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Miguel Díaz, asesor del Congreso de los EEUU
en seguridad

''Bin Laden va a ser reemplazado por otra persona y viene un mundo de lo mismo''
por Raúl Legnani

Fue el martes 13 a las 16 horas que llegué a 1800 K Street, en un Washington surcado por aviones de guerra. Mi intención era entrevistar a un gringo que hablara español. Luego de algunas gestiones me presentaron a Miguel Díaz, director para Sudamérica en el proyecto Mercosur del Centro de Estrategia y Estudios Internacionales. Allí supe que era un experto en seguridad y asesor del Congreso de Estados Unidos. Recién allí me di cuenta que ese mismo Centro se disponía a establecer relaciones con nuestro Parlamento. Para ello estaba en esa ciudad el presidente de la Cámara de Diputados, Gustavo Penadés. Con Díaz hablamos durante 50 minutos, interrumpidos tres veces por llamadas telefónicas, ante las cuales yo debía retirame de su oficina. Lo que sigue es parte de esa entrevista

--¿El Centro es independiente o depende del Estado o de algún partido político?

--Es un centro que ya tiene unos 50 años. Originalmente estaba vinculado a la Universidad de Georgetown, luego se independizó. Recientemente es financiado, mayoritariamente, por el sector privado --recursos de fundaciones-- y muy poco, pero muy poco, del gobierno. El 85% del financiamiento es del sector privado.

--¿Sobre qué temática trabajan?

--Nosotros asesoramos al Congreso. Tenemos la mejor reputación en el tratamiento de los temas de seguridad. Una buena parte de la gente que ha trabajado está vinculada, de una forma u otra, al aparato de Defensa de los Estados Unidos. Nuestro presidente actual fue la segunda persona encargada del Pentágono, durante la administración de Clinton. Estamos bien representados en esa área. Nuestro objetivo no es solamente proveer sobre esa materia, sino también sobre otras materias que podrían afectar las relaciones de Estados Unidos con otros países.

Yo trabajé como banquero en Nueva York durante diez años, tratando principalmente con Latinoamérica. Pero la mayor parte de la gente que está aquí, de una forma u otra, ha tratado el asunto de seguridad de una manera general.

--¿Cómo encaran el problema de la seguridad? ¿Es sólo un problema militar o es también un problema económico?

--Eso es lo interesante. Los problemas de seguridad son algo mucho más complejos que una cuestión militar. También vemos la política y lo económico en su totalidad. De los estudios que hay en Washington somos los más respetados, contando con un grupo de estudio bipartidario. Tenemos la reputación de ser verdaderamente balanceados en ese sentido. Nosotros tenemos una política plural. Somos bien balanceados.

--Veamos la seguridad sin el tema militar. ¿Cuáles son los temas más preocupantes de la agenda del Centro?

--Con lo que pasó el 11 de setiembre estamos haciendo un buen tratamiento del tema. Hasta ahora el Centro se ha dedicado a tratar de resolver esta crisis y los problemas de seguridad en este mundo en que vivimos. Yo, particularmente, manejo el programa de Sudamérica. Y hemos tratado, en varias ocasiones --en conferencias, en paneles, en estudios-- sobre cuáles son las implicancias de lo que pasó el 11 de setiembre en Latinoamérica, particularmente en Colombia y hasta cierto punto en Venezuela. A la vez se ha abierto una buena oportunidad entre Argentina y Estados Unidos.

--Uno tiene la impresión de que para Estados Unidos era más fácil comprender la realidad cuando existía el mundo bipolar. ¿Podemos decir que hoy a Estados Unidos le preocupan más las masas desheredadas que pueden reaccionar en forma ilógica, no con la lógica de aquel mundo bipolar? ¿Ya no importan tanto los partidos comunistas?

--Sí, los nuevos desafíos son mucho más diferentes y diversos, que tienen que ser apreciados de una forma mucho más profunda que en el pasado. Hoy los enemigos de los Estados Unidos no son países, son fuerzas dinámicas en un mundo de países y también dentro de Estados Unidos. El desafío del terrorismo tiene que ser definido de una forma diferente, porque nunca hemos visto lo que estamos viendo ahora.

