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NI
AUTOCENSURA,
NI BOMBAS IDEOLOGICAS
El terrorismo y la guerra pusieron al desnudo la crisis de la
prensa
por Raúl
Legnani
El
terrorismo y la guerra han logrado precipitar la crisis que
venía desarrollándose en la prensa a nivel mundial.
La
independencia de los periodistas y de los medios de
comunicación de los centro de poder tradicionales en las
sociedades - gobiernos, partidos políticos, grupos económicos
y fuerzas militares-, se puso en tela de juicio entre los
escombros de las Torres Gemelas y las tormentas de bombas y de
arena en Afganistán.
Cuando
la CNN aceptó los "consejos" oficiales del Pentágono
de limitar la divulgación de los mensajes de Bin Laden, se
cayó el paradigma de la prensa independiente de los Estados
Unidos y con ella la seguridad nacional terminó por ganarle la
pulseada a libertad de prensa.
Las
críticas del uruguayo Jorge Gestoso, destacado conductor de CNN
en español, para con la prensa de nuestro país - "no es
el cuarto poder, es de cuarta", dijo-, pareció golpearle
como un boomerang en la nuca, cuando la emisora televisiva más
importante de Estados Unidos claudicaba ante el poder en guerra.
Si
bien esa actitud de la CNN merece una profunda crítica, tampoco
podemos caer en una actitud facilonga y guaranga de arremeter
contra quienes están en el escenario de la guerra - que cuentan
con toda nuestra solidaridad-, aún cuando todos seamos
potenciales agredidos.
El
tema es otro. Una vez más ha quedado claro que la ausencia de
paz trae de la mano la pérdida inmediata de las más
elementales libertades, entre ellas las que tienen que ver con
la prensa. Y ese fue el error de CNN, cuando aceptó desde un
comienzo la lógica de la guerra, al poner todas sus energías
intelectuales al servicio del poder político-militar de su
país.
Desde
el 11 de setiembre, cuando se produce el crimen terrorista, y el
7 de octubre cuando se precipita el otro crimen terrorista de
Estado con forma de guerra, la CNN no tuvo ni independencia, ni
capacidad de brindar en nuevas condiciones - terribles ellas- un
servicio transparente y democrático.
Podemos
entender que no se pudiera el 11 de setiembre acceder al lugar
de la tragedia, aunque los canales europeos se aproximaron más
que la CNN a la escena del crimen, pero no hubo una sola
entrevista al mundo académico y mucho menos en las puertas de
las universidades, para conocer qué pensaba la intelectualidad
y los trabajadores siempre inquietos de Estados Unidos. La misma
intelectualidad que un día paró el genocidio en Vietnam. Fue
así que a Noam Chomsky lo tuvimos que leer en Internet o en los
medios impresos, quedándonos con las ganas de conocer su cara y
su voz en la pantalla de alguna cadena televisiva.
La
población de Estados Unidos solo ha estado presente en la CNN a
través de las encuestas, pero jamás con sus caras y voces. Por
primera vez en muchos años, los estadounidenses - las mujeres y
hombres comunes- fueron los grandes ausentes en materia de
conformación de opiniones. La CNN redujo a Estados Unidos a una
sociedad de gobernantes, militares, hombres de la Bolsa de
Valores, expertos y analistas de todo tipo, con el solo gesto
humano, sencillo y heroico, de los bomberos.
Nos
imaginamos las presiones sociales e ideológicas para que esta
actitud claudicante se precipitara. Carlos Fuentes, el escritor
mexicano que fuera embajador en ese país, relató en
Reforma.com decenas de hechos en que conductores de radios y de
televisión tuvieron que corregirse, luego de haber manifestado
algunos conceptos que rozaban la línea oficial del gobierno.
Todo porque la gente presionó masivamente, mediante llamadas
telefónicas y correos electrónicos. Algo, seguramente más
generalizado y profundo, de lo que soportamos a diario los
trabajadores de la comunicación en cualquier parte del mundo.
Pero
a la vez hay que tener en cuenta que esta postura de mimetizarse
con lo institucional (el poder hecho instituciones), la CNN ya
lo había mostrado cuando las elecciones presidenciales, en el
momento que voto a voto se discutía quien iba a ser el próximo
presidente de los Estados Unidos. En aquellos tensos días de La
Florida, la CNN no movilizó masivamente su personal al lugar de
los hechos, prefiriendo esperar la palabra oficial. Actitud muy
distinta a la que utilizó con el distante Perú, cuando llegó
la hora de apoyar a Alejandro Toledo y sacar del sillón
presidencial al hoy fugado Fujimori.
Muy
atrás, como un sueño de verano, quedó la prensa de
investigación de Estados Unidos y por ello de talante
independiente, que nació al calor de las denuncias sobre
Wategate, bajo la irrupción del movimiento negro en sus
múltiples expresiones en favor de los derechos humanos y en
medio de la lucha por la paz en el sur de Asia.
Mientras
esto ocurría, a pocas millas de Miami, en la isla de Cuba se
desarrollaba un congreso de periodistas contra el
neoliberalismo. En ese evento el veterano jefe de la revolución
de un país que tiene una de las peores prensas del mundo,
llamaba a los trabajadores de la comunicación a lanzar
"bombas ideológicas" desde de los medios de
comunicación, "para difundir la verdad".
Se
vivía así la otra cara de lo que no debe ser la prensa o la
otra forma de depender del poder, aunque sea de signo distinto.
¿Quién
puede definir la verdad? ¿Es que hay una sola? ¿No es esa la
forma de uniformar el pensamiento para terminar bombardeando la
pluralidad de ideas y de formas de comprender la vida? La
respuesta, como se desprende de lo anterior, es afirmativa y por
ello preocupante.
Por
todo esto somos de los que creemos que deberá surgir, en medio
del debate que tendrá que ser tolerante, una nueva forma de ir
trabajando una nueva idea de la comunicación para un mundo
democrático y aferrado a la vida de los pueblos.
No
volveremos ni a la prensa que pregona Fidel Castro, casi como el
brazo ejecutar de una ideología o de una verdad, pero tampoco
esa prensa que se fue construyendo en Estados Unidos después
del fin de la guerra fría, con aspecto de aséptica pero con
alto contenido ideológico, que en nuestro país para lo único
que sirvió fue para que los periodistas se volviera
independientes de las mejores causas de la gente y no de los
centros de poder.
La
nueva prensa tendrá que ser consciente que su lucha permanente
es para alejarse lo máximo del poder estatuido, siempre atenta
y con capacidad de reacción ante todo intento de seducción,
promotora de la máxima transparencia y de espíritu crítico,
haciendo los máximos esfuerzos para abrazar la verdad y la
objetividad, sabiendo que a eso nunca se llega, porque el
periodista no es un ser ajeno a las ideologías y a los grandes
momentos de tensión filosófica.
Que
sirvan estas líneas, por lo menos, para comenzar a conversar -
si es que a alguien le interesan-, en un mundo en que el
comunicador no puede ser ajeno a la tragedia mundial, lo que no
quiere decir que haya que disciplinarse al poder de turno.
La
CNN pudo haber tenido otra actitud y no la tuvo. En ese momento
perdimos todos. Comencemos, entonces, a reflexionar. Estamos a
tiempo.
LA
ONDA®
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