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Mensaje
de solidaridad y adhesión a los productores rurales que junto a
sus familias han desaparecido del campo Texto
completo, leído por P.
Francisco D. Barbosa - Vicario Pastoral En la imagen de la
Sagrada Familia de Belén, empujada a huir a Egipto, para salvar
al Niño Jesús del poder asesino de Herodes, se condensa la
situación de todas las familias que, a lo largo de la historia,
han padecido y padecen hoy, el desarraigo, la emigración, el
destierro, la desintegración de sus miembros, la necesidad de
refugiarse en otros sitios; los desplazados por las hambrunas, los
segregados por su raza o por su cultura, los refugiados de guerra,
los excluidos como costo social de una globalización que,
teniendo ciertos aspectos positivos, deja sin embargo a enormes
sectores de gente al costado del camino, víctimas del desempleo,
marginados condenados a la miseria. Entre esas
familias, cuya triste situación se refleja en lo vivido por la
Sagrada Familia de Belén, HOY somos convocados por la FEDERACIÓN
RURAL DEL URUGUAY y, en particular, por la FEDERACIÓN RURAL DE
VALENTÍN, a sensibilizarnos y a expresar nuestra inquietud y
preocupación ante el creciente número de familias del medio
rural, de productores agropecuarios, de trabajadores de nuestro
campo: capataces, peones, troperos, alambradores, esquiladores,
familias radicadas en nuestros pueblito, zonas o parajes, que han
desaparecido de nuestro campo, que han tenido de Ahuir,
como José, María y el Niño, amenazados por esos nuevos A
Herodes, crueles y sanguinarios, como son la pobreza, el
endeudamiento, la inviabilidad del sector productivo en este país,
la desprotección de la producción nacional, la incidencia de
factores adversos, como la paralización o cierre de los mercados,
la depreciación de los productos, los tentáculos de un sistema
perverso que privilegia lo financiero por encima de lo productivos
sin olvidamos de otros factores: como las sequías o la aftosa. Los que han
desaparecido del campo, en su inmensa mayoría, era gente
trabajadora, austera, sacrificada. Al decir de Julián Cabrera,
productor rural, Aun grupo social con menos necesidad de
consumir y con mayor tiempo para el diálogo familiar ... A Esta
clase social no le sirve al sistema -continuaba diciendo Julián-
)Qué utilidad podemos tener los que no gastamos más de lo que
podemos?. Esa gente, un día
tuvo que levantarse, en la noche de una situación que los superó
como una ola inmensa, como a José y a María, para salir buscando
donde refugiarse, donde empezar de nuevo, si de eso se puede
hablar. ASin plata en el cinto, sin nadie a quien pedir, por no
poder pagar lo que antes pedimos para cumplir con impuestos y
multas que nunca entendimos -decían los productores en la
famosa proclama famosa del 19 de Junio del 99. Esto tiene sus
consecuencias. El problema del campo no es sólo económico, sino
que es fundamentalmente social. Afecta a la identidad de los
hombres y mujeres que nacieron, se criaron, trabajaron y se
multiplicaron en el campo. El vaciamiento de
nuestra campaña, la expulsión compulsiva de la población rural,
que en 25 años se ha reducido a la mitad, revive lo acontecido
hace ciento treinta años, reedita de alguna manera lo que sucedió
cuando se implantó el alambramiento de los campos. La ley del
alambrado desalojó del campo a 40.000 personas (8.000 familias
calculadas con cinco miembros cada una) correspondiendo al 10% de
la población del medio rural (aproximadamente unos 400.000 en la
década de 1870) (Cfr AHistoria del Uruguay Moderno de Barrán y
Nahum, págs. 559 y 560. El costo del
alambramiento era inaccesible para los pequeños y medianos
productores, dado que el rendimiento de sus parcelas no era tan
alto como para poder pagar el alambre, que se importaba de
Inglaterra. Cuando en el Código
Rural se establece, en 1879, la medianería forzosa en la
construcción de los cercos, la suerte va a estar echada: los
pequeños propietarios se van a tener que desprender de tierras y
ganados ante la imposibilidad de poder sufragar los gastos que se
les imponía por ley. Los que podían pagar el alambre se hacían
dueños de grandes extensiones de campo, concentrándose la tierra
en pocas manos; implantándose en la tierra de Artigas una
enfermedad que el Prócer nunca hubiera admitido: el latifundio!
Los sobrantes del campo formarán los llamados Apueblos de
ratas, que orillean las estancias o irían a parar en la
escuela correccional inventada por Latorre para reprimir al gaucho
y obligarlo a trabajar en el corte de adoquines, que aún hoy
vemos en algunas de nuestras calles. Un día sería
interesante sentarnos para profundizar en el conocimiento y la
reflexión sobre la incidencia de aquellas medidas en la historia
de nuestro paisito. HOY, otra vez, se
agrandan las estancias, consorcios extranjeros adquieren nuestros
campos e incorporan más y más propiedades. Y nuestra población
rural, nuestras familias rurales salen sin esperanza, sin otro
horizonte que la miseria, la dependencia de un sueldo retaceado,
hipotecando su identidad, su cultura, sus valores. Esto es lo que nos
preocupa y nos duele en el alma! La Iglesia no tiene
soluciones técnicas, para responder a los problemas del agro,
porque no es su competencia ni cuenta con los medios para
lograrlo; pero puede y debe sí, en coherencia con el Evangelio de
Jesús, hacer ver esos sistemas perversos que están en la base de
las situaciones económicas, políticas y sociales que atentan
contra el derecho a la Vida y a la Esperanza de los hijos de Dios
que viven en este país que Artigas nos legó. La Iglesia quiere
ser solidaria y servidora, por eso alienta a cuantos se unen para
tomar conciencia de los problemas y se organizan para buscar
soluciones. Es preciso RESISTIR y en la Fe está nuestra fuerza. LA ONDA® DIGITAL |
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