores abdominales, etc.
- Alteraciones en
el control de esfínteres: enuresis, encopresis.
Al respecto son
frecuentes casos de niños que ya habiendo aprendido a no hacerse
pis en la ropa, una vez que nace un hermano, parece que se
olvidaran de lo aprendido: otra vez se mojan. Y ahora ya no es sólo
al bebé a quien hay que cambiarle los pañales; parece que el
grande se volvió "bebé".
7 - Cuadros de
hipertermia, cefaleas, dolores corporales sin aparentes causas
"orgánicas".
Es imprescindible
hacer un control lo más estricto posible de la evolución del
chico que presenta alguno de estos síntomas y se consulte al técnico
pertinente en según corresponda en cada caso (pediatra, docente
de apoyo, psicólogo, foniatra, etc.).
Es evidente que la
constatación de alguno o varios de estos trastornos durante un
tiempo considerable, está denunciando una situación que ha
tomado un carácter de patológica para este niño, a pesar de
haber comenzado con expresiones de rivalidad "sin
importancia".
Este niño está
sufriendo la llegada de su hermano a la familia; tiene que
elaborar este hecho de suma importancia en su propia vida.
Consideramos que
las medidas preventivas tienen un lugar de jerarquía en el
devenir de la conflictiva de rivalidad fraterna, pues no por ser
naturales comunes y esperables los celos entre hermanos, hay que
restarles atención.
El chico puede
expresar natural y moderadamente los celos que está sintiendo
siempre que encuentre un contexto familiar adecuado y receptivo,
es decir, que no lo rechace, castigue o censure. Necesita que sean
comprensivos y afectuosos con él.
Resulta favorable
en este período de adaptación, que los papis dediquen tiempo
exclusivo para él, que no necesariamente tendrá que ser muy
prolongado. Esto le permitirá vivenciar que aún mantiene parte
del vínculo con sus padres libre de la "intromisión de su
hermanito".
Podrán compartirse
actividades tales como un programa de TV, la lectura de un libro
de cuento, un deber de la escuela, un juego en el PC, el realizar
las compras en el super, etc., teniendo presentes que no es ni la
cantidad de actividades ni de horas compartida a lo que hay que
dar prioridad, sino a la tan conocida y no por ello desvalorizada
"calidad" de las mismas.
Es fundamental para
el niño poder mantener objetos que sean exclusivamente de su uso
personal, ya sea ropa , juguetes, material de su escuela o jardín,
libros, colores... ; al mismo tiempo, será tan importante
compartir otros con su hermano o hermana.
De no ser así,
entendemos se le estarían brindando modelos distorsionados:
"todo es de todos" o " lo mío es mío y no lo
presto".
Ambas alternativas
obstaculizarán no sólo el proceso de individuación y
crecimiento de cada uno, sino también el desarrollo de su vida de
relación.
Es conveniente,
además, ser permisivo a sus deseos de participar del cuidado del
hermanito, por ejemplo ayudar a cambiarlo, a bañarlo, a darle la
mamadera, pasearlo en el coche, acunarlo. Participar de todo
aquello que él tenga posibilidades de hacer y donde exista el
menor riesgo posible para ambos. Claro, ¡con el cuidado de un
adulto siempre!
No hay duda que
esto le permitirá sentirse importante, seguro de sí mismo y del
amor de sus papis. Favoreciéndose de esta manera, la paulatina
aceptación del hermano como un integrante más de la familia que
llegó, y trajo con él innumerables cambios en la dinámica
familiar.
Este proceso de
acomodación a la nueva situación requiere tiempo; dependerá de
muchos factores, pero principalmente de las características de
cada persona y de las de la situación.
Será fundamental
que durante la gestación de su hermanito, ya se vaya conversando
sobre él y se dé lugar a que el mismo niño exprese lo que
piensa, que juegue a que hay un bebé en casa, que se intercambien
opiniones respecto al pequeño, etc.
Toda la familia debe prepararse para el nacimiento de un nuevo
ser: por la salud física, emocional de cada uno y por un sano
relacionamiento entre sus integrantes.
Es saludable que
los afectos que se movilizan se exterioricen dentro del contexto
social en que cada uno vive evitando la represión intensa de los
mismos.
Cada papi irá
evaluando las diferentes situaciones que se den con sus hijos y
establecerá los límites que entienda pertinentes.
Ser comprensivos
con el hijo que sufre por el nacimiento de su hermano, no
significa abrir el paso libremente a todas sus ocurrencias, sino
darles lugar e irlas limitando.
El amor entre cada
uno y todos los integrantes del grupo familiar deberá alimentarse
y expresarse, así como las responsabilidades, limitaciones y
respeto.
¿Son tan terribles
los celos?
Consideramos que, a
pesar de generarse a veces momentos difíciles de tolerar, la
expresión de los sentimientos merece ser valorada, máxime cuando
se trata de seres que están dando sus primeros pasos por esta
vida.
Y no hay lugar para
sentirse "culpable" porque los hijos sientan celos entre
ellos, por el sólo hecho de haber traído otro hijo a la vida
("si no hubiésemos tenido otro niño, fulanito no estaría
así, o no tendría tal dificultad"), siempre que como papis
nuestras actitudes pretendan ser lo más equitativas posibles para
con ellos. LA
ONDA®
DIGITAL
|