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CUENTO
Tracción a vapor
por Jaime
Algorta |
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"Memoria
para armar-uno"
Un libro para la historia
por Julia
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CUENTO
Tracción a
vapor
por Jaime Algorta
Es conocido que
entre las décadas de 1950 y 1960, los ferrocarriles de casi todo
el mundo, abandonaron sus locomotoras a vapor, pasando a la
tracción eléctrica, diesel-eléctrica o diesel-hidráulica, por
ser cualquiera de estas modalidades mucho más eficiente.
De cualquier
manera, la tracción a vapor resultaba más espectacular,
folclórica y según algunos hasta romántica.
Una de las
oportunidades en que esto me llamó más la atención, fue en una
tarde de verano, en que me encontraba de visita, en una casa de
Piedras Coloradas, frente a la vía.
En ese momento
llegó un tren de Montevideo, traicionado por una de aquellas
locomotoras, qué evocaban el"Far West".Recuerdo que la
de este caso, lucía una gran placa de bronce que homenajeaba al
Ingeniero Pedro Magnou.
Así es que a la
salida de Piedras Coloradas hacia Paysandú, existe una importante
cuesta y evidentemente la "Pedro Magnou" traía un tren
que colmaba su capacidad de arrastre.
Al momento de
salir, luego de un profundo pitazo, partió jadeante, dejando una
espesa nube de humo negro. Recuerdo que entre las cosas que
pudieron ver que transportaba, había unos enormes caños, con
letreros que decían " Salto Grande ".
A poco de haber
salido, se oía bufar cada vez más mortecinamente al coloso a
vapor, el que quedó exhausto antes de llegar a la cima.
Poco después
regresaba el tren en retroceso, siendo necesario un tiempo para
reponer la presión de la caldera. Supongo que llevándola al
máximo y tomando un poco de impulso (como si se tratara de patear
un penal) la palpitante locomotora extremaría su fuerza, para
realizar otro intento.
En determinado
momento aquella caldera produjo una clamorosa trepidación,
indicando que contaba con toda su energía para enfrentar
nuevamente el desafío.
Arrancó en un loco
bracear de bielas y patinar de ruedas. La cortina de humo fue
mucho más espesa, sus resoplidos más enérgicos, el fuego del
hogar emitían destellos, que se percibían en la penumbra del
atardecer y finalmente el duro desafío fue conquistado. Yo diría
que el espectáculo que nos ofreció, era digno de la Sinfonía
del Nuevo Mundo, de Dvörak.
Claro es que esto
llama más la atención, si se piensa que cuando esto ocurrió, el
hombre ya había llegado a la Luna.
LA
ONDA®
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