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De
Madonna a Nostradamus
por
el Ingeniero Alberto Saavedra
El 10 de
Setiembre la noticia más importante era el escándalo Levy/Condit,
de cierta manera una extensión del caso Lewinski/Clinton. La
economía se tambaleaba, pero el ciudadano promedio tenia
confianza en el futuro de acuerdo a las encuestas de la
Universidad de Michigan. Se hablaba de una recuperación en
Wall Street después de un año de caída en la bolsa.
La atmósfera era
mas el bajón después de una fiesta que duró casi 10 años.
Rumsfeld, el
controversial Secretario de Defensa, promovía una defensa anti-misil
que en el mejor de los casos no iba a funcionar en menos de 10 años.
El nuevo
presidente Bush, electo en circunstancias controvertidas y con
1.500.000 votos menos en el conteo nacional, se
enfrentaba a una oposición cada vez más difícil en el poder
legislativo. Un escaso 50% de la ciudadanía participó en las
elecciones. El show de Madonna era lo más anticipado para
el 11 de Setiembre en Los Angeles.
Nos despertamos a
las 6AM en California para ir a trabajar, un poco más temprano
que normalmente, prendimos CNN, la primera torre del World Trade
Center ya estaba en llamas.
Se hablaba de una
explosión pero no de una colisión con un avión todavía.
Me recordaba de la oficina que tuve en el piso 104 de esa
torre que ahora estaba en llamas justo antes de mudarme a Los
Angeles.
El segundo avión
apareció en la imagen y se estrelló contra la segunda torre.
La verdadera naturaleza del evento se reveló instantáneamente
y simultáneamente a 280.000.000 de habitantes de EE.UU. y
probablemente a 1.000.000.000 de personas en el planeta.
Nos vestimos y salimos a
trabajar como en piloto automático.
Todos nos
llamamos a todos por teléfono. Durante el día seguimos los
eventos cada vez más asombrantes, la combinación de palabras
reinantes en los medios y en los pasillos eran, terrorismo,
saltos suicidas, guerra, muerte, ataque, emergencia, horror,
tragedia. Pero las palabras no parecían apropiadas para
las visiones apocalípticas que se repetían hora tras hora en
CNN.
Esto iba más allá
de una catástrofe como un terremoto o un huracán, mucho más
allá de una tragedia sin precedente, esto era un ataque directo
al pueblo de Estados Unidos.
Alguien los había
juzgado y sentenciado en masa y en secreto y ahora se ejecutaba
la sentencia. De Madonna a Nostradamus en 30 minutos.
Un nuevo
amanecer.
El primer cambio
notable en EE.UU. es el despliegue de banderas. A todo
nivel, en barrios ricos y pobres, en Hollywood y Main
Street y Wall Street. El segundo fenómeno son las llamadas
telefónicas entre viejos amigos en un clima de incertidumbre.
Buscábamos puntos de referencia para anclar nuestras emociones
en la tormenta.
La economía entró
en picada, despidos masivos, más de 1.000.000 principalmente en
aerolíneas y hoteles. Wall Street pierde $2.000.000.000.000 en
una semana. Se habla de la probabilidad de nuevos actos
terroristas. Se habla de un nuevo aparato de seguridad que
va a integrarse a toda la actividad de ciudadanos de uno de los
pocos países donde no existe una cédula de identidad nacional.
Los aviones despegan medio vacíos, el tráfico aéreo de seres
humanos se reduce a la mitad. Los anuncios de nuevas
medidas de seguridad son únicamente interrumpidos por noticias
de la campaña contra Bin Laden.
Se movilizan las
reservas. Bush obtiene más apoyo hoy que cualquier presidente
en la historia de EEUU luego de dar un discurso muy apreciado en
el Congreso con toda la nación presenciando en vivo y directo.
Una atmósfera de determinación empieza a reinar. "God
bless America!" Permeaba todos los medios. Nos volcamos en
conversaciones sobre el tema con gente con que apenas nos saludábamos.
280.000.000.000 de americanos son afectados hasta la médula.
Por el momento el
sufrimiento y los daños causados por los discípulos de Bin
Laden evocaron reacciones muy humanas y básicas. Del
horror a la la rabia, de la rabia a la determinación. El
libreto se escribe un poco todos los días.
Sabemos que falta
mucho para el acto final. Los discípulos de Bin Laden
pueden tener más sorpresas. Pero cada día que pasa sin
otro atentado recuperamos nuestra esperanza y un clima de
solidaridad prevalece como nunca antes. La herida es
profunda, la cicatriz será permanente. Pero el espíritu se
fortalece día a día. LA
ONDA®
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