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ALCA:
Esta
dinámica integracionista de la región se produce en un contexto
internacional particularmente controvertido. A lo largo de la última
década ha sucedido una serie de hechos a nivel mundial que, sin
lugar a dudas, incidieron sobre la evolución política y económica
regional. A ella deben agregarse otros factores endógenos a la
propia región que determinaron, y explican, la situación que
enfrenta el proceso de integración en la actualidad. La
estructura de los acuerdos de integración es muy amplia y
progresivamente se ha ido asemejando a la agenda económica
internacional. Ella, además de comprender las condiciones de
acceso a los mercados (programas generales de liberación,
incluyendo el desmonte o armonización de las restricciones no
arancelarias y tratamientos especiales a determinados sectores
sensibles por distintas vías), también se conforma con el
establecimiento de normas comerciales, normas y programas de
cooperación en distintos sectores y materias concretas, así
como, en algunos casos, se determinan modalidades globales o
concretas para la liberalización del comercio de servicios o de
subsectores del mismo, en tanto que en otros tan sólo figura como
enunciado programático. Todo
ello, indudablemente, está contribuyendo a incrementar la
interdependencia entre los países. Pero, al considerarse que no
se ha otorgado un tratamiento similar en todas las áreas objeto
de los acuerdos, como en el caso del comercio de servicios, por
ejemplo, se concluye en que el camino hacia la convergencia de
esos acuerdos no estará exento de enfrentar grandes dificultades. Ese
desafío que enfrenta la integración en la región, obviamente,
se ve agudizado cuando comienza a encararse el plan de acción
conducente a la conformación del Area de Libre Comercio de las Américas
(ALCA). Las
dificultades emergerán, seguramente, cuando comiencen a
delinearse los tratamientos para la diversidad de temas y materias
involucrados en el ALCA, para la cual ni siquiera la normativa de
la OMC garantiza a priori la determinación de disciplinas
comunes. La dimensión de esas dificultades no puede medirse
exclusivamente en términos de voluntad política o de compromisos
jurídicos. Los obstáculos se podrán identificar, entonces, en
factores ajenos a los procesos de negociación sean éstos de índole
regional, hemisférico o multilateral, es decir, que se vinculan
directamente con elementos políticos. El
contexto en que se desenvuelve la integración de América Latina
en la actualidad signado, especialmente, por los retos de la
globalización, en general, y la hemisferización, en particular,
ha determinado que el debate sobre la convergencia de los acuerdos
entre los países de la región incorpore, de hecho, la proyección
hemisférica de los mismos. El
ALCA será o debería ser un acuerdo de alcance hemisférico que
coexistirá con los acuerdos subregionales y bilaterales
existentes. Hay acuerdo entre todos los países de que eso debe
ser así, y eso es muy importante porque como se recordará,
cuando se comenzó a hablar de esta iniciativa, de lo que se
hablaba era de la expansión del Tratado de Libre Comercio de América
del Norte (TLCAN), de su ampliación progresiva, caso por caso, país
por país, hasta que todos los países de la región pudieran
acceder al TLCAN, y ocasionalmente se hablaba también de la
posibilidad de expandir, digamos el MERCOSUR y progresivamente
llegar a esta liberación hemisférica del comercio o incluso se
hablaba de negociaciones entre TLCAN y MERCOSUR como una vía para
alcanzar este acuerdo. Hoy en día ya de eso no se habla, este
acuerdo de alcance hemisférico va a ser un acuerdo negociado por
los 34 países participantes; un acuerdo independiente, distinto a
los acuerdos existentes y un acuerdo que permitirá la continua
existencia y el continuo fortalecimiento de los acuerdos
subregionales y bilaterales actuales. Algunos
sostienen que dicha zona es uno de los caminos que se presentan a
Uruguay para ampliar sus mercados, se fortalecería la inserción
de nuestro país en los mercados del norte; otros opinan que la
concreción de un acuerdo como el ALCA supondrían una desviación
del comercio europeo hacia el resto del continente americano. Las
opiniones son divergentes. Es un camino recién empezado. Todo queda por hacer es “un modelo para armar”. LA ONDA® DIGITAL |
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