Es un terrorismo muy diferente al que se presentaba en otros países. Los miembros del grupo de Bin Laden están dispuestos a suicidarse para ejercer su política. Verdaderamente es un fenómeno nuevo, que nunca habíamos visto en el pasado.

--¿Estados Unidos estaba preparado para este cambio que se produjo el 11 de setiembre?

--Yo no trato esos problemas aquí en el Centro. Tenemos un grupo especial que se encarga de ello diariamente. Yo sólo enfoco mi trabajo hacia Latinoamérica y hasta ahora no hemos visto nada similar en este continente. Aunque hay algunas dinámicas que son preocupantes...

--¿Colombia?

--Colombia preocupa, porque vemos en ese país la misma raíz que resultó en el movimiento talibán. Ahí la conexión de las drogas y la política nos preocupa. Yo comparto cómo el gobierno de los Estados Unidos visualiza que en Colombia hay un grupo terrorista y no necesariamente un grupo político. Esa es mi visión personal.

--¿Su tesis es que la guerrilla colombiana fue un grupo terrorista que se transformó en una organización terrorista?

--Sí, con el tiempo la política de las FARC y del ELN ha cambiado bastante. Quizás tuvieron su motivo político, pero la influencia de la droga, del dinero que la droga atrae, pero ahora ha cambiado la sustancia de estos grupos. Personalmente los veo como grupos terroristas más que un grupo político. Y así lo ve Estados Unidos.

--¿Hoy preocupa más Colombia que Cuba?

--Bueno, sí. Yo diría que en términos de prioridades de este gobierno, Colombia ha superado el interés de Cuba.

--¿Cómo evaluaron ustedes la reacción de Fidel Castro ante el atentado del 11 de setiembre?

--No quiero comprometer con mis palabras al Centro, yo soy especialista en Sudamérica.

--¿La Triple Frontera en Sudamérica es una preocupación para su país?

--Sí, sí. Tiene vinculación directa con lo que pasó el 11 de setiembre.

--¿Por qué está convencido de esa vinculación directa?

--Hay reportes muy creíbles de que grupos militantes del Talibán están trabajando en esa parte del mundo. No solamente usando esa zona para descansar, sino también para recaudar fondos y lavar dinero. Es un lugar que verdaderamente sostiene a este grupo que ha cometido ese acto terrorista.

La conexión es una línea directa que vemos necesario cortar, para que lo que ocurrió el 11 de setiembre no pase de nuevo. La Triple Frontera fue una preocupación en el pasado, pero después del 11 de setiembre se ha vuelto una prioridad resolver que esa área entre Brasil, Paraguay y Argentina no ayude a que se repita el 11 de setiembre.

--¿Venezuela es la otra preocupación?

--La posición que Venezuela ha tomado con lo que pasó el 11 de setiembre no ha sido constructiva, ha tomado la política menos constructiva de los países de América del Sur. Hugo Chávez catalogó a nuestra ofensiva como un acto terrorista y nosotros no lo consideramos así. También molestó que en su último viaje parara en Libia.

Para un país que históricamente ha sido un aliado de Estados Unidos, esperábamos mucho más apoyo de lo que Venezuela nos ha dado hasta ahora. La relación de Estados Unidos con Venezuela se va a empeorar.

Preocupa que la visión de Chávez no esté en acuerdo con nuestro punto de vista sobre cómo vemos el problema mundial del terrorismo.

Nosotros vemos al terrorismo como algo que tiene que ser atacado directamente, para eliminarlo. En el caso de Chávez vemos señales que indican que él está, de cierta manera, coqueteando con estos grupos terroristas. Como dijo el presidente Bush hay que estar a favor o en contra del terrorismo y no hay un lugar en la mitad. Y Chávez está tratando de jugar el juego de la mitad y eso, para nosotros, no es aceptable.

