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Desempleo:
diagnóstico y tratamiento El 16 de octubre en el aula de la Bolsa de Comercio bajo el título "Desempleo: diagnóstico y tratamiento", se llevó a cabo una mesa Redonda de la ACADECO. Los expositores fueron: Ec. Carlos Casacuberta, Ec.Gustavo Licandro, e Ing. Agr. Eduardo Palacios. Este evento fue dentro del ciclo del año 2001 sobre el tema del desempleo. Introducción "Desempleo: diagnóstico y tratamiento". La actualidad del tema es obvia, nuestro país está sufriendo una severa crisis económica siendo una de sus manifestaciones más dramáticas el alto nivel de desempleo. El hilo conductor de esta breve exposición será reseñar algunas de las principales causas que condujeron al actual desequilibrio y luego esbozar algunos tratamientos para corregirlo. En cuanto a la causa en sí del desempleo: ¿Qué nos enseña la ciencia económica que ocurre cuando el precio de cualquier bien o servicio es mayor que el que establecería el equilibrio entre la oferta y la demanda del mismo?. Pues que ocurre un exceso de oferta por sobre la demanda. Tendría que estar claro que dadas las actuales circunstancias, por ejemplo el nivel de tipo de cambio real, la mayor o menor salud financiera de las empresas, la cantidad de empresas, etc., la cantidad de empleo que demandan es menor a la ofertada por nuestra sociedad, es decir, en otras palabras, que los salarios están demasiado altos. Por más que nos parezca horrible el solo pensarlo porque ello lleva a la obvia conclusión de que tienen que bajar. Y por más horrible que nos parezca tratar al empleo como una "mercancía más". En cuanto a los tratamientos, desconozco, y por lo tanto no es mi propósito, inquirir qué medidas o qué tratamientos de los que expondré son políticamente viables, cuáles se podrían llevar a la práctica en seguida o cuáles haría falta un proceso de maduración indefinido -eso obviamente es tarea de los ciudadanos que tienen la responsabilidad de la conducción política de nuestro país-, sino que los expondré en este ámbito académico en la medida que no solo son motivo de mi preocupación, sino con la esperanza de que sirvan de estímulo para otros que con mayor dedicación y profesionalismo puedan desbrozar el camino que pueda conducirnos a la prosperidad. Concretando, trataré de esbozar una forma de sortear la rigidez laboral que aqueja a nuestro país, que como nos dijo el Ing. Solanet en la primera conferencia de este ciclo, encabeza la lista en América. Causas ¿Cuáles son los acontecimientos que han llevado a que los salarios estén demasiado altos para lo que demandan las empresas?. Acontecimientos
que provocaron el "atraso cambiario". Política
de estabilización con cambio fijo. En primer lugar creo que podemos colocar a la sobrevaloración del peso comúnmente denominado "atraso cambiario" producido como consecuencia no deseada de la política de estabilización iniciada en 1991. En los procesos de estabilización con tipo de cambio fijo, dependiendo del mayor o menor éxito en cuanto a la reversión de las expectativas inflacionarias, se produce un aumento en los precios de los bienes y servicios no transables, desequilibrio que tiene que revertirse en algún momento disminuyéndose los mencionados precios. He aquí uno de los problemas, o el principal, ya que el principal componente de los bienes y servicios no transables son los salarios, y nuestra legislación laboral impone una rigidez a la baja nominal de los salarios que desemboca en ajustes costosísimos. Tengo la impresión de que los economistas han subestimado la rigidez laboral a la hora de implementar las mencionadas políticas de estabilización con cambio fijo. Si la reversión de expectativas fuera exitosa no habría problema, como lo fue en la estabilización de 1968, donde luego del ajuste fiscal indispensable se implementó lo que se llamó "congelación de precios y salarios", la gente creyó en la estabilización, no hubo inercia inflacionaria, no hubo atraso cambiario, no hubo recesión, y el país se puso acrecer en el acto al 7 y al 8 % anual. Reducción
