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La
guerra del futuro:
vuelta a lo básico
por Tte. Cnel.
AV. R. Fernando Cardozo
"A
medida que cambian las armas de la guerra, así también cambiará
la naturaleza de la guerra, y aunque ésta es una verdad
indudable, tácticamente no se debe pasar por alto el hecho de que
las armas cambian producto de los cambios en la civilización; no
es que cambien por su propia cuenta". J.F.C. Fuller.
El
presente artículo parte de la presunción de que la observación
de Fuller, respecto a la naturaleza de la guerra, es acertada: la
evolución natural de la guerra está directamente vinculada con
los cambios paradigmáticos en la civilización. Lo anterior lleva
a la deducción de que, siempre que sea posible comprobar que
efectivamente estamos experimentando un cambio paradigmático en
la civilización, entonces debemos concluir que ya está por
comenzar otra "era de transición militar".
En este punto, según
sostendría el propio Fuller, "a menos que los comandantes
hayan considerado cuidadosamente las posibilidades futuras de la
guerra", sus fuerzas no estarán preparadas para librarla. La
intención del presente artículo es determinar si está
ocurriendo un cambio paradigmático en nuestra civilización; si
es así, ¿cuál será su influencia en la naturaleza de la
guerra? ¿Cómo será la guerra del siglo XXI? ¿Es que tenemos el
acimut adecuadamente orientado para permitirnos superar los desafíos
del futuro? En breve, ¿podrán las Fuerzas Armadas del siglo
XXI enfrentar los cambios previsibles en la naturaleza de la
guerra?
El
futuro: ¿La era de la Información?
La
teoría más popular relativa a los cambios paradigmáticos parece
estar arraigada en la confianza de que nos encontramos en los
albores de la era de la información; sin embargo, cabe preguntar
cómo sabemos si es que realmente ha llegado dicha era. El Sr.
Bill Gates sugiere que "cuando uno comienza a resentirse de
la ausencia de algún dato en la red electrónica", en ese
momento se da cuenta de que la era de la información ha llegado a
formar parte integral de la vida. De acuerdo con Gates, algunos de
nosotros ya estamos viviendo de lleno en la era de la información.
Otros han llegado a la misma conclusión.
A través de su
teoría de las olas de la civilización, los futuristas Alvin y
Heidi Toffler han planteado argumentos convincentes de que
"la civilización industrial está por agotarse".Según
esta perspectiva, la sociedad ya está viviendo la transición de
la Era Industrial (o sea, la Segunda Ola) a la era de la información
(la Tercera Ola). Como resultado de lo anterior, nuestra
civilización abandonará su dependencia acostumbrada de la
fabricación en serie para generar ingresos; por el contrario, la
riqueza y el dominio se derivarán de la creación y la explotación
de conocimientos. La importancia de este argumento reside en que
la cuestión de quién controla el poder ya no se centra en
"la polémica entre este y oeste o norte y sur", ni
tiene que ver con los factores de religión y diversidad étnica.El
futuro implica la "división venidera del mundo en tres
civilizaciones distintas, diferentes y potencialmente
conflictivas", las cuales comprenderán las sociedades
agrarias (típicas de la Primera Ola), las industriales, y aquéllas
basadas en la información.
A
esa misma información que según Jeremy Rifkin está conduciendo
a la humanidad hacia "el fin del trabajo",con las
consecuencias políticas económicas y sociales que van afectando
a la humanidad. La gran importancia de esta observación estriba
en el hecho de que los cambios masivos en una civilización, no
suelen ocurrir en forma benigna; es más bien que normalmente se
materializan acompañados de "olas de choque" en la
forma de conflictos entre las diferentes formas de olas. Por
ejemplo, una causa principal de la Guerra Civil en Estados Unidos
fue una lucha entre los intereses industriales del Norte y la
edite agraria del Sur.
Samuel Huntington
también predice un futuro que será caracterizado por conflictos
entre civilizaciones, pero es en ese punto que se desvía de la
teoría de los Toffler. Define las civilizaciones como entidades
culturales, consistentes en aldeas, regiones, grupos étnicos,
nacionalidades y grupos religiosos. Dichas entidades comparten
ciertas características especiales, incluyendo el idioma, la
historia, la religión, las costumbres y otras instituciones.
Observa que, no obstante la propensión occidental de atribuirle a
la nación-estado un rol protagónico en los asuntos a nivel
mundial, una revisión histórica indica que "los alcances más
amplios de la historia humana han sido la historia de las
civilizaciones".
