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"¿Cómo
estás, Jorge?"
Cuando el pasado viernes el presidente Jorge Batlle salió de la Casa Blanca luego de entrevistarse con el presidente de Estados Unidos George W. Bush - acompañado del canciller Didier Opertti y del embajador Hugo Fernádez Faingold-, caminó hacia el lado derecho del jardín donde están los micrófonos y las cámaras de los grandes medios de comunicación mundial, además de la “jauría” de periodistas uruguayos, como define cariñosamente el primer mandatario a los colegas que cubren dentro y fuera del país, su actividad diaria. Con el cuello de la gabardina que le cubría el traje absolutamente desaliñado, el Presidente apenas pudo esbozar una sonrisa. A pesar de esa primera imagen, que se agravaba por los rostros adustos de sus dos acompañantes, Batlle no dudó en afirmar con un honesto optimismo: “Me vuelvo al Uruguay con lo que vine a buscar”. Le faltó gritar “Tarea cumplida”, como en aquel programa televisivo de hace ya muchos años, que se llamó “Las tres tareas de la buena voluntad”, que tenía como objetivo recolectar fondos para ayudar a instituciones y organismos carentes de recursos. La
doble intención El presidente Batlle fue con una doble intención hasta la sede de la principal potencia mundial. En primer término dar un primer paso en el camino de establecer un tratado de libre comercio con EEUU, al estilo de Chile. En segundo lugar, crear las condiciones adecuadas para el que mercado estadounidense se vuelva a abrir para nuestras carnes, luego de que perdiéramos la condición de país libre de aftosa sin vacunación. Por último, su deseo era tener contactos con inversores de ese país, para hablarles, en perfecto inglés, de nuestras virtudes. No estaba dentro de sus objetivos solicitar fondos, ni nuevos créditos, como seguramente lo estaba haciendo en Washington y a la mismas hora el ministro de Economía de Argentina. “Uruguay no necesita ayuda económica ni financiera, necesita trabajo”, había dicho Batlle en el Aeropuerto Internacional de Carrasco, minutos antes de comenzar a volar rumbo a un punto fijo: la Casa Blanca. Lo que no estaba en su agenda, además de que la CNN no cuidara el audio de la transmisión de sus declaraciones en las puertas de la casa de Bush, era que apenas pisara la tierras de Washington se iba a enterar que el país había perdido el investment grade por parte de la calificadora Standard & Poor´s. Los
logros El tratado. A pesar de la pérdida de la confianza internacional a causa de esa calificación negativas de riesgo, Batlle logró el compromiso de Bush de crear una comisión para discutir “los caminos para incrementar el comercio y establecer los temas comerciales bilaterales”. Con solo esas palabras puestas en negro sobre blanco, el Presidente de la República se colocaba a la altura de aquel primer paso que dio Chile en 1998, pero que recién en este año – cuatro años después -, podría coronarse con la firma de un tratado de libre comercio. A la vez dejaba la duda si este paso audaz no ponía en peligro las relaciones con El Mercosur, quien en su carta orgánica establece que los acuerdos comerciales de los países integrantes del tratado deben hacerse en conjunto y no en forma bilateral, con terceros países. Seguramente que en otra época los socios mayores, Argentina y Brasil, hubieran puesto el grito en el cielo por este tremendo atrevimiento, pero hoy la realidad es muy otra. Es que Argentina no está en condiciones de elevar la voz y por otro, si tomamos las palabras de Batlle, el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, a quien le importa poco y nada las relaciones comerciales con Uruguay, aunque sí los vínculos políticos, lo habría llamado a Washington para desearle éxito. Pero el diario Zero Hora de Brasil no ocultó su molestia por la movida de Batlle y habló de “Convulsión en el Río de la Plata”, porque la negociación en solitario de Uruguay “debilita más al Mercosur”. La mayor sorpresa estuvo en Uruguay, cuando el senador Danilo Astori, del izquierdista partido Encuentro Progresista-Frente Amplio, anunció su apoyo al paso “estratégico” dado por Batlle, en la medida que de esa manera el país asumía una política independiente de la crisis argentina y se planta así con más fuerza y con una mayor capacidad negociadora ante sus grandes socios mercosurianos. El acuerdo con Estados Unidos no se va a lograr antes de 2005, siempre dentro de una visión optimista, fecha en que está previsto un acuerdo para instalar el Area de Libre Comercio de las Américas, donde todos entrarán a jugar en el mercado del norte, además de que estará condicionado por la pérdida del investment grade, lo que va a enlentecer las negociaciones. Es justo señalar que se dio un paso, pero que a la vez no llegó la hora de descorchar la botella de champagne. Y por eso, quizás, el solo esbozo de una sonrisa presidencial. La apertura de EEUU. Sobre las posibilidades de colocar nuestros productos –carnes, cítricos, lácteos, textiles y cerámicas -, los resultados no fueron poco optimistas y muy poco claros. antes de que se cumpla un año de la aparición de la aftosa (setiembre), parece difícil que nuestros churrascos estén en los restaurantes estadounidenses, a pesar de que Batlle apuesta a que será a partir del 21 de agosto. Mucho más lejos están los cítricos, porque deberán sortear una serie de trababas burocráticas que son utilizadas como instrumento de protección de la producción estadounidense. Los textiles, puede ser - hay cupos - , pero habrá que pagar aranceles muy altos. Lo mismo pasa con las cerámicas (el gobierno piensa en Metzen y Sena, que antes de fin de año tendrá gas directo y barato proveniente de Argentina), aunque se lograron compromisos de bajar los aranceles. El caso de los lácteos, aún todo es más complejo y muestra que no alcanzan las decisiones presidenciales, para poder abrir el mercado. Las dificultades no aparecen, en principio por el lado de los cupos, sino porque hay un sistema de importador único, que es el encargado de comprar en Uruguay y “si no realiza operaciones los cupos difícilmente se pueden obtener”, aseguró Carlos Gianelli, director general de Asuntos Económicos Internacional de nuestra Cancilleria. Muy en la historia quedaron aquellas afirmaciones de Batlle de hace apenas unos años, cuando apostó a que la salida del país estaba en instalar siete mil carnicerías uruguayas en el mercado estadounidense. Por eso cuando en el encuentro del pasado viernes George W. Bush lo saludó con la interrogante: “¿Cómo estás, Jorge?”, Batlle bien pudo haberle respondido: “¿Te cuento, George. W.?”. LA ONDA® DIGITAL |
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