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Homenaje al "Tola" Invernizzi
por Cristina Iriarte

El jueves 13 del cte. en Montevideo y el lunes 17 en la Casa de la Cultura de Piriápolis, se realizó el lanzamiento del libro "TOLA INVERNIZZI - La rebelión de la ternura", del escritor y periodista Carlos Mª Domínguez, editado por TRILCE.

Este evento tuvo lugar en la Sala "ZITARROSA" y contó con la presencia de numeroso público de todas las edades, ya que concurrieron varios de los estudiantes de Bellas Artes que pudieron tener el privilegio de ser alumnos de Tola Invernizzi hasta poco antes de su desaparición física. Nos sorprendió y conmovió oír la voz del "Tola" al apagarse la luz e inmediatamente su imagen en el Castillo de Piria en su querido Piriápolis. Créanme que ya había visto varias veces las "15 Estaciones del Vía Crucis", obra de Invernizzi que ha recorrido el país y que impacta por su colorido, tamaño y mensaje. Pero nunca antes tuve la ocasión de que su autor me llevara de la mano y del corazón a recorrer e interpretar cada línea de su obra.

Una obra puede gustar o no, sensibilizar o no, pero siempre nos hace reflexionar sobre su autor. Y en este caso, la reflexión y el sentimiento que el "Tola" imprimió en todos los que tuvimos la alegría de conocerlo, quedan claramente definidos en las palabras que pronunciara Julio César Castro "Juceca" en la ocasión de este lanzamiento literario y que me atrevo a transcribir en forma textual:

"Si dijese que fue uno de mis grandes amigos, sería vanidoso; y también podría serlo si digo que no lo fui. Nunca estuve peleando en un boliche junto al Tola, ni en una barricada, ni preso, ni le afané una mina (qué le iba a afanar!), ni me afanó una mina (que yo sepa), nunca estuvo en mi casa (en ninguna de mis casas), nunca nadamos juntos (entre otras cosas porque yo no sé nadar y aunque supiera), nunca anduvimos borrachos por una calle, nunca lo vi bailar arriba de una mesa, nunca nos encontramos en una timba, nunca discutimos de pintura (porque él respetaba mi ignorancia y yo su sabiduría), nunca viajamos en un mismo barco; y no quiero seguir con lo mucho de los muchos que no anduvimos juntos para no hacerla larga.

Los caminos por los que se llega a la amistad son a veces misteriosos y los grados pueden ser infinitos. Se puede ser simplemente amigos o amigos entrañables, se puede ser como hermanos, se puede ser como chanchos, se puede ser culo y calzón, carne y uña, cruz y fierro, Johnson y Johnson. Yo creo que fuimos amigos y que la ventaja fue mía. Hoy se pueden decir estas cosas, ya somos grandes, el tiempo pasó: yo al TOLA lo amaba. Y lo envidiaba, claro, quería ser así de bueno, así de justo, así de fuerte, así de inteligente, así de artista, así de comunista, así de todo eso. Era un hombre de suerte!!! De suerte con las mujeres, porque hay que tener una madre como la que tuvo el Tola!! Y tras cartón encontrarse con Milka, y los hijos que le salieron casi buenos, bastante buenos.

Yo hasta que no lo conocí, no sabía que estaba conociendo al Tola, en 1965 en un boliche, en Piriápolis (casi seguro). Estuve años y años sabiendo del Tola por amigos comunes, aquí o en Buenos Aires. En Buenos Aires nos encontramos en alguna dictadura, de aquí o de allí, y después de la dictadura, de tanto en tanto en la calle, en un boliche, en alguna visita. Porque a los amigos también hay que respetarlos, no se les puede caer a cada rato y quedarse mucho en cada visita. Recuerdo una madrugada como a las 3 de la mañana, andaba con el "Beto" Peyrou por Piriápolis, tomando unas copejas de más, y a aquél se le escapa: "Che, está lindo para irse a lo del Tola, no?" Y sí, claro. Y fuimos, pero estaba oscuro lo del Tola; y el Beto me dijo: tocale el timbre (en lo del Tola no hay timbre, no se toca el timbre, nadie sabe porqué).

Comenzamos a llamar bajito junto a su ventana, varias veces y, al final, desistimos. Al otro día fuimos a saludarlo y le comentamos, y nos dijo "vos sabés que a eso de las dos y pico de la mañana me desperté y le dije a mi mujer: algo está pasando, unas vibraciones, hay alguna cosa", y eras vos, carajo!!!". Esa maravilla, capaz de hacerle sentir a uno que irradia cosas, qué iba a irradiar, yo!! Pero el Tola lo abuenaba a uno.

En 1997 publiqué un libro de cuentos con la tapa con una reproducción del pintor Denry Torres, fallecido en 1983, amigo del Tola y mío. Invité al Tola (que estaba en Piriápolis) y me mandó un telegrama al lugar donde se hacía la presentación de libro. El telegrama decía:

SR. DENRY TORRES Y "JUCECA",

HALAGO ENORME SABER QUE OBRA TUYA AMBULARÁ POR LA CIUDAD COMO TAPA DE LIBRO PARA DECIRLE CUÁNTO LA QUERÍAS, PERO JUCECA, DOCTORADO EN TERNURA, NO PODÍA DEJARTE VAGABUNDEAR SOLO EN ESTA AVENTURA.

TOLA

Yo demoré en darme cuenta que más que la aparición y difusión de mi libro, saludaba y fustigaba la difusión de la tapa !!!.

Un día, de visita en su taller, vi un cuadro que estaba pintando y, cuando vio que lo miraba demasiado me dijo: ¿te gusta? Llevalo. El cuadro se titulaba "Plaza Once" y era un juego de luces, sombras, manchas. Pero yo le veía ciertos movimientos, dependiendo de cómo le diera la luz. Y se lo dije. Y me dijo: no seas bobo, eso que ves que cambia de tanto en tanto, son mis estados de ánimo que quedan siempre en cada uno de mis cuadros y cambian al igual que yo.

Lo extraño un poco, pero él está bien y nos mira"

Hace más o menos quince años, tomando un café con el Tola y una amiga en "La Langosta" (su segunda casa en Piriápolis) nos pusimos a reflexionar sobre el amor. En ese momento nos dijo algo que recién ahora puedo entender en su verdadera dimensión:"Mirá nena, amar no es querer vivir con alguien, sino querer morir con alguien".LA ONDA® DIGITAL


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