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"Defiendo
el derecho a la propiedad privada y a gozar de sus frutos, aun
frente a situaciones de desamparo social" Ante la ejecución judicial de productores agropecuarios la comisión de GANADERIA, AGRICULTURA Y PESCA del Senado, invito al ministro de Economía Alberto Bensión, a su reunión del 13 de noviembre pasado. Allí como en pocas oportunidades en el ámbito de las comisiones parlamentarias un ministro, en este caso el encargado de la economía uruguaya realiza consideraciones, que como el mismo las define son: de orden filosófico, económico y social. A continuación La ONDA digital publica la versión taquigráfica. Estaban presentes los Senadores José Mújica, José Jorge de Boismenu, Reinaldo Gargano, Luis Alberto Heber, Rodolfo Nin Novoa, Carlos Julio Pereyra, Walter Riesgo, Wilson Sanabria y Albérico C. Segovia, y el Presidente del Senado, Senador Alejandro Atchugarry. SEÑOR
PRESIDENTE.- Habiendo
número, está abierta la sesión. (Es
la hora 8 y 15 minutos) La
Comisión de Ganadería, Agricultura y Pesca tiene el gusto de
recibir al señor Ministro de Economía y Finanzas a esta hora tan
inusual, quien ha venido a requerimiento de los señores Senadores
de la Bancada del Partido Colorado para considerar el proyecto de
ley presentado por el señor Senador Pereyra que tenemos a
estudio. Nos pareció poco menos que imprescindible contar con el
punto de vista de quien tiene la responsabilidad de esa Cartera,
incluso por la coyuntura que estamos viviendo. SEÑOR
MINISTRO.- Quiero
comenzar con un reconocimiento muy sincero a la tarea de esta
Comisión, que comienza su jornada a horas tan tempranas, como una
muestra evidente de la dedicación a su tarea. Agradezco
al señor Presidente y a la Comisión la invitación de que he
sido objeto. Más allá de mi persona, creo que el tema que está
hoy a consideración de la Comisión está íntimamente
relacionado con el funcionamiento y la evolución de la economía
y, por lo tanto, es un aspecto central para el Ministerio cuya
titularidad ejerzo. Voy
a tratar de ser lo más objetivo posible. Alguna de las
afirmaciones que haga pueden ser -como sin duda los señores
Senadores saben- controvertibles, ya que es un tema en el que están
en juego consideraciones de orden filosófico, económico y
social, y yo no sería leal conmigo mismo, con el cargo que ejerzo
ni con ustedes, si diera una visión ligera y superficial de un
tema que creo que es fundamental para la vida del país. Quiero
comenzar mi exposición -sin el ánimo de polemizar ni de generar
debate- diciendo que mi función en el Ministerio de Economía y
Finanzas debe limitarse, en lo posible, a tratar de llevar
adelante de la mejor manera posible los complejos asuntos que
tengo a mi cargo, y no me corresponde venir a debatir aquí con
los señores Senadores sobre temas de alta sensibilidad política
o de otro punto de vista. De todas maneras, creo que es mi
obligación dar mi visión más franca y abierta sobre el tema que
nos convoca. Voy
a dividir mi exposición en cinco capítulos principales, a los
que me voy a referir en forma muy breve, pero sin dejar pasar
ninguno de estos temas que me parecen centrales a la hora de
emitir un pronunciamiento sobre este proyecto que está hoy a
estudio de la Comisión. En
primer lugar, y sobre lo que podríamos denominar un concepto
general de la relación entre los derechos de propiedad y la
evolución económica de un país, debo decir que todos quienes
estamos aquí tenemos muy claro que, sin duda, hay una relación
muy definida y estrecha entre el derecho de propiedad y la evolución
económica de un país. La estabilidad y seguridad de los derechos
de propiedad es uno de los aspectos fundamentales para la
disposición a invertir, a consumir y a trabajar en la economía.
Está claro que la formulación de programas, planes,
expectativas, por parte de los agentes económicos -me refiero
tanto a los empresarios como a los otros sectores de la sociedad-
parte de la base de una regla de juego bien definida en cuanto a
la estabilidad de los derechos de propiedad. De no ser así, de
existir dudas sobre este presupuesto, está claro que las
conductas de los agentes económicos serían radicalmente
distintas. Si quien invierte en un país no tiene seguridad sobre
el marco en el que habrá de desarrollar esa inversión y el
derecho de propiedad que ella conlleva, está claro que esa
inversión no se hará o pedirá una alta tasa de rentabilidad,
que no siempre es posible en actividades o circunstancias normales
de la economía. Siempre
me he acercado a estos proyectos de suspensión de ejecución y de
refinanciación de adeudos, en primer lugar, basado en el
pensamiento que estoy exponiendo. En términos generales se trata
de -y no quiero hacer referencia, concretamente, a este proyecto,
sino a la corriente de pensamiento en la que se han inspirado-
proyectos que ponen en duda la vigencia de los derechos de
propiedad en un país. Me
apresuro a señalar que, al igual que los señores Senadores,
conozco que en determinados momentos, casos y circunstancias, el
derecho de propiedad debe ceder a los imperativos o dictados que
marcan el interés general. Pero, en ese caso, creo que las
sociedades modernas, desde hace mucho tiempo, han buscado una
forma perfectamente clara de conciliar ambos extremos que
consiste, obviamente, en que cuando se limita el derecho de
propiedad, o cuando de alguna manera se lo afecta es, en primer
lugar, hacia el futuro y nunca con retroactividad, y en segundo término,
cuando se legisla aun con retroactividad, se paga una compensación
por ese derecho de propiedad que se afecta. En definitiva, se
trata más o menos -aclaro que no soy abogado- del concepto de una
expropiación en la que, por determinadas razones, la sociedad
entiende del caso hacerse de una propiedad privada y, en
consecuencia, a través de los procedimientos que correspondan,
indemniza al propietario de ese derecho o bien. Debido
a mi actividad anterior, me consta que en el país hay un debate
de orden jurídico -por llamarlo de alguna manera- acerca de en qué
medida los derechos de créditos son o no constitutivos o
asimilables a un derecho de propiedad. Obviamente, como recién
mencioné, no soy abogado, pero como economista afirmo con total
convicción que sí lo son y que desde mi punto de vista
profesional tanto vale para el derecho de propiedad un campo, una
casa, una heladera o un crédito. En consecuencia, este tipo de
proyectos que afecta la vigencia del derecho de propiedad y crean
dudas sobre su aplicación en el tiempo, son para mí un obstáculo
de fundamental importancia en la evolución económica de un país.
Desde
otro punto de vista, y siempre sobre el mismo tema, quisiera hacer
otra reflexión que, a mi juicio, no es menos importante. El
Uruguay es un país capitalista imperfecto -sobre esto todos
vamos a coincidir aunque, seguramente, las valoraciones serán
distintas- en el sentido de que tiene predominio de la actividad
privada y una fuerte intervención del Estado. Si bien el grado,
las bondades y los defectos es un tema que podemos discutir
-aunque seguramente este no es el momento más adecuado para
hacerlo- quiero señalar que no es un país capitalista por
excelencia, en el sentido de que únicamente predomine la
actividad y la propiedad privada. Me
acerco al problema de la organización de la sociedad uruguaya y
al de la ubicación de la propiedad privada con una aproximación
muy firme, ya que estoy convencido de la importancia de la
propiedad privada y de la utilidad de la función que ésta cumple
en el desarrollo económico de un país.
Más aún, estoy convencido de que hay una íntima vinculación
entre la propiedad privada y la libertad, en el sentido democrático
pero, sobre todo, lo que quiero decir ahora, con relación a la
idea que hoy nos convoca, es que estoy profundamente convencido y
que defiendo el derecho a la propiedad privada y a gozar de sus
frutos -que en el caso de la inversión privada obviamente es la
ganancia y la rentabilidad- aun frente a situaciones de desamparo
social o a aquellas que puedan significar un fuerte contraste
entre un asalariado de bajos recursos enfrentado a esta cuestión
básica de la defensa de la propiedad privada, siempre en el
entendido de que justamente defiendo a la propiedad privada, entre
otras cosas, porque quien la ejerce, quien va a hacer uso de sus
frutos, corre un riesgo y es el de fracasar y perderla, en el caso
de que sus negocios no marchen bien. Para mí está claro que la
vigencia de la propiedad privada en una sociedad moderna está íntimamente
asociada a esta posibilidad, a esta eventualidad. Sin una no se
justifica la otra, al menos desde mi punto de vista.
Personalmente, no tendría la misma convicción de carácter e
ideológica para defender la vigencia de la propiedad privada si
al mismo tiempo no existiera la contrapartida de riesgo inherente
al ejercicio de una actividad privada, que es la del eventual
fracaso de ese emprendimiento. El
segundo capítulo al que quería referirme tiene que ver con
algunas características y detalles de lo que ha sido la discusión
sobre el endeudamiento del sector agropecuario en el país, que se
ha dado desde hace tiempo y ahora surge nuevamente como
consecuencia de las circunstancias que estamos viviendo. A mi
juicio, desde hace un largo tiempo hay en el país una visión
profundamente equivocada de una parte de la dirigencia rural con
esa insistencia permanente en las refinanciaciones y en la atención
a la deuda del sector agropecuario como una obligación poco menos
que ineludible de los poderes políticos que, en definitiva,
conformamos el Poder Ejecutivo, por un lado, y el Parlamento, por
otro. En
apoyo de esta concepción que estoy exponiendo se pueden decir al
menos dos cosas. La primera de ellas es que la insistencia,
continuidad y persistencia de este mensaje, de esta prédica, de
esta bandera que ha levantado una parte de la dirigencia rural
desde hace tiempo, ha ido condenando progresivamente al
aislamiento del sector agropecuario de las fuentes naturales de crédito,
como lo es la banca privada entendida como un negocio moderno en
el que se presta de acuerdo con el riesgo de cada deudor y con el
negocio que éste emprende. Esta especie de discusión
colectiva sobre la situación de los deudores agropecuarios ha ido
retrayendo claramente al banquero profesional de una relación
crediticia normal, con dos consecuencias que me parece importante
compartir con los señores Senadores. La primera de ellas es que
aquellos productores progresistas, los que aplican los principios
básicos de cualquier empresa privada en cuanto a afrontar un
proyecto -es decir, disponer de un cierto capital propio,
complementarlo eventualmente con fondos de terceros a través de
un crédito bancario y encarar un proceso de modernización, de
cambio tecnológico, de conquista de nuevos mercados, etcétera-
obviamente cada vez tienen menos entrada en el sistema bancario.
De hecho, por medio de toda esta prédica equivocada, a mi juicio,
de una parte de la dirigencia rural, lo que se está haciendo es
frustrar y abortar las posibilidades de la afirmación definitiva
de un sector empresarial rural moderno, eficiente, con un concepto
actualizado de lo que es la actividad económica en las épocas
que nos ha tocado vivir. La
segunda consecuencia, no menos importante, es que, deliberadamente
o no, el sistema político uruguayo -obviamente, formo parte de él
y me siento muy honrado de ello en el ejercicio de este cargo- ha
ido empujando cada vez más al sector agropecuario a una relación
inexorable, no del todo normal, diría, con el Banco de la República.
Con esta especie de barrera invisible que hemos ido conformando
entre el sector agropecuario y la banca privada, hemos empujado a
dicha institución, por un lado, y al sector agropecuario, por
otro, a una especie de relación casi encerrada en la que cada uno
necesita y apoya al otro, pero al mismo tiempo con condicionantes
tan fuertes en la relación económica que unos y otros no cumplen
a cabalidad sus funciones. Esto genera el riesgo cierto en la
sociedad uruguaya de exponer al Banco de la República a un futuro
por lo menos dudoso, en el que lo empujamos, consciente o
inconscientemente, a ser el único instrumento de financiamiento
del sector agropecuario y, a la vez, lo ponemos periódicamente en
el compromiso de refinanciar en condiciones de cierto riesgo las
obligaciones del sector agropecuario. Hay
otra consideración que también me parece importante destacar con
relación a este tema de la prédica, de las banderas de una
parte menor de la dirigencia rural, que tiene que ver con lo
que actualmente, en la literatura económica y en el debate
cotidiano sobre estos temas, se conoce como "riesgo
moral", es decir, esta idea de que da lo mismo pagar que
no pagar ya que, en definitiva, aquellos que no pagan van a tener
la protección del sistema político que, de una forma u otra, va
a intervenir para postergar, refinanciar y eventualmente subsidiar
las obligaciones de quienes no están al día en el pago de sus
compromisos. Sin ninguna duda, esto alimenta un círculo vicioso,
pues todos aquellos que están al día o están haciendo los
esfuerzos para estarlo, empiezan a abandonar esa actitud y a
plegarse a la situación más cómoda de tomar distancia con el
cumplimiento de sus obligaciones, agravando y ampliando no sólo
el problema en sí, sino también el que enfrenta el sistema político,
y agravando, inclusive, su propia situación individual al extremo
de que luego, aun en la hipótesis de tener la intención de
volver a la normalidad económica, ello ya no es posible por el
abandono y por la demora en el pago de sus obligaciones. Estos
dos capítulos quieren ser una especie de testimonio personal, de
reflexión sobre un tema que desde hace mucho tiempo me preocupa,
no sólo en lo que pudo haber sido mi contacto profesional, sino
como una de mis reflexiones más de fondo -y pueden creer que lo
digo con la mayor autenticidad- sobre la situación económica,
política y social del país, sobre las señales que el
sistema político emite al conjunto de la sociedad uruguaya y
sobre los sistemas de incentivos y desincentivos que pone a
disposición de los uruguayos para que éstos conformen sus
decisiones cotidianas. Si me lo permiten los señores Senadores,
diré que ésta no es sólo la reflexión de un Ministro de Economía
y Finanzas sino, ante todo, la de un uruguayo comprometido con su
tiempo, en el error o en el acierto. Iré
concretamente al problema. Los señores Senadores están enterados
-y por ello pasaré rápidamente por el tema- de que en mayo de
este año el Gobierno tomó una serie de medidas vinculadas al
endeudamiento agropecuario en la órbita del Banco de la República
y, al mismo tiempo, las hizo extensivas a los dos bancos en los
que el Gobierno tiene la mayoría del capital accionario, que son
el Banco La Caja Obrera y el Banco de Crédito. No voy a entrar en
detalles porque creo que ya han sido suficientemente difundidos y
debatidos por el conjunto de la opinión pública y, en
particular, por esta Comisión. Se podrán hacer distintas
consideraciones sobre la solución a la que se llegó y,
obviamente, hay quienes consideran que es insuficiente; se ha
debatido mucho sobre la celeridad administrativa con que ella se
ha aplicado, pero en todo caso está claro que el Gobierno no ha
estado ausente frente al problema del endeudamiento del sector
agropecuario, en el entendido de que había una coyuntura
particularmente delicada por la que éste atravesaba. Por tanto,
procedimos en consecuencia. En
ese contexto, debo enfatizar que en ocasión del debate de la ley
de creación del COFIS y de la distribución de la recaudación
correspondiente entre distintos destinos -los señores Senadores
lo recordarán, aunque no se hizo en este ámbito sino en el
Plenario- uno de los destinos a los cuales se aplicó la recaudación
de dicho impuesto, por la cantidad de hasta U$S 20:000.000,
fue el de apoyar el costo que la refinanciación del sector
agropecuario estaba insumiendo o podía insumir al Banco de la República.
