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La lucha debe ser llevada a cabo en pro de la democratización mundial, contra la ignorancia que sostiene a los fanatismos políticos y religiosos

por Tte. Cnel. Av. ® Fernando Cardozo

El 11 de septiembre del 2001, sin lugar a dudas, es la fecha que marcó una nueva era de la humanidad, así como la destrucción de Constantinopla, EL GENOCIDIO perpetrado por el terrorismo islámico con los ataques han demostrado el caos en que está inmersa la humanidad, ha quedado demostrada la regresión que avanza en todos los ordenes que hacen a nuestras vidas. 

¿Hubiera podido ser evitada la tragedia del 11 de septiembre con mejores sistemas de control en los aeropuertos de Estados Unidos? La verdad es que, probablemente, no. Los secuestradores, según los primeros indicios, no disponían de armas de fuego, ni siquiera de navajas de metal que hubieran podido ser detectadas por las pantallas de la seguridad. Se valieron de cuchillitos de plástico y maquinillas de afeitar de inocente apariencia y de cubiertos y objetos contundentes que encontraron en los propios aviones. Todo lo habían previsto. Y, por supuesto, habían entrenado de manera impecable a sus pilotos kamikaze para reemplazar a la tripulación en los mandos, cortar las comunicaciones con las torres, y estrellar los aparatos, con rigor matemático, donde podían causar más daño. Es muy difícil, acaso imposible, que una sociedad abierta, no dispuesta a sacrificar la libertad y la legalidad de sus ciudadanos y a convertirse en un Estado policial en aras de la seguridad, esté en condiciones de vacunarse contra todo tipo de acciones terroristas. 

A nuestro criterio, la única vacuna que puede salvar a la humanidad es aquella que permita erradicar los fanatismos religiosos y políticos, así como los dirigismos económicos, que pudren la sociedad humana, y esa vacuna se llama DEMOCRACIA. 

El siglo XXI será el de la confrontación entre el terrorismo de los movimientos fanáticos (nacionalistas o religiosos) y las sociedades libres, así como el siglo veinte fue el de la guerra a muerte entre estas últimas y los totalitarismos fascista y comunista. La hecatombe ocurrida en Estados Unidos en la mañana del 11 de septiembre demuestra que, aunque pequeñas y dispersas, aquellas organizaciones extremistas partidarias de la acción directa y la violencia indiscriminada disponen de un extraordinario poder destructivo y pueden, antes de ser derrotadas, causar estragos vertiginosos a la civilización, acaso peores que los de las dos guerras mundiales.

Para obtener una imagen algo clara de la situación en que se encuentra creo oportuno visualizar las situaciónes de conflicto latentes antes del 11 de setiembre y los elementos que fueron marcando los cambios del mundo en que vivimos.

Cómo se librará la guerra en la era de la información

De la misma forma que la era industrial cambió las fuerzas militares, de igual manera lo hizo la era de la información. Las naciones industrializadas entregaron a sus fuerzas militares "herramientas" muy diferentes a las que ofrecían las naciones agrarias. Las naciones basadas en información equiparán y organizarán a sus ejércitos de una manera diferente a cómo lo hicieron sus homólogos industrializados. La importancia no estriba en si los cambios tecnológicos son los responsables de los cambios organizacionales o conceptuales, o viceversa. El verdadero problema es el siguiente: el surgimiento de la era de la información cambiará fundamentalmente la conducción de la guerra, de la misma forma que lo hizo la era industrial un siglo y medio atrás. Todo esto está ocurriendo hoy.

Antes del industrialismo, James Schneider explicó que "la estrategia de un sólo punto era el paradigma principal de la milicia", siendo la batalla decisiva de Napoleón el modelo. Pero el período comprendido entre 1860 y 1939, durante el cual la industrialización alcanzó un alto grado de madurez, produjo un nuevo paradigma.

