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ALCA:
"Un modelo para armar"

por Daniela Yelpo

Licenciada en Relaciones Internacionales.

El proceso de integración de América Latina , que ha cobrado una especial relevancia en los últimos años, viene mostrando síntomas de gran potencialidad y dinamismo desde fines de la década de los 80.

Esta dinámica integracionista de la región se produce en un contexto internacional particularmente controvertido. A lo largo de la última década ha sucedido una serie de hechos a nivel mundial que, sin lugar a dudas, incidieron sobre la evolución política y económica regional. A ella deben agregarse otros factores endógenos a la propia región que determinaron, y explican, la situación que enfrenta el proceso de integración en la actualidad.

La estructura de los acuerdos de integración es muy amplia y progresivamente se ha ido asemejando a la agenda económica internacional. Ella, además de comprender las condiciones de acceso a los mercados (programas generales de liberación, incluyendo el desmonte o armonización de las restricciones no arancelarias y tratamientos especiales a determinados sectores sensibles por distintas vías), también se conforma con el establecimiento de normas comerciales, normas y programas de cooperación en distintos sectores y materias concretas, así como, en algunos casos, se determinan modalidades globales o concretas para la liberalización del comercio de servicios o de subsectores del mismo, en tanto que en otros tan sólo figura como enunciado programático.

Todo ello, indudablemente, está contribuyendo a incrementar la interdependencia entre los países. Pero, al considerarse que no se ha otorgado un tratamiento similar en todas las áreas objeto de los acuerdos, como en el caso del comercio de servicios, por ejemplo, se concluye en que el camino hacia la convergencia de esos acuerdos no estará exento de enfrentar grandes dificultades.

Ese desafío que enfrenta la integración en la región, obviamente, se ve agudizado cuando comienza a encararse el plan de acción conducente a la conformación del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Las dificultades emergerán, seguramente, cuando comiencen a delinearse los tratamientos para la diversidad de temas y materias involucrados en el ALCA, para la cual ni siquiera la normativa de la OMC garantiza a priori la determinación de disciplinas comunes. La dimensión de esas dificultades no puede medirse exclusivamente en términos de voluntad política o de compromisos jurídicos. Los obstáculos se podrán identificar, entonces, en factores ajenos a los procesos de negociación sean éstos de índole regional, hemisférico o multilateral, es decir, que se vinculan directamente con elementos políticos.

El contexto en que se desenvuelve la integración de América Latina en la actualidad signado, especialmente, por los retos de la globalización, en general, y la hemisferización, en particular, ha determinado que el debate sobre la convergencia de los acuerdos entre los países de la región incorpore, de hecho, la proyección hemisférica de los mismos.

El ALCA será o debería ser un acuerdo de alcance hemisférico que coexistirá con los acuerdos subregionales y bilaterales existentes. Hay acuerdo entre todos los países de que eso debe ser así, y eso es muy importante porque como se recordará, cuando se comenzó a hablar de esta iniciativa, de lo que se hablaba era de la expansión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de su ampliación progresiva, caso por caso, país por país, hasta que todos los países de la región pudieran acceder al TLCAN, y ocasionalmente se hablaba también de la posibilidad de expandir, digamos el MERCOSUR y progresivamente llegar a esta liberación hemisférica del comercio o incluso se hablaba de negociaciones entre TLCAN y MERCOSUR como una vía para alcanzar este acuerdo. Hoy en día ya de eso no se habla, este acuerdo de alcance hemisférico va a ser un acuerdo negociado por los 34 países participantes; un acuerdo independiente, distinto a los acuerdos existentes y un acuerdo que permitirá la continua existencia y el continuo fortalecimiento de los acuerdos subregionales y bilaterales actuales. 

Algunos sostienen que dicha zona es uno de los caminos que se presentan a Uruguay para ampliar sus mercados, se fortalecería la inserción de nuestro país en los mercados del norte; otros opinan que la concreción de un acuerdo como el ALCA supondrían una desviación del comercio europeo hacia el resto del continente americano. Las opiniones son divergentes. 

Es un camino recién empezado. Todo queda por hacer es “un modelo para armar”. LA ONDA® DIGITAL


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