Me permito hacer esta precisión porque, justamente, el Poder
Ejecutivo -y en particular quien habla, que tuvo que tomar buena
parte de la responsabilidad de dar forma a este acuerdo político
en el que se basó la refinanciación del sector agropecuario en
el Banco de la República- mediante esta contribución de todos
los uruguayos a las finanzas del Banco de la República por medio
del pago de este impuesto, dio un cumplimiento, por lo menos
satisfactorio, a esa eventual contradicción que, como
inicialmente señalé, a veces ocurre entre el interés público y
el privado. De
modo que está claro que el tema del endeudamiento agropecuario
hoy no está vigente para una parte importante de la deuda que el
sector tiene con el Banco de la República y los bancos cuyo
capital accionario detenta en mayoría el sector público. Por lo
menos en mi concepción, y en la del Gobierno, este problema quedó
solucionado en buena medida, pues hemos atendido a todos los
deudores de estos bancos públicos y semipúblicos -por llamarlos
de alguna manera- con deudas de hasta U$S 200.000. En
consecuencia, lo que puede quedar en duda, y lo que seguramente
motiva la inquietud de esta Comisión, es la situación de los
deudores de la banca privada, o de una parte de éstos, en forma más
o menos correspondiente con los deudores del Banco de la República.
Al respecto, creo que en mi segunda concurrencia a una Comisión
del Senado, ante una pregunta concreta del señor Senador Astori
sobre la idea del Gobierno con relación al endeudamiento
agropecuario, desde un principio, en nombre del Poder Ejecutivo señalé
con toda claridad que nuestra concepción del endeudamiento del
sector agropecuario iba a tener un principio de solución a través
del Banco de la República en la medida en que era una institución
del Estado con recursos públicos, pero que no nos íbamos a
inmiscuir en el problema que se podía suscitar con los deudores
de la banca privada, porque entendíamos que eran contratos entre
privados, cuyo ámbito de decisión excedía las posibilidades de
intervención del Gobierno, de las autoridades políticas. Por
tanto, este pensamiento que ahora estoy reiterando no es nuevo en
la discusión política del país; como dije, lo señalamos desde
un primer momento, y estoy hablando de marzo o abril del año
pasado. Más
allá de esta reflexión, puedo decir que hemos pedido información
al Banco Central sobre la importancia cuantitativa del problema
del sector agropecuario con relación a la banca privada. Con un
criterio amplio podemos afirmar -obviamente, estas cifras están a
disposición de los miembros de la Comisión en caso de que deseen
disponer de ellas- que los deudores en situación de mora y con
una deuda inferior a U$S 200.000 con la banca privada -excluyendo
a los del Banco La Caja Obrera y a los del Banco de Crédito, pues
están incluidos en la solución de orden general- son
aproximadamente mil, por un monto total de U$S 25:000.000. Puedo
decir, también, que hay dos bancos y una cooperativa que,
aproximadamente, concentran el 80% de esta deuda. Quiero
dar testimonio ante la Comisión de algo que varios de los señores
Senadores aquí presentes conocen, porque lo hemos conversado más
de una vez. Desde el momento en que concebimos, diseñamos y
aplicamos la solución para el Banco de la República y los dos
bancos gestionados, todos tuvimos en mente el problema que, desde
cierto punto de vista, se podía plantear con los deudores de la
banca privada. Varios de los señores Senadores aquí presentes y
yo mismo asumimos el compromiso de hacer gestiones ante la banca
privada para lograr su colaboración voluntaria en la atención de
un problema tan importante desde el punto de vista social más que
económico, habida cuenta de la significación de las cifras que
están en juego. Concretamente, he tenido más de un contacto con
los tres bancos -o los dos bancos y la cooperativa- a que hacía
referencia recién, que concentran aproximadamente un 80% del
problema de los deudores morosos en las condiciones recién
definidas. En todos los casos, se me reiteró la mejor disposición
de estas instituciones para atender los problemas de los deudores
en dificultades. Vamos a encontrar fórmulas de solución. Dicho
de otra forma, encontré en estas tres instituciones -y por
extensión en otras, pero me concentro en estas tres porque son
las más importantes desde el punto de vista cuantitativo- la
mejor disposición para atender la situación de dificultad de
estos deudores. Con
la misma franqueza con que estoy compartiendo con los señores
Senadores este testimonio, debo decir que encontré resistencia y
reparos a una actitud corporativa por parte del sistema bancario
privado, entendida como una actitud o respuesta de orden colectivo
en el que todas las instituciones, de consumo, adoptarían una
solución común y general para el conjunto de los deudores. Al
respecto, debo hacer, por lo menos, dos consideraciones que creo
los señores Senadores conocen tan bien como yo. En primer lugar,
hoy no existe un organismo gremial que nuclee a toda la banca
privada; existe, obviamente, la Asociación de Bancos, que nuclea
a la mayoría de los bancos privados que funcionan en el país,
pero hay una cantidad importante de ellos que no pertenecen a aquélla.
De modo que la posibilidad de formar una posición corporativa
sobre este tema es bastante difícil. La
segunda dificultad es la siguiente. Como los señores Senadores
saben, hay muchos bancos en el país -la mayoría- que son
extranjeros y una parte de sus orientaciones en materia de política
bancaria se determinan en el país, pero respecto de temas de
cierta entidad, se toman en contacto con sus jerarquías
correspondientes, en el exterior. En
consecuencia, he encontrado una muy buena disposición por parte
de los bancos a nivel individual para atender este problema, pero
no en forma corporativa. Este dato lo voy a retomar
posteriormente, en la sugerencia de un camino intermedio para
buscar fórmulas de aproximación a un tema tan delicado como el
que nos concita. Antes
de entrar en este terreno de las propuestas de solución -o por lo
menos, de aproximación al tema que nos convoca- quisiera hacer
alguna breve referencia a lo que desde mi punto de vista podría
ocurrir en caso de aprobarse el proyecto de ley que está hoy a
consideración de esta Comisión. Como
es de conocimiento de los señores Senadores -porque ha sido uno
de los temas centrales de debate de la política económica desde
hace años, pero particularmente desde que nos ha tocado asumir el
cargo de Ministro de Economía y Finanzas- hoy el país está
inserto en una determinada realidad internacional sobre la que hay
varios aspectos de interés que podríamos debatir con todo
detalle, pero que fundamentalmente se caracteriza por dos hechos
que me parecen particularmente relevantes. El país tiene un déficit
fiscal importante, que tanto en 1999 como en 2000 fue del orden de
los U$S 800:000.000, aproximadamente el 4% del Producto Bruto
Interno, en un nivel que francamente, señores Senadores, no es
tolerable, porque lleva al país a una senda de endeudamiento que,
de persistir en esta tendencia, lo pondría al borde de una
situación como la Argentina. Estamos haciendo todos los esfuerzos
posibles, dentro de un marco económico muy delicado, por reducir
estos niveles de déficit y pensamos que lo vamos a lograr en el
correr de este año. Si tenemos la fortuna de poder cumplir con
nuestras previsiones -que ya hemos debido revisar en función de
la situación tan delicada de la región- esperamos terminar con
un déficit fiscal del orden de los U$S 650:000.000 o quizás U$S
700:000.000. Con toda convicción vamos a plantear un nivel de déficit
todavía inferior para el año próximo, en ocasión de los
anuncios que haremos oportunamente y que con mucho gusto vamos a
venir a discutir -si es el caso- y a compartir con ustedes y con
el resto de los Legisladores, tanto aquí, en el Senado, como en
la Cámara de Representantes. En
todo caso, el hecho central es que el Uruguay tiene déficit
fiscal y lo va a seguir teniendo en el futuro próximo, aunque con
toda decisión afirmo que va a ser muy inferior al que hemos
experimentado en 1999 y en 2000. En
estas circunstancias, el Uruguay es un país que tiene que salir a
buscar recursos en el exterior para financiar el déficit fiscal.
Obviamente, hay aquí una decisión que puede ser controvertida;
voy a anunciar únicamente la conclusión del razonamiento, que es
mucho más detallado y que con gusto puedo compartir con los señores
Senadores, si fuera del caso. Intentar una baja drástica del déficit
fiscal para llegar al equilibrio en lo inmediato, podría poner al
país al borde de una recesión mucho mayor aún de la que hemos
estado viviendo en estos últimos dos o tres años. De modo que la
difícil tarea que hemos debido afrontar desde el Ministerio de
Economía y Finanzas en estos años ha sido la de convivir simultáneamente
con un proceso recesivo y un déficit fiscal importante, tratando
de contemplar, en la forma más ponderada posible, ambos extremos,
pero sabiendo y corriendo un riesgo deliberado, firme y cierto de
que si buscábamos un descenso brusco, repentino, de choque, en el
déficit fiscal, podíamos introducir un factor recesivo de mucha
mayor fuerza que los que hemos estado soportando en estos últimos
dos o tres años. De modo que, de nuevo e inevitablemente, el país
tiene déficit fiscal y lo va a seguir teniendo en los próximos años.
Por lo tanto, para convivir con esta situación necesitamos
financiamiento externo, es decir, necesitamos endeudarnos en el
interior del país y también en el exterior. ¿Por qué tanto en
el interior como en el exterior? Por dos razones: una cuantitativa
y otra cualitativa. Cuantitativamente, porque no creemos que el
flujo de ahorros disponible en el país pueda cubrir la necesidad
de financiamiento que tenemos, en los términos que hemos venido
describiendo, por lo menos en los últimos dos o tres años, y
cualitativamente, porque desde nuestro punto de vista -y hablo en
nombre del Poder Ejecutivo- es de fundamental importancia insertar
a la economía uruguaya en los mercados financieros
internacionales, poner a prueba la bondad, los aciertos o los
desaciertos que la política económica del país pueda estar
cometiendo o aplicando en el contacto diario y permanente con los
organismos financieros internacionales y con las agencias
calificadoras de riesgo, que son quienes conforman hoy lo que podríamos
denominar la opinión de los mercados internacionales. En
este marco, el Uruguay tiene una determinada forma de valoración,
por parte de los mercados financieros internacionales, que se
expresa a través de una forma que hoy es común a todos los países,
y que es la cuantificación del llamado riesgo país. Esto,
cuantitativamente, se expresa a través del diferencial de tasa de
interés que pagamos por nuestra deuda pública emitida en el
exterior, con respecto a la deuda pública que emiten los Estados
Unidos. Debemos decir que, junto con Chile, somos los dos únicos
países de la región que gozan de grado de inversión, apreciación
conferida por parte de las calificadoras internacionales. Ese
riesgo país estuvo, a mediados de este año, en el entorno de los
260 puntos básicos por sobre la tasa de interés de la deuda pública
comparable de los Estados Unidos. En términos aproximados, esta
tasa de interés de los Estados Unidos estaba, en esa fecha, en el
orden de los 5 o de los 5,5 puntos. El Uruguay estaba pagando por
la deuda una tasa de interés del orden del 8%. Estoy dando cifras
aproximadas, porque no quiero entrar en detalles en este momento. Esto
es consecuencia, repito, del grado de inversión que ostenta
nuestro país. Las principales calificadoras de riesgo nos han
otorgado, desde hace 5 años, esta condición que significa, de
hecho, la confianza que las agencias calificadoras trasmiten al
mundo financiero internacional sobre la capacidad de repago del
Uruguay por las obligaciones que toma en el mercado internacional.