La era industrial

Los objetivos militares requeridos para garantizar la victoria durante la era industrial aumentaron. Éstos no solamente incluían al ejército enemigo —el objetivo principal de Napoleón y de otros ejércitos antes de que surgiera la industrialización— sino también la capacidad y recursos bélicos del mismo: su infraestructura, sus industrias y sus materias primas. Un ejército no podía alcanzar estos aumentados objetivos en una sola batalla decisiva. Es por esto que, al pasar el tiempo, las campañas distributivas reemplazaron la estrategia napoleónica, la cual incluía una batalla decisiva para lograr un sólo objetivo.

Una campaña —una sucesión de batallas, enfrentamientos y operaciones mayores conducidas por un período de tiempo, en un área geográfica específica y en coordinación con un todo— reemplazó la noción de la batalla decisiva. Por último, la conducción de este tipo de campañas, ya fueran ofensivas o defensivas, requerían de enormes ejércitos dispersados que debían ser coordinados para causar un efecto común. Los comandantes de dichos ejércitos necesitaban una serie de destrezas diferentes a las de sus antecesores. En la época de Napoleón, los ejércitos ya no eran unitarios, sino que se separaban en divisiones y cuerpos de ejércitos. A medida que las fuerzas aumentaban en tamaño, surgían los ejércitos y los grupos de ejércitos. La milicia se tornó en una profesión; se puso en práctica la especialización y el sistema de personal evolucionó. En las naciones industrializadas surgió un sistema de instrucción militar que garantizaba que los oficiales adquirieran las destrezas conceptuales, técnicas y organizacionales necesarias para coordinar los esfuerzos entre los diferentes elementos de sus maquinarias bélicas. Hasta el mismo concepto del tiempo cambió .

Junto con el surgimiento de un nuevo conjunto de destrezas conceptuales, técnicas y organizacionales, se manifestó una explosión de innovaciones técnicas. 

El mosquete tipo fusil, la pólvora sin humo, el fusil y la ametralladora, los mecanismos de carga por recámara y las cintas de municiones, los alimentos procesados, los motores operados a vapor y luego con gasolina, el fuego de artillería indirecto, los ferrocarriles y el telégrafo, la mecanización y motorización, y otra cantidad de inventos que afectaron el alcance y capacidad letal de las armas y de la conducción general de la guerra. Otras invenciones tales como procedimientos administrativos y de contaduría, formularios preimpresos, mapas, medios técnicos para coordinar grandes cantidades numéricas, relojes portátiles de alta precisión, el telescopio y otros inventos no militares también impartieron sus efectos. El frente y la retaguardia se encontraron unidos mediante trenes y barcos, y luego por aire. Esta unificación aportó a un flujo continuo de personal, unidades y abastecimientos. Por lo tanto, las grandes formaciones, separadas geográficamente —controladas por un personal profesional y de continuo crecimiento— podían actuar como una fuerza unificada y trabajar arduamente hasta alcanzar la victoria, sin importar las bajas de personal o materiales. El resultado final fue la guerra, conducida y sostenida por años en múltiples teatros de dos guerras mundiales, y luego en una guerra "fría" que perduró casi cincuenta años.

Los avances tecnológicos afectaron tanto los aspectos conceptuales como los organizacionales. Un adelanto o cambio en uno repercutía sobre los demás. Sin embargo, lo que sí resulta claro es que la era industrial contaba con un método específico para conducir la guerra y el cual difiere del empleado durante la era agraria.

De esta manera, los ejércitos industrializados eran fundamentalmente diferentes a sus antecesores agrarios. Toda la actitud existente hacia la guerra cambió. Para los ejércitos industrializados, los "objetivos" se tornaron distributivos: las fuerzas enemigas, al igual que su infraestructura, sus industrias y sus recursos. Se tuvieron que formar, equipar, adiestrar, instruir y organizar a los ejércitos industrializados con el fin de conducir operaciones sucesivas en toda la profundidad del teatro, o múltiples teatros, y apoyar dichas actividades al pasar el tiempo. Los ejércitos industrializados necesitaban de una movilización y apoyo logístico continuos, de la retaguardia al frente y vice versa, de una comunicación centralizada, de un personal burocráticamente organizado y de formaciones grandes y duraderas.

