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La guerra
siempre es una regresión
por el Dr.
Fernando Lema,
Instituto Pasteur
Me encuentro en
medio de una guerra sin entender muy bien porque y contra quien.
Sin embargo lo que queda muy claro es que todos participamos y
perdemos.
Este contexto de
guerra abrió aun mas el espacio para el logro de los objetivos
del pensamiento mas primitivo de la sociedad. Porque la guerra
siempre es una regresión, mas aun cuando se decide basándose
en los reductores análisis de los dueños de la verdad.
Todos los países
en este momento se preparan para adoptar medidas
antiterroristas, pero de que terrorismo están hablando? Que
terrorismo existe en nuestros países?, cual es el terrorismo en
la mayor parte de las naciones del mundo? Porque las FFAA deben
en nuestros países remplazar a la policía?, mas aun en el
marco de una compleja situación no resuelta.
Esta situación
tiene un extraño parecido con la doctrina de la seguridad
nacional, la búsqueda de un enemigo inexistente, donde es
necesario inventarlo para justificar el aparato represor.
Sin embargo estas
medidas se producen en otro contexto, el del fracaso completo
del modelo de economía neoliberal que destruyo el aparato
estatal, el tejido social, las reivindicaciones populares.
El modelo, que no
fue capaz de reciclarse ni de distribuir recursos para disminuir
las tensiones sociales, se prepara para enfrentarse a las
protestas de la gente, creando un clima de terror, de miedo,
obligando a aceptar una guerra en la que los países
latinoamericanos no eligieron estar.
Porque seguir esa
lógica una vez mas, porque aceptar condiciones que no harán
mas que agravar la crisis social? hasta cuando seguiremos
sometiéndonos a políticas inaplicables a nuestras realidades?
Esta parece ser
una prueba mas de la debilidad del sistema para controlar a sus
súbditos y entonces impone el terror como control del
pensamiento, como restricción de la libertad, como sistema
reductor de análisis de la realidad.
Frente a esta
situación tenemos que responder y organizarnos de acuerdo a
nuestras propias realidades, consolidar lo endógeno, valorizar
nuestras instituciones, el rol del Estado para garantizar la
seguridad, la salud, la educación, el salto hacia la sociedad
del conocimiento, la integración regional, identificar caminos
alternativos, propuestas sociales.
Debemos terminar
con esta perversa mundialización del horror y continuar con la
modesta pero imprescindible tarea de construir una sociedad
plural desde su propia realidad, desde sus necesidades y
posibilidades centradas en la cotidiana tarea de consolidar las
condiciones para el ejercicio de la paz, la solidaridad y la
justicia. LA
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