Sobre esta condición, los señores Senadores y la opinión pública
saben que hemos tenido algún grado de dificultad en el correr de
este año. En
nuestro mercado operan, básicamente, tres calificadoras
internacionales, ya que las demás han desaparecido o tienen una
importancia marginal. Una de ellas, Fitchlbca, nos ha mantenido el
grado de inversión, pero introdujo un cambio dentro de este mismo
grado de inversión, al calificar a la llamada perspectiva
"out look" del país con signo negativo. Esto anticipa
una posible revisión del grado de inversión en un plazo de entre
12 y 18 meses y hay que aclarar que esto sucedió hace tres meses.
La
razón básica por la que esta calificadora introdujo esta
variante en su calificación del Uruguay se debe a nuestra ubicación
en una región que, como todos sabemos, no está pasando por un
momento estable, para expresarlo de la forma más delicada
posible. Otra
calificadora -Standard & Poor’s- estuvo a punto de tomar la
misma decisión de Fitchlbca, quizás con anticipación. Puedo
compartir con ustedes la convicción acerca de la importancia que
tuvo una visita que hicimos a Nueva York en el mes de abril, donde
fuimos sometidos a un examen exhaustivo -junto con el resto del
equipo económico- por parte de los principales funcionarios de
esta calificadora. Digo exhaustivo en todo el sentido de la
palabra, ya que nos preguntaron sobre todos los aspectos de
nuestra política económica, así como de la política en general
del sistema uruguayo. Creo que respondimos con solvencia y quiero
decir que estoy orgulloso de haber participado de esa misión. De
no haber sido por esta gestión de nuestro equipo económico, esta
calificadora nos hubiera puesto en la misma categoría que nos
puso Fitchlbca. En
el contacto frecuente que mantenemos con estas calificadoras,
percibimos la duda permanente que tienen respecto de la
posibilidad de que el Uruguay pueda superar con cierto éxito la
situación tan difícil de la región. La
tercera calificadora es Moody´s. Hasta ahora, ha mantenido el
grado de inversión y su confianza, básicamente, en la
perspectiva de la economía uruguaya. Hace poco más de una
semana, en un suplemento del diario "El País", salió
un reportaje inusualmente explícito al principal analista para la
región de esta calificadora, el señor Martínez Alas, quien habló
del análisis que hacían sobre la economía y la política
uruguayas. Además de detenerse en los aspectos económicos,
reiteró la seriedad, el acierto y la ponderación con que la política
económica de este Gobierno está manejando una situación tan difícil,
consecuencia de la situación de la región. Me interesa señalar
la referencia reiterada que hizo el señor Martínez Alas respecto
de lo que Moody´s considera como la madurez del sistema político
uruguayo en su conjunto, es decir, en el conjunto de todos los
partidos políticos que lo integran, tanto los dos pertenecientes
a la coalición, como los de la oposición. En particular, hizo
una referencia -seguramente los señores Senadores lo deben de
haber leído- muy elogiosa a la conducción del Encuentro
Progresista en el departamento de Montevideo. Más allá de la
valoración que se pueda hacer sobre estos temas, lo que señalo
es que para esta calificadora uno de los activos fundamentales que
tiene el país es la madurez del sistema político, en tanto es
capaz de entender adecuadamente las prioridades a las que
necesariamente hay que atender en una tarea de gobierno, teniendo
en cuenta los mejores y más importantes intereses nacionales con
abstracción, muchas veces, de los intereses particulares, que si
bien son muy respetables, sólo responden a necesidades de orden
sectorial y nunca a las del país en su conjunto. En
estas circunstancias es mi obligación compartir con los señores
Senadores la preocupación por el mantenimiento de este grado de
inversión que el país ha logrado en momentos tan difíciles para
la región, no por el temor de un juicio negativo sobre la política
que estamos llevando adelante -en ese sentido nos tenemos amplia
confianza, pues estamos convencidos de que estamos haciendo lo
mejor en defensa de los intereses del país y de sus grandes mayorías-
sino por la posibilidad de ser arrastrados a una calificación
negativa como consecuencia, repito, del entorno regional tan
complicado que estamos viviendo. Asimismo
-y esta es una reflexión que hago por primera vez con carácter público,
porque los acontecimientos se han ido precipitando en las últimas
semanas- tengo la impresión, alimentada por información que me
llega de los Estados Unidos y de otros mercados internacionales,
de que en el mundo financiero internacional, para países como el
nuestro, va a haber un antes y un después como consecuencia de
esta "quiebra selectiva" -para decirlo en términos
castellanos- que ha hecho la República Argentina. La experiencia
de Rusia en 1998, cuando dejó de pagar sus obligaciones externas,
demostró al sistema financiero internacional, y al mundo en
general, que había países -a diferencia de lo que muchos decían
en el pasado- que efectivamente daban quiebra en el sentido de que
dejaban de pagar sus obligaciones. Lo que está pasando con la
Argentina es una reestructura ordenada de su deuda, que algunas
agencias calificadoras han denominado "quiebra
selectiva". En
todo caso, insisto, en lo que tiene que ver con el financiamiento
internacional, el mundo no va a ser el mismo para países como el
nuestro luego de estos acontecimientos. Esta decisión de la
Argentina pondrá sobre la mesa de las decisiones de los
principales centros financieros internacionales, una evidencia
reiterada de que en determinadas circunstancias los países pueden
quebrar, pueden dejar de cumplir con sus obligaciones en los términos
en que estaban establecidas. Eso, de un modo u otro, se va a
trasladar al financiamiento que pueden requerir países como el
nuestro, casi seguramente en un mayor precio para prestar. Esta es
una realidad que me temo vamos a afrontar en los próximos meses y
años. Con
el mismo tono con que acabo de afirmar esto, digo que tengo
confianza en que el país podrá sobreponerse a este marco adverso
en la medida en que siga haciendo las cosas con seriedad,
ponderación y equilibrio. De alguna forma, en este mar de
dificultades que se avecina como consecuencia de la decisión
argentina y de la manera en que está empezando a ser asimilada en
los mercados internacionales, ellos van a saber distinguir entre
los países serios y aquellos que conducen políticas económicas
equivocadas. Aun en el marco de una preocupación importante por
esta situación, reafirmo con énfasis mi confianza en que el
Uruguay, en la medida en que mantenga las grandes líneas de política
económica -que a nuestro juicio son las adecuadas- podrá
acomodarse relativamente bien en este mar tormentoso que estamos
prediciendo. Hechas
estas precisiones -que de un modo u otro son conocidas por los señores
Senadores- no tengo ninguna duda -y lo afirmo con total convicción-
de que la aprobación de un proyecto de ley como el que se está
planteando, de suspensión de ejecuciones, que en definitiva es un
desconocimiento al derecho de propiedad, va a ser valorada
negativamente por el mundo financiero internacional y casi
seguramente nos va a cortar la posibilidad de la continuidad con
el Fondo Monetario Internacional. Asimismo, va a precipitar una
rebaja en el grado de inversión del Uruguay, con los costos
consiguientes. Como
decía recién, hasta antes de los últimos acontecimientos
argentinos, el Uruguay pagaba una tasa de riesgo del orden de los
260 puntos básicos, y hoy es probable que ella supere los 300
puntos básicos. Un descenso en el grado de inversión seguramente
elevará aún más este diferencial. Quiero reiterar con especial
énfasis ante los señores Senadores que cada punto que nos
aumente la prima por riesgo para obtener recursos en el exterior
significa -no en forma inmediata, pero sí en su incidencia en el
tiempo- aproximadamente un punto de IVA, esto es, U$S 80:000.000 o
U$S 90:000.000 anuales. Como es obvio, un acontecimiento por
el cual el Uruguay perdiera o disminuyera su grado de inversión
-para ser enteramente consistente con los señores Senadores, debo
decir que nuestro país tiene un grado de inversión en el último
grado de la escala, razón por la cual si perdemos esta calificación
pasaremos a ser un país con un cierto riesgo especulativo en el
lenguaje de los organismos internacionales y de las agencias
calificadoras de riesgo- llevaría a que el país entero afronte
un costo económico que deberá ser trasladado a los uruguayos a
través del cobro de un impuesto explícito, porque no es política
de este Gobierno afrontar gastos sin el financiamiento
correspondiente. En adición, diría que la pérdida del grado de
inversión significaría un fuerte y muy severo golpe a las
expectativas de los uruguayos, tan golpeadas en el correr de estos
dos o tres años tan desfavorables que hemos vivido, tan
disminuidas y tan alicaídas. Por suerte, hay un grado de
esperanza que creo se ha venido consolidando en estos últimos
tiempos tan adversos, justamente, en la evidencia de que en el
medio de este mar de dificultades que nos rodea, hemos podido
mantener una economía razonablemente ordenada. A
título de ejemplo, señores Senadores, puedo decir que el mercado
cambiario uruguayo ha sido el menos afectado de la región por
todos estos acontecimientos. Incluso, nuestro sistema bancario ha
continuado aumentando los depósitos que recibe, tanto de
residentes como de aquellos que no lo son. Estas son dos muestras
de normalidad económica que -me atrevo a decir con toda fuerza-
no se dan en los países de la región. En
consecuencia, sobre esta evidencia y sobre los primeros signos de
recuperación que, según entiendo, el país está viviendo, en
parte, como consecuencia de la superación de los problemas en el
sector ganadero, me parece que hay un sentimiento generalizado de
una cierta expectativa favorable sobre el futuro del Uruguay,
después de tantos acontecimientos adversos que hemos vivido. Creo
que en ese marco de conformación de expectativas, una
descalificación, una baja en la calificación o una calificación
negativa sobre el país, sería un golpe adverso sobre la
conformación de expectativas, quizá aún más importante que el
mayor costo económico que señalaba anteriormente, por el
eventual aumento de la prima por riesgo del Uruguay y su relación
con el endeudamiento externo. Voy
a hacer ahora dos referencias finales. En aras de buscar formas de
superar esta situación que, entiendo, es de preocupación de
todos, en función de los contactos que he mantenido con el
sistema bancario privado, me parece que a nivel de cada Banco
considerado en forma individual, existe la mejor de las
disposiciones para atender los planteamientos que se les puedan
formular con respecto a los deudores en dificultades, más
concretamente en lo que tiene que ver con los deudores morosos con
deudas de hasta U$S 200.000. Podemos imaginar alguna forma de
aproximación sistemática a estas instituciones bancarias, a través
de distintas formas en las que el Gobierno no tome un papel protagónico,
pero de alguna manera impulse ese proceso de negociación. Por
otro lado, me parece que bien vale la pena intentar ese camino de
entendimiento, que estoy seguro que va a dar solución a una parte
sustantiva del problema que, como vemos, tampoco es tan importante
como para dar satisfacción a las inquietudes que seguramente han
motivado este proyecto de ley y estas sesiones de la Comisión. Para terminar, quisiera hacer un llamado a la Comisión en nombre del Presidente de la República, con quien estuve dialogando en la noche de ayer por vía telefónica. En su viaje al exterior, concretamente, a los Estados Unidos, él ha estado en contacto con varias de las principales jerarquías del mundo financiero internacional y ha tomado conocimiento en forma directa de esta realidad, que de manera imperfecta estoy compartiendo hoy con ustedes. El señor Presidente considera que este proyecto tiene extrema importancia para el desenvolvimiento de nuestro Gobierno y del país y aspira, tanto desde el punto de vista institucional como personal, a que esta Comisión postergue todo pronunciamiento -si es que efectivamente estuviera en disposición de hacerlo- hasta su regreso al país, para poder entablar el diálogo y la relación personal que siempre ha mantenido con los principales dirigentes políticos del país en busca de soluciones, acuerdos y conciliación en la línea que he señalado, o en otras posibles. El señor Presidente me ha pedido que sea muy enfático en este planteo, en atención, repito a su investidura institucional y a la relación de orden personal que tiene con la mayoría, si no con todos, de los señores Senadores que forman parte de esta Comisión. SEÑOR
PEREYRA.- Me
siento en la obligación de hablar, no sólo por ser el autor del
proyecto, sino para referirme, fundamentalmente, a la primera
parte de la exposición del señor Ministro. Tengo
que suponer que no ha sido la intención del señor Ministro, pero
para quien lea esta versión taquigráfica en el futuro, la
actitud o, mejor dicho, el juicio que tendrá sobre el autor del
proyecto, sería que cometió un acto de irresponsabilidad. Si
algo he cuidado a lo largo de mis casi cuarenta años de vida
parlamentaria, en la verdad o en el error, es el hecho de actuar
con responsabilidad. Entonces, a pesar de todos los respetos que
tengo por el señor Ministro y por su capacidad en la ciencia que
domina y en la profesión que ejerce, tengo la obligación de
defenderme. En razón de ello es que he pedido la palabra. Este
proyecto de ley responde a una vieja posición que he sostenido a
lo largo de esa extensa y, tal vez, pobre -si así se juzga-
actuación parlamentaria. Desde hace muchos años en el país, a
mi juicio, las políticas de gobierno son un error -naturalmente,
para el Gobierno serán un acierto- porque se ha dado prioridad al
sistema financiero sobre el productivo. Hace años que sostenemos
que el país necesita un sistema financiero fuerte, pero para
ponerlo al servicio del sector productivo, que es el que genera
las divisas que el país precisa, por medio de las exportaciones. Naturalmente,
no soy economista ni jurista sino, simplemente, un hombre que ha
sentido el llamado a la responsabilidad a través de la vocación
y de la actividad política. Es obvio, entonces, que a través de
este proyecto de ley, hemos querido atender lo que a nuestro
juicio, en la verdad o en el error, constituye el sector vital que
se proyecta con más fuerza en la economía de la República, que
es el de la producción agropecuaria, y para ello basta señalar
el porcentaje que ésta representa en las exportaciones. Hace
dos o tres días leí con asombro que un señor que realizó
cursos en el exterior -por lo que, naturalmente, debe estar muy
bien preparado y saber mucho, aunque me da la impresión de que no
conoce su propio país- decía, al referirse a los reclamos del
sector rural, que los estancieros querían soluciones.