Ambas guerras mundiales son un ejemplo para el industrialismo. En la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos se convirtieron en una "maquinaria bélica", capaz de realizar una producción continua a largo plazo y una concentración de armas, hombres, unidades y equipo. Forrest Pogue describe el plan de guerra de los Estados Unidos con estas palabras:"crearán una superioridad aérea, un fortalecimiento de las fuerzas navales, una producción industrial capacitada para armar a los defensores del Hemisferio Occidental, el equipamiento de fuerzas de tarea para operaciones en el Atlántico y en teatros de operaciones europeos, y el suministro de armas y abastecimientos a las potencias amigas, dondequiera que éstas se encuentren". Tres características del modelo de la Segunda Guerra Mundial son:

  • Una base industrial y una base de adiestramiento.
  • Producciones en masa de equipo, personas y unidades, los cuales serán distribuidos en grandes cantidades desde la base hacia el frente y que, de ser necesario, regresarán a la base.
  • Campañas y operaciones sucesivas; la "eterna línea del frente siempre avanzando", desde el este, procedente del Canal de la Mancha, y desde el oeste, desde Rusia o en dirección norte, hacia el Japón.

Éste fue también el modelo que permaneció vigente después de las guerras mundiales. Fue el modelo empleado por América y sus aliados para alcanzar la victoria en la Guerra Fría. Es la forma en que nuestro Ejército se ha estructurado, equipado, desplazado, organizado, adiestrado, instruido, apoyado logísticamente, comandado y controlado por más de 50 años.

Es un modelo que refleja los tres conceptos centrales que gobiernan la era industrial:

La máquina como un modelo

Las máquinas son sistemas mecánicos, que consisten en piezas intercambiables, producidas en serie, cada una con una función específica y única. Las partes se acomodan entre sí para formar un todo sincronizado. Al encender la máquina, ésta funciona automáticamente, arrojando productos todos similares entre sí. Utilizando este modelo, el trabajo se simplificó hasta el punto en que cualquiera podía ser adiestrado en ejecutar eficazmente una misma tarea una y otra vez. El taylorismo, el primer método administrativo de fábricas desarrollado y promulgado por Frederick W Taylor, dominó la teoría administrativa. La idea de que existía "una mejor manera" para hacer las cosas produjo trabajadores cuya función era hacer sólo una actividad. El trabajo pasó a ser una rutina, la administración se tornó rígida y el producto era previsible.

La "maquinaria bélica" y el "mecanismo de los negocios" son sólo dos de las muchas metáforas relacionadas con máquinas adjudicadas a seres vivientes durante la era de la industrialización. ¿Y qué controlaba estas organizaciones tipo máquinas? Una "burocracia opresiva", cuya característica principal era la rutina y la cual estaba compuesta de piezas intercambiables y producidas en serie (personas), cada una con una función específica (especialistas), las cuales al unirlas (departamentos), automáticamente sacarían un producto (integración y control), empleando un enfoque "científico" (análisis del sistema).

Producción por pasos, sucesiva, continua y a largo plazo

Las máquinas operan de acuerdo a un paso previamente establecido, regular y determinado por la "cinta transportadora". Si alguien aumentaba o reducía el paso determinado por la máquina, surgía el riesgo de romper la máquina o producir bienes imperfectos. Las máquinas de la era industrial, y las organizaciones formadas de acuerdo a ese modelo, trabajaban en sucesión. La famosa línea de montaje de Henry Ford se transformó en el modelo no sólo para la industria sino también para el gobierno, los negocios y la mayoría de las organizaciones. Los procedimientos en el mundo de los negocios eran en serie. El desarrollo del concepto, el diseño, la producción, la negociación, las ventas, cada uno iba después del otro, pero sólo después de haber recibido la aprobación centralizada con la cual se autorizaba el movimiento de un "departamento" a otro. Las burocracias perfeccionaron el concepto de la "cinta transportadora". Las máquinas y las organizaciones de la era industrial funcionaban debido a que operaban continuamente, produciendo el mismo resultado. Cualquier alteración que se tuviera que hacer en la línea de fabricación con el fin de cambiar el producto se consideraba un cambio drástico, por lo que se cerraba parte o toda la fábrica por semanas o hasta por meses.

