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2ª parte
Guillermo García Moyano: un memorialista "que se inclina sobre su pasado"

por Julia Galemire

En este año, apareció postumamente, un pequeño libro debido a la pluma del doctor Guillermo García Moyano, luego de la edición en 1969, de "Pueblo de los Pocitos", que comentamos anteriormente. Dos trabajos integran el volumen a que hacemos referencia; "Crónica de un viaje en diligencia" y "La Universidad Vieja", que vienen a rescatar del olvido a dos hechos muy significativos de la sociedad uruguaya de principios de siglo.  

El primero de los relatos, se ubica a fines de 1906 y nos lleva a la narración de un viaje familiar en diligencia a Rocha, una situación  que nos resulta dificil de imaginar en nuestros días, transcurridos casi 100 años, pero que recobra certidumbre y presencia en la capacidad creadora del autor. 

El episodio, centrado en la intención cumplida del viaje - no sin antes afrontar algunas peripecias, dramáticas unas, humorísticas otras-, que era la de visitar a la abuela que reside cerca de La Paloma, es expuesto a lo largo de no muchas páginas con fluidez que otorga al lector una perspectiva de época acertada.  

 Los personajes y los lugares son retratados más allá de la imaginería, con un trabajo minucioso, sensible que supera el contorno de una época lejana con un lenguaje moderno y que pone en el relato, la figura de la abuela, el grupo familiar que integraba la "audaz" comitiva, la diligencia bautizada con el romántico nombre de "La coqueta del Este", con su mayoral Espeleta, el cuarteador, los caballitos criollos, en cierta manera protagonistas del viaje.

-La lluvia que los acompañó largo trecho del camino, narra García Moyano había cesado " y se aprovechó la escampada para hacer subir al pasaje. La diligencia -prosigue- tenía puerta trasera, a la que se ascendía por un doble estribo metálico -articulado en su mitad- y casi del todo vertical. La ascensión no era fácil. Entre risas y bromas, ayudándola y empujándola los hombres, pudo llegar hasta la puerta y entrar, la pesada tía abuela. Con ella, nos metieron a los siete muchachos".

La estadía en el medio rural, "en la estancia chiquita", los recitados del futuro autor del tradicional poema de Carlos Roxlo dedicado a Aparicio Saravia, las tías viejas, la trilla, el regreso a la ciudad, el final de las vacaciones. "Lamentablemente -recuerda el autor- llegaba a su término el tiempo de nuestro viaje al centro de la familia paterna. Para mis diez años, ese viaje resultó un recuerdo  imborrable, para siempre. Nos despidieron con fiesta, regalos y lágrimas".

Y entrando en el territorio de la nostalgia y la ternura, García Moyano, continúa el párrafo, diciendo:

"Porque la abuela y sus hijas veían que por la fatalidad de la vida, del tiempo y de las cosas, una visita como aquella ya no podría repetirse".

La muerte de la abuela, la llegada del ferrocarril, la desaparición de la diligencia, el campo dividido entre los herederos, la carretera, el turismo. Y concluye la narración con un dejo melancólico..."Todo su fue, menos el recuerdo, que permaneció firme y seguro en mi memoria". 

La segunda parte de este libro, lo constituye una descripción de la vida estudiantil hacia 1910, en "La Universidad Vieja", ubicada por entonces en "donde nacen las calles Piedras y Cerrito". En un tono bien distinto a la anterior descripción, transcurren estas memorias de la casa de estudios que él, caracteriza como una "Universidad  todavía muy siglo XIX, con la conciencia universitaria aún dormida".

Con lujo de detalles, narra episodios que vivieron los alumnos del primer año, dibujando a los personajes que compartieron sus peripecias estudiantiles de secundaria y a quienes recuerda con in disimulado afecto.

Luego de contar unas lesiones por suerte no graves que le ocasionara uno de sus compañeros el "flaco Colina", y de dejar establecido que los muchachos de su clase, aún no lucían el pantalón largo, evoca que "contábamos entre doce y catorce años. El flaco Colina que me había volteado en una incidencia propia del juego, se disculpó de no haber ido a mi casa, a preguntar como seguía, porque -me dijo--  "tenía miedo que tu viejo me cascara". Por supuesto que seguimos siendo amigos. Y en mi casa se rieron de la disculpa de Colina".

   Describe luego a ciertos habitúes de la zona,  que sobresalían del común, por sus vestimentas o apariencias pintorescas. "Por allá -dice- se movía, alto y de amplia melena rubia, el poeta Sabat Ercasty, de sombrero gacho, bien aludo. Recuerdo otra figura conocida ya de la bohemia de entonces: el  "Begro" Barboza, simple morocho, que parecía personaje escapado de la picaresca. Con su capa a la española, "con vueltas de grana y el ancho sombrero que oculta la faz".  La broma o la malevolencia de los veteranos hacía correr aquello que bien pronto aprendíamos: ´ ¿ Sabéis vosotros para qué el negro Barboza usa capa a la española?´ Pues para  poner bajo ella los libros que se lleva (a cuenta) de lo de Barreiro".

Digamos finalmente que Guillermo García Moyano, tanto en "Pueblo de los Pocitos", en la "Crónica de un viaje en diligencia" y en este último que hemos comentado, nos ofrece una visión valiosa de principios del siglo XX, que guarda para nosotros, que ya hemos entrado en el siglo XXI, un siglo que también se nos presenta "problemático y febril" , algo de ese tiempo bergsoniano que dura, pero que en definitiva    es tiempo de ayer y de siempre.

Son testimonios fieles que mucho  debemos agradecer  y que deseamos nos hagan llegar otros memorialistas. LA ONDA® DIGITAL

 

 

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