Verdaderamente, quedan muy pocos estancieros en el país. La
propiedad se ha venido subdividiendo, y salvo alguna porción de
tierra muy grande comprada por empresas provenientes del exterior
-que probablemente den su utilidad al país- el Uruguay tiene hoy,
reitero, muy pocos estancieros. Observemos,
ya ingresando al tema del endeudamiento, las cifras que el Banco
de la República brindó a esta Comisión. De acuerdo con ellas,
la mayor parte de los endeudados son pequeños y medianos
productores. Los que están en una situación de no cumplimiento
de sus obligaciones son, precisamente, esos pequeños y medianos
productores. Estoy hablando de familias que viven y trabajan en el
medio rural, que tienen una cultura distinta, quizá, de la que
existe en el medio ciudadano, pero igualmente respetable y muy
enraizada en las mejores tradiciones nacionales. Debo
decir que he visto todo esto de cerca, señor Presidente, pues
dediqué la primera parte de mi vida al ejercicio de la modesta
actividad -aunque en general trascendente, no por lo que yo pude
haber hecho, sino por la tarea que desarrolla la colectividad de
docentes- de maestro rural en medio de minifundios. Por eso, he
visto de cerca el sufrimiento de esa gente. Es mi gente; es la
gente que conozco. Esas personas trabajaban de sol a sol y
procuraban, simplemente, alcanzar el sustento diario. Este
proyecto, pues, no es un acto de irresponsabilidad; está
destinado, fundamentalmente, a crear un estado de calma en medio
de la agitación que se vive en el sector agropecuario, sector que
es vital para la economía del país. Los
Legisladores sabemos de lo que estamos hablando, porque
frecuentemente somos invitados a distintos lugares del interior
del país, aunque no siempre podemos concurrir, y estoy hablando
de mi caso personal. En todos los departamentos se realizan
asambleas en las que se pone de manifiesto la situación
angustiosa que están viviendo los pequeños y medianos
productores. Por
otra parte, estamos asistiendo a algo que nunca se había
observado en el país. En el pasado, veíamos un sector social muy
tranquilo, cuya presencia no se hacía visible en las calles o en
los caminos, en actos de protesta. Sin embargo, hoy podemos ver
esto casi a diario. Observamos en este sector un estado de agitación
y un estado emocional de conmoción que trasciende a lo público.
Hemos creído, entonces, que merced a nuestra iniciativa,
fundamentalmente, podíamos llevar, por un tiempo, apenas hasta el
mes de junio -obviamente, no en forma definitiva- la tranquilidad
necesaria para que fructifique la solución que ha instrumentado
el Gobierno. En caso de que ella no fructifique, en la tarea que
nos corresponde como Legisladores, en colaboración con el Poder
Ejecutivo, buscaríamos algún camino alternativo -tal como se
hizo con relación a esa otra solución- para poder superar este
momento que se está viviendo. El
señor Ministro ha hecho hincapié en el derecho de propiedad.
Todos sabemos que de los derechos consagrados por la Constitución
de la República, el más limitado es, precisamente, el de
propiedad. Es el más limitado de todos, y esto no lo digo yo,
sino Justino Jiménez de Aréchaga, seguramente el
constitucionalista más grande que ha tenido el país. Entonces,
si es un derecho limitado, cabe preguntarnos cuáles son los
elementos que lo limitan. Precisamente, son aquellos de interés
general, y me parece que estamos todos de acuerdo con eso. ¿Y
acaso este no es un tema de interés general? En la verdad o en el
error, estoy convencido de que lo es, por cuanto afecta al sector
que constituye, reitero, el puntal más fuerte de la economía del
país. El
Uruguay es una nación de economía agropecuaria; lo ha sido a
través de su historia. Ha superado todos los momentos difíciles,
fundamentalmente a través del trabajo agropecuario, del trabajo
de su tierra. Si observamos los acontecimientos relacionados con
la independencia nacional, por cuya vigencia nadie daba nada o
casi nada en 1828 ó 1830, veremos que después de la Convención
de Paz, a través de la cual se creó el Estado Uruguayo, se dio
un mentís a todos los argumentos pesimistas con la virtud que
generosamente había puesto en nuestras manos la naturaleza: la
fecundidad de la tierra, aunque también, naturalmente, la posición
geográfica de su puerto que, sin duda, gravitó mucho en lo que a
afirmar esa independencia se refiere, aunque sobre la base de la
exportación de las materias primas que generaba el agro. Declaro
que no soy contrario al derecho de propiedad, pero creo en el
ejercicio que el Estado debe hacer de las limitaciones que por
razones de interés general se determinen por ley. Asimismo,
el señor Ministro ha señalado que el derecho de propiedad se
pierde cuando los negocios no marchan bien. Ante esto, planteo lo
siguiente: ¿por qué no marcha bien el negocio agropecuario? ¿Es
porque nuestros productores son ineficientes? ¿Es porque detrás
de su trabajo y de lo que recogen de él, dilapidan en actividades
no productivas el dinero que han ganado? Los negocios del agro no
marchan bien desde hace mucho tiempo, y en otra oportunidad,
cuando terminó el período de la dictadura, nosotros, en esta línea
de pensamiento que hemos definido para nuestra acción,
propiciamos una ley de refinanciación del endeudamiento, porque
creíamos que éste no era culpa del productor, sino de la ruptura
de la "tablita" en el año 1982. El Estado había
asegurado en forma adelantada un tipo de cambio y sobre él había
operado la gente, llegando a endeudarse. Al romperse la
"tablita" y dispararse el dólar, naturalmente se generó
esa situación. Frente al Estado, representante de la sociedad,
culpable del endeudamiento, buscamos esa solución. Y hoy se puede
decir: "El Estado no es culpable", pero lo es en gran
parte por el atraso cambiario vigente en el país desde hace años,
lo cual hace que a los productores llegue mucho menos dinero del
que debería por el valor de su producción. Cuando se hace
referencia a los créditos bancarios, se habla de los errores
propios y de los riesgos por actos ajenos a la voluntad, y creo,
señor Presidente, que aquí no se debe hablar de errores propios
sino de errores de la política de varios gobiernos y no sólo de
éste. Indudablemente, el productor rural necesita del crédito, y
con respecto a esto se habla de créditos adecuados y de otros. Una
vez terminada la dictadura, las autoridades de la época del Banco
Central del Uruguay anulan los créditos adecuados para el agro;
lo hacen impidiendo que se perciba diariamente el dinero de la
Tesorería y que el Banco de la República disponga de una masa de
dinero para dar préstamos adecuados. Estos préstamos eran
adecuados en los intereses y en otros aspectos, pero no siempre en
lo que tenía que ver con los plazos. Con respecto a esto, no voy
a dar mi opinión sino que citaré la del doctor Gelsi Bidart, de
cuya jerarquía intelectual nadie podrá dudar. Este hombre de
Derecho, fundamentalmente especializado en el Derecho Rural, señaló
en sus trabajos que el crédito para el agro no puede tener las
mismas características que el que se brinda para otras
actividades, porque el crédito para la producción en el agro
debe tener un largo proceso a fin de adecuarlo a su evolución.
Esto debe ser así porque la empresa agropecuaria no se maneja en
un año como lo hacen otras actividades que utilizan casi el 100%
de su capital en ese período; la actividad del productor rural es
zafral. La extracción en el sector ganadero del país representa
alrededor del 18% del valor de la riqueza. Entonces, se da un
largo proceso en la producción agropecuaria, al que no se ajustan
los términos breves con que se manejan los créditos en nuestro
país. Este
proyecto, entonces, no está destinado a una discriminación
injusta, sino a la separación de las obligaciones, estableciendo
una atenuante para aquello que constituye, reitero, la base de
nuestra economía. Además, los representantes del Banco de la República,
que pertenece al Estado uruguayo y lo representa, nos han dicho en
esta Comisión que no realizarán ejecuciones a los productores.
Entonces, las ejecuciones pueden hacerse por parte de la banca
privada que, naturalmente, puede hacerlo porque no está obligada
a respetar el compromiso que el Banco de la República tiene con
nosotros. Hace
unos momentos, el señor Ministro dijo que el productor rural
puede pensar que es lo mismo pagar que no pagar. Yo afirmo
terminantemente que este proyecto no está destinado a perdonar
las deudas o a que los productores no paguen sino que,
simplemente, pretende darles un respiro de seis meses para que
puedan ajustar su situación. A través de este proyecto no
estamos perdonando nada; no estamos impidiendo que paguen, sino
que buscamos darles tiempo para que se instrumenten las soluciones
necesarias para un endeudamiento que importa tanto al país. El
agro no solamente es el puntal de las exportaciones. Cuando
hablamos del pequeño y mediano productor estamos haciendo
referencia al hogar rural. Cabe destacar que la Constitución de
la República señala como uno de los derechos fundamentales -que
no tiene muchas limitaciones, salvo la capacidad económica de
cada uno y las posibilidades que el Estado pueda ofrecer a través
de determinada política- el de tener una vivienda propia. Cuando
el ejecutado es un pequeño productor, éste pierde la vivienda
porque, por lo general, se encuentra dentro de las pocas hectáreas
que posee. Debo
decir que hay un aspecto que no comprendemos porque no somos técnicos,
aunque quizás tenga su explicación. ¿Por qué no implica un
riesgo que el Banco de la República refinancie las deudas, y sí
lo es que lo haga la banca privada? Para quienes no somos doctos
en la ciencia de la economía, surge la pregunta de por qué si
las medidas generosas o adecuadas que puede tomar el Banco de la
República -que pertenece al Estado- frente al endeudamiento -las
que seguramente lo afectan- no ponen en riesgo al país, sí lo
dejaría en esta situación el endeudamiento con la banca privada.
Si
nos remitimos a las cifras, veremos que en la banca privada -que
es la que puede ejecutar porque el Banco de la República, a través
de sus Directores, ha asumido un compromiso de no hacerlo y
nosotros creemos en él- existen alrededor de mil deudores -según
los datos aportados por el señor Ministro- que representan un
monto de deuda de U$S 25:000.000. Entonces, con todo el respeto técnico
que el señor Ministro me merece, uno se pregunta si acaso por U$S
25:000.000 se compromete el riesgo país. Puede ser que esto tenga
una explicación, pero como no soy docto en la materia no lo
comprendo. El
señor Ministro ha dicho que ha pedido la colaboración de la
banca privada, y sé que es así porque lo pudieron constatar los
delegados que el Directorio del Partido Nacional envió al
Ministerio para dialogar con el Gobierno a fin de encontrar una
solución más ágil que la ley. Debo decir que, personalmente, en
ese momento, tenía un proyecto de ley para presentar, pero no lo
hice por respeto a la voluntad de mi Partido y a la intención del
Gobierno de encontrar una solución más ágil por la vía
administrativa. Desde entonces he esperado que esas soluciones
fructifiquen y tengan un alcance universal, llegando no solamente
a la banca oficial sino también a la privada. Desde
hace unos años han proliferado los bancos extranjeros que han
llegado al país; seguramente hacen su buen negocio. Hace pocos días
en un diario se publicaron expresiones de un Director que dijo que
ya no sabían dónde colocar todo el dinero que tenían. En
una segunda parte de su exposición, con carácter más técnico,
el señor Ministro se refiere a ciertos aspectos que no voy a
discutir porque no tengo los elementos para hacerlo. Entiendo que
no corresponde esta especie de llamado al patriotismo, porque
cuando actuamos, todos lo hacemos inspirados en razones patrióticas.
Podemos equivocarnos y quizás yo sea el más equivocado, pero
tengo sentimientos con respecto al servicio a mi patria como los
puede tener cualquier otro ciudadano. Estos
bancos extranjeros han venido a este país no con un criterio de
beneficencia, sino a hacer su negocio -lo cual es respetable,
naturalmente- al amparo de las leyes y de la protección que
ofrece la seguridad del país. Entonces, lo que les estamos
pidiendo es una pequeña contribución al país con un régimen de
alguna tolerancia, que el Ministro no descarta; quizás para mí
la parte más importante de su exposición es la última, cuando
dice que cree que pueden haber soluciones. Incluso, hace pocos días
realicé este planteamiento en el seno de la Federación Rural,
donde había Legisladores del Gobierno y de la oposición, y nadie
me dijo que este proyecto no se pudiera aprobar por razones de
costo país. Sí se dijo que es un parche, porque no es la solución
definitiva, y yo admití que es así; no es la solución para el
endeudamiento. Y, por supuesto, me gustaría que cristalizara no
el parche, sino la solución. En ese sentido, esperaría que en
esta sesión, si es posible, el señor Ministro, que ha conversado
con la banca privada, nos trasmita si existe alguna posibilidad de
un camino más o menos rápido para poder salir de esta situación.