 

Producción en masa

Tal vez la característica que mejor identifique a la era industrial sea que todo se hacía en masa: producción en masa, medios de comunicación en masa, mercados en masa, propaganda en masa, consumo en masa, educación en masa, distribución en masa, movimientos en masa y religiones en masa. "Un montón de cosas similares" era lo que las máquinas —ya fueran a nivel corporativo, político, económico, militar o de bienestar social— producían mejor y a bajo costo. Era eso lo que sabían "hacer mejor". En resumen, ésta es la síntesis de la industrialización.

Este concepto rector representaba el contexto en el cual vivimos nuestras vidas sociales, políticas, económicas y privadas. Dentro de las naciones "industrializadas" surgieron nuevas arquitecturas políticas, algunas veces producto del debate, otras del conflicto y ocasionalmente de una guerra civil. La historia de una era como reemplazo de otra es de tensión, caos y de un serio potencial de violencia. El cambio es fuente de incertidumbre, especialmente cuando ocurren muchos a la vez, cuando se desafían valores y estructuras fundamentales y cuando el futuro se presenta tan incierto.

Sin embargo, el dominio del modelo industrial terminó y la era industrial está llegando a su fin. La era de la información ha estado en conflicto con las instituciones de la era industrial por más de dos décadas. El resultado no será la eliminación total de las estructuras e instituciones industriales, sino el dominio de la era de la información sobre la industrial. La transformación de una sociedad industrial a una basada en la computación será tan profunda como lo fue el cambio de una sociedad agrícola a una industrial.

La era de la información

La era de la información —tal como lo hizo la era industrial antes— afectará las estructuras sociales, políticas y corporativas, al igual que la mayoría de las instituciones y organizaciones públicas, como también alterará nuestras vidas privadas.

La economía general de algunas naciones ya comienza a adoptar una nueva estructura, más diversa, de fácil adaptación, descentralizada, con mayor rapidez y más compleja. Un nuevo conjunto de principios y nuevos conceptos rectores comienzan a tomar forma. Los detalles permanecen parcialmente ocultos pero ya se pueden identificar. Los conceptos rectores de la era de la información se están cristalizando de la siguiente manera:

La red como un modelo

El industrialismo empleó el concepto de Isaac Newton, el cual establecía que, "en un modelo de máquina, ... las cosas se pueden desmontar ... y volverse a montar sin sufrir pérdidas significativas".Sin embargo, al substituir esta idea encontramos que al adoptar el concepto en el que se considera el todo en vez de las partes, entonces las relaciones entre las partes cobran importancia. En una red, los procesos —las relaciones existentes que benefician el flujo de información entre los componentes de una organización, fábrica o corporación— determinan la habilidad con que cuenta la organización para ser eficaz y competente dentro de la era de la información. Las responsabilidades continuarán siendo jerárquicas a medida que las redes computacionales se conviertan en algo común. Esto requiere que las organizaciones desarrollen "una red de información sofisticada que reúna datos precisos y exhaustivos sobre los mercados y las necesidades del consumidor, para luego combinarlos con los métodos diseñados más modernos y un procesamiento de producción integrado a un computador, y operar este sistema con una red integrada que incluya no solamente trabajadores altamente capacitados que sean parte de la compañía sino también a los abastecedores, distribuidores, detallistas y hasta consumidores". Para que la red sea un éxito, se necesitan empleados y administradores competentes y sofisticados.

Los empleados en una corporación de la era de la información no constituyen "piezas intercambiables y producidas en serie", sin otra contribución que la que ofrece su única función especializada a lo largo de una línea de montaje o en una burocracia. Por el contrario, los empleados se están tornando en —y en organizaciones exitosas ya lo son— contribuidores, colaboradores, comunicadores y miembros de equipos. La preparación e instrucción de los trabajadores —al igual que la longevidad, lealtad y confianza de los mismos— son factores sumamente importantes para las corporaciones de la era de la información. Ahora más que nunca la clave para el éxito es la calidad.