de aranceles al comercio exterior, facilitado políticamente por
el Mercosur. Además, al desequilibrio provocado por la inercia inflacionaria tenemos que sumarle el desequilibrio provocado por la rebaja arancelaria que se posibilitó políticamente a consecuencia del Mercosur. Si bajamos los aranceles el nivel de precios nominales internos también baja, y para mantener el nivel de salarios reales, los salarios nominales deberían descender, justamente lo que daría mayor competitividad en el comercio internacional. Otros
shocks externos mundiales Y además hemos tenido en estos años una serie de shocks externos mundiales como la crisis de Asia, la de Rusia, el efecto Tequila, con sus consecuencias como la caída del precio de la lana, el aumento del petróleo, etc., recientemente el problema de la aftosa, todos ellos con la consecuencia de que en conjunto como nación, nos hemos empobrecido. En otras palabras, si nos hemos empobrecido implica que los ingresos de cada uno deberían disminuir. Mirado por el lado de la balanza de pagos, si disminuye el flujo de dólares fruto de las exportaciones y aumenta el flujo hacia afuera debido a las importaciones, el nuevo equilibrio es un tipo de cambio real más alto, es decir menor nivel de precios internos, es decir menores salarios nominales, es decir una situación que encarezca las importaciones y abarate las exportaciones. Procesos
de ajuste en la región Claro está que todo este cúmulo de desequilibrios pudo ser sobrellevado porque estábamos dentro de la burbuja del Mercosur, donde Argentina y Brasil también con elevado "atraso cambiario" nos crearon un microclima donde subsistir. Pero la hora de la verdad fatalmente llega, y lo que estaba prescrito de la vuelta atrás en los precios luego de la inercia inflacionaria, tuvo las dificultades inherentes de la rigidez laboral y desembocó en la devaluación brasileña y en la recesión Argentina. Y por lo tanto también nos llegó a nosotros la hora de la verdad. Comentaba más arriba que tenia la sensación de que a los economistas se les estaba escapando algo en su consideración, porque a la hora de implementar las políticas llevadas a cabo, o se soslaya el problema del ajuste a la baja de los salarios o se confía en el aumento de productividad que sobrevendría y que arreglaría el desequilibrio. Pero explícitamente no se ha considerado el tema como parte de los procesos que se iniciaban. Dada la rigidez laboral ¿a qué costo bajan los salarios? ¿Y qué decir de los salarios de los empleados públicos, que no bajan, que además son inamovibles, y que terminan por aumentar el gasto publico de una manera fenomenal? Llevamos 10 años y estamos lejos aun de haber llegado a algo satisfactorio y con riesgo aún de que se vaya todo por la borda . Precisando un poco más, aunque haya cierto consenso en la conveniencia de la flexibilización laboral, me da la sensación de que se subestima la tremenda influencia negativa de la rigidez laboral en los procesos antes mencionados de estabilización y que terminan por hacerlos fracasar o a hacerlos de un costo desmesurado. Bases
para el progreso (y por ende alto empleo). Antes de continuar me gustaría considerar cuáles serían las condiciones básicas que posibiliten el progreso de los pueblos. Y concentrando la atención en el empleo que es el tema de hoy, cuáles serían las condiciones que harían que aumentara la demanda por puestos de trabajo, es decir, tanto de que aumentara el número de empresas demandantes como de que todas las empresas, las nuevas y las viejas demanden más empleados. Creo que la respuesta es creando las condiciones para favorecer la inversión. Pero también creo que no es introduciendo prebendas o privilegios para los nuevos inversionistas, sino todo lo contrario, creando un marco normativo tal, parejo para todos, y lo suficientemente estable , como para no ahuyentarlas. Creo que un ejemplo, de otro tema pero que explica de lo que quiero decir, fue la liberalización del mercado de cambios en 1974. Previo a ello había