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Gran
calidad internacional, lozanía uruguaya Un balance anual de cine puede ser un incordio de mucho cuidado o por lo menos un rompecabezas para quien lo hace. Debe contener muchos por qué‚ cuándo, cómo y dónde, numerarlos y argumentarlos con cierta prolijidad y convicción. Extender demasiado su espacio periodístico, toparse con el estricto alambrado de la escritura informática - palabras cortas y al pie, en las antípodas de la riada crítica de los años 50 y 60 del pasado siglo -. Y terminar esquemático, adjetivador y poco ilustrativo. Pero, sea, hay que hacerlo, incluso con el hígado a la mala. Se trata, para la temporada cinematográfica del 2001, de meter con calzador, y fuerte presión, conceptos y nombres - siempre importantes en un balance que ose serlo - en el estrecho coturno de un par de notas de limitada dimensión, al estilo de la tradición femenina china para pies pequeños y eróticos. Pequeñas serán las notas, no se asegura su seducción. Porque la temporada del 2001 puede considerarse como la mejor en varias décadas en materia de la calidad de la producción extranjera exhibida - no menos de 15 películas de primer nivel de las m s diversas procedencias - y de la lozanía del cine nacional - 5 t¡tulos estrenados, 2 de ellos, 25 Watts y En la puta vida, con resonancia internacional de crítica, público y festivales -. A vuelo de águila, desde lo muy alto esquemático, hay razones para explicar esas calidades del 2001: El retorno del público a las salas de cine, relativo, creciente de alrededor de 2 millones de asistencias anuales y sin tirar cohetes; la incidencia cada vez mayor y en mejor número de modernos microcines de confortabilidad y placer audiovisual para el espectador, que ayudan a ese retorno; la consiguiente apertura a más bocas de salida y opciones de estrenos; la existencia de distribuidores y exhibidores inquietos por el buen cine, sin quitar lo valiente de su deseo de lucro, dentro y fuera del país, en particular de Argentina que facilitan, como puente, la importación de un material caro - pago de derechos, copias, royalties, etc. -; el rescate o cierta permanencia, bien que mal, del gusto por el cine de calidad en el público, ese fenómeno que de antiguo se denominaba la alta cultura cinematográfica uruguaya, publicitada con orgullo fuera de fronteras y hoy reducida a una minoría de 10 o 15 mil personas que se aglutinan en su gran mayoría en torno a la labor de Cinemateca Uruguaya. Son pocas para 3 millones de habitantes, pero pesan como opinión y para el modesto rescate económico de títulos difíciles. La gran mayoría de los espectadores uruguayos, distraídos en otros atractivos del ocio, pervertidas sus neuronas culturales por los masajes en picada de la televisión y sus tandas de avisos, prefieren la facilidad y agite superficial de emociones con violencia, susto, explosiones, efectos digitales, montaje video-clip y el reality show de morbidez chismosa bien armada, que no se tiene en casa, ni falta que hace. Convencerlos de que hay otro cine y que vale la pena gozarlo, no es tarea nada fácil. Entonces, a los espacios abiertos para el cine arte, la cultura y el entretenimiento legítimo por Cinemateca Uruguaya desde siempre, con sus ciclos, muestras y festivales dedicados a cineastas, intérpretes y cinematografías de las más diversas procedencias, se suman en tiempos recientes, y en particular en este año 2001, hechos y experiencias nuevos, que culminaron en una gran temporada del espectáculo de cine. De algún modo y en lo concreto, se trata de una suma de esfuerzos y gestores en favor del cine y su múltiple capacidad de comunicación, conocimiento, cultura y arte alrededor del mundo. Un trabajo de buena hormiga que puede fructificar en paciente futuro. De los distintos hechos de cine posibles formadores del buen gusto por él, corresponde destacar la continuada existencia del festival "Europa, un cine de Punta" en Punta del Este, mediante el cual la producción europea intenta recuperar espacios en América Latina ante la hegemonía distribuidora y exhibidora de Holllywood; la reiteración de la Muestra de Cine Radical, con estrenos de títulos provocadores, producidos a contrapelo de las industrias de distintas naciones; el festival anual de la Asociación de Críticos del Uruguay y su selección de títulos disponibles en el mercado; la Muestra E.F.I. - pre-estrenos de películas de España, Francia e Italia - que organiza la empresa MovieCenter en sus salas de Montevideo Shopping y el inédito ciclo de "Viva la diferencia", que merece algunos párrafos aparte. La unión de Cinemateca Uruguaya con las empresas comerciales de distribución y exhibición ENEC, Central Cinematográfica, Alfabeta-Hoyts y MovieCenter, en la búsqueda de generar un espacio abierto para todo el cine de calidad artística, fructificó en el ciclo "Viva la diferencia". Con el estreno de un filme cada jueves en Cinemateca 18 y su siguiente exhibición a partir de cada viernes en salas Alfabeta, Casablanca y MovieCenter, con opción a más semanas si la concurrencia de público lo permitía, el espectador montevideano pudo acceder a 16 títulos de calidad de distintos orígenes. Aunque el grueso del público estuvo larailaraira con respecto al ciclo, bien publicitado por los medios periodísticos, su éxito muy relativo, sin duda, y el lúcido aguante de sus gestores ha determinado que se proyecte para el 2002 el estreno de 52 películas en un "Viva la diferencia" para todo el año, a partir del jueves 3 de enero con El viento nos llevar del iraní Abbas Kiarostami, un verdadero arquetipo del cine de arte y de autor. La lozanía del cine uruguayo y cierto pormenor de lo mucho bueno de los estrenos internacionales quedan para próxima nota. LA ONDA® DIGITAL |
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