|
La
visita
Un cuento de Homero Muñoz
La señorita
directora espiaba el reloj en su muñeca con frecuencia, mientras
urgía a la Chunga, para que terminara. -Voy a llegar cuando
estén tocando el himno, Chunga, ¡dale por favor! -Haber venido
más temprano- contestó lacónica la peluquera, mientras le
ponía un vaho de fijador al peinado, esponjoso, pero discreto,
apropiado para la circunstancia.
Cuando la Chunga
dio por terminada la tarea, la recién peinada salió disparada
hacia su abrigo, manoteó cien pesos que dejó sobre el mostrador,
al lado del secador y corrió a su bicicleta, en la que transitó
las dos cuadras que separaban "Peinados Chunga", de la
escuela. En el camino repasaba mentalmente el rosario de
preparativos para la visita del presidente y el ministro. Recordó
la llamada de la secretaria del subsecretario, para informarle que
su institución había sido elegida por el ministerio para una
entrega de botas y capas de lluvia por cuenta del programa
"Niñez sonriente"; y que la entrega la haría
personalmente el señor ministro en presencia del señor
presidente; como la señorita directora se daba cuenta, irían los
medios, por lo que la escuela debía estar hecha un jaspe, los
nenes pulcros, las maestras radiantes y sonrientes, etcétera,
etcétera, etcétera; si bien esto no tenía nada que ver con el
proceso electoral cercano, la señorita directora se percataría
de que los futuros recursos que el ministerio asignara a su
institución, dependían en buena medida del estado de ánimo del
señor ministro después de esta visita y ese estado de ánimo,
muchas veces estaba relacionado con la volubilidad de las
encuestas de tendencias de voto.
La señorita
directora se congratuló de su buena suerte, agradeció
efusivamente a la señora secretaria del subsecretario y empezaba
a hacer una relación de las necesidades actuales de la escuela,
cuando se dio cuenta de que le habían cortado.
La escuela estaba
ubicada en un barrio marginal, pobre, sucio, inculto, violento.
Pero también solidario, trabajador y leal. El deterioro general
de la economía del país, había mezclado en crisol frío al
obrero desocupado con el punga, a la señora que hacía limpiezas
con las muchachas que frecuentaban el bajo cuartelero, al tesonero
recolector de residuos con el bagallero de poca monta. Y con esos
materiales tenía la señorita directora, una comisión de fomento
de la escuela que era una maravilla. También era a veces, de
temer. Así que una vez les hubo comunicado las novedades y a 3
días de la visita, se llamó a asamblea de padres y madres, para
que la directora, de primera mano, les explicara los niveles de
limpieza y prolijidad que debían tener los niños ese día (y
todos los demás acotó, pero nadie se dio por enterado). Tengan
en cuenta que a los niños que luzcan mejor, les regalaran botas y
capitas de lluvia. Y si los señores se van conformes, después
vendrán otros recursos para la escuela. ¿Arreglarían los
baños? - preguntó una. ¿Y las bombitas? Porque en el turno de
mañana en invierno, todavía está oscuro. ¿Y pondrían
calefacción? -preguntó una muchacha jovencita, mujer de un cabo
de la seccional, provocando la hilaridad general. -Todo eso, todo
eso, prometió la directora. Ahora vamos a ensayar el Himno y Mi
bandera.
La comisión de
fomento trabajó los dos días siguientes, arreglando canteros con
flores, cortando el chircal del patio del fondo con cuchillas de
cocina, aceitando los goznes del portón de entrada, pegando con
mezcla las baldosas despegadas. Algunos no querían trabajar,
aduciendo que de todo eso se tenía que ocupar el ministro, pero
terminaron ayudando por no estar mirando sin hacer nada.
El día de la
visita, la escuela estaba deslumbrante. Cada niño había sido
revisado de piojos y los más revoltosos estaban en un aula bajo
vigilancia de dos maestras para que no se ensuciaran mientras
esperaban; a último momento los sacarían. El último momento se
hizo esperar. Los niños estaban en formación a la hora
prefijada, pero la comitiva llegó cincuenta minutos después (por
cuestiones de agenda, explico un funcionario a la directora, que
agradeció la explicación con cara comprensiva). Los niños ya
estaban muy inquietos, pero se portaron muy bien. Aún cuando las
cámaras comenzaron a filmar el entorno, para probar luces y
distancias, se mantuvieron quietos, a no ser por alguna que otra
manito saludando. Más difíciles fueron los interminables
discursos proselitistas. Y más aún, que no los dejaran cantar mi
bandera por cuestiones de tiempo. Pero el acto supremo de
disciplina de niños y padres, fue mantener filas, cuando el
ministro, flanqueado por dos amanuenses, eligió 50 niños y
niñas al azar, para entregarle las capas de lluvia y las botas,
sin tener en cuenta en absoluto los tamaños de unos y otras, ni
criterio más decisivo que la fotogenia de los elegidos, para que
las cámaras se regodearan en alguna lágrima o sonrisa
especialmente expresiva.
Después, el
mismísimo señor presidente, se acercó a la señorita directora
y le dio afectuosamente la mano, mientras las luces intemperantes
de los flashes la enceguecían al punto de que esas fotos nunca se
publicaron, porque en todas aparecía con los ojos cerrados.
De todos modos fue
poco lo que se publicó, por la actitud intolerante de los padres
y las madres. Especialmente los de la comisión fomento. No
entendieron, porque no dejaron que el subsecretario explicara, que
las botas y las capas de agua, había que recogerlas ahora, porque
iban para otra escuela y la comitiva, no podía andar con un
camión de capas y botas. Después les llegarían, intentó
explicar el subsecretario. Pero los padres no escuchaban, porque
el griterío de la gurisada, negándose a entregar sus prebendas,
el forcejeo con los funcionarios de los chiquitos más combativos,
algunas corridas abrazados a su regalo, de los acostumbrados a
huir, hacían que el diálogo fuera imposible. En la siguiente
escuela el señor ministro, solo pudo entregar capas y botas de
lluvia a cuarenta y dos educandos.LA
ONDA®
DIGITAL
Se pueden adquirir libros del autor por internet, en la librería virtual Entrelibros, en la dirección:
http://entrelibros.com
|