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Justicialistas
y radicales: el "En política, la indiferencia es indiferencia ética, y está emparentada, en definitiva, con la perversión ética. En resumen: aquellos que en política no son culpables, lo son en alto grado en el sentido ético", Hermann Broch, 1950. La renuncia del segundo presidente constitucional argentino proveniente de la UCR, después del terrorismo de Estado, cierra un ciclo que incluye en sus elementos el estilo político de las dos fuerzas políticas mayoritarias de la posguerra. Los cuervos La historia del peronismo reúne la proscripción de la que fue objeto desde la caída de su creador y las luchas para reingresar al gobierno. Por lo primero justificó toda oposición que le permitiera recolocarse en las expectativas de poder. Por lo segundo justificó todas las decisiones que en materia de gobierno estuvieron a su alcance, en todos los niveles (nacional, provinciales y municipales). Entre estas justificaciones de oposición y de gobierno, exhibió rapidez y profundidad para ocupar lo que elevó a regla política: la política consiste en la velocidad para ocupar los espacios de poder, con indiferencia a los medios y con abundancia de objetivos que producen el olvido de los anteriores. Pero la memoria histórica y la presencia de figuras que se foguearon en la oposición desde lugares sin mayores expectativas socioeconómicas, le permitieron envolverse en el mito fundacional del encuentro del pueblo en la calle y el líder en el gobierno. Sin embargo, las prácticas de gobierno se fueron asociando a la idea de oportunidad para el ascenso en la escala social, contagiando irremediablemente en forma transversal a quienes participaban en la torta a repartir. Esa torta primero disminuyó por la crisis fiscal envuelta en la encerrona de las practicas gubernamentales, pero luego buscó ser ampliada con las oportunidades de las comisiones en los remates de bienes del Estado, inaugurando un realismo de capitalismo débil que sepultó los sueños de la Argentina potencia. El contexto externo solidificó la crisis fiscal y la reiteración de las prácticas internas también agotó la otra fuente de aprovisionamiento. La apelación a la ingeniería electoral como son las formas sujetas a ley de lemas, solo permitieron la renovación de núcleos en el reparto de los restos, introduciendo la permanente inestabilidad institucional (Jujuy, Santa Fe, Formosa, Tucumán -en distintos momentos posteriores al 83-). Ahora se cerraron todas las vías descriptas: ni hay recursos para repartir ni creencia de que pudieran existir por estos medios. Las elecciones de octubre del 2001 marcaron el máximo descenso de las expectativas, con un peronismo que se representa con un quinto del padrón electoral, aunque se enfervorice con la mayoría relativa de votos positivos. La debilidad institucional es su marca. Hoy, el peronismo se halla frente al dilema de recrearse en el mito fundacional haciéndose cargo de la mitad de la población argentina amenazada por sus carencias o someterse a la profundización de la práctica del cuervo. O desarrolla políticas institucionales de amplitud plural o busca quedarse con los restos de una economía descalabrada. En otras palabras, puede elegir el signo para entrar a un nuevo ciclo histórico. Esta es la oportunidad de las Navidades del 2001. Los necios El radicalismo no pudo evitar complicarse en las consecuencias de la proscripción del peronismo. Frente a los valores institucionales prefirió la práctica del cálculo electoral de la posibilidad de participación o no del peronismo. Con la mayoría restringida llegó Illia, y ni la práctica gubernamental democrática que evidenciara fue suficiente para modificar la impresión de vicios de legitimidad con que se armaba el peronismo en su crítica. El terrorismo de Estado con sus consecuencias, devolvió la oportunidad a estas dos fuerzas principales políticas, para buscar las formas políticas democráticas. La fidelidad al estilo que ya marcara Illia -probidad personal y democracia social- tampoco pudo impedir en Alfonsín que éste fuera víctima de las dificultades para aproximar los valores que tensionan la libertad y la igualdad, los valores de la responsabilidad civil y de la obligación estatal. La influencia del pasado también resintió su estilo político, todavía apegado a la tradición sostenida por su antecesor, por que a la hora de tomar decisiones rápidas y pasar por encima de las protestas sectoriales, privilegió la búsqueda de consenso con las representaciones corporativas (CGT y grupos empresarios), los que formaban parte precisamente de los intereses antagonizados por su dependencia del presupuesto estatal. Unido a ello se halló la confusión de las relaciones entre la estructura partidaria y la responsabilidad de gobierno, permitiendo que las primeras retrasaran su adecuamiento a un mundo público que exige -por una parte-, eficacia y eficiencia a la hora de rendir cuentas de la igualdad, y -por otra parte- convertir en real la dimensión simbólica de los derechos. El bienio 99-01, período corto de la vida constitucional finaliza con la experiencia -novedosa en el radicalismo- de prolongar la misma política que su adversario, confiado únicamente en que el valor de la honestidad puede corregir los vicios esenciales de toda política neoliberal. Se desenvolvió un apoliticismo llevado de la mano por el unipersonalismo de la decisión presidencial y la fragmentación en territorios de una alianza política sin correspondencia con el mundo social. El paroxismo de esta experiencia se transparentó en la exacerbación de las formas personales de concebir el poder y exhibir sus escasos logros, cuestión que se resumió en la palabra autismo. Y así como puede adjudicarse al peronismo la carga del cuervo, también puede señalarse en el radicalismo que lleva su carga de irrealismo frente a las demandas de igualdad y libertad. Esta necedad no puede excusarse con la existencia de un "entorno" , ya que las trayectorias de numerosas partes del ejecutivo mostraron orfandad de proyectos, desidia en las ejecución de las decisiones, multiplicación del clientelismo como criterio para cubrir cargos de responsabilidad y también omisión de la responsabilidad principal en el manejo de los fondos sociales (PAMI, Planes Trabajar, monotributistas-obra social,etc.), y desnaturalización del empleo público (precariedad, inestabilidad, desjerarquización y complicidad en la victimización de contratados). Todos estos huecos de una administración eficaz y eficiente, que debían respeto por las tradiciones ciudadanas del radicalismo, fueron cubiertos por la voraz incompetencia de seudo-técnicos que evolucionaron al amparo de distintos gobiernos y del gerenciamiento ad-hoc con el que sirvieron al neoliberalismo que hizo explotar la Argentina con Estado y con Nación. LA ONDA® DIGITAL |
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