una escasez de divisas tal que hasta se había creado una policía especializada en la represión de los "especuladores" y "agiotistas" a quienes se les atribuía la responsabilidad de la misma. Pese al control de cambios y a la represión el panorama era desolador. Y para colmo se sumó el shock petrolero de 1973 que cuadruplicó el precio del petróleo y empezó la política agrícola común europea que hizo caer el precio de la carne a la cuarta parte. La liberalización del mercado de cambios y fundamentalmente (a esto quería llegar) la garantía de que los capitales que ingresaran podrían irse, hizo que nunca más escasearan. Es decir, la restricción a la salida se había convertido en un impedimento para la entrada. Análogamente tenemos que darle garantías a las empresas para no quedar rehenes de su inversión, y en el caso que nos ocupa, de que no quedarán rehenes de los empleos que creen. Si logramos crear esas condiciones, tendría como Consecuencia: aumento de las actividades de las empresas y creación de nuevas empresas y emprendimientos. Consecuencia: la mano de obra se tornaría relativamente escasa. Consecuencia: las empresas pujarían por la mano de obra escasa. Consecuencia:
tendían que ofrecer mayor salario por la escasez pero a su vez
podrían pagar mayor salario por el aumento de la
productividad fruto de la misma inversión. Consecuencias: Asalariados mejor capacitados Asalariados mejor remunerados Mejores condiciones laborales Mayor estabilidad laboral Proceso continuo de mejora Las
condiciones para el proceso continuo de mejora serían:
A
reformar: Rigidez
laboral. Remplazo del despido por un seguro de desempleo decreciente. Reforma
del sistema jurídico sustituyendo el derecho administrativo por
el "common law". El Poder Judicial debería ser el más
importante de los poderes del estado, ya que sería el que
aplicara la ley al caso particular. El
derecho administrativo trae inseguridad jurídica, trae
ineficiencia y es corruptor. Mayor
apertura comercial. Supresión
de monopolios.
Ejercicio
de la "Soberanía monetaria" en forma directa En cuanto a la estabilidad monetaria, creo que la mejor política monetaria es la que no existe. En líneas generales creo, como lo dijo Hayek, que no es bueno que los estados sean los emisores del dinero. No hay ninguna razón más que la breve tradición de unas décadas para que la oferta de dinero sea una función estatal. El estado, a lo largo de la historia y a lo ancho del mundo ha abusado del poder que le daba acuñar moneda, con graves consecuencias para sus respectivos pueblos. Pero en nuestro caso particular no tendría que haber ninguna duda. El área económica que significa nuestro país es absolutamente insuficiente para justificar tener una moneda propia. Está muy lejos de lo que sería un área óptima. El tener una moneda propia resulta perjudicial dado que aumenta la incertidumbre de las interrelaciones comerciales con el resto del mundo. Razonando por el absurdo, si realmente creyéramos que fuera deseable la emisión estatal, también podría serlo la departamental. ¿Cómo se podría trabajar con la incertidumbre que representarían 19 monedas, cada una con su diferente tasa de inflación y su diferente riesgo cambiario? La moneda local representa un factor adicional de riesgo, innecesario y contrario a la vocación de apertura comercial hacia el mundo de nuestro país. La moneda local no evita ninguno de los problemas monetarios mundiales ni de la región. No evita que cambie la paridad del dólar con respecto a las monedas europeas y se pierda o se gane competitividad en uno u otro lugar. No evita las consecuencias de los desequilibrios monetarios argentinos o brasileños.. No lo evita y sí los agrava, porque es un factor de incertidumbre y de desconexión con el mundo. Es ilusorio que podamos tener una política monetaria activa que nos pueda beneficiar en algo. De manera que la política de mi preferencia sería el ejercicio de la soberanía monetaria en forma directa por la población, que hoy por hoy indudablemente tiene preferencia por el dólar. Creo que