--Hablamos sobre el lavado de dinero. ¿Hay un sistema banquero sano en América del Sur?

--Hay una gran preocupación sobre esto. Incluso en Uruguay se están prestando a ese género de trabajo. Creo que el tema del lavado de dinero va a ser otra de las prioridades del gobierno de Bush, para asegurarnos de que Latinoamérica no se use para el lavado de drogas, ya que una buena parte del flujo de recursos viene de Latinoamérica. Nos preocupa que los sistemas bancarios no estén lo suficientemente fuertes para tratar eficazmente el problema.

--¿Qué habría que hacer para que el sistema se vuelva eficaz?

--Tienen que tener buenas reglas, buenas leyes, pero también tienen que tener la capacidad de ejercer esas leyes. En el caso de Latinoamérica en general esas leyes son apropiadas, aunque quizás haya que hacer algunos cambios. Pero el problema más grande es asegurarnos de que las leyes se cumplan.

--¿A ustedes les molesta el secreto bancario?

--En principio no, pero hay ciertas limitaciones en términos de qué debería ser secreto. En el caso de grupos terroristas o afiliados con la droga, se tienen que establecer algunas excepciones.

--Pero la mayoría de nuestros bancos son extranjeros, ¿ustedes tienen control de las casas centrales bancarias que están en Estados Unidos, Europa o Japón? ¿Esas casas centrales controlan a sus filiales latinoamericanas?

--No soy un experto en esa área, pero sí hay un gran esfuerzo de tratar con esas bancas en Estados Unidos para que sean más activas en resolver estos problemas. El tema clave aquí es hacer cumplir la ley. Aquí en Estados Unidos tenemos la buena reputación de que las leyes son cumplidas, pero en el caso de Sudamérica no tanto. Ese es el gran problema.

--El presidente de Uruguay, Jorge Batlle, ha dicho que si se liberalizara la venta de la droga, se le daría un duro golpe al narcotráfico. ¿Hay alguien que se anime a hacer eso en el mundo?

--Eso políticamente es imposible. Lo correcto es asumir una postura mucho más agresiva contra la droga. La idea de legalizar el uso de drogas es una política muy suave y no es viable.

--A Estados Unidos se le critica que rechace la droga pero que se consuma la droga masivamente por parte de su sociedad. ¿Cómo se atiende ese desequilibrio?

--En el presente estamos tratando de reducir el uso de la droga en Estados Unidos. Hay que dar mucho más apoyo a grupos que ayudan a los drogadictos y para ello habrá que volcar más recursos. Pero la legalización del uso de la droga no es parte del diálogo de aquí, de Washington. Eso no está en la agenda, aunque algunos lo han propuesto pero no fueron considerados seriamente como una postura viable.

--En Uruguay hay una pequeña ciudad fronteriza con Brasil que se llama Chuy. Se dice que tendría vínculos con la Triple Frontera. ¿Ustedes manejan esa información?

(Silencio prolongado) --Verdaderamente no sé lo suficiente para responder a esa pregunta. Instintivamente creo que debe de haber algún vínculo entre las dos zonas, pero no tengo ninguna evidencia para decir sí o no.

--Dentro de la estrategia de la seguridad, ¿importan el petróleo, el agua y la aftosa?

--Uno tiene que tener mucho cuidado para no conectar todos estos temas como parte de la política de seguridad. Hoy el tema es muy concreto y es cómo eliminar los grupos militantes islámicos que tienen la directiva de destruir Estados Unidos. Después de resolver estos problemas, quizás haya otros temas vinculados. Pero por ahora lo importante es la guerra contra el Talibán y Osama Bin Laden. El 90% de toda nuestra energía está enfocado hacia allí. Lo que puede esperar, se tratará después de esta crisis.

Esos temas que usted mencionó se relacionan, de una manera u otra, con esta guerra, pero no es bueno ni saludable tratar esto de una manera global. No se puede resolver todo al mismo tiempo.

--El trabajo de Inteligencia es muy importante...

