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Preocupante
ausencia de debate sobre el El reciente
atentado a un juez se suma a una serie de hechos que vienen
sucediendo en Uruguay desde hace un tiempo y que bien pueden
definirse como hechos de terrorismo. El tema del
atentado en Rivera tiene varias aristas que merecerían más
de un análisis, pero el sentido de esta reflexión es ver
la ausencia de análisis del fenómeno del terrorismo por parte de
nuestra sociedad y principalmente por los dirigentes políticos y
sociales. El terrorismo como
comportamiento social y político tiene una larga historia en
Uruguay. Para decirlo en lenguaje directo de nuestros liceales
“nadie se salva”, como es notorio
estos días tiene emergentes internacionales que complican
cualquier razonamiento sereno. La sociedad
uruguaya tiene en el tratamiento explícito y público de
este tema una asignatura pendiente. Este tema en definitiva de ser
debidamente tratado reforzaría la calidad y la práctica
cotidiana de la democracia en nuestra sociedad. En particular es
una materia pendiente como definición política e ideológica
de todos los partidos políticos uruguayos. Al día de hoy es tan
patológica la posibilidad de tratar el tema, que tanto en
recientes reuniones parlamentarias como frente a las cámaras de
un programa de TV los protagonistas han resumido sus posiciones a
trompadas. El sistema político
no debiera perder ni ahorrar un minuto de tiempo en el
urgente tratamiento del tema. Pero si a la hora de tratarlo lo que
se busca es sesgarlo con definiciones sociológicas de mitin político,
o la inculpación de “derecha e izquierda”, nada se aportará
y las reglas democráticas seguirán borrosas, y lo que es más
grave una vez más los responsables seguirán sin ser juzgados. La democracia se
desarrolla y potencia en la medida que toda una sociedad la hace
suya, la rediscute cotidianamente y la ejerce. Los hechos
internacionales de estos días han mostrado una vez más la
preocupante imposibilidad que nuestros actores sociales y políticos
tienen para tratar públicamente el tema del
terrorismo. Son casi inexistentes los debates e intercambio de
ideas sobre este fenómeno. Este aspecto se agudiza
cuanto más alto es el perfil de nuestros lideres. Al ex presidente
Sanguinetti -que casi es la excepción si consideramos que
se ha presentado frente a cámaras de TV y ha escrito notas periodísticas
al respecto- no se lo ha visto discutir o debatir con ningún otro
líder. Hace pocos meses se
criticó agudamente a un grupo de liceales porque enfrentaron a
las autoridades del centro de estudio y al propio local a
pedradas. Varios jerarcas de la enseñanza definieron el hecho
como terrorismo o dificultad para el ejercicio de la
democracia. Si tomáramos sus definiciones como válidas y pensáramos
en un futuro camino a recorrer luego en las aulas,¿qué material
teórico de riguroso análisis histórico y de
comportamiento contemporáneo sobre el terrorismo en Uruguay
utilizarían los docentes cuando debieran abordar este tema en los
centros de estudio?. ¿Se pensará acaso utilizar los casi sin
excepción resecos manuales que circulan en nuestras
aulas o venerables y sustancioso conceptos
de nuestros grandes lideres históricos pero carentes de la
imprescindible impronta de los hechos contemporáneos? El periodismo puede
aún hacer más por estimular un extendido debate sobre el tema. Matar un juez en Rivera o en cualquier parte del mundo es un mal síntoma del funcionamiento de la democracia. Nadie tiene que sentirse prescindente de revisar las causas que dan lugar a que esto suceda. LA ONDA® DIGITAL |
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