|
Una
encuesta de la UCLA
EL ANVERSO - La Universidad de California ( UCLA, EEUU) realizó
un estudio anual, en el año 2001, acerca de los efectos de
Internet sobre la existencia de la gente. Si la red de redes,
incorporada en la vida cotidiana, mejora o empeora el
funcionamiento y comunicación de la familia. El estudio absolvió,
por la positiva, a Internet en una encuesta acerca de cuanto y cómo
afecta la comunicación entre parientes y amigos, de cuales
actividades son dejadas de lado o postergadas y que‚ efectos
sociales y psicológicos produce.
Los millones de estadounidenses encuestados, con acceso a
Internet, aseguran que la red no incide casi sobre el volumen de
tiempo que pasan con familiares y amigos, creen de igual modo que,
de existir influencia, esta sería positiva. Esa convicción llega
al 97,3 % de los usuarios de Internet en Estados Unidos. Y los
datos extraídos del estudio, contra las opiniones agoreras que
sostienen que Internet es una traba para la socialización humana,
expresan que en el 2001 los usuarios de ella pasaron más tiempo
con sus amigos que las personas no conectadas. Además, a los
efectos de la relación familiar, el tiempo compartido es casi el
mismo que los que permanecen fuera de la red.
Hay un dato singular surgido del estudio: Internet desplaza
a la televisión. Ocurre, sobre todo, con los usuarios veteranos,
quienes resignan una parte del tiempo libre dedicado a la televisión
en favor de Internet. Las cifras establecen que, cada semana, las
tres categorías de usuarios ( los nuevos, los veteranos, los no
usuarios ) dedican 6 horas a las comidas familiares, 3 horas a la
práctica de deportes y 10 a la televisión, cifras promediales.
Pero, con relación a la televisión y los usuarios
experimentados, las horas descienden a 6,7.
En favor de Internet, los estadounidenses ven menos televisión,
leen menos, escuchan menos radio, duermen menos horas.
Algunas respuestas a preguntas de la UCLA proponen
disyuntivas y contrastes. No queda claro: si tiempo compartido es
cohabitar en el mismo espacio físico o comunicarse realmente. Si
la red incrementa la comunicación con amigos y familiares: los
nuevos usuarios en un 47,5 % sostienen que no, mientras que los
que llevan 5 años on line, el 45,5 % opinó que si - incrementa
la comunicación - y el 34 % que no. La respuesta más sugestiva
es la referida a si Internet favorece los contactos personales. El
47,5 % de los nuevos "navegantes" dudaron que ella sirva
como instrumento de contacto humano y el 51,6 % de los veteranos
en aguas cibernáuticas dijeron lo contrario, que no sólo
favorece los contactos, sino que esa es una de las funciones
fundamentales de la red.
Entonces, acordes con la encuesta, viva Internet, panacea
de la comunicación.
EL REVERSO - Sin embargo, el sujeto que bajó del árbol,
conquistó la vertical y separó el pulgar de los demás dedos
para ir de homo a sapiens, auto construirse y apropiarse de la
naturaleza, parece que no las tendría todas consigo en el plano
de la vivencia individual, según opinión de sabios en la
materia. Todo aquello de la armonía relativa entre razón y corazón,
imaginación y fantasía, instinto e inconsciente y la larga serie
de pares consanguíneos entre éstos, que configura el factor
afectivo y sus aledaños sensoriales, en una palabra, la
subjetividad del cristiano, sigue preocupando a no pocos
especialistas y estudiosos.
Ellos analizan las enormes disponibilidades y el gigantesco
arsenal de instrumentos de comunicación que la revolución tecnológica
pone al alcance del ciudadano corriente y su hogar. Y hablan de
una creciente cultura claustrofóbica. El hombre, mediante
sistemas de ordenadores, pantallas de televisión, teléfonos
integrados, etc., realiza las más diversas transacciones
laborales, comerciales y sociales, ordena y se hace traer mercaderías
del supermercado, hace sociabilidad telefónica con un amigo,
imagen incluida, etc., todo eso sin abandonar su hogar. La cultura
claustrofóbica y su bunker post-moderno.
Por su parte, el español Ramón Gubern completa el
análisis del fenómeno y acuña el concepto de
tecnocultura interfacial, en la cual los aparatos van sustituyendo
al hombre en el acto de comunicarse. Es verdad, dice Gubern, que
el potencial de comunicación informativa proporcionado por la
cultura interfacial llega a niveles no soñados, pero se diluye la
comunicación sensorio-afectiva que caracteriza al hombre. Es
decir, el corazoncito y los sentimientos cara a cara, comunicación
hasta si se quiere tegumentaria, con toda la ritualidad y viejas
prácticas tribales de la barra de café fiestas y extraversión
en los salones, que los semióticos denominan cultura agorafílica.
Cierto, la cultura claustrofóbica o interfacial, con su
amenaza de terminar comunicando aparato con aparato, con el hombre
simple testigo desechable, tiene sus no, sus sí y sus nos‚, no
contesto: 1)- aumenta el sedentarismo y acaso el hombre termine en
la apodosia - no tiene alas y pierda los pies -; 2)- refuerza la
estratificación social al consolidar las barreras económico-culturales;
3)- afirma el núcleo familiar, dice el estudio de UCLA; 4)-
protege la seguridad, nadie andar en la calle, ni los
ecologistas; 5)- permite el acceso a la información y cultura en
condiciones de máxima comodidad; 6)- economiza tiempo, y a la
larga dinero, al evitar las horas muertas de desplazamientos,
gestiones en oficinas, colas y otras burocracias. Debe haber otros ítem, aunque el dilema será el mismo, si ir hacia el fatigoso abrazo exultante con el amigo en el boliche o recibirlo con la alegre comodidad aséptica de su imagen virtual en la pantalla. Es un decir, no más. LA ONDA® DIGITAL |
|
|
Un portal para y por uruguayos |
© Copyright |