tendríamos que tener la humildad de ver que los sistemas monetarios verdaderos son mucho más órdenes espontáneos que frutos de la ingeniería financiera de los bancos centrales. Si bien en base a legislación el gobierno puede interferir en el sistema monetario con mayor o menor daño a la comunidad, se trataría en definitiva como querer interferir en el lenguaje. Hasta ahora no se ha podido crear un lenguaje que sea aceptado. El lenguaje va evolucionando con "el aporte de todos pero sin el designio de nadie" al decir de Hutchison. En nuestro país (y prácticamente en casi toda América) nadie podría dudar que la moneda principal es el dólar estadounidense. Tratamiento. Avanzar
en la "dolarización" Hoy por hoy estaríamos bajo un sistema de competencia entre monedas, si es que se le puede llamar moneda al peso uruguayo. Pero gran parte de su uso es por obligación. Pero creo que sería saludable avanzar lo más posible en la dolarización, o mejor dicho en la desestatización de la moneda. Por ejemplo se tendría que poder pagar en dólares los impuestos y los peajes en las carreteras, se tendría que poder llevar las contabilidades para la DGI en dólares. Se tendría que desestimular en todo lo posible el uso de los pesos, incluso fijar topes a las tasas de interés hasta hacer que su uso sea únicamente el de unidad de cuenta para los precios fijados en pesos. Pero debemos tener en cuenta que hay factor que algunos críticos de la dolarización como Juan Andrés Fontaine en el artículo titulado "Official versus Spontaneous Dollarization" en el Volume 20 Number 1 de The Cato Journal, que dice que si los salarios no son totalmente flexibles lejos de crear un marco de estabilidad monetaria, la dolarización agravaría los impactos domésticos de los shocks externos. Creo no obstante que la dolarización tendría la virtud de poner el tema arriba de la mesa además de no ser relevante a ese respecto la diferencia con nuestra política actual. Además ¿cómo llevar a cabo, mientras, las reformas necesarias (todavía a la rebaja de aranceles le falta un trecho para recorrer) sin que fracasen o aborten bajo el bombardeo político y la incomprensión? Superación
de la rigidez laboral Como ya lo hemos dicho debemos superar la rigidez laboral a la baja nominal de salarios y así poder hacer los ajustes necesarios. Pero antes debemos hacer tres consideraciones importantes. Una, que rebaja nominal de salarios no necesariamente significa rebaja real, depende de como evolucionen los precios. Siendo la canasta de bienes de consumo aproximadamente compuesta por 2/3 de bienes y servicios no transables internacionalmente, y siendo que los precios domésticos seguirían a la baja a los salarios, la rebaja real apenas sería una fracción de la nominal. Y el que lo nominal no es lo mismo que lo real es un concepto que nuestra sociedad ha aprendido bien. En épocas no muy lejanas de alta inflación, si el aumento nominal de salarios no igualaba a la inflación era causa de conflicto. De manera que todo el mundo sabe que lo nominal no es lo relevante. Segunda consideración. ¿No sería mejor un régimen flexible que permitiera ir ajustándose a las cambiantes realidades del mundo a medida que ocurran en vez de un sistema rígido que nos haga desembocar en una crisis como la actual cuando los desequilibrios se hacen insostenibles? Tercera consideración. ¿Cuál es la alternativa? Hemos padecido un desequilibrio, nos hemos empobrecido pero el drama es que nos estamos empobreciendo más, en la medida que más empresas entran en dificultades que se hacen insalvables. Y si hay menos empresas, y las que quedan tienen cada vez más dificultades, cada vez hay menos demanda de empleados. Pero además, al haber cada vez menos unidades demandantes de empleados, mayor será la rebaja salarial necesaria para volver al equilibrio. Pero además cada vez nos empobrecemos más, porque no debemos dejar que la ilusión monetaria empañe la economía real. Si se produce menos obviamente vamos a disponer de menos. ¿Cuál sería la alternativa entonces a una rebaja