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La
nueva muerte
(para Emil
Verhaeren)
por
Saúl Ibargoyen
desde México DF
Un
poeta de Bélgica hace más de un siglo/ habló de una
hombruna Muerte/
echándose algún trago/ con sus pies de ella cerca del
fuego./ Y aquella
Muerte mayusculada/ se levantó después para entrarse/ en
todas las
direcciones de la dolida Tierra./ Hubo gente que le dio más
vino/ más carne
tomada de infantes no nacidos/ más sangre de adulteradas
doncellas/ más
esqueletos de repetidos óbitos/ por efecto causa y
resonancia/ de hambrunas
sin fondo/ de pútridas verbalizaciones/ y pestes
desesperadas/ de horcas
florecidas y frescos misiles/ y divanes electrizados y átomos
incendiarios/
y edictos brutales y hachas infatigables./ ¿Quién pudo ver/
el vestido de
esa Muerte?/ ¿Quién pudo tocar/ lo oscuro de su forma?/ ¿Quién
pudo oler/ el
ácido vapor de sus sobacos?/ ¿Quién pudo escuchar/ los
susurrados silbidos/
de su mensaje implacable?/ ¿Quién pudo platicar/ con esa
Muerte?:/ ¿en cuál
cerrada oreja puso/ oraciones amenazas conjuros/ rogativas
alabanzas/ como
huevos torpemente infecundos?/ La mentada Muerte de seguro
anda desnuda/
no
empuja carretones crujientes/ no carga ataúdes ni
instrumentos/ no ríe ni
habla/ ni gusta del ajedrez o la baraja./ Si es la misma la
que clava/ sus
iguales leyes en las dimensiones/ de un planeta aterrado y
solitario/ cuando
exija su trago le serviremos/ un poco de este cántico/ en una
copa de aire.
LA
ONDA®
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