En una corporación organizada tipo red, las posiciones intermedias administrativas van desapareciendo a medida que sus dos funciones principales, transferencia de información y supervisión laboral, se tornan innecesarias. Esto se debe en gran parte a las computadoras, las cuales "hablan" entre sí mediante transferencias de información digital, y a empleados que, al recibir más atribuciones, se están autosupervisando. Los trabajadores, a causa del desarrollo experimentado durante la era de la información, están sufriendo cambios dramáticos. Las burocracias todavía existen, pero las mismas se reorganizarán basándose en la información, no sólo en funciones. De igual forma aumentarán los alcances del control, las organizaciones se reducirán y uniformarán, y los equipos a cargo del procesamiento de información cobrarán mayor importancia.

Los líderes se dejarán llevar por la percepción y los reglamentos y no por reglas basadas en procedimientos. La toma de decisiones, bajo estas condiciones, también cambiará. La mayoría de dichas decisiones serán descentralizadas, y aquéllas que permanezcan centralizadas se tomarán con la participación de varios individuos, reduciendo así el control que pudiera tener un sólo jefe o gerente. Las corporaciones exitosas se tornarán flexibles, aprendiendo cada día más y renovándose a causa de las realidades externas, cambios internos y condiciones del mercado. Pero a pesar de cómo se tomen las decisiones, las organizaciones exitosas tendrán que acelerar dicho proceso aún más que sus competidores. La velocidad —quizás el factor más importante dentro de la era de la información— es una de las ventajas más sobresalientes de la red computacional en comparación a la máquina.

Producción casi simultánea, continua y a corto plazo

El paso previamente establecido, regular y determinado por la "cinta transportadora" empleado durante la era industrial es cosa del pasado. Solamente aquellas organizaciones que sean flexibles y que operen con rapidez lograrán el éxito en esta nueva era competitiva. Hoy día, la competencia no surge solamente de adversarios tradicionales en sectores tradicionales, sino también de barreras desintegradas que anteriormente se encontraban en mercados aislados y protegidos. Actualmente son pocas las corporaciones que pueden pronosticar de dónde procederá el próximo competidor "similar" a ellas. La competencia surge inesperadamente de cualquier sitio.

A fin de lidiar con este grado de incertidumbre, las corporaciones de la era de la información buscan "comprimir el tiempo de desarrollo de un producto, reducir el intervalo entre la identificación de una necesidad para un nuevo producto y el inicio de su fabricación". Nuevamente, el tiempo que transcurre desde que se determina una necesidad, se toma una decisión y se lleva a cabo la acción, se va reduciendo cada día más. Por lo tanto, la velocidad en identificar y satisfacer los nuevos requerimientos del mercado va cobrando importancia. Las maquinarias inflexibles y los procesos burocráticos rígidos de la era industrial justifican sus gastos a través de la masa, pero la velocidad de una corporación de la era de la información transformará totalmente el mundo industrial.

Las corporaciones de la era de la información combaten a la competencia reduciendo tiempo; expandiendo sus acciones en la bolsa de comercio, su productividad y su rentabilidad; eliminando el concepto de "línea de montaje" de las mentes de los empresarios y reestructurando aquellas organizaciones que estén excesivamente burocratizadas. Éstas son las claves del éxito en la era de la información. La característica más fundamental y común dentro de la reestructuración de una empresa es la adopción de una red como parte de su modelo organizacional, en lugar de continuar con la mentalidad tipo línea de montaje. En una organización tipo red, "diversas funciones o tareas se han comprimido e integrado en una sola". 

Productos confeccionados para satisfacer grandes cantidades de consumidores, dirigidos precisamente a cierto grupo de consumidores, con una distribución casi instantánea

La propaganda y el mercadeo fueron las herramientas empleadas para convencer al cliente a que aceptara productos construidos en masa. Los precios bajos y la abundancia de productos ayudaron aún más a lograr dicha aceptación. Sin embargo, la "desmasificación" se está popularizando, siendo el mercado niche  el que reemplace a aquél en masa. Las corporaciones están capacitadas para adaptar un producto o servicio específico de acuerdo a las necesidades particulares del cliente. Actualmente existen productos de bajos costos, confeccionados para satisfacer grandes cantidades de consumidores y con una distribución casi instantánea. El diseño a la medida, la entrega instantánea, un producto o servicio adaptado al cliente y no el cliente al producto, es lo que identifica a los negocios en la era de la información.

