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Derecha
e izquierda se unen para defender a un Estado gordo
por César
Barrios
Que la situación
económica de Uruguay no es buena ya todos lo sabemos. Pero a
que sectores de la sociedad está afectando la crisis. Esta
pregunta podría decirse que tiene una sencilla respuesta: a
todos. Esto no es así. Es la primer gran mentira nacional con
la cual algunos conviven.
No todos están
mal. Aquellos que se sirven del Estado "gordo" no
sienten la crisis.
Tiempo atrás
cuando examinaba la caída de la recaudación fiscal (baja en el
IVA y demás impuestos) me llamó la atención algunos datos de
la realidad, como ser el incremento de los depósitos de
residentes.
A esto le sume
que hay una baja en el salario real de los empleados privados,
baja rentabilidad de las empresas privadas por una caída del
consumo interno y aumento del desempleo (por supuesto que sólo
en el sector privado).
Paralelamente
tenemos que en el sector público se da a nivel laboral aumento
de los ingresos reales de los sueldos públicos, un desempleo
tasa cero y rentabilidad de las empresas monopólicas.
Otros datos de la
realidad: el déficit del sector público, o sea del gobierno
central, se estima por estos días que está en unos 700
millones de dólares. El déficit, en mi concepto, está
compuesto fundamentalmente por una variable: las transferencias
a la seguridad social (BPS, caja Policial y caja Militar) y los
salarios de los funcionarios públicos.
El déficit es
eso, ya que los gastos del gobierno han bajado y la inversión
pública se ha hundido, cayó 25% en un año. Por otro lado
tenemos otro dato de la "real" realidad: los
depósitos en los bancos de los residentes, o sea aquellos que
viven dentro de Uruguay, han crecido en más de 400 millones de
dólares entre enero y setiembre de este año. De quién es ese
dinero?. Si bien no es fácil deducirlo, por el secreto
bancario, podemos sacar algunas conclusiones. Los sectores
industriales casi no tienen rentabilidad debido fundamentalmente
a la caída del mercado interno. Dudo que los industriales
estén guardando mucha plata en los bancos. Por otro lado, los
empleados privados que aún tienen trabajo, han visto perder
más de 2% sus ingresos reales.
Tampoco creo que
puedan ahorrar mucho. Quienes son los únicos que mantienen
ingresos constantes, con una suba del salario real: los
empleados públicos y los de las empresas públicas.
Sería
interesante saber cuanto del déficit del gobierno (U$S 700
millones) está terminando en cuentas bancarias de aquellos que
viven a costa del Estado (incluidos contratos de obra y otros
curros) y que prefieren no invertir hasta que "la noche
aclare". ¿Es que algunos funcionarios del Estado con
ingresos constantes (son de por vida, no se pueden bajar y no se
los puede despedir) están guardando dinero en los bancos?. Es
quizás una de las grandes preguntas de comienzos del milenio.
Vivimos en un
país donde el principal freno para su progreso es no querer ver
la realidad. La realidad acá es clara: el Estado sigue siendo
un "gordo" que cuesta caro y del cual viven miles.
No sólo aquellos
que trabajan para él, sino también sus proveedores que cobran
en algunos casos 50 mil pesos por revisar una camioneta de un
ente estatal o firman contratos para hacer edificios de lujo
para el Banco Hipotecario (señores del BHU: los arquitectos y
constructores cobran un porcentaje del valor de la obra, lo
sabían? o sea es más "rentable" construir edificios
con loza radiante que edificios para gente obrera).
O sea el Estado
no sólo reparte para adentro, sino también entre los amigos. Y
parece que existe un consenso entre las fuerzas políticas del
país (ya sea de izquierda, derecha o centro) de defender a este
modelo de Estado. Unos porque quieren seguir favoreciendo a los
amigos y otros porque argumentan defender las propiedades del
Estado y quienes trabajan en ellas. Ambos defienden al
"gordo", cada cual a su manera. Y mientras allá de
donde comer (los ciudadanos que no viven del Estado) el
"gordo" seguirá comiendo. La pregunta es que pasará
cuando se le terminen los víveres a este "gordito"
que a una parte de la población, (que aún sigue viviendo
acá), no le cae muy simpático. LA
ONDA®
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