Si en lugar del parche se nos ofrece la solución definitiva,
vamos a optar por esta última, pero quiero tener alguna seguridad
al respecto. Pido
disculpas por la extensión de mi intervención, pues no
acostumbro, en las Comisiones, hacer estas exposiciones tan
largas. Pero realmente me pareció que, aunque no haya sido la
intención del señor Ministro, por lo menos de la primera parte
de su exposición y, naturalmente, cuando habla del riesgo país,
se desprende que el Legislador que habla habría actuado con
irresponsabilidad. Por eso sentí que tenía la obligación de
defender mi actitud. SEÑOR
MINISTRO.- Por
respeto a la trayectoria del señor Senador Pereyra y a lo que él
representa en el Partido Nacional, quiero excluir completamente
toda posibilidad de que en mis palabras haya habido una acusación
de irresponsabilidad por la presentación de este proyecto de ley.
Estoy seguro de que no lo dije en ningún momento, y no ha sido mi
intención sugerirlo. Aquí obviamente lo que estamos discutiendo
son ideas y conceptos sobre la mejor forma de atender a los
grandes problemas del país. SEÑOR
RIESGO.- Quiero
hacer simplemente una aclaración; más adelante voy a referirme
con más tiempo al tema. Cuando
el señor Senador Pereyra realizó su planteamiento en la reunión
de la Federación Rural, varios compañeros Senadores tuvieron que
retirarse con anticipación -entre ellos el propio señor Senador
Pereyra- porque había una sesión de la Comisión de Ganadería,
Agricultura y Pesca a la hora 15. Yo fui uno de los que se
retiraron más tarde -creo que el último fue el señor Senador de
Boismenu- y cuando hice uso de la palabra dije que en lo personal
no votaría este proyecto de ley por todo lo que el señor
Ministro manifestó ahora, y también pensando que el efecto de lo
que podría causar esta ley a los productores en general sería
mucho peor que los beneficios que les podría aparejar. SEÑOR
PRESIDENTE.- El
tiempo del señor Ministro -y hoy lo hemos hecho madrugar- vale
mucho. Solamente quiero agregar, a modo de despedida, dos o tres
comentarios. No
vamos a discutir de filosofía, pero el señor Ministro nos ha
dicho que aceptemos vivir bajo un hongo no radioactivo; parece que
el peligro de que nos clasifiquen mal de afuera es un mal de
nuestra época. Si uno prolonga ese discurso, tendría que empezar
a decirle a la nación que tenemos que prepararnos para no
depender ni deber, y para vivir de la nuestra. Es amargo, pero va
a haber que decirlo. Un
Ministro del Gobierno le está diciendo al Senado de la República
que aceptemos las leyes del juego, porque de lo contrario nuestro
pueblo se puede desangrar, teniendo que pagar mucho más. Es decir
que hay una especie de terrorismo financiero, que parece que es un
componente de la época contemporánea para los países pequeños.
Y esto puede cambiar el signo de nuestra época. Son terribles las
conclusiones que se extraen de esto y los desafíos que nos pone
por delante como país. El
agro pagará sus cuentas en el largo plazo bajo la vieja ley y el
aumento del patrimonio. Y es pésimo negocio rematar cuando todo
viene a la baja. El agro ha sido históricamente en este país una
profesión de baja rentabilidad y alta capitalización; la
capitalización precisa plazo, y necesita pasar de una época
bastante dramática. Es el mejor negocio para los bancos. Pero
tenemos que entender esa ley en profundidad. Sólo tres veces bajó
el precio de la tierra en este país: 1890, 1930 y cuando el
quiebre de la "tablita". Esta es la cuarta oportunidad
en que esto ocurre, y espero que sea un problema de coyuntura. No
quisiera que rematen los campos en un momento de baja, porque es
una pérdida para todo el mundo. Pero, en todo caso, es otra
historia. Sólo
me queda agradecerle, señor Ministro, por la exposición de su
pensamiento; es toda una pieza. Da gusto discrepar con usted,
porque enaltece el debate. SEÑOR
DE BOISMENU.-
Me está resultando gratificante la discusión de este tema; creo
que es de las buenas discusiones que van a existir en el
Parlamento. Más adelante voy a hablar más profundamente sobre
este asunto, en el cual, por lógica, debemos tener muchas horas
trabajadas, o por lo menos pensando de forma directa y discutiendo
con los demás. Pero la conclusión que saco, que de pronto no fue
bien captada y tal vez es de lo más importante -y pasa también
en la selección de las inversiones para la industria de mi país-
es que aquí hay una "antiselección" de la inversión
en el sistema financiero, y que cuanto más vivamos estas
situaciones -que es lógico vivirlas- más hacemos esa "antiselección"
para el que viene a colocar dinero en este país. SEÑOR
GARGANO.-
Quiero plantear un problema de método. Resolvimos reunirnos a la
hora 8 para escuchar al señor Ministro, todas las fuerzas políticas
tienen posición tomada con relación al tema, y hemos escuchado
con mucha atención la exposición del señor Ministro. Con todo
respeto, conocía su pensamiento, y lo que nos ha dicho hoy ha
corroborado en un todo lo que sabíamos. Cuando
estudiamos la última Rendición de Cuentas, ante preguntas que yo
formulé, el señor Ministro respondió exactamente de la misma
forma como lo ha hecho hoy en su exposición. Mi sector político
y yo personalmente tenemos una opinión formada, y creo que lo que
tenemos que decidir en el día de hoy es si este proyecto es
enviado al Pleno del Senado o no. Más que reiterar una discusión,
creo que lo que tenemos que hacer es manifestar nuestra opinión
votando. El
señor Ministro ha hecho un planteo y ha solicitado un determinado
comportamiento de la Comisión, y lo que tenemos que discutir es
si eso que ha pedido el señor Ministro, en nombre del Presidente
de la República, lo aceptamos o no. Yo creo que hay que decidir
sobre ese tema más que avanzar en una discusión. Si bien estoy
dispuesto a tener muchas horas de debate sobre el tema de fondo,
acerca de la responsabilidad del endeudamiento, de la confianza
que organismos internacionales puedan tener en la conducción de
la política económica de nuestro país, y de la historia de las
relaciones entre los productores agropecuarios y el Estado, lo que
me importa es ver si hoy, 13 de noviembre, cuando queda
exactamente un mes para terminar el período legislativo, estamos
en condiciones o no de decidir sobre este tema. Simplemente
quería plantear, como problema de método, que hay que resolver
si este proyecto lo vamos a tratar a nivel del Senado y de la Cámara
de Representantes antes de que termine el período legislativo,
antes de abordar una discusión de fondo. SEÑOR
DE BOISMENU.-
Pido perdón al señor Senador Gargano si lo molesté por algo. SEÑOR
MINISTRO.- Antes
de que la Comisión entre a considerar el procedimiento a seguir y
la votación correspondiente, quiero hacer dos precisiones en un
tono muy modesto y, repito, con el mismo ánimo con el que vine:
decir mi verdad pero no incursionar en un debate, más allá de
que sea estrictamente indispensable. Quisiera
referirme a dos afirmaciones, una del señor Senador Pereyra y
otra del señor Presidente. Con
respecto a mi aclaración sobre la intervención del señor
Senador Pereyra, debo decir que entre este proyecto y la solución
que hemos adoptado para el Banco de la República, hay una
diferencia sustancial, y es que la decisión que hemos tomado en
el caso del Banco de la República se financió en forma explícita
mediante un impuesto que está pagando el conjunto de los
uruguayos. Si buscáramos una solución similar -no importa en qué
medida, si igual, mejor o peor- para la banca privada, para
hacerla compatible con la concepción que yo he tratado de
defender, tendríamos que pensar en una cuyo costo fuera
financiado por el conjunto de la sociedad, de la misma manera que
cuando se expropia un campo se paga al propietario con cargo a
Rentas Generales. En
cuanto a dos afirmaciones del señor Presidente, tal vez la
expresión "terrorismo financiero" sea demasiado cruda o
fuerte. El primer punto a tener en cuenta es si el Uruguay, en
estas condiciones, puede vivir con sus propios recursos. Esto de
que tengamos un déficit fiscal tan alto no es casualidad; el país
se ha visto enfrentado a distintas circunstancias que explican su
nivel y que, en lo inmediato, tengamos que convivir con él, por más
que es mi firme propósito que sea inferior al de los años
anteriores. En ese caso, usted necesita financiamiento externo y,
aunque no le guste, tiene que jugar en una determinada cancha.
Además, en esa cancha, si hago las cosas bien, como país, me
tengo confianza. Es una cancha muy difícil, hay tribuna adversa y
el juez no siempre cobra a favor de uno, pero me tengo confianza
en que nuestro país, si hace las cosas correctas, puede jugar
bien. Esa es mi concepción. En
cuanto al plazo, creo que es así, pero el señor Presidente sabe
tan bien como yo -usted por su conocimiento de las cosas de este
país, y yo porque he trabajado profesionalmente en ese sector-
que a ningún banquero le gusta ejecutar o cobrar mediante remate.
Lo que pasa es que el banquero le tiene que ver la cara al deudor,
de lo contrario no puede arreglar. Y si hay que darle plazo, se lo
va a dar, ya que los banqueros no son perversos por definición;
tienen que cuidar el dinero de otros. SEÑOR
HEBER.- Quiero
hacer dos comentarios, que creo que son importantes y van en la
misma dirección que lo expresado por el señor Senador Gargano.
Nosotros hemos escuchado una exposición del señor Ministro en la
que nos narra con dramática opinión sobre la situación que vive
el país, la región y el mundo. Será de aceptación o de recibo
por parte de los señores Senadores, o no, pero creo que merecíamos
tener ... SEÑOR
PRESIDENTE.- Sinceramente,
quiero decir que en el Parlamento nunca sentí tanta presión
intelectual. SEÑOR
HEBER.- Como he
dicho en esta Comisión y en una reunión en la Federación Rural
en la que hace poco estuvimos varios de nosotros, en dos
oportunidades recibí a una de las calificadoras. Seguramente
podremos hacer toda una serie de comentarios que quizás no sean
de recibo en la Comisión, ya que más allá de escuchar al señor
Ministro, si se decide tratar este proyecto, tendremos una discusión
en el Plenario. Creo
que el mundo no es como a uno le gusta, y me quedo con la frase
-que he repetido en varios Plenarios- que escuché decir al señor
Senador Mujica: "Yo antes tenía interés en cambiar el
mundo; ahora me alcanza con cambiar la vereda de enfrente de mi
casa". No sé si podemos cambiar el mundo desde aquí; el
mundo es como es. En
función de eso, señor Presidente, quiero decir dos cosas. En
primer lugar, hemos recibido una información muy importante del
señor Ministro y creo que no debe pasar inadvertido de sus
manifestaciones el hecho de que hay voluntad de resolver el tema.
El nos ha dicho que ve en el sector de la banca privada buena
disposición a resolver el tema. Quizás sería importante
escuchar al señor Ministro respecto a si el tema del
endeudamiento en la banca gestionada se puede terminar de resolver
de la misma manera que se viene haciendo en el Banco de la República,
y me gustaría acelerar estos puntos porque, como he dicho aquí,
soy partidario de una solución negociada y no de una ley que
resuelva el problema, porque a mi juicio no lo resuelve. Aclaro
que no estoy hablando de este proyecto de ley, sino del que
presentó el Encuentro Progresista. ¿Por
qué creo que es importante una solución negociada? En primer
lugar, simplemente porque no arriesga ni pone en riesgo al país
y, en segundo término, porque creemos que evita lo que a nuestro
juicio puede ser una dramática realidad, en función de la
intervención que el sistema político, el Gobierno o el Estado
-tal como se le quiera llamar- pueda hacer en lo que son los
acuerdos de partes, que es la posibilidad de que un sector
importantísimo -o fundamental, como señaló el señor Senador
Pereyra- no tenga más crédito. Este tema tiene que estar arriba
de la mesa, ya que no sólo tenemos que resolver el problema del
endeudamiento de la gente a la que le ha ido mal en este sector,
sino que es preciso no arriesgar lo que puede ser el crédito
futuro que debe tener, y no hay ley que pueda establecer, en el día
de mañana, que deba dársele crédito a un sector, por más
voluntad que exista en la mayoría de este Cuerpo. Hemos
recibido un planteo del señor Ministro en cuanto a postergar el
tema, pero yo digo: "postergarlo sin postergarlo". Voy a
tratar de explicar mi posición: postergar la decisión de la
Comisión en lo que tiene que ver con la suspensión, pero con la
salvedad de que si nosotros tenemos una negociación con el sector
de la banca privada, podemos llevar a los hechos lo que indica el
proyecto. Es más, no necesitamos un proyecto de ley, ni tampoco
una ley, para suspender las ejecuciones, sino que alcanza con una
mesa de diálogo con el sector y con la banca privada para que no
haya más ejecuciones; al fin de cuentas, estamos discutiendo los
instrumentos y no el fin. Si
es factible, me gustaría aprovechar la presencia del señor
Ministro para que nos responda dos preguntas. La primera es sobre
la banca gestionada; se habla de U$$ 200:000.000 entre dos bancos
de nuestro país -me estoy refiriendo a los Bancos de Crédito y
La Caja Obrera- y quisiera saber qué solución existe para los
productores que se encuentran en esa situación. La
segunda pregunta es si existe oportunidad -en lo posible esta
semana- de tener una mesa de diálogo, de modo tal de poder
acordar los pasos de entendimiento que entre las partes tiene que
haber, sin intromisión de lo que puede ser el Estado -es decir,
acuerdo de voluntades de las partes- con el fin de hacer efectivo
lo que de alguna manera todos queremos, que es la solución final
para el tema del agro. En
síntesis, formulo estas dos interrogantes aprovechando la
presencia del señor Ministro y ahorrándome algunos otros
comentarios sobre sus reflexiones relativas a los temas de fondo y
a lo que significa este proyecto de ley. SEÑOR
MINISTRO.- En
primer lugar, con respecto a la banca gestionada, semipública o
cuyo capital accionario está mayoritariamente en poder del
Estado, voy a dar una información de orden general que ya conocen
los señores Senadores, y es que cuando se dispuso la fórmula que
se está aplicando en el Banco de la República, me dirigí al señor
Presidente del Banco Central para que pusiera en conocimiento de
los Directorios de los dos bancos anteriormente mencionados -me
estoy refiriendo a los Bancos La Caja Obrera y de Crédito- la
sugerencia de que aplicaran la misma fórmula que el Banco de la
República para sus deudores agropecuarios. De modo que en nombre
del Poder Ejecutivo reafirmo que eso es así, que así ha
funcionado y que en los dos bancos gestionados se han recibido las
solicitudes de los deudores agropecuarios que se definieron en esa
condición para acogerse a una refinanciación en los términos
establecidos por el Banco de la República. Quiero
informar que sólo cuento con las cifras del Banco La Caja Obrera
y no con las del Banco de Crédito, pero por similitud de
dimensiones no creo que exista mucha diferencia entre uno y otro.
