Portada del último número de La ONDA




Contáctenos

Enfermedades de fin de siglo

por Rafael  Rubio

El Siglo  que recientemente concluyó, se destaca por los infinitos avances en la ciencia y la tecnología, logrando avances en todas las ciencias, y en particular en las ciencias relativas con la salud humana, que permitieron controlar graves enfermedades que acompañaban al hombre desde el fondo de la historia. 

No obstante estos éxitos, en las últimas décadas del Siglo XX, emerge una enfermedad que se podía caracterizar como nueva: el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida, popularmente conocida por la simplificación en sus iniciales, como SIDA. La enfermedad se caracteriza por menguar hasta eliminar las defensas naturales de los seres  humanos, lo que trae como consecuencia que éstos se contagien con todo tipo de enfermedades presentes en sus ambientes. Éstas enfermedades son las que en definitiva, conducen al fallecimiento de los portadores del virus. 

Aunque el origen de esta enfermedad aún no está claro, los primeros casos se manifestaron en las comunidades homosexuales, por lo que inicialmente se le conoció como la “peste rosa”. Posteriormente, y dadas su particularidades de contagio (relaciones sexuales, transfusiones de sangre, etc.), la enfermedad se fue extendiendo al resto de la sociedad. 

Hoy, en el mundo desarrollado se ha logrado controlarla aunque no eliminarla, pero en las regiones pobres del mundo, particularmente África, continúa haciendo estragos dentro de su población. 

También en las últimas décadas del Siglo que pasó, surgió otra enfermedad, que no ataca directamente a los humanos, pero sí ataca a sus países y a sus empresas, provocando destrucción y pobreza. Esa enfermedad es la que se conoce como: Síndrome de la Deficiencia Inmunológica del Microchip (SDIM). (*). 

 “Esta es una enfermedad política, típica de la era de la globalización. Puede atacar a cualquier compañía o país, grande o pequeño, de Oriente u Occidente, del Norte o del Sur. Es una enfermedad que puede afectar a cualquier sistema entumecido, excedido de peso o esclerótico en la era posterior a la Guerra Fría. La Deficiencia Inmunológia del Microchip es contraida generalmente por países y compañías que no se vacunan contra los cambios provocados por el microchip y la democratización de la tecnología, las finanzas y la información, que crearon un mercado mucho más rápido, más abierto y complejo, con gran eficacia. Los síntomas de esta enfermedad aparecen cuando un país o una empresa pone de manifiesto su incapacidad consistente para aumentar la productividad, salarios, nivel de vida, uso de los conocimientos y competitividad, y se vuelven demasiado lentos para reaccionar ante los desafíos del mundo actual. Los países y empresas con SIMD tienden a ser administrados sobre la base de modelos corporativos de la Guerra Fría, en la que una o unas pocas personas en la cumbre tienen toda la información y toman todas las decisiones, mientras que las personas en el medio y abajo sólo ponen en práctica esas decisiones, utilizando únicamente la información necesaria para hacer su trabajo. El SIMD puede resultar fatal para aquellos países y empresas que no reciben a tiempo un tratamiento apropiado”(**). 

Friedman, Thomas L. 1999. Tradición versus Innovación. México. Editorial Atlántida.

(**) op. cit.

“No es sorprendente entonces que los primeros atacados por SIMD fueron los dos sistemas más lentos y excedidos de peso como la Unión Soviética e IBM.  Los siguientes en ser afectados por el virus fueron los más parecidos al planeamiento central soviético, las economías latinoamericanas con fuerte control estatal, y los sistemas bajo el modelo del Estado benefactor de Canadá y Europa Occidental, así como también las corporaciones más centralizadas y lentas de los Estados Unidos. A fines de los ´90, el virus de SIMD arrasó con Asia, golpeando las principales economías estatales de Indonesia, Malasia, Tailandia, China, e inclusive Corea del Sur y Japón” (*).

Así como no se conoce su origen, la esperanza que se tiene para combatir al SIDA es la vacuna.

Al conocerse las causas del SIMD, la única cura conocida para los países y empresas afectados por él es la “cuarta democratización” (**). “Ésta es la democratización del flujo de la toma de decisiones y la información, y la desconcentración del poder, de manera tal que se permita a un mayor número de gente compartir los conocimientos, experimentar e innovar con rapidez. Esto los capacita para mantenerse a la par de un mercado en el que los consumidores constantemente demandan productos más baratos y servicios que se encuadren específicamente en sus necesidades”. 

Ahora que la política es global y que es una economía basada en redes y de bienes intangibles,  con la herramienta de Internet tenemos un modelo económico en que nos aproximamos mucho a la competencia perfecta. Los Ministerios de Planificación de los Estados, pierden su razón de ser, porque con el ordenador personal y el microchip se hace mucho más eficiente facultar personas, que pueden obtener más información y tomar más decisiones solas, en lugar de una persona encima de ellos que trata de dirigirlo todo. “Lo que si será necesario será un Ministro de Información, cuya tarea no será la de informar al mundo lo que pasa dentro del país, como sucedía durante la Guerra Fría, sino ayudar a que su país entienda lo que sabe y que se asegure de estar cosechando sus propios conocimientos en la forma más efectiva”(***). 

Hoy más que nunca, si deseamos liberarnos del SIMD, el rol del Estado es crear las condiciones para una política de la globalización sustentable, que permita un balance correcto de todas las políticas. Y esto resulta relevante, ya que una visión de mercado pura no es suficiente,  pues no es políticamente sostenible. En cambio con el paternalismo del estado benefactor se agrava la enfermedad y como ya se vio, lo que se obtiene es económicamente inviable. “Lo que se necesita es un nuevo contrato social que comprenda los mercados libres pero que asegure que éstos benefician y son tolerados por la mayor cantidad de gente posible" (****). 

Para “medir” cuán enfermos estamos, debemos observar hasta que punto se ha reestructurado la economía en cuanto al incremento de la rapidez en las aprobaciones gubernamentales, en las transacciones, en la inversión y la producción. Debemos medir la rapidez con la cual un compatriota puede trasladar una buena idea al mercado, lo que significa con qué rapidez pudo conseguir el capital necesario para dicha implementación. Y como contracara de ello, cuán rápidos somos para destruir mediante quiebras, las firmas ineficientes (*****)

Y para “vacunarnos” del SIMD, se deben identificar y emprender cuanto antes las acciones requeridas para formar una industria de telecomunicaciones local que propulse la creación de riqueza económica y social en los años venideros. 

En el momento histórico actual, la competitividad global del país, y por ende de sus empresas, instituciones y sus familias e individuos, pasa por la creación de una industria de telecomunicaciones que permita la disponibilidad generalizada de ancho de banda a precios mundiales.

"El ancho de banda es el sistema de entrega por el cual las empresas venden sus bienes en la Era de la Información. El ancho de banda a finales de 1990 es tan importante para el comercio, como lo fue la red ferroviaria en 1890 o los puertos en 1790. Es el camino para vender sus productos (*).

(*) Ibídem.         (**) Ibídem.(***)       Ibídem. (****)       Ibídem. (*****)Ibídem. 

(*) Reid, Brian. 1997. Digital Equipment. The New York Times. 

LA ONDA® DIGITAL

 

 

Inicio

URUGUAY.COM

© Copyright 
Revista LA ONDA digital