--Sí.

--¿Fracasó la Inteligencia de Estados Unidos?

--Obviamente fracasó. Siento que la Inteligencia sobre el terrorismo en general y Latinoamérica en particular había perdido el enfoque. Con el final de la guerra en Perú, con la eliminación del MRTA, sin tomar en cuenta Colombia, el tema del terrorismo había disminuido. Presiento que no hubo una gran inversión de parte de la comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos en averiguar lo que estaba pasando con grupos terroristas en Latinoamérica y sus vínculos con Osama Bin Laden. Grupos muy difíciles de penetrar, porque culturalmente son millones de años de distancia de los Estados Unidos. Hubo limitaciones y hemos pagado por eso. Por eso ahora es importante que Estados Unidos le dedique a esta falta de inteligencia los recursos que sean necesarios. Creo que hay interés en hacerlo.

--Me imagino que hacen estudios de opinión pública en Latinoamérica. Tengo la impresión de que los gobiernos han estado más cerca de Estados Unidos que la gente. Es que el 11 de setiembre fue una tragedia pero también el 11 de setiembre de 1973 se bombardeó hasta la muerte al presidente Salvador Allende en Chile. ¿Cómo ve este fenómeno?

--No comparto esa premisa. Creo que en general el apoyo y el respeto a los Estados Unidos se ha estado incrementando en toda Latinoamérica. Como país somos asociados con las buenas cosas que están pasando. Creo que cuando hay críticas a Estados Unidos, vienen de algunos grupos minoritarios, que tienen la capacidad de influir y que son muy vocales con sus críticas. Pero la tendencia es que a los Estados Unidos se le vea mucho más positivamente que en el pasado.

--Después de la caída de Bin Laden, ¿qué viene?

--Lamentablemente viene un mundo de lo mismo. Bin Laden va a ser remplazado por otra persona. Allá hay millones que están dispuestos a remplazarlo, hasta que los problemas básicos de esos países sean resueltos. Y este será un problema que va a estar con nosotros durante un buen tiempo. Hay la posibilidad de que otros, en otra parte del mundo, que no estén satisfechos con su vida o su bienestar, usen la misma táctica que usaron los musulmanes contra los Estados Unidos. Es posible que en Latinoamérica grupos militantes tomen como ejemplo lo que pasó el 11 de setiembre para hacer algo similar.

--¿No volvemos al 10 de setiembre?

--No creo. Es imposible para los Estados Unidos tener la misma posición o la misma vista que hemos tenido con el mundo de antes.

Hemos abierto los ojos a un mundo que estaba ahí, pero que como país no habíamos reconocido. Históricamente nosotros hemos sido un poco románticos y aislados del mundo. Como país no entendemos el mundo de la forma que lo deberíamos entender. De ahora en adelante el mundo ha cambiado para los Estados Unidos. A lo que pasó le vamos a responder a nuestra propia manera, basados en nuestra propia cultura, con nuestros propios valores y principios. Vamos a responder de una manera norteamericana.

--Después de Bin Laden, ¿Estados Unidos debe impulsar un desarrollo más equitativo para todo el mundo?

--Eso siempre lo hemos querido. Hemos empujado la libertad de comercio mucho antes que otros, aunque en nuestra sociedad hay un grupo que resiste eso. Este progreso no lo ha trancado solamente Estados Unidos, también lo ha hecho Europa. Yo creo que llegará el día del fast track y donde la agenda de liberación de mercados va a seguir. Aunque quizás ahora no tenga la prioridad necesaria.

--¿Qué papel deben jugar las Fuerzas Armadas latinoamericanas? ¿Deben sustituir a la Policía en la lucha contra el terrorismo?

--Eso dependerá de la contribución que cada país haga a la lucha contra el terrorismo. No se puede comparar la Policía de un país con otro, por eso no se puede generalizar. Estados Unidos aprecia el caso de Argentina que se ofreció de inmediato para la lucha contra el terrorismo. * LA ONDA® DIGITAL


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