En el Banco La Caja Obrera se han presentado solicitudes de
refinanciación correspondientes al sector agropecuario por un
total de U$S 25:000.000, y estas son las que se estarían firmando
ya -supongo que así sea, ya que no estoy al tanto de lo que
sucede día a día- o en los próximos días. Más
allá de esta circunstancia, quiero señalar -aunque es de
conocimiento público- que estamos muy avanzados en el proceso de
venta del Banco La Caja Obrera. Me apresuro a señalar que si
finalmente se concreta la venta, se respetarían -esta es una de
las condiciones que establecemos- los derechos de estos deudores
que se presentaron para solicitar la refinanciación. Repito
que no tengo la cifra del Banco de Crédito, pero me imagino que
debe ser más o menos del mismo orden, simplemente teniendo en
cuenta la dimensión de los dos bancos. De
modo que están incluidos todos los deudores que así lo desearon
y que obviamente reunían las condiciones requeridas para la
refinanciación. En
cuanto al procedimiento, que es la segunda pregunta que realizó
el señor Senador Heber, considero que debe modelarse a partir de
las restricciones que he señalado. Me refiero a que la banca, por
distintas circunstancias, no está en situación de adoptar una
solución corporativa, de carácter obligatorio y uniforme para
todos sus miembros, pero sí se encuentra en disposición
individual para atender, en los términos más favorables
posibles, los casos que se pongan a su consideración. En
consecuencia, creo que el procedimiento debería pasar por alguna
forma de identificación de los deudores morosos con la banca
privada por un monto de hasta U$S 200.000, para aproximárselos a
cada uno de los bancos involucrados en la problemática del sector
agropecuario, con el fin de lograr una solución acorde a la
situación de estos deudores. No me atrevo a sugerir ese
procedimiento con toda precisión, pero he pensado y también he
conversado -ya que obviamente no voy a improvisar aquí una
sugerencia de este tenor- en el sentido de que una solución podría
ser la constitución de una comisión integrada por ex Presidentes
de las tres entidades rurales más representativas, que a su cargo
tendrían la tarea de recopilación de los datos de los deudores
morosos de la banca privada por hasta U$S 200.000, y la misión de
hacer los acercamientos correspondientes a cada uno de los bancos
privados que correspondan. Naturalmente, esta es una sugerencia,
pero puede haber otros procedimientos. Entiendo
cuáles son las urgencias de la Comisión: hay un problema que no
podemos desconocer, así como tampoco ignorar el hecho político,
pero desde el punto de vista de mis conversaciones con la banca
privada, creo que existe el mejor de los ánimos para atender de
la forma más rápida posible estos planteos, y supongo que por
parte del sector agropecuario y de sus principales agremiaciones
existirá la misma urgencia. De modo que se podría caminar muy rápidamente
en este intento de solución, y ver al final del camino dónde
estamos parados. Puede ocurrir que el problema desaparezca por
completo, o en un 80%, o que no desaparezca en absoluto y allí,
obviamente, cada sector recobrará su voluntad política para
decidir sobre este problema. SEÑOR
SANABRIA.- Las
expresiones del señor Ministro han sido claras en cuanto al análisis
de la situación puntual que nos convoca. Las manifestaciones del
señor Senador Pereyra, quien ha presentado este proyecto de ley,
también apuntan a encontrar una solución definitiva. Hay una
mesa de trabajo, una propuesta concreta de comprensión y,
fundamentalmente, de resolución del problema, porque partíamos
de la base de que este proyecto apuntaba a dar tiempo a la
eventualidad de una solución. Como
en todos los aspectos de la vida, en política la última palabra
nunca se da en el momento que se determina, pero creo que el
planteo del Gobierno vinculado a explorar y profundizar en la
propuesta concreta, en definitiva se acerca mucho a lo que el país
ha hecho con mucho esfuerzo con relación al Banco de la República
y la banca gestionada -que representa, aproximadamente, el 50% de
la problemática del endeudamiento privado, por lo que estaríamos
con el 50% ya resuelto- por lo que considero que ahora corresponde
que la Comisión se aboque a analizar los pasos que cada uno de
los sectores de los partidos políticos representados en la Comisión
entienden conveniente. Creo
que ha sido muy provechoso el análisis y el sinceramiento que el
señor Ministro de Economía y Finanzas ha hecho a la Comisión y,
precisamente, pienso que en estos momentos de dificultades
terribles que está pasando la región y el mundo, las
responsabilidades deben asumirse con conocimiento de causa.
Celebro que el señor Ministro haya venido con las cartas a la
vista -digo esto desde el punto de vista personal y político-
porque reitero que, en definitiva, en este y en todos los temas
debemos asumir nuestra responsabilidad. Por lo tanto, me da gusto
que las cosas se manejen en este tono, ya que ello hace que los
caminos que recorramos políticamente, los asumamos con el
conocimiento cabal de la situación que está viviendo el país,
la región, nuestros vecinos y el mundo, que no son novedad para
nadie y que, en definitiva, llevan a que estos sinceramientos le
hagan muy bien al país, a las instituciones, a la democracia y al
sistema político. SEÑOR
NIN NOVOA.- En
concordancia con lo que decía el señor Senador Sanabria, creo
que deberíamos liberar al señor Ministro, a los efectos de que
podamos analizar qué pasos debemos seguir, y teniendo en cuenta
las múltiples tareas que el Ministro seguramente debe tener. SEÑOR
PRESIDENTE.- Agradecemos
al señor Ministro de Economía y Finanzas su concurrencia a la
Comisión. (Se
retira de Sala el señor Ministro de Economía y Finanzas) SEÑOR
SANABRIA.- Retomando
un poco el ánimo vinculado a la solución del tema, creo que en
esta Comisión todos partimos de la base de que, más allá de la
magnitud del problema -que es muy importante, ya se trate de U$S 25:000.000,
de U$S 30:000.000 o de mil productores- si existe un productor que
arriesgue sus posibilidades de trabajo en una actividad tan sana y
tan importante para el país -como aquí se ha señalado- esta
Comisión, el Parlamento y el Uruguay tienen que tratar el asunto,
por lo que deberá distraer nuestra atención, preocupación y
trabajo. Pero como señalaba el señor Senador Pereyra, el
proyecto de ley apuntaba a ser instrumento de soluciones
definitivas y no la propia suspensión por si no se resuelve el
tema de fondo, y en virtud de los matices que podamos tener en
cuanto al tema de la solución administrativa del Banco de la República
y la banca gestionada -confirmada hoy por el señor Ministro-
creemos que estos procesos han sido, lamentablemente, más largos
de lo que el sistema político hubiera querido, entre otras cosas
por el funcionamiento de las propias instituciones. Evidentemente,
hay quejas importantes que se han ido resolviendo a través del
reconocimiento de los propios Directorios, tanto del Banco de la
República como de la banca gestionada y, a pesar de que a veces
las decisiones políticas no llegan a los sectores productivos en
los niveles de celeridad y de razonabilidad deseados, creo que
estamos en un camino vinculado a dos planteos muy serios y
formales. Uno de ellos, del propio Poder Ejecutivo quedando a la
espera del pronunciamiento de la Comisión y, el otro, planteando
un camino concreto a la problemática de fondo que es, en
definitiva, que no haya ejecuciones y sí una solución para los
productores endeudados en menos de U$S 200.000. Dentro
de ese ámbito, realizo un planteo político vinculado a la Comisión,
en cuanto a que esta conversación se instrumente con la
participación de todos los partidos políticos. En definitiva, si
los bancos nos dicen que no habrá ejecuciones, habrá quedado
sellado el éxito de la propuesta del señor Senador Pereyra, que
apunta a que no haya ejecuciones por un plazo prudencial hasta que
se instrumenten las medidas, lo que podría insumir un par de
semanas. Todos sabemos que se trata de no ejecutar a productores
endeudados en la franja de hasta U$S 200.000. A eso apunta el
proyecto del señor Senador Pereyra, aunque creo que hoy la
negociación tiende a ser más generosa, porque el proyecto del señor
Senador -asumiendo éste la responsabilidad política, como
siempre lo ha hecho- tiene limitantes importantes vinculadas a las
refinanciaciones anteriores, que quedan fuera de esta conversación.
Además,
todos sabemos que entre el 60% y el 70% de los productores que hoy
estamos analizando quedaría fuera del proyecto, en virtud de que
también toca a los refinanciados de 1992. Estamos hablando de
hace ocho años y se trata de productores que, en su mayoría,
siguen con problemas de endeudamiento. Hoy está planteada una
posibilidad de negociación más amplia que la del proyecto,
vinculada al tema ejecución. Sin embargo, diría que es mucho más
amplia en la medida en que no sólo estamos hablando de lograr
paralizar de hecho las ejecuciones, sino además de una solución
de fondo que está planteada sobre la mesa. Visto esos dos
argumentos, planteo formalmente que la Comisión asuma la
responsabilidad, tomando para ello un tiempo prudencial que podría
ser de algunos días. No estamos planteando una postergación
definitiva del tema, ni frenando ningún pronunciamiento político;
simplemente, estamos frente a un planteamiento concreto, frente a
la palabra empeñada del Poder Ejecutivo a través del Ministro de
Economía y Finanzas en los dos aspectos: el de la solicitud del
Gobierno y el del tema de fondo. Realmente, me entusiasma la
posibilidad de llegar a los productores con soluciones concretas y
mucho más amplias que las que establece el proyecto de ley, a
pesar de que éste, de alguna manera -hay que reconocerlo- es el
disparador de esta solución. SEÑOR
NIN NOVOA.-
Comparto con todos el espíritu altruista con el que se ha
discutido e intercambiado algunas opiniones, aunque no puedo dejar
de manifestar cierta preocupación, quizás por desconocer cómo
operan los mecanismos del poder central. Noto una autolimitación
parlamentaria y observo que cuando hay un problema grande para
tratar, en reiteradas oportunidades se prefiere la negociación a
la ley. Si a eso le sumamos algunas prerrogativas propias del
Parlamento que viene cediendo a favor del Poder Ejecutivo y viendo
que se hace tanto énfasis en rehuir los caminos de la ley, legítimamente
uno tiene el derecho de preguntarse qué estamos haciendo acá.