Opina que un choque
entre las distintas civilizaciones es inevitable, debido a la
existencia de diferencias básicas entre tales civilizaciones como
la occidental, la confuciana, la japonesa, la islámica, la hindú,
la eslávico-ortodoxa, la latinoamericana y posiblemente la
africana. Estas diferencias serán amplificadas con la aumentada
interacción entre civilizaciones producto de la modernización,
dando como resultado que las diversas poblaciones estarán más
conscientes que nunca de las diferencias y de las similitudes
entre sus respectivas culturas. Huntington llega a la conclusión
de que "la mayor parte de los conflictos importantes del
futuro se iniciarán en las fallas culturales que mantienen
separadas estas civilizaciones".
Ofrece evidencias
abundantes para respaldar tal opinión: el continuo conflicto
entre los croatas, los musulmanes y los serbios en la ex
Yugoslavia; el combate en Asia Central entre Rusia y los
guerrilleros del Mujahideen; y el bombardeo periódico de Bagdad,
realizado por Estados Unidos tras la Guerra del Golfo Pérsico y
condenado por la mayoría de los países musulmanes. Finalmente,
Robert Kaplan advierte del advenimiento de un estado de anarquía,
convencido de que "algunas naciones-estados se están
volviendo imposibles de gobernar y están cayendo en la anarquía".
Kaplan observa que en varios estados importantes, incluyendo
China, México, India, Paquistán, Indonesia, Nigeria e Irán,
existen las condiciones propias para una eventual caída en estado
de anarquía.
A su juicio, las
causas reales de tal tendencia son la escasez de recursos, los
conflictos culturales y raciales, y el destino geográfico. Este
último problema del "destino geográfico" pone de
relieve el hecho de que las fronteras geográficas actualmente en
existencia no siempre logran captar las "realidades de la
cultura y de la subcultura" de un país. Por ejemplo, las
realidades de los kurdos no se reflejan en los mapas de Irak y de
Turquía. Es más, Kaplan sostiene insistentemente que la anarquía
venidera tendrá implicancias significativas para la conducción
de la guerra a futuro. Predice que "las guerras del futuro
serán libradas por la supervivencia comunal, agravadas —e
incluso en muchos casos provocadas— por la escasez de recursos
ambientales. Estas
guerras serán subnacionales, lo que significa que los estados y
los gobiernos locales difícilmente podrán asegurar la protección
física de sus propios ciudadanos".Kaplan pronostica el
retorno del conflicto de baja intensidad, o sea, de las
operaciones de no guerra, según algunos las han denominado.
En este momento,
conviene compartir una segunda presunción: todas las tres
opiniones anteriormente descritas son dignas de consideración,
por cuanto todas parecen ser lógicas y, de mayor importancia, la
diversidad representada en estas obras nos brinda mayor
flexibilidad en nuestros esfuerzos por vislumbrar el futuro.
Existen evidencias
que indican que algunos países ya están inmersos en la transición
a la era de la información, otros ya han entrado de lleno en
dicha era, y finalmente hay países que quizás nunca la alcancen.
Ni siquiera la sociedad estadounidense, la más avanzada en lo
tecnológico, ha completado cabalmente la transición a la era de
la información. Muchos de nosotros aún estamos viviendo en la
Era Industrial y las Fuerzas Armadas reflejan esta
realidad: aún cuentan con cantidades de tanques, artillería,
buques de guerra y aviones de caza.
Además, debemos
considerar otros factores tales como la existencia de una
diversidad de culturas y la posible degeneración de la nación-estado.
Cualquiera de las tendencias identificadas por Huntington, Kaplan
y los Toffler, podría provocar la inestabilidad en un futuro próximo.
Si con todo lo anterior se logra perfilar acertadamente las
futuras civilizaciones, ¿cómo se librará la guerra en el siglo
XXI?
Las
Guerras del Futuro:
¿Conflictos
de baja Intensidad o impulsadas por la información?
¿Qué
promete la guerra del futuro? Los Toffler nos recuerdan que las
tendencias históricas demuestran que los cambios masivos en una
civilización no suelen producirse en forma pasiva, sino que
normalmente producen ondas de choque que se manifiestan en la
forma de conflictos entre las distintas olas. Al igual que Fuller,
los Toffler creen que "existe un nexo inextricable entre la
forma en que se produce la riqueza y la forma en que se
conduce la guerra".A su juicio, la Guerra del Golfo Pérsico
fue una guerra de dualidad, en la cual los métodos de la segunda
y tercera olas fueron empleados simultáneamente por la coalición
encabezada por Estados Unidos.