 

Las máquinas encargadas de la producción en la era de la información pueden reajustarse a sí mismas, permitiendo así un flujo continuo y totalmente adaptado de producción. La producción en masa continuará ocupando un lugar dentro de la industria, aunque un poco más reducido. En la era de la información, la rentabilidad no será el resultado de la masa sino de la precisión: primero, al identificar las necesidades de un segmento específico del mercado; segundo, al desarrollar y producir un producto o servicio adaptado a dicho segmento específico; y tercero, al entregar el producto o servicio —todo esto con una rapidez mayor que la de la competencia. La innovación y velocidad constante serán los medios más importantes para retener la ventaja competitiva alcanzada.

A medida que avanza la era de la información, las empresas no gastarán dinero en una nueva tecnología para emplearla con métodos anticuados como tampoco preguntarán cómo podrán hacer las cosas mejor y más rápidamente. Estas interrogantes ya se han solucionado en las primeras etapas de la era de la información. Por el contrario las corporaciones se preguntarán: "¿Por qué hacemos algunas cosas?" Las empresas tendrán éxito cuando puedan explotar todo el potencial de la tecnología computarizada dentro de nuevas organizaciones y cuando desarrollen nuevos métodos de administración de los empleados y mejoramiento de los procesos laborales, nuevas formas de operación y nuevos conceptos gerenciales, a medida que estos nuevos elementos tecnológicos, organizacionales y conceptuales se vayan materializando. Es decir, tendrán éxitos aquellos que con mayor rapidez puedan "olvidar" las reglas de la era industrial y adopten las nuevas prácticas de la era de la información.

Los principios y conceptos rectores de la era de la información proporcionarán el marco necesario en el cual viviremos nuestras vidas sociales, políticas, económicas y privadas. Por ejemplo, en su obra The Power Game (El juego del poder), Hedrick Smith explica cómo el ritmo y "desmasificación" de la era de la información ya han cambiado nuestros procesos politicos.En el libro Reinventing Government (Reinvención del Gobierno), David Osborne y Ted Gaebler nos ofrecen varias sugerencias sobre cómo el gobierno puede lidiar con este nuevo ambiente político.Paul Volcker y Toyoo Gyohten, en su obra titulada Changing Fortunes (Fortunas cambiantes) describen cambios similares, necesarios por razones similares, en el sistema monetario mundial. Y en su artículo "The Tales They Tell In Cyberspace Are A Whole Other Story" (Las historias que oye en el espacio cibernético son muy diferentes), Jon Katz describe cómo la tecnología en la era de la información se está transformando y continuará cambiando el mundo de la prensa y de la industria cinematográfica.

Lo sabíamos hace tiempo -las malas películas catastrofistas de Hollywood lo habían anticipado con gran precisión de detalles- pero ahora, en las ruinas humeantes de las Torres Gemelas de Manhattan y del Pentágono de Washington, y los miles de cadáveres sepultados bajo los escombros causados por el peor atentado terrorista en la historia de la humanidad, tenemos la evidencia:  por lo que REPITO FINALMENTE, el siglo XXI será el de la confrontación entre el terrorismo de los movimientos fanáticos (nacionalistas o religiosos) y las sociedades libres, así como el siglo veinte fue el de la guerra a muerte entre estas últimas y los totalitarismos fascista y comunista. La hecatombe ocurrida en Estados Unidos en la mañana del 11 de septiembre demuestra que, aunque pequeñas y dispersas, aquellas organizaciones extremistas partidarias de la acción directa y la violencia indiscriminada disponen de un extraordinario poder destructivo y pueden, antes de ser derrotadas, causar estragos vertiginosos a la civilización, acaso peores que los de las dos guerras mundiales.LA ONDA® DIGITAL

 

 

 

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