Aprendí aquella frase de nuestro Prócer, en cuanto a que
"es muy veleidosa la voluntad de los hombres" y, por lo
tanto, prefiero el camino de la ley y no el del acuerdo que
siempre queda sometido a la voluntad de interpretación de alguna
de las partes. Entonces, más allá de que creo que al Presidente
de la República le asiste el legítimo derecho de pedir la
postergación del tratamiento de este tema, me parece que también
hay una suerte de intromisión de un Poder del Estado sobre otro,
para que desde el primero se dicten los tiempos de funcionamiento
y resolución que tiene el otro Poder del Estado, es decir, el
Legislativo. Estas
son las dos razones centrales que me llevan a pedir que votemos
hoy el proyecto presentado por el señor Senador Pereyra para que,
de ser posible, el tema pueda ser tratado en el Plenario del día
de mañana. Además,
creo que la urgencia de este tema nos está haciendo olvidar que
todavía existe otra instancia parlamentaria, que es la de la Cámara
de Diputados, y en ese interregno se podrán hacer, o intentar
hacer algunas negociaciones. Naturalmente que nos hubiera gustado
mucho enriquecernos debatiendo con el señor Ministro, a quien le
reconocemos su capacidad técnica. Debo
decir que nos quedaron muchas dudas respecto a la interpretación
de este proyecto de ley. Todos los que estamos aquí -o casi
todos, aunque yo no lo soy- somos propietaristas, pero creo que
esto no afecta en absoluto el derecho de propiedad de los bancos
de cobrar sus activos, porque lo único que se haría, sería
postergar en el tiempo ese cobro compulsivo y nada más. Como dijo
el señor Senador Pereyra, nadie está planteando perdonar esas
deudas. Por
otro lado, tampoco logré comprender por qué se hizo tanto énfasis
en el déficit fiscal, como si de esa argumentación se
desprendiera que va a haber una transferencia de activos públicos
para el sector privado que aumentaría nuestro déficit. Me
supongo que, como contrariamente ha sucedido en tiempos pretéritos,
nadie va a transferir otra vez recursos al sistema financiero. Se
habla del riesgo moral y se dice que hay un acostumbramiento de no
pagar, pero el Estado ha estado involucrado directamente en ese
acrecentamiento del riesgo moral cada vez que se ha fundido un
banco y ha salido a poner dinero en el sistema financiero. Entonces,
como desde mi punto de vista las señales no son muy claras,
preferiría que esto se siguiera tramitando por el camino de la
ley. Soy Legislador, como todos aquí, y creo en la ley. Además,
considero que hay una peligrosa tendencia a disminuir competencias
del Poder Legislativo en preeminencia del Poder Ejecutivo. Por
otra parte, quiero que nos expresemos hoy sobre este tema, tal
como había sido acordado la semana pasada, porque esa fue la
condición con la que se realizó la sesión de hoy, a los efectos
de ver si se puede tratar el tema mañana en el Plenario como una
señal para el sector productivo. También
me apresuro a decir que la solución de fondo del sector
productivo no es que se paren las ejecuciones, sino que exista una
relación adecuada entre insumo y producto que le permita a la
familia rural vivir mejor y nada más. Si hay que realizar
ejecuciones, algún día habrá que transitar los caminos del
acuerdo privado entre las partes. Sin embargo, no es un fin en sí
mismo parar las ejecuciones, sino una señal que lleva de la mano
que pensemos en soluciones de fondo para el otro gran tema del
sector agropecuario, que es el de la rentabilidad. SEÑOR
GARGANO.- Este
es uno de los temas, tanto económico como social, graves que
tiene el país, aunque hay otros también muy graves que son políticos
y en los que no hemos avanzado, consiguiendo solucionarlos, a
pesar de que hemos dado plazos y establecido acuerdos, los que
luego no se cumplieron y no hubo nuevos plazos ni nuevas
negociaciones. Como fuerza política estamos admitiendo una
realidad en la cual no hemos avanzado nada. De todos modos, acá
se plantea una problemática agregada que es la social. Yo estoy
convencido de que efectivamente hay un amplio sector de
productores que está verdaderamente viviendo horas de angustia,
de enormes dificultades, por problemas a los que no se ha
proporcionado una salida o la esperanza de encontrar una salida a
no muy largo plazo. Eso es lo que nos ha llevado a nosotros, en el
curso del año pasado, a presentar un proyecto similar a éste,
que extendía la suspensión de las ejecuciones hasta el 31 de
diciembre. Ni siquiera fue considerado; no se abordó el tema. El
problema persistió durante todo este año. Hemos
trabajado en Comisión, en interpelaciones en el Plenario una y
mil veces sobre el tema del endeudamiento, de la cantidad de
deudores comprometidos, etcétera. Llegamos, entonces, a esta
situación en la cual lo que hay es, no una resolución al tema
del endeudamiento y de la rentabilidad de la producción
agropecuaria, sino simple y sencillamente la búsqueda de un
respiro para que, en un tiempo que va de ahora a junio del año
que viene, se encuentre una luz de esperanza para el sistema
productivo. Tengo
la convicción de que se puede lograr esa solución. Me parece que
el camino que se ha planteado es bueno y comparto lo que decía el
señor Senador Nin Novoa, porque yo quiero la seguridad de la ley.
Si mientras tramitamos en el Parlamento y votamos en el Senado
este proyecto de ley aparece un acuerdo entre los productores y el
sistema financiero privado para alcanzar una solución, entonces
habrá que estar a lo que se resuelva. Mientras tanto, creo que el
tema hay que llevarlo a la discusión pública y plantearlo en el
Senado de la República, con la correlación de fuerzas que haya.
Me parece que si efectivamente esto se hace así, va a ser además
la mejor garantía de que se encuentre una solución en otro ámbito.
De modo que también estoy de acuerdo en que se pase a votar y que
veamos cómo llevamos mañana el tema al Senado. SEÑOR
PEREYRA.- Señor
Presidente: desde el momento en que presenté el proyecto, he
estado dispuesto a votarlo. Se han pedido los asesoramientos
correspondientes, a los que también hemos accedido, porque
acceder a ellos es una tradición parlamentaria. Al final de mi
exposición dije que si hay una solución definitiva al problema,
el proyecto no tiene razón de ser. Pero aquí ya se ha señalado
que los plazos están muy avanzados. Entonces, yo podría de
alguna manera considerar la posibilidad de hacer un paréntesis
muy breve para ver si realmente aparece el espíritu constructivo
de lograr una solución mucho mejor que una simple suspensión de
ejecuciones, pero en términos sumamente breves. Yo
no estoy, de ninguna manera, dispuesto a ceder en la idea que me
inspiró este proyecto, salvo que aparezca una solución. Reitero
que la expresión "esto es un parche" que usaron el otro
día, no me molesta, porque ésta no es la solución definitiva.
La misma, hoy "anda caminando" -por lo menos, por algún
plazo importante- por el Banco de la República. ¿Por qué no
puede "caminar" por la banca privada? Es algo que no
alcanzo a entender. El
señor Ministro nos ha transferido una responsabilidad que yo no
puedo medir en todo su alcance: la de comprometer el futuro del país
en materia de negociaciones internacionales y la posición en la
que internamente se colocaría por no conseguir el apoyo necesario
para salir de la difícil situación que está viviendo. La que se
nos ha transferido es una responsabilidad grave. Y un pedido del
señor Presidente de la República, cuya investidura naturalmente
respeto y valoro, y a la que no quiero ser insensible. Si hay una
solución, en el sentido de que la banca privada acepte
refinanciar a los productores en forma similar a la del Banco de
la República, no digo que retiraremos definitivamente nuestra
propuesta, pero podríamos hacer un paréntesis. Hoy
es martes. Sé que en dos días esa iniciativa no va a
cristalizar. El jueves tenemos sesión. Personalmente, daría
plazo hasta el otro jueves para ver si se encuentra una solución.
Estaría dispuesto a ello, pero siempre que exista la posibilidad
de que para ese momento esté instrumentada esa mesa de diálogo
que, por lo menos, nos acerque a una solución. Si no es así, sería
un plazo de diez días y el jueves de la semana siguiente,
cualesquiera sean las circunstancias, daré mi voto aquí. SEÑOR
GARGANO.- Hay
dos propuestas claras: una en el sentido de que se vote hoy, y
otra para que la votación se postergue hasta el otro jueves, que
es lo que acaba de manifestar el señor Senador Pereyra. SEÑOR
DE BOISMENU.- Señor
Presidente: pido disculpas, con todo respeto, por algún gesto que
cometí cuando anteriormente pedí la palabra. Yo
no tengo experiencia parlamentaria -los señores Senadores lo
deben saber muy bien; sólo he hecho alguna suplencia- pero he
aprendido a apreciarlos. No sé si este sentimiento puede ser
mutuo; en todo caso, es un rasgo de mi carácter. Quiero
decirles a todos y especialmente al señor Senador Pereyra -con
quien en una época trabajé como Presidente de una institución
rural en una refinanciación- que a mí este tema me cuesta mucho,
y es normal que así sea. Después de 160 años, hace algo más de
un año perdí el campo de mi familia. Fue una salida dura para mí,
y no sé si como consecuencia de ello, poco tiempo después tuve
mi primer problema cardíaco que terminó en operación. No
interesa. Mis hermanos están en el mismo camino. Ayer no pude
asistir a la reunión porque estaba trabajando en lo de mi hermana
menor, a quien aconsejé la misma salida, ya que me parece que no
debe ser la comunidad la que nos pague. Ahora tenemos que arrancar
como lo hizo mi abuelo en 1860, pero todo es muy triste. Pienso
que aquí tengo que valorizar, y mucho, la acción del señor
Senador Pereyra. Lo hice en su momento; pero también debo pensar
si nuestro riesgo no pasa, además, por una cultura del "no
pago". El
análisis de este tema me llega muy de cerca, porque por lógica
tuvo en mi vida una significación muy directa. Sé que de pronto
hago una reflexión que les puede alcanzar, en el sentido de que
me resulta muy extraño trabajar en las Comisiones del Senado.
Trabajé mensualmente durante veinticinco años en los Grupos
CREA, donde tomábamos definiciones en conjunto, aceptábamos
posiciones de los demás y llegábamos a hacer ajustes de ideas.
Esos trabajos eran muy intensos. Este tema del endeudamiento se
discutió por mucho tiempo. Debido a esas casualidades que a veces
proporcionan una salida fácil, algún productor nuestro pagó con
la grande de fin de año. Sin embargo, aquí cuesta más, porque
yo sé que no puedo convencerlos a ustedes, y que a ustedes les va
a costar convencerme a mí. Son diálogos muy largos, de los
cuales me resulta bastante difícil participar. En
este momento hay en el país -para los que lo conocemos en forma
directa- una conciencia, por parte de muchos productores, de no
pagar absolutamente nada. Le decía al señor Senador Pereyra que
ayer fui -por eso solicité el día lunes- a cobrar cuentas de
reproductores, de hace un año. No pude cobrar absolutamente nada,
pero me atendieron en camionetas último modelo. Si ese es el
camino, se lo marcaré a mis hijos para decirles que esa es la
verdad en la que anteriormente no creía. Digo
más, valoro lo expresado por el señor Senador Pereyra. Aquí han
conseguido, para bien o para mal -no sé cuál va a ser el
resultado final- una suspensión de ejecuciones. Quedan los
productores que tienen un endeudamiento más grande, lo que me
duele muchísimo, sobre todo los agrícola-ganaderos. Somos muy
pocos los que acudimos a la banca privada como saldo final después
de haber tenido problemas de endeudamiento, porque después del
endeudamiento anterior nosotros morimos en el Banco de la República
y en las cooperativas. Esta Comisión recibió, hace pocos días,
un proyecto -iniciado por nosotros- que trata de créditos a
productores agrupados para, de alguna manera, atrapar a la banca
cooperativa. Pero, hace diez minutos me llamaron para decirme que
ese proyecto no se pone en marcha. Uno de los problemas que en
estos momentos tiene la banca cooperativa no es la discusión de
esto, sino el no pago por parte de los productores y de los
consignatarios, lo que está creando dificultades y, por lo tanto,
el proyecto no se puede poner en marcha. Este
es el mensaje que dejo y pido perdón -especialmente al señor
Senador Gargano- por lo extenso de mi exposición. SEÑOR
SANABRIA.- Hago
mías las expresiones del señor Senador Pereyra. SEÑOR
PRESIDENTE.-
Existen dos propuestas. Creo que tenemos que definirnos en ese
terreno. Una de ellas fue planteada por los señores Senadores Nin
Novoa y Gargano, que naturalmente acompaño, en el sentido de que
se vote hoy este proyecto y siga su vida parlamentaria, en el bien
entendido de que haya caminos de negociación. La otra, fue
presentada por el señor Senador Pereyra y apoyada por el señor
Senador Sanabria, cuyo contenido era darle un plazo al proyecto
hasta el 22 de este mes. Estos son los caminos resolutivos que
tenemos por delante. Por lo tanto, creo que a esta altura de la mañana
corresponde votar el proyecto. SEÑOR
PEREYRA.- Creo
que se debe entender que una prórroga inextendible hasta el día
22 no significa liquidar hoy el problema, sino transferir la
votación para ese día. Es decir, esto no se termina acá. SEÑOR
GARGANO.- El señor
Senador Pereyra sabe el respeto que tengo por sus opiniones, pero
los hechos van a hablar más que las palabras o los compromisos
que podamos pronunciar. Vamos a ver si el jueves esto queda
solucionado. Creo que el mejor camino es el que hemos propuesto
junto con el señor Senador Nin Novoa, porque asegura, de alguna
forma, que tratemos el problema en el plano público, no sólo en
la Comisión. SEÑOR
PEREYRA.- Si no
hay soluciones mejores, entonces, que se vaya al Plenario. SEÑOR
SANABRIA.-
Propongo que se vote. SEÑOR
NIN NOVOA.- Ante
la afirmación del señor Senador Sanabria, no logro entender cuál
es el régimen de exclusión que hay entre las dos propuestas. ¿Por
qué una tiene necesariamente que excluir a la otra, si no son
excluyentes? El proyecto se puede tratar en el Senado y eso no
significa que la ley se sancione, ya que la instancia
parlamentaria tiene otra oportunidad en la Cámara de
Representantes. Entonces, se pueden hacer las dos cosas a la vez. SEÑOR
SANABRIA.- Con
la voluntad política de centrar el tema en su justo término,
creo que se está intentando hacer comprender que no sería bueno
la señal política de que el proyecto siga avanzando. Esta es la
primera decisión política que estamos asumiendo. A cambio de
eso, ¿estamos planteando la solución definitiva del tema, la
solución de fondo? Me pregunto, y se lo planteo al señor Senador
Nin Novoa: ¿acaso no estamos de acuerdo con solucionar el
problema definitivamente? ¿Solamente estamos de acuerdo con votar
un proyecto de ley que suspende las ejecuciones? ¿O estamos
buscando, como todos lo estamos diciendo acá, la solución
definitiva? Hoy hay un planteo formal de una solución definitiva
que muy bien recogía el propio autor del proyecto. Desde
el punto de vista parlamentario tenemos que decir la verdad: este
proyecto podrá tener o no sanción a nivel del Senado o de la Cámara
de Representantes y podrá eventualmente también ser vetado.