Por
una parte, se recurrió a la táctica de la guerra de desgaste en
el bombardeo incesante de las posiciones defensivas iraquíes. Por
otra, los misiles cruceros Tomahawk y las municiones
guiadas por láser fueron empleados para localizar y batir las
instalaciones críticas de mando y control en todas partes de la
ciudad de Bagdad, cumpliendo dicha misión con suma precisión.
Tal parece que la
tercera ola de guerra caracterizada por la alta precisión es
exactamente lo que pronostican los Toffler. De hecho, el ex Jefe
de Estado Mayor del Ejército de EE.UU, el general Gordon R.
Sullivan, aplicó la visión de los Toffler para formular su
propio concepto del Ejército apto para el siglo XXI: la llamada
Fuerza XXI. De acuerdo con esta visión de la guerra del futuro,
además de las municiones inteligentes, diversos sistemas de
inteligencia así como el sistema JSTARS (Joint
Surveillance and Target Attack Radar System: Sistema Conjunto
de Radares para Vigilancia y Ataque de Objetivos) serán capaces
de "seguir y apuntar a tanques, medios de artillería y otras
fuerzas terrestres, permitiendo entregarles a los comandantes
terrestres" información en tiempo real sobre los movimientos
del enemigo, alcanzando una distancia incluso de 155 millas en la
profundidad de la retaguardia enemiga. Es más, las unidades a los
niveles de Cuerpo de Ejército y División podrán recibir imágenes
producidas a nivel nacional que les facilitará a sus comandantes
ver toda su zona de operaciones, captada en aproximadamente 600 imágenes
diarias. Dichos avances han persuadido a muchos a opinar que
"los conocimientos llegaron a competir con las armas y la táctica
en cuanto a su relativa importancia, situación que le dio crédito
a la noción de que un enemigo puede ser abrumado principalmente a
través de la destrucción e interrupción de sus medios de mando
y control".En pocas palabras, "el aprovechamiento
adecuado o insuficiente de la computación puede ser el
determinante principal de la capacidad militar en las democracias
occidentales, y probablemente en el mundo, en las décadas
venideras".
Huntington y Kaplan,
a su vez, nos recuerdan que los conflictos del futuro no tendrán
que ser impulsados necesariamente por los choques entre sociedades
inmersas en diferentes olas. Implican con ello que no existe ningún
vínculo inevitable entre la forma en que se produce la riqueza y
la forma en que se conduce la guerra.
Los conflictos del
futuro efectivamente se producirán a lo largo de las fallas
culturales que separan las diferentes civilizaciones, sin que se
le atribuya importancia alguna al cómo se produce la riqueza
material en ellas. Junto con estos choques culturales, según
predice Kaplan, existen otros factores, tales como la degradación
ambiental, capaces de provocar una proliferación de las
operaciones de no guerra en los años venideros.
Las guerras del
futuro se manifestarán en alguna forma de conflicto entre
civilizaciones o entidades subnacionales lease grupos terroristas.
Estos conflictos quizás se deriven de diferencias culturales,
diferencias en la producción de riqueza o bien de la competencia
por escasos recursos. También es posible afirmar que todo el
espectro de conflicto, desde la más baja intensidad hasta la más
alta, continuará amenazándonos por el futuro previsible.
Finalmente, los Toffler han demostrado que los ejércitos dotados
de las tecnologías de la información, como la Coalición
dirigida por Estados Unidos en la Operación Desert Storm,
pueden derrotar a un ejército desorganizado y equipado con los
medios de la Era Industrial, pero cabe preguntar si podrán lidiar
con la naturaleza ubicua de las amenazas asimétricas del futuro.
En breve, ¿podrá la Fuerza XXI adaptarse a los cambios previstos
en la naturaleza de la guerra?
La
fuerza XXI y el ejército después del próximo:
¿una
fuerza de amplio espectro?
Algunos
líderes del Ejército de EE.UU. se han convencido de que los
cambios paradigmáticos están ocurriendo a nuestro alrededor, y
que nuestra sociedad ha emprendido la transición a la Era de la
Información. La revisión interna del Ejército, realizada con el
objetivo de analizar el impacto de dichos cambios, sugiere que
"el campo de batalla del mañana diferirá del de la
actualidad en formas revolucionarias". Como resultado de lo
anterior, el Ejército ya ha planificado la modificación o el
reemplazo de los sistemas y las estructuras existentes, en aras de
prepararse para la guerra de la era de la información. Los
elementos centrales de la guerra de la información son
conocimiento y velocidad.