nominal generalizada de salarios, que en definitiva sería asumir solidariamente el problema entre toda la sociedad, pero con el beneficio de conservar el parque de empresas demandantes de empleos y hasta de aumentarlo? ¿Es mejor acaso la poco solidaria situación actual, donde unos empresarios se endeudan hasta fundirse, donde padecemos este desempleo intolerable, donde los salarios del sector privado han caído a niveles impensados poco tiempo atrás, donde las empresas que sobreviven y la población en general deben soportar una carga fiscal asimismo intolerable, mientras por ejemplo los salarios del sector público, y en especial los municipales, han tenido aumentos reales increíbles y sus puestos de trabajo son inamovibles? Por otro lado nadie cuestiona que debemos reformar el estado. La carga fiscal que representa es intolerable, pero ¿hacemos como en Alemania después de su hiperinflación de los años 20 que tuvo que despedir a la cuarta parte de los empleados públicos? ¿Cerramos oficinas y empresas públicas aumentando el desempleo? O solidariamente bajamos nominalmente todos los salarios públicos en la misma proporción, hasta hacer soportable el gasto público, y luego sí, una vez reactivado el país, encarar sin demoras las reformas indispensables? Creación
de las "unidades salariales" Las monedas domésticas en constante depreciación han ocultado el problema durante décadas, y en cierta manera lo fueron "solucionando". ¿No podríamos inventar algo que tuviera un efecto similar pero que nos permitiera vivir con una moneda estable? Disfrutando de la estabilidad del dólar, la creación de una unidad de cuenta especifica para el pago de los salarios, disminuiría algunos de los problemas inherentes a la rigidez laboral, ya que su valor se podría ir fijando administrativamente en una suerte de "unemployment targeting", disminuyendo su valor nominal si aumenta el desempleo. Alternativamente su valor lo podría fijar el mercado, es decir, podría flotar, pero siendo nuestro país tan vulnerable a los shocks externos tendría una volatilidad muy alta, es decir, el mismo problema de la flotación cambiaria pura en áreas pequeñas. En el contexto de dolarización mencionado anteriormente, a la mencionada unidad ni siquiera es necesario inventarla, ya que el peso uruguayo podría cumplir esa finalidad. Simplemente como una unidad de cuenta en la que necesariamente deberían estar nominados los salarios para poder acogerse a las leyes laborales. Su virtud esencial sería la de trasladar las virtudes del tipo de cambio flotante a un sistema de tipo de cambio fijo afectando sus variaciones exclusivamente a los salarios. El complemento a esta medida sería prohibir los ajustes automáticos o generales de salarios nominales. Y para ir liberándonos de la rigidez laboral, habría que legislar que los salarios pactados en dólares u otra unidad monetaria, se regirían por el código civil y no por la legislación laboral. Final No tenemos que copiarle nada a nadie. Bastaría mirar un poco nuestra historia económica del siglo XIX, profundizar en su conocimiento y difusión del mismo, y tratar de volver a ser como aquel país. El Uruguay a partir de su independencia y durante varias décadas, no tuvo moneda propia. Luego que definió su moneda, esta era simplemente una definición de qué peso en oro representaba cada billete. Tampoco habían leyes laborales. Y en aquel Uruguay siglo XIX no sólo no había desempleo sino que había empleo y oportunidades de progreso para todos los que estaban y para los miles de inmigrantes que continuamente llegaban a ese país con uno de los niveles de vida más elevados del mundo -como pudimos apreciarlo en los trabajos del Dr. Díaz y del Ec. Bértola a fines del año pasado-, habiendo aumentado su población de 50.000 a un millón de habitantes en tres cuartos de siglo. Y por supuesto también profundizar en nuestra historia del siglo XX para sacar las lecciones sobre los errores en los que no deberíamos de caer nunca más. LA ONDA® DIGITAL |
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