Entonces, si vamos a las cuestiones parlamentarias, me quedo con
ellas porque no se cierran. Estamos pidiendo diez días para
analizar una solución de fondo del tema. En definitiva, estamos
hablando de una solución similar al Banco de la República,
similar a la banca gestionada. Si así no fuera, en diez días la
Comisión queda en libertad de acción para recorrer los caminos
que crea conveniente. SEÑOR
DE BOISMENU.-
Creo que si este proyecto va a ser discutido en el Senado, si hace
daño, el daño se hace. Y si se pone a votación tiene que
aprobarse, así como también en la Cámara de Representantes. Es
decir, si hago un negocio con cualquiera de ustedes y tengo dudas
sobre su cumplimiento nunca más haré un negocio o arriesgaré
uno a los precios que estamos hablando. Es tan sencillo como eso.
Como ya dije, valoro la posición del señor Senador Pereyra por
poner este tema encima de la mesa y tratar de que salga y no de
que se quede en el medio del camino. Por lo tanto, esto en la
discusión tiene que salir, si no el daño esta hecho, si es que
se hace daño. SEÑOR
GARGANO.-
Hubiera querido no hablar en toda la sesión porque vine a
escuchar y a votar, pero quiero decir lo siguiente. Punto
número uno: reiteradamente el señor Senador Pereyra ha dicho que
esto no es la solución definitiva, sino un parche. Punto número
dos: los productores dicen que la otra solución, la del Banco de
la República y la que nos está ofreciendo ahora el Ministro para
la banca privada, no es tampoco una solución definitiva, o nos
olvidamos lo que discutimos ayer o antes de ayer. Punto número
tres: me hago cargo, responsablemente, de las repercusiones que
pueda tener el tratamiento en el Senado o en otros ámbitos,
porque creo que las propuestas que hemos formulado son buenas para
el país, para la producción nacional y para la gente. En cambio,
creo que los otros caminos son equivocados. Si el proyecto no
tiene apoyo en la Cámara de Senadores y en la Cámara de
Representantes, saldrá fortalecida la posición del señor
Ministro Bensión ante los organismos internacionales, porque el
sistema político habrá dado el aval al Ministro. Entonces, para
mí las cosas son meridianamente claras, no hay manera de
confundirse. Además, creo que acá todos actúan con
responsabilidad; no estoy acusando de irresponsable a nadie, sino
que tenemos ópticas distintas y vemos las cosas de manera
diferente. Así están las cosas en el Uruguay. SEÑOR
DE BOISMENU.-
No me interprete mal. SEÑOR
GARGANO.- No,
al contrario. Lo que digo es que la actitud de la coalición de
Gobierno, desde el punto de vista de su concepción, es
perfectamente comprensible. SEÑOR
PEREYRA.- Antes
de votar, creo que debemos definir a quién vamos a encomendar la
tarea, porque de otro modo dentro de diez días estaremos igual
que hoy. Quiero saber cuál va a ser el mecanismo a emplear. Si
dentro de diez días no hay atisbo de solución, habrá que votar.
Lógicamente, voy a apoyar el proyecto que presenté porque no
tendría sentido otra cosa; hasta sería una falta de ética. SEÑOR
SANABRIA.- Había
propuesto vincular al Encuentro Progresista a la mesa de negociación.
Sin embargo, teniendo en cuenta su posición, retiro la propuesta.
De todos modos, los integrantes de la coalición de Gobierno
seguramente en el día de mañana tendremos una reunión con el señor
Ministro de Economía y Finanzas y con la dirección de los bancos
privados. Eso permitirá que a nivel de la coalición -que en
definitiva es la que va a postergar el tratamiento de este tema-
haya una respuesta para el próximo jueves. En ese encuentro
solicitaremos a los bancos el cese de las ejecuciones que, en última
instancia, es también de lo que trata este proyecto de ley. Desde
mi punto de vista, es más rápida la vía administrativa que la
legal. Insisto, hay una voluntad expresada que, de confirmarse,
hará que logremos el objetivo. Simultáneamente vendrá el camino
de negociación. Reconozco
que por suerte, desde el punto de vista político, este proyecto
ha habilitado un camino de tránsito hacia la solución para los
productores, que en realidad están más allá de las cuestiones
políticas vinculadas a esta Comisión o al mismo Parlamento.
Creo, repito -y si me equivoco vendré el próximo jueves a
reconocerlo- que estamos ante una posibilidad cierta de solución.
Si así fuera, evidentemente la postergación de la votación
estaría en la línea de la solicitud del señor Presidente de la
República -que no está en el país- que no es poca cosa, como así
también en la del señor Ministro de Economía y Finanzas en el
sentido de la importancia de la señal que se debe dar al sistema
financiero. Nadie desconoce las enormes dificultades que enfrenta
la región y fundamentalmente la Argentina. Sé
fehacientemente -porque lo conozco- que la intención del señor
Senador Pereyra apunta directamente a los productores. Tampoco
olvidemos que como bien se ha dicho, este proyecto no implica una
solución definitiva al problema. Entonces, si el jueves próximo
podemos venir con un primer paso hacia una solución definitiva,
evidentemente habremos tenido éxito en el planteo responsable,
serio y sereno de la postergación hasta dentro de diez días de
una votación. Si así no fuera, la Comisión, que es soberana,
votará y seguirá adelante. SEÑOR
PEREYRA.- Si no
entendí mal, se trataría simplemente de una postergación por
diez días para tomar la decisión. Por
otro lado, sigo sosteniendo la vigencia de esta medida, salvo que
aparezca una solución que contemple a los endeudados en la banca
privada. SEÑOR
SANABRIA.- En
esa línea estamos trabajando, señor Senador. SEÑOR
RIESGO.- Creo
que todos los caminos que podamos agotar para buscar una solución
-que sinceramente debo decir sería mejor que una ley- hay que
recorrerlos. Recién se decía que esto sería un parche. Pues
bien; pienso que sería una mejor solución si lográramos una
mesa de diálogo para acercar a las partes y no lanzar
directamente una ejecución que puede tener repercusiones mucho
peores para los productores y para el país en general, tal como
manifestó el señor Ministro. Además, en estos diez días no
habrá ninguna ejecución. Insisto, estamos tratando de armar una
mesa de diálogo para que las partes se pongan de acuerdo y ver si
podemos solucionar el tema sin causar la problemática que
evidentemente traería una ley de suspensión de ejecuciones. Si
el autor del proyecto de ley acepta que se vote el jueves de la
semana que viene, eso dará a algunos Senadores la posibilidad de
movernos y, quizás, encontrar una mejor salida para todas las
partes. SEÑOR
PRESIDENTE.- He
escuchado atentamente todo lo que se ha dicho, y quisiera expresar
muy sucintamente mi opinión. Es
lamentable que hayamos tenido que llegar a esta instancia para
encontrar un camino de negociación. ¿Dónde estamos parados? ¿Acaso
quiere decir que si no hubiera existido esta instancia no habrían
posibilidades de negociación? Sin lugar a dudas, esto no habla
muy bien. Por
otro lado, debo decir que nunca he sentido tanta presión en este
Parlamento; faltan los tanques en la calle. Se nos da una idea
apocalíptica del "investment grade" y de lo que puede
acontecer en el funcionamiento futuro del país, y uno lo tiene
que aceptar como una realidad amarga, contemporánea, con todas
las consecuencias que tiene. También se plantea un pedido del señor
Presidente de la República a quien, a pesar de estar en la
oposición, le tengo un enorme reconocimiento, más allá de su
investidura, como persona, como viejo luchador. Nosotros
querríamos -y creo que debemos expresarnos con el voto- que se
decidiera hoy, sin que ello implique cerrar el camino de la
negociación, por aquello de "a Dios rogando y con el mazo
dando" . En definitiva, la presencia de la picana demuestra
que motiva caminos de negociación, que si hoy existen quiere
decir que eran posibles. Si no hubiera estado esta picana, no
pasaba nada. Personalmente, hubiéramos preferido profundizar la
picana. A
esta altura no vale la pena discutir. Votemos hoy y si hay que
hacerlo también el jueves, volvamos a votar. Si hay negociación
y humo blanco, mejor. SEÑOR
RIESGO.- Deseo
aclarar que las negociaciones no empiezan hoy por el hecho de que
el Parlamento tenga a consideración este proyecto de ley. Me
consta que hay muchos Legisladores que de hace varios meses vienen
buscando una solución y dialogando en el tema. Me extraña que su
sector, que siempre fue partidario de las mesas de diálogo para
la discusión de todos los temas, no acepte la postergación de la
votación de un proyecto de ley, a fin de permitirnos buscar una
salida que posiblemente sea mejor que esta iniciativa. Asimismo,
debo decir que la presión la sentimos todos y que los tanques no
van a venir; quédese tranquilo porque estamos hablando de otras
épocas. Acá lo que pedimos es que nos permitan culminar
determinados diálogos que algunos señores Legisladores están
entablando con la banca privada para encontrar una solución. Al
fin y al cabo, ustedes tanto critican que la coalición cuando es
mayoría actúa como una aplanadora, y hoy que tienen la mayoría
quieren convertirse en aplanadora. Además, si me dijeran que la
semana que viene hay una, dos o tres ejecuciones pendientes que se
van a realizar, quizás pensaría como el señor Presidente y
estaría de acuerdo con que el tema se resolviera en el día de
hoy. Pero lo cierto es que no hay ninguna ejecución para la
semana que viene, y la espera de los diez días no cambia la
cuestión. Al contrario; esta espera podría solucionar la situación
de mejor manera que este proyecto de ley. Porque me pregunto: si
no lográramos nada, votáramos el proyecto de ley y llegáramos
al vencimiento del plazo de la ley -cuando se refiere a las
ejecuciones- ¿vamos a establecer otra suspensión de ejecuciones? SEÑOR
PRESIDENTE.- Voy
a responder al señor Senador con algo que pasó en este país.
Una vez vino un Embajador poderoso, de una potencia, y le pidió a
don Luis Batlle que mandara una presencia de soldados a Corea.
Luis Batlle, como Presidente de la República, no quería decirle
que no; entonces, lo mandó a hablar con el jefe de la oposición,
porque sabía que le iba a contestar un disparate que él no quería
decir. Nosotros
también tenemos que cumplir nuestro papel de oposición, porque
ello es lo que puede determinar, lisa y llanamente que, de pronto,
haya una salida. Esto también hay que entenderlo. SEÑOR
RIESGO.- Lo
comprendo perfectamente; pero lo que no entiendo es por qué no
nos permiten hacer gestiones hasta el jueves de la semana que
viene, para ver si podemos encontrar una solución. Si no lo
logramos, les diremos que tenían razón, que no era posible una
solución, que iremos a Sala y que se hará lo que allí se
decida. SEÑOR
PEREYRA.- Quisiera
decir algo con respecto a las manifestaciones del señor Senador
Gargano, quien sabe el respeto que siento por él. Aquí
siempre han estado los cinco votos; estuvieron el primer día, están
hoy y van a estar el jueves. Es decir que mi voto está siempre,
ya que sería una actitud demagógica de mi parte presentar el
proyecto de ley y luego votar en contra. Pero lo cierto es que no
se ha pedido el rechazo, sino una postergación, esgrimiendo
argumentos que valoro relativamente, algunos de los cuales contesté
en la exposición que realicé luego de que el señor Ministro
hiciera uso de la palabra. Reitero,
entonces, que los votos han estado y siguen estando, y si aparece
lo que hemos estado buscando, que es que la banca privada
contemple la situación y haga un sacrificio menor que el de la
banca pública -porque allí la deuda también es menor- estaríamos
en un camino más próspero que una simple suspensión de
ejecuciones. Quiero aclarar que si este último no es posible, el
voto va a estar siempre para la suspensión de ejecuciones. SEÑOR
SANABRIA.- Propongo
que se ponga a consideración la propuesta de postergar la votación
de este proyecto de ley para el día jueves de la semana próxima.
SEÑOR
NIN NOVOA.- Habría
que votar las propuestas por su orden. SEÑOR
GARGANO.- Es lo
mismo. (Dialogados) SEÑOR
PRESIDENTE.- Si
no se hace uso de la palabra, se va a votar la moción que propone
que se decida el tema en el día de hoy. (Se
vota:) 4
en 9. Negativa. Si
no se hace uso de la palabra, se va a votar la propuesta de que se
tome una decisión el jueves de la semana próxima. (Se
vota:) 5
en 9. Afirmativa. Por
lo tanto, la Comisión resolverá el tema el jueves de la semana
que viene. SEÑOR
SANABRIA.- Señor
Presidente: consideramos que no ha habido presión por parte del
Poder Ejecutivo, sino que se ha realizado un análisis objetivo,
compartible o no, de la situación económica de la región. Pero
realmente nunca había visto en una Comisión -y aclaro que ya
llevo tres Legislaturas- una presión de la oposición para
generar una votación, como la que pude observar en el día de
hoy. Quería dejar esta constancia. SEÑOR
PRESIDENTE.- Se
levanta la sesión. (Así
se hace. Es la hora 11 y 14 minutos) LA ONDA® DIGITAL |
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