El Ejército espera
que sus sistemas de comunicación e inteligencia sean capaces de
mantener una permanente vigilancia del campo de batalla, de forma
que puedan entregar conocimientos a las fuerzas de maniobra y
facilitar el enlace entre ellas. También contará con la
velocidad requerida para proyectar la potencia y para
"aplastar a las fuerzas de maniobra enemigas".Pero el 11
de setiembre ha quedado demostrado que la simpleza de operaciones
es de una contundencia demoledora .-
Otros participantes
del debate reconocen la importancia de la "competencia y
sinergia a los niveles individual y organizacional".
Sostienen que las máquinas son herramientas útiles, pero la
primacía del hombre en la conducción de la guerra sigue siendo
inmutable desde el momento en que Ardant du Piq expresó la idea
de que, "el hombre es el instrumento fundamental en
combate".No obstante, se enfocan en el rol que le incumbe al
estado mayor desempeñar en las actividades de mando en combate,
antes que en el soldado comprometido en el campo de batalla.
De acuerdo con esta
perspectiva, el objetivo del mando en combate es "obtener los
resultados óptimos en el campo de batalla". Esto es posible
con el despliegue de "equipos compuestos de equipos"
trabajando al unísono dentro de una estructura de información
uniforme. También predicen que esto llevará a una revolución de
la conducción de la guerra, manifestada en las funciones de mando
en combate.
Las
nuevas estructuras de inteligencia y comunicaciones habrán de
proveer a los comandantes de información fidedigna sobre la
situación en el terreno, permitiéndoles tomar decisiones en
forma más rápida que nunca antes. En este sentido también
parece que los mandos se han dejado convencer de que los
conocimientos quizás permitan "destruir al enemigo
principalmente a través de la destrucción e interrupción de sus
medios de mando y control".
Esta aproximación
puede ser válida contra un enemigo como el Ejército iraquí
durante la Operación Desert Storm, ¿pero me pregunto cuál
será el resultado comprometidos en otro conflicto de baja
intensidad no como el de Vietnam o Afganistán, sino contra un
enemigo diseminado por el mundo sin ubicación estable y sin
rostro?
Aún se enfrentan
grandes dificultades con la guerra irregular, por cuanto la misma
naturaleza de tales conflictos suele negar las ventajas tecnológicas
Sadam Hussein
utilizó palomas mensajeras para comunicarse con sus generales en
el frente de batalla, burlándose de las mas sofisticadas
contramedidas electrónicas de los EE.UU. Resulta importante
revisar las opiniones expresadas por Henri Jomini sobre los
conflictos de baja intensidad, pues él resolvió que existe una
excepción al principio fundamental de la necesidad de concentrar
los medios propios en una acción ofensiva contra un punto
decisivo. Recalcó que cuando se enfrenta a un adversario en una
"guerra civil, religiosa o nacional", no tiene sentido
concentrar los medios amigos porque no existe ningún punto
decisivo que pueda ser atacado; el enemigo le parece ubicuo al
invasor.
Observó que
"todo el oro en México no era suficiente para comprar la
inteligencia de combate" que necesitaban los franceses para
la conducción exitosa de operaciones militares en España. Sin
embargo, Jomini nunca identificó ningún principio que sirviera
para facilitar la conducción de este tipo de guerra irregular. Su
aversión a estas guerras "peligrosas y deplorables"
parece persistir en el Ejército actual, el cual continúa
estudiando por qué perdió la guerra en Vietnam, no obstante la
abrumadora potencia de combate que poseía.
Así
como ha sugerido el general Mohammed Nawroz, la guerra irregular
no es librada por una potencia de la era de la información contra
una sociedad agraria; muy por el contrario, es una batalla entre
la voluntad de lucha nacional de los países involucrados. En
suma, las Fuerzas Armadas del mundo continuaban hasta el 11 de
septiembre del 2001 aferrándose al pensamiento militar
plasmado por Jomini, obsesionado por los principios de la guerra e
indiferente a la guerra irregular y al terrorismo, hoy por hoy los
ataques que se están llevando a cabo contra el pueblo afgano están
demostrando que no hay peor ciego que el que no desea ver, no me
cabe la menor duda que el presidente Bush está cometiendo un
error que será de peores consecuencias PARA LA HUMANIDAD que el
cometido por Johnson con VIET-NAM en perjuicio de los EE.UU de los
civiles inocentes inmolados, no les sirvió de nada la
experiencia de IROSHIMA y Nagasaki.
Jamás se podrá
lavar la sangre con sangre, para limpiarla obviamente es necesario
restañar la herida y luego de lavada con agua limpia, aplicar los
antisépticos necesarios para su cura. LA
ONDA®
DIGITAL
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