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Bush y su
nueva alianza mundial con viejos enemigos
por José Luis
Martínez
Los atentados
terroristas del pasado 11 de setiembre contra Estados Unidos han
dibujado un nuevo mapa político mundial y se convirtieron en el
hecho más trascendente luego de la caída del Muro de Berlín.
Hoy muchos expertos opinan que a partir de ese "martes
negro" se cierra definitivamente la llamada Guerra Fría y
comienza una nueva era estratégica, simbolizada por una alianza
mundial contra el terrorismo liderada por Washington.
"La nación
más grande del mundo, desde el punto de vista militar, fue
atacada en su propio suelo con un efecto devastador". El
nuevo enemigo de Estados Unidos no es "ni la antigua Unión
Soviética ni una potencialmente renaciente China, sino el
terrorismo internacional", dicen los expertos.
El presidente
George W. Bush logró en un mes de negociaciones apoyos
diplomáticos, militares y de las comunidades de inteligencia
para una operación militar de gran envergadura contra Osama bin
Laden y los talibán de Afganistán, pocas veces vistos en la
historia de esa potencia mundial.
Además del
laborista británico Tony Blair, un entusiasta defensor de la
operación militar, el presidente Bush logró la adhesión de la
Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión
Europea y todas sus instituciones, sin olvidar al Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas.
También
estuvieron diplomáticamente al lado de Washington la mayoría
de las naciones de América Latina e incluso muchos regímenes
del mundo islámico, algo que Bush padre no logró cuando atacó
a la Irak de Sadam Husein. Pero la Casa Blanca logró, además,
dos significativas adhesiones de viejos enemigos.
El presidente
estadounidense obtuvo el apoyo del ex KGB, el hoy presidente de
Rusia, Vladimir Puntin, quien además de afirmar que la Guerra
Fría había terminado no descartó que Moscú ingresara en el
futuro a la OTAN, la contraparte del desaparecido Tratado de
Varsovia que dirigió el Kremlin. La voluntad de Putin de ser
parte de esa nueva alianza mundial se puso de manifiesto con
acciones concretas.
El presidente
ruso anunció en el Kremlin el cierre de la base de espionaje de
Lourdes - ubicada en Cuba- antes de fines de este año, así
como el retiro de las tropas rusas de la base naval de Cam Ranh,
en Vietnam, alegando motivos financieros y como parte de una
reorganización de su presupuesto de defensa. La clausura de la
base de espionaje electrónico en Cuba creó de inmediato
tensión en las relaciones entre La Habana y Moscú, dos ex
aliados que escogieron distintos modelos al finalizar la Guerra
Fría.
Cuba, último
país comunista del hemisferio occidental, figura en un listado
divulgado por el Departamento de Estado norteamericano como una
de las naciones que apoyan actividades y movimientos terroristas
en el mundo.
Putin adujo la
necesidad de reducir los gastos de defensa rusos para justificar
el cierre de la base de Lourdes. Pero de hecho, existe una
política de acercamiento entre Moscú y Estados Unidos desde el
derrumbe de la Unión Soviética en 1991, y Rusia desea que
Estados Unidos tome iniciativas equivalentes.
"Es evidente
que nosotros esperamos medidas recíprocas. Los centros de
inteligencia electrónicos estadounidenses creados en el
período de la Guerra Fría continúan sus actividades en
países vecinos de Rusia", precisó la cancillería rusa al
comentar el cierre de su base en Cuba. La base, ubicada 60 km al
sur de La Habana, fue puesta en funcionamiento en 1964 como
parte de la colaboración militar de Cuba con la desaparecida
Unión Soviética y ocupa una extensión de 72 km cuadrados.
Desde ella, según el ministro de las Fuerzas Armadas de Cuba,
Raúl Castro, Moscú obtenía el 75% de la información
estratégica militar, la que comparte aún con la inteligencia
cubana, y es la mayor base que Moscú tiene en operaciones fuera
de su territorio.
Tras la caída de
la URSS, Rusia y Cuba acordaron en 1994 continuar su
funcionamiento, ratificado por Putin durante una visita oficial
a La Habana hace apenas 10 meses.
Por concepto de
arrendamiento, Cuba cobró cantidades crecientes, que en entre
1996 y 2000 alcanzaron los 200 millones de dólares anuales,
según informes oficiales, que eran pagados por Moscú tanto en
efectivo como con diversos productos.
El presidente
estadounidense George W. Bush saludó la decisión rusa y
afirmó en un comunicado que este episodio "es otra
indicación de que la Guerra Fría terminó. El presidente Putin
entiende que Rusia y Estados Unidos ya no son adversarios".
Dado el respaldo
que Rusia le dio a la coalición, el presidente Vladimir Putin
tuvo la gran oportunidad de ganar concesiones de Washington para
continuar con la campaña de Moscú en Chechenia, además de
ayuda económica a través de organismos internacionales.
Según La Habana,
es la tercera vez que Rusia adopta decisiones
"unilaterales" en el terreno militar que perjudican a
la isla.
Durante la
denominada crisis de los misiles de octubre de 1962, Moscú
negoció con Washington y retiró sus cohetes nucleares
instalados en Cuba, sin tener en cuenta la oposición cubana a
esa decisión; y en 1993, se ordenó el regreso a Rusia de una
brigada de infantería motorizada, sin negociar el retiro de
esas tropas con las autoridades locales.
Por otra parte,
tras el primer encuentro que mantuvieron en las últimas horas
el presidente George W. Bush con su colega de China, Jiang Zemin,
el titular de la Casa Blanca dijo que "China está de
nuestro lado, sin dudas, ni vacilaciones" en la lucha
contra el terrorismo.
El presidente
chino no dudo en afirmar en Shangai, durante la reunión del
Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC), que ve un "
futuro luminoso" en las relaciones entre Washington y
Pekín. La crisis por el avión espía que tensó a ambas
naciones ya quedó atrás y superada, al igual que el erróneo
ataque contra la embajada de Pekín en los Balcanes.
China de esta
manera también se suma a la coalición creada por Estados
Unidos para combatir el terrorismo. La heterogenea alianza
mundial, consecuencia directa de los atentados contra Estados
Unidos y reformazada por las cartas con ántrax enviadas por los
bioterroristas, enfrenta el desafío más grande del mundo desde
la Guerra Fría, porque la victoria será más difícil de
lograr, en opinión de los expertos militares.
"Comenzó
una nueva era estratégica. El enemigo es diverso e invisible y
la victoria será aún más difícil de declarar con respecto a
la Guerra Fría", indican todos los informes sobre la nueva
situación.
"Los
desafíos políticos, financieros y diplomáticos de esta
campaña son enormes. Los desafíos geopolíticos son
considerables", agregan los documentos. En un mundo
incierto, los gastos de defensa parecen destinados a aumentar y
los dividendos de la paz tras el fin de la Guerra Fría son tan
sólo un recuerdo. Las antiguas certezas han desaparecido.LA
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