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Las encuestas y el 11 de setiembre

por Carlos Zapiola

Cuando vemos una y otra vez las imágenes de los atentados del 11 de setiembre de 2001 en EE.UU., dejando de lado el daño psicológico que dicen los que del tema conocen, se produce en la mente humana, otras reflexiones nos afloran inmediatamente.

Todas y cada una de las encuestas efectuadas inmediatamente después del ataque, marcan la indignación, asco o rabia ante la agresión terrorista, el buen manejo de la situación luego de las primeras incertidumbres, que han tenido Bush y sus colaboradores más cercanos y la aprobación a no dejar pasar el atentado como si no les hubiera rozado.

Un pueblo que aceptó pasivamente que se adjudicase la Presidencia de la nación más poderosa del mundo a un candidato que seguramente no logró la victoria en las urnas, se enoja y hasta ve con buenos ojos que se tomen represalias con los autores intelectuales del mismo, ya que los materiales seguramente han corrido la misma suerte que el resto de los afectados por el choque de los aviones.

Las cifras de aprobación a Bush, y la condena al terrorismo rondan valores superiores al 80 %, lo de las represalias militares no baja del 50, lo que es muy alto. Y es particularmente alto, porque, y aquí introduciremos el tema del que queremos escribir, seguramente a ninguna encuestadora se le ocurrió agregar al fin de la pregunta ¿está usted a favor o en contra de represalias militares contra los autores de los atentados y los países que los albergan?, una cola de texto parecida a la siguiente: ¿ aunque eso haga que los muertos americanos aumenten escalofriantemente, en cifras aún mayores a las que se han tenido hasta el momento?.

Cuando uno pregunta sobre un tema en caliente suele obtener resultados muy fuertes, con muy pocos opuestos a la opción planteada, porque no los hay o porque no se animan a expresar su desacuerdo por "el que dirán", "el no quedar marcado", etc, lo mismo que le pasaba en Uruguay a un votante frentista en el interior en el 71 y 84, casi hasta en el 89 ( dependiendo del lugar, eso ocurrió hasta 1999).

Si en cambio, una pregunta se hace sobre el mismo tema en oportunidades diferentes, con un seguimiento sistemático, el resultado tendrá un pico en el momento que se conjunten diversos elementos, pero la secuencia nos dará un acercamiento mucho más adecuado al verdadero sentir de una población.

Si en 1995 se le hubiera preguntado al pueblo estadounidense quien fue el autor del atentado de Ocklahoma, un musulmán, un comunista o un judío, la respuesta un ultraderechista americano hubiere sido marginal, integrando ese grupo que los que trabajamos en informes de encuestas agrupamos como "otros".

Acá no se trata de tener la bola de cristal ni de adivinar el futuro. Se trata pura y simplemente de no manipular información, cosa que como sabemos se está haciendo mucho, a gran y pequeña escala, dándose cuenta de ello o tapados por la vorágine de los acontecimientos.

Tampoco se trata de ubicar chivos expiatorios y con eso salvar los errores y la falta de controles que debían haberse efectuado, y que por negligencia, ineptitud o error humano, no se llevaron a cabo.

Las Torres Gemelas ya no existen, el Pentágono perdió varios de sus pisos y un centenar de funcionarios, las aerolíneas vieron como se desmoronaban sus acciones y el Turismo de todo el mundo era, es y será afectado por los hechos ocurridos.

Todo esto no es menor, pero para encontrar salida a la situación pensemos en soluciones de paz y en hacer funcionar tribunales internacionales de Justicia. La justicia por mano propia no se llama así, y gracias al Sr. Lynch, quien la sufrió como buen americano en carne propia, recibe el nombre de linchamiento.

No dejemos que el siglo comience de esta manera. Aún es